|
|
|

El doctor Jordi Olsina, cirujano jefe en
la
Monumental de Barcelona durante 29 años
XXV
Congreso Nacional de Cirugía Taurina. Barcelona, 8 y 10 de marzo´2007
Enrique Sierra Gil, director de la Clínica barcelonesa del Remedio, es
el nuevo responsable de los servicios médicos de la plaza de toros Monumental de Barcelona
desde enero de 2006. Sustituye en el cargo a Jordi Olsina,
cirujano jefe del coso durante 29 años. Sierra ha trabajado con el doctor Olsina como cirujano del equipo médico de la plaza en los últimos años.
ABC, 8/01/2006. Antonio Santainés. El médico de los toreros
El médico de los toreros debe ser hábil, sagaz y desconfiado porque las heridas por asta de toro suelen ser despistantes. Cuantificar las heridas curadas por el doctor Jorge Olsina, hoy jubilado por decisión propia, no es tarea fácil.
El Doctor Jorge Olsina, jefe de las enfermerías de la plaza de toros Las Arenas y Monumental por decisión propia se ha jubilado. Recuerdo que el 31 de agosto de 1975 había fallecido el doctor Olivé Millet. Al año siguiente y por concurso de méritos mediante una terna fue nombrado el citado Doctor. Durante 29 años ha conducido a buen puerto tarea tan comprometida como arriesgada. El médico de los toreros debe ser hábil, sagaz y desconfiado porque las heridas por asta de toro suelen ser despistantes.
Cuantificar las heridas curadas por el doctor Olsina no es tarea fácil. Su primera intervención en nuestra plaza fue al novillero Francisco Aguilar el 21 de marzo de 1976. Una herida inciso-contusa en región glútea que penetraba en el recto. El 9 de junio de 1977 intervino a José Manuel González Jiménez (Dominguín) herido a la salida de un par de banderillas. Fue en la última función que se dio en Las Arenas. Su última intervención fue el 18 de septiembre de 2005. Una cornada grave al diestro Fernando Cruz en el muslo izquierdo.
Quedamos para charlar en el lujoso Bar Sándor Scotch en el corazón de la moderna Barcelona. Me dice el doctor Olsina: ¿A las cinco de la tarde?. Y, en el umbral de la Navidad está presente el tema lorquiano. Por suerte, claro, circunscrito a las heridas por asta de toro. Una Taurotraumatología que sólo pretende estar al alcance de todos.
-Doctor Olsina, ¿a cuántos heridos, atendió usted en nuestra plaza?
-A lo largo de mi vida profesional como cirujano taurino entre los años 1956 en la plaza de toros de San Feliu de Guixols a 1976 en que tomé posesión en la enfermería de la plaza de toros de Barcelona, hasta la actualidad, al finalizar el año 2005 habré asistido quirúrgicamente o sea por lesión quirúrgica unos 250 lesionados, a lo que hay que sumar todas las asistencias médicas, que provienen de los espectadores o asistentes al espectáculo taurino y empleados de la plaza con lo cual prácticamente se superan las asistencias taurinas.
-¿Cuál fue la cogida más grave que tuvo que curar?
-Al hablar de gravedad debemos diferenciar la gravedad inmediata que la hacemos patente al dar el parte facultativo, una vez terminada la intervención del lesionado y otra relacionada a la larga con la lesión residual que puede determinar una serie de secuelas que impiden la práctica de su profesión. Entre las cornadas graves o muy graves abdominales están Benjamín Sans, Pedro Mariscal, José Luis Parada y Ricardo Ortiz; entre las que afectan al sistema nervioso, la de Manuel Maldonado y lesiones cráneocervicales, la de José Fuentes.
-De importancia, ¿cuántos percances?
-De carácter grave o muy grave de dos a tres percances por temporada.
-¿Cuáles tienen mayor riesgo?
-En mi opinión, temo más las lesiones cráneo-encefálicas o medulares, que las vasculares.
-¿A qué torero ha intervenido más veces?
-Todos los cirujanos taurinos tenemos a un torero fiel a la enfermería. Recuerdo a César Pérez, en varias ocasiones, al igual que a Juan Ramos, que sufrió un percance por temporada al actuar en Barcelona durante tres años, y Javier Batalla, hijo de un compañero cirujano, que salía a cornada por corrida.
-¿Cómo reaccionan después de ser heridos?
-Les interesa más el tiempo que van a tardar en torear que la propia gravedad de la herida.
-¿En que parte del cuerpo le preocupan más las heridas?
-En las torácicas, cuando pueden afectar el corazón y que han fallecido antes de entrar a la enfermería y las cráneo-encefálicas o medulares que pueden inutilizar de forma permanente al torero o afectado.
-¿La que le despistó más?
-Es casi un axioma, que a todo herido, sea cual fuere la zona, se le debe explorar de forma global. En uno de los heridos por asta de toro en el muslo izquierdo en el tercio superior cara antero-externa, le asistimos en la enfermería según la técnica normal. Al terminar la intervención, después de cubrir la herida, nos sorprendió que en la cara posterior de la pierna contraria, apareciera una zona sangrante, al explorarlo «correctamente» descubrimos nuestro error: cornada postero-externa tercio medio inferior pierna derecha. No habíamos cumplido en, 1º no intuir desde el burladero la posible doble trayectoria, 2º explorar de forma completa al traumatizado y 3º el incumplir el axioma señalado al principio.
-¿Suelen ser agradecidos los toreros?
-Salvo raros ejemplos, que los hay, suelen ser «egocéntricos» y piensan muy poco en los demás.
-¿Cómo se las arreglan para descubrir el alcance de las distintas trayectorias?
-Hay varias formas de hacer la exploración. La digital externa, la digital interna y la definitiva: quirúrgica y visual. La primera, siguiendo los bordes de la herida. La segunda, a poder ser con el paciente analgesiado o anestesiado, mediante introducción del dedo índice, el derecho o el izquierdo, siguiendo la trayectoria que ha trazado el asta del toro. y la última, limpiando los bordes de la entrada, ampliando la misma, si es necesario hasta llegar al fondo donde ha penetrado el pitón, y lo más importante: ver las distintas trayectorias que ha creado el pitón. Limpieza máxima con líquido a presión, y siempre que sea posible, sutura de los bordes y drenaje.
-¿Recuerda alguna anécdota que le haya sucedido con un torero en el quirófano?
-Luis de Pauloba, un buen artista que médicamente podemos clasificar como «asténico», sufrió una cogida, y el toro lo lanzó tan alto y con una caída espectacular, que recogido por las asistencias, bloqueándolo como si fuera un jugador de rugby, trasladándole a la enfermería. Una vez depositado en la camilla, los porteadores tenían tal sensación de gravedad que no había forma que «desbloquearan sus manos» y al final me tuve que imponer para que lo soltaran, con sorpresa porque al soltarlo, aparecieron los porteadores llenos de sangre. Al explorarlo los miembros de mi equipo se vio con sorpresa que la sangre que manchaba el terno era del toro y él sufría tan sólo una ligera conmoción cerebral.
-¿Un susto imprevisto?
-En 1986 debutó en Barcelona un hijo de Ángel Luis Bienvenida que sufrió una contusión siendo ingresado en la enfermería. Pero cuál sería nuestra sorpresa cuando nos trasladaban a su padre afecto de un posible ataque cardíaco que después de visitado y tratado fue ingresado en la clínica. Dimos de alta al hijo e ingresamos al padre.
-¿No exageran los partes?
-Los partes suelen ser descriptivos de las lesiones que se encuentran durante los actos quirúrgicos, por lo que estoy seguro que todos los cirujanos taurinos los redactan de forma correcta. Otra cosa es el pronóstico: unos hacen mención del pronóstico en aquel instante, otros intentan pronosticar en el más allá, tanto cercano como tardía, por la posibilidad de presentarse complicaciones o secuelas. Personalmente comunico por escrito las lesiones que me encuentro en el acto quirúrgico y el pronóstico en el instante que termino la intervención.
-Y ahora, doctor Olsina, ¿qué hará usted?
-Por un lado, si me lo permiten, «el reposo del guerrero» y por otro, el continuar siendo un buen aficionado a los toros y, en especial, «un buen táurico».
-Comete, doctor Olsina un pequeño error. Son 29 años de vivencias en la plaza de Barcelona. Recójalas usted en un sustancioso volumen de Taurotraumatología. Vale la pena.
Medicina
y cirugía taurina: index
|
|