|
|
|
ÁNGEL
VILLAMOR
El
Mundo. Por José Manuel Bustamante. Un
teléfono en la agenda de los toreros
Cuenta que el matador Matías
Tejela estuvo a punto de abandonar su clínica después de exclamar:
"Vámonos, que este payo me quiere engañar". El maestro no
daba crédito a lo que el doctor le acababa de decir: que le pensaba
quitar la escayola que atenazaba su muñeca, sustituyéndola por una
placa metálica en una innovadora técnica quirúrgica, y que en tres
semanas estaría de nuevo en los ruedos. Se comprende la reacción de
Tejela, que se temía un retiro mucho más prolongado, de al menos tres
meses. Pero el doctor no le engañaba. En absoluto.Y los meses se
convirtieron en semanas.
La cara de niño mayor, 40 años recién cumplidos, de Ángel
Villamor, eminencia en traumatología deportiva, es para tomársela
siempre en serio. Si algo une a sus pacientes, a razón de unos 800 al año,
es una confianza en sus manos rayana en la fe ciega. Si no fuera por su
pulcro despacho, su bata blanca y los títulos académicos que atesora,
podría creerse que estamos ante un chamán. Un moderno hechicero.
"Un mago", vamos, como dice el piloto de motociclismo Fonsi
Nieto, otro de sus ilustres clientes.
"Yo siempre he hecho mucho deporte", dice Villamor para
explicar su temprana vocación por restaurar el cuerpo de corredores,
jugadores, jinetes y demás. "De pequeño competí en judo y gané
el campeonato de Castilla con 21 kilos. Luego hice kárate, deportes de
pelota… Pero lo que más me apasionó fue la alta montaña y la
escalada deportiva. Ahora curro como un loco y lo único que practico es
natación. Procuro escaparme un par de veces a la semana".
Licenciado por la Universidad Autónoma de Madrid, se especializó en
traumatología en Barcelona, en el Instituto Dexeus, donde permaneció
desde 1990 a 1995. Pasó por Navarra para cursar un máster en
Microcirugía antes de regresar a su Madrid natal. Primero a la Clínica
de La Zarzuela, en 1997, y luego a su propia clínica, de nombre tan
impronunciable como ya prestigioso: Iqtra Medicina Avanzada.
Un prestigio que no para de crecer gracias al boca a boca y a los
resultados espectaculares que arrojan sus quirófanos. Es ya casi una
leyenda que su número de teléfono no falta en las agendas de toreros y
deportistas expuestos a sufrir una fatídica lesión. Lo corrobora Fonsi
Nieto: "Yo siempre tengo el teléfono de Ángel el primero en la
lista, por si acaso. Esté donde esté, en cualquier parte del mundo, en
Australia o en Japón, nada más caerme lo primero que hago es: avión y
Ángel. No dejo que me toque nadie que no sea él". Su mago.
Además del trabajo que se acumula en la clínica, el doctor no para
de viajar. Ya lo hacía durante la etapa de seis años en Barcelona. Era
el médico de la federación catalana de rugby y de la de motociclismo,
y solía acompañar a los deportistas allá donde competían. Equipado
con su inseparable maletín, operaba donde fuese necesario, "aunque
necesitara la ayuda de un traductor", o los trasladaba a Barcelona.
Ahora son más bien los lesionados los que vienen a él, los que, como
Fonsi Nieto, no dudan en coger un avión en las antípodas para ponerse
en sus manos. Hoy sigue viajando, fundamentalmente a Estados Unidos,
pero para aprender los novedosos avances que luego aplica. "Yo leo
un artículo sobre un cirujano que está desarrollando una nueva técnica,
hablo con él y me voy allí para operar en su compañía durante una
semana. Aprendo y vuelvo".
Su filosofía, en consonancia con las tendencias médicas más
vanguardistas, es evitar en lo posible terapias agresivas, lo que él
llama en su argot "técnicas mínimamente invasivas". Si
antes, por ejemplo, era necesaria una complicada operación para tratar
una lesión en el hombro, ahora las incisiones en esa zona se han
reducido una tercera parte. Hasta el instrumental quirúrgico ha
cambiado radicalmente. Diseñado para no lesionar los tejidos, presenta
curvas que salvan los músculos y tiene hasta luz propia para trabajar
en pequeñas incisiones donde no llega la luz ambiental. "La
traumatología avanza mucho porque mantenemos un contacto estrecho con
la ingeniería", resume. "Esta especialidad es muy mecánica.
Tenemos buena relación con varias casas norteamericanas que
confeccionan prótesis, tornillos... También nos diseñan placas de
titanio que podemos moldear para las roturas de clavícula. Yo viajo
hasta sus sedes y nos ponemos al día. Allí disponen de muchos medios,
tienen cadáveres para investigar...".
El caso de las clavículas simboliza la actividad de Villamor. Sus
colegas le suelen decir que está loco por practicar tantas operaciones
en esa zona. "A mí los deportistas me dicen que no pueden estar
inmovilizados durante un mes y medio. Entonces les tengo que operar para
que al día siguiente de la intervención puedan hacer una vida normal.
Siempre les informamos antes diciéndoles: ‘Oye, esto es novedoso,
pero vamos a intentarlo...’. Y ellos asumen el riesgo de buena gana.
Lo que yo nunca hago es aplicar algo que aprendí en los años de
residencia y ya está. Y en eso los deportistas nos han ayudado muchísimo,
se prestan a la innovación".
Además de los pilotos de motociclismo, los últimos en llegar a la
mesa de operaciones del médico son los toreros. Nada hacía presagiar a
César Rincón el pasado 21
de julio que su destino se iba a cruzar con el del doctor. El colombiano
participaba en Valencia en una magnífica tarde de toros junto a El Cid
y El Juli, que salieron por la puerta grande. Él también lo estaba
mereciendo, pero el cuarto toro se lo impidió. Después de varios pases
al natural, le embistió como una exhalación, le levantó varios metros
y siguió acosándole cuando el diestro estaba en el suelo. "Una
paliza tremenda", escribió la crítica al día siguiente. Rincón
logró reponerse y culminar la faena. Pero, mientras la cuadrilla
paseaba orgullosa por el ruedo las dos orejas, él era llevado de
urgencia a la enfermería.
Unos días después, el maestro visitaba la clínica Iqtra. Le habían
enyesado en Valencia los dos tobillos, que sufrían una luxación.
Villamor le aplicó sus tratamientos, unas sesiones de fisioterapia y
pudo reanudar la temporada, que le tenía reservados dos incidentes más,
en La Coruña y en San Sebastián de los Reyes. En la localidad madrileña
recibió una cornada en la boca.
"Villamor está muy pendiente del paciente", explica el
torero. "Te da mucha confianza y cariño. Desafortunadamente, en mi
carrera he tenido bastantes roturas de ligamentos en las piernas, y
fracturas de peroné, de hombro, de clavícula... Después de una lesión
en los huesos, te cuesta mucho volver a coger el ritmo".
Invento. Rincón desgrana su largo historial médico sobre la
arena de la plaza de Las Ventas de Madrid. Va de paisano a posar para
Magazine junto a su admirado doctor, a quien no tiene que agradecer sólo
el asunto de los tobillos, sino también una ingeniosa solución para
una dolencia que suelen acusar los matadores y a la que hasta ahora no
se había prestado una atención adecuada. Villamor no tardó en darse
cuenta de que muchos de ellos presentan fracturas en la mano, causadas
al entrar a matar. El travesero de la espada se suele enganchar en el
pulgar y rompe el ligamento. También sucede que la espada se les clava
en la mano y rompe el hueso. Para evitarlo, ha ideado un vendaje, una
especie de escayola flexible, que protege el dedo y la mano y de la que
César Rincón ya no se desprende.
Lo peor, para el colombiano y todos los toreros, son las caídas,
casi más que las cornadas, aunque éstas maten. Mientras se prepara
para la sesión fotográfica, recuerda el tremendo caso de Julio
Robles, que se fracturó las cervicales en una caída. La
tetraplejia le dejó inválido durante una década hasta que falleció a
los 49 años. Y otros muchos: "Un novillero mío, El Pilarico, está
en una silla de ruedas, y otro torero, Hugo Domingo Molina, lleva seis años
con muletas".
El torso de Rincón es una clara muestra de este peligroso oficio. Un
pequeño rosario de cicatrices, sobre todo en los hombros, recuerdan las
lesiones sufridas en espectaculares volteretas. La última, unos días
antes de esta entrevista, en la plaza francesa de Nimes. El diestro
aprovecha el encuentro con Villamor en Las Ventas para contarle lo de
Nimes, el doctor emprende una liviana exploración y le cita para el día
siguiente: "No te preocupes, mañana te infiltramos...".
Además de César Rincón y Tejela, la nómina de toreros clientes de
Iqtra se nutre día a día: Cayetano Rivera, José
Tomás, Óscar Higares,
Antonio Barrera, Julio
Benítez El Cordobés... A El
Cid le trató tras su grave cogida. Finalmente, la luxación en el
codo le ha retirado de los ruedos hasta la próxima temporada, pues una
recaída tendría mal arreglo. Consejo de Villamor.
En su despacho de la clínica, muestra al profano, sirviéndose de un
esqueleto, las nuevas prótesis y placas que utiliza en el quirófano.
El mismo día de la entrevista iba a operar al rejoneador Sergio
Galán de una lesión en el hombro. En un principio, como acudieron
a él tantos pilotos, pensó en montar en la clínica una pequeña
colección con cascos de motorista. "Y ahora vamos a coleccionar
cabezas de toro", comenta, mientras sigue explicando los últimos
descubrimientos de la traumatología. Uno de ellos es la utilización de
plasma. "Consiste en coger sangre del paciente y elaborar en el
laboratorio un superconcentrado en factores de crecimiento de tejidos.
Lo inyectamos en el hueso que queremos que consolide, o en tendones y músculos.
Así hemos reducido a la mitad el proceso de consolidación ósea,
pasando del mes y medio que solía durar a unas tres semanas".
El futuro. Abrumado por los datos y los éxitos, el periodista
elige poner en aprietos durante unos momentos al doctor y le pregunta
por algo que se le resista o de especial complejidad. "El cartílago",
es la rápida respuesta. "Es un tejido que hoy por hoy no
conseguimos cultivar correctamente. Recubre los huesos y las
articulaciones y se gasta con frecuencia en los ancianos, provocando
artrosis y causando lesiones en los deportistas. Se investiga desde hace
años cómo reconstruir el cartílago, pero hasta ahora sólo lo
sustituimos con prótesis". Y muestra una, reluciente, que recuerda
a una chincheta de gran tamaño.
Otro de los avances son los vendajes. Villamor es algo así como el
azote de las escayolas tradicionales. "Llevamos mucho tiempo
intentando abandonar las inmovilizaciones. Ahora contamos con muchos
recursos, como vendajes a base de un esparadrapo especial que permite al
paciente hacer los movimientos que no le perjudican. También hay
escayolas de plástico, con distintos grados de rigidez. Yo digo siempre
que en poco tiempo nos reiremos de lo que estamos haciendo ahora. Todo
avanza muy rápido, la ingeniería, los materiales. Estoy convencido de
que pronto se descubrirá el cemento del hueso", comenta entre
risas.
Como es lógico, más de 800 operaciones al año dan para muchas anécdotas.
El doctor escoge una reciente que unió en la clínica a los
matadores Luis Miguel Encabo
(fractura de clavícula) y El Cid (luxación de codo). "Los dos
salieron al patio a dar unos capotes, para ver cómo se encontraban.
Nosotros estábamos, con nuestras batas. Y los vecinos, acodados en las
ventanas, les animaban gritando ‘olé’". Vaya cuadro.
Como el del joven Fonsi Nieto, cuando se rompió los dos tobillos.
"Le puse dos placas en cada uno. Se cayó un sábado, le operamos
el domingo y el viernes estaba corriendo, aunque iba en silla de ruedas.
Hizo un cuarto puesto y Ángel Nieto, su tío, me dijo: ‘Le tenías
que haber puesto dos tornillos más y había acabado primero’. Fue un
caso espectacular".
"Es uno más del equipo", comenta Fonsi. "Igual que
los mecánicos arreglan la moto, él arregla a los pilotos". El
corredor se pondrá dentro de poco nuevamente en sus manos. Esta vez por
una dolencia que afecta a los moteros: imprimen tanta fuerza con los
antebrazos que los músculos no caben en sus fundas y se duermen en la
carrera por falta de riego sanguíneo. "Es como el que lleva el
coche a la revisión", dice Fonsi. "Me haré lo de los pies,
tengo todavía los tornillos. Ya que me duerme, revisión
completa".
Otro jovencísimo piloto de 125 centímetros cúbicos, Julián
Miralles, de 16 años, es de los eternos agradecidos, como antes lo
fueron Álex Crivillé o Carlos Cardús. "Si no fuera por él, no
estaría tan bien ahora", comenta Julián. Se destrozó la pierna
derecha el pasado 4 de junio en Florencia. Fue evacuado del circuito en
helicóptero y el tratamiento en Italia no resultó muy afortunado. Los
médicos no se atrevieron a intervenir hasta que fue trasladado a
Madrid. "Reconstruir aquello era una odisea", recuerda el
doctor. "Sacamos la mitad del tobillo y lo operamos encima de la
mesa. Le pusimos un fijador externo para estabilizar la pierna y
aquello, claro, no le permitía montarse en una moto. Pero él entrenaba
de todos modos y le llegaron a modificar la motocicleta para que el
fijador no golpease en la máquina".
La leyenda continúa y el número de teléfono de Ángel Villamor no
deja de correr entre los circuitos y las plazas de toros. Los diestros,
muy devotos ellos, nunca han dejado de confiar en San Pedro Regalado, su
santo favorito. Ahora muchos han comprobado los milagros de un santo de
carne y hueso. César Rincón es uno de sus seguidores. Con socarronería
latinoamericana, juega con el nombre y apellido del doctor y sentencia:
"Yo digo que es un ángel y un amor".
Medicina
y cirugía taurina: index
|
|