GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE
CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del 29 de marzo de 2003
Crónicas de la prensa

Festejo de rejones

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de El Pilar, bien presentada.

Diestros: 

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: ABC.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. El Fandi también corta orejas con las banderillas

Tras la tempestad regresó la calma, que no satisface a quienes exigimos responsabilidades del escándalo de anteayer. David Fandila trajo paz y espectáculo con una corrida de El Pilar correcta sin más, pero tampoco asesinada, y de buen fondo. De las tres orejas que cortó El Fandi, dos las conquistó con las banderillas, que revolucionaron y volvieron la plaza boca abajo.

El segundo tercio del manso y huidizo tercero, que no paró el tío de galopar sin ton ni son, levantó a la gente de los tendidos. Cuatro pares, cuatro, con mención especial al de la moviola, con los pitones en el pecho, y al violín en dos ocasiones, una de ellas por los adentros. El presidente, que para esto sí se ponen machitos aunque carezcan de razón, llamó la atención al torero por el cuarto encuentro, cuando el matador goza de libertad con los palos. Es más: ni siquiera debería solicitar permiso. El toro se rajó, y ya la faena se desarrolló bullanguera y deslavazada, con las embestidas esquivas, que no querían muleta, sólo tablas. Media estocada y una oreja. Otros dos trofeos se llevó del noble sexto. El quite por zapopinas encendió la mecha, que continuó con otro derroche de facultades en banderillas, un poco a cara pasada, y concluyó con una faena de buenas intenciones, en la que quiso hacer las cosas bien y despacio. Aunque no siempre salieran, ése es el camino. Otra media estocada puso el punto y final.

El lote de la tarde cayó en manos de Alberto Ramírez, incluido el hasta la fecha mejor toro de la feria, el segundo, cuya única censura residió en que fuese a morir a la puerta de toriles. Los viajes se abrían con tranco, humillada la testuz, largo en su recorrido. Ramírez le cogió la onda al principio pero se perdió conforme avanzaba la obra, antes de que pinchase. Agarró sin embargo la estocada al castaño quinto, con el que se asentó más, recuperándose de un susto terrible cuando lo arrolló en una larga cambiada de rodillas. La oreja se la protestaron con guasa paisana.

Finito llevó siempre a media altura al flojito y santo animal que estrenó la tarde. En línea recta y hacia afuera, con la pierna de vaciar la suerte escondida, y suave, en una faena construida básicamente por naturales, que eran todo menos naturales. A la hora de matar, después de un pinchazo, atacó los blandos. Ni se puso con el cuarto, que de salida se cruzó dos veces en el capote de Curro Molina. Luego, en la muleta, no pareció tener ningún defecto en la vista. La bronca trastornó la tranquilidad.

 

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