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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del 26 de marzo de 2003
Crónicas de la prensa
Festejo de rejones
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Los Espartales, bien
presentados.
Diestros:
Entrada: más de media plaza
Crónicas de la prensa:
ABC.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Cartagena, sin Hermoso, reinó a sus
anchas
La belleza de los caballos contrastaba con el estado ruinoso de la
plaza de Castellón, en absoluto abandono por parte de sus propietarios
privados. Los tendidos descascarillados, los hierros oxidados todos, los
cables deshilachados de las barreras, la fachada pútrida y decadente...
La Diputación, que cuenta por fortuna con un presidente como Carlos Fabra,
sensible a la Fiesta de los toros, debería tomar cartas en el asunto.
Pues entre la triste imagen del edificio y la alegría de Andy
Cartagena distaba un mundo. Cartagena, sin Hermoso de Mendoza, reina en el
rejoneo a sus anchas, domina «lo suyo» y cautiva. «Lo suyo» es, en
definitiva, una garantía de espectáculo, aunque a los más clásicos les
cueste comulgar. Su mérito de fenomenal caballista se nos antoja
indiscutible: el violín, las piruetas en la misma cara, fruto de un
evidente valor, los embroques citando de punta a punta del ruedo, las
galopadas a rienda suelta, otra vez el violín con las cortas. Conquistó
dos merecidas orejas, premio a una actuación casi redonda.
Sorprendió el portugués Rui Fernandes, que ya de salida recogió a su
toro a portagayola. Anda seguro y afronta las suertes en corto, de frente.
Fue dueño del escenario de principio a fin y conectó con los tendidos a
dos pistas. Sólo falló, por así decirlo, cuando abrió un par de
encuentros hacia chiqueros: apretó el manso astado y hubo de pasar en
falso. Por lo demás, excelente impresión. Obtuvo una oreja muy válida.
Nada que ver Fernandes con su compatriota Joao Salgueiro, muy
desacertado. Por su parte, a Leonardo Hernández le pesó romper plaza.
Tuvo momentos espléndidos combinados con algunas destemplanzas y
tropiezos de la cabalgadura. No se alejó de su línea de cabal ortodoxia.
La corrida de Los Espartales sirvió para el lucimiento de los
caballeros. Pero quinto y sexto fueron los garbanzos negros. Sergio Galán
marró varias veces con los rejones por la falta de respuesta del enemigo,
que se paró definitivamente con los palos. Pese a las contrariedades, Galán
estuvo por encima. Se agradeció su constante esfuerzo por hacer bien las
cosas. Antes o después cuajará, condiciones le sobran.
Diego Ventura consiguió encelar contra todo pronóstico al manso y
huidizo último de la tarde, que se acabó calentando para obedecer poco a
poco a los toques del vibrante jinete. No remató en la hora final.
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