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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del lunes, 4 de marzo de 2002
Crónicas de la prensa
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Palha,
desiguales de presentación. Destacaron 1º, 3º y 4º.
Diestros:
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País,
El
Mundo.
El
Mundo.
JAVIER VILLÁN. Felicidad efímera y
precaria
Siempre hay motivos para estar alegre y quien no se consuela es porque no quiere. De golpe, uno se pone contento sin más razones ni argumentos que la caprichosa veleidad de la fortuna. Uno no es responsable de su felicidad ni de su tristeza; uno está a tomar la vida como venga.
Así que aquí me ven, sin motivo aparente y sin que nada de especial relieve ocurriera ayer en Castellón, reconciliado con el mundo y conmigo mismo, que es más importante; repuesto del ataque de aburrimiento sombrío y de melancolía enigmática que ayer me desbarataba el ánimo. Y es que, al doblar el último Palha, me di cuenta de lo rápido que el tiempo pasa y de los efectos balsámicos de tal celeridad.
Descabellaba Jesús Millán al sexto, se oyeron algunos silbidos por no sé qué extraña desconsideración anterior del torero, y me puse a cavilar que Millán debía de estar hecho polvo por una tarde infructuosa. Aunque ligeramente apesadumbrado porque ningún torero hubiera tocado pelo, me sentía pleno y exultante: crueles con tradiciones de una vida, de por sí contradictoria.
Y, como todo requiere ser argumentado con raciocinio frío, pensé que la mal presentada, dispar y, en algunos casos, disparatada corrida de Palha, había merecido, por su raza, otro destino.Mas no era tan altruista la causa de mi satisfacción. De pronto, caí en la cuenta de que la temporada acaba de empezar y de que ya, impepinablemente, queda menos para que concluya.
Parece que no, mas dos corridas son dos corridas. Filosofías sobre la fugacidad de la vida aparte, si ayer no les cortaron a los palhas unas cuantas orejas, Encabo, Dávila Miura y Millán lo van a tener muy crudo. La corrida fue chica en líneas generales: un par de armarios loceros, el quinto y el sexto, un playero descaradamente feo, el primero, y otros tres recortaditos, con cierto genio aunque sin problemas insolubles.
El quinto, el más grande de la corrida, que salió abanto y mansote y acabó manejable, se fue al caballo siete u ocho veces y recibió la paliza del siglo. Su piel quedó hecha una criba. Y, pese a todo, el de Palha se mantuvo en pie y hacia arriba; los demás, un picotazo, o un puyazo, y basta. Lo dicho: por lo menos tres o cuatro orejas.
Y los toreros, ¿qué hicieron, dónde la torería excelsa y el oficio bien aprendido? Encabo, detalles; en mayor número los malos que los buenos. Dávila Miura, un productor, que se decía en tiempos de la Oprobiosa, o sea, un trabajador honrado. Pero equivocando distancias y terrenos.
Y Jesús Millán, a quien el año pasado los palha dieron en esta plaza prez y gloria, igualmente laboral e insistentemente trabajoso; aunque sin ángel, sin musa y, si me apuran, sin un sentido cabal de la lidia oportuna y necesaria.
Los toros de ayer, de la acreditada ganadería portuguesa de Palha, tuvieron movilidad y un punto de raza que da valor incluso a las insuficiencias de los diestros. Esa uniformidad de espíritu, con matices, es buena; pero la disparidad morfológica que exhibieron es impropia de una feria importante. La movilidad y la casta, según moderneces al uso de la actual teoría taurina, desconcierta a los toreros.
Lo malo de los toros con movilidad e intenciones claras es que ese dinamismo se lo trasmiten a los toreros y a éstos les entra el baile de San Vito y la afición de correcalles. Como los malos amantes los toreros, en general, prefieren la pasividad y el muermo del partenaire a la colaboración impetuosa. Se olvidan de que en toros, como en amor, las buenas faenas son siempre cosa de dos.
El País. VICENTE SOBRINO.
Mejor los toros que los toreros
La de Palha no fue la película de terror que algunos esperaban. Esta misma ganadería destapó un apasionante debate el año pasado y, polémica incluida, divirtió mucho al personal. Tanto, que este año la esperaban como agua de mayo. Sin embargo, lejos de convertir la lidia en una pesadilla, la de Palha de ayer brindó el triunfo a los toreros con más facilidades de las previstas. Otra cosa fue que los matadores aprovecharan la ocasión, que desgraciadamente no lo hicieron.
De las seis presuntas fieras de Palha, hubo tres al más puro estilo del toro llamado peyorativamente comercial. Ésos fueron primero, tercero y cuarto. Mas no sólo esos tres fueron toros de éxito, también lo fueron, aunque en tono menor, segundo y sexto, mientras que el quinto, el más cuajado de la tarde, acabó parado.
Luis Miguel Encabo se llevó el lote de la corrida, o sea, los dos mejores de una buena corrida. Si el que abrió plaza tenía fijeza y un excelente pitón derecho, el cuarto fue incluso más completo. Este toro superó las virtudes del anterior y fue más que bueno por los dos pitones, enrazado siempre en su embestida y de una enorme fijeza por ambos lados. Un toro que, de haber sido algo más que cumplidor en varas, hubiera sido casi de bandera. Pero a Encabo ese toro, al igual que el primero, le vino grande. Será porque le pilló en frío este inicio de campaña, pero no resulta menos preocupante que no se decidiera a emplear más ánimo. Ya al que abrió plaza lo dejó inédito por el pitón izquierdo y al excelente cuarto lo desaprovechó casi totalmente al no terminar de convencerse él mismo. Banderilleó a sus dos toros, pero con gran vulgaridad y además con escasa fortuna.
Los dos toros con menos posibilidades fueron los de Dávila Miura, lo cual tampoco quiere decir que no tuvieran las suyas. El segundo llegó a la muleta algo rebrincado y echando la cara arriba en el remate de los muletazos. Su segundo, el más toro de la corrida, se tragaba mal que bien los muletazos por el derecho mientras que por el otro pitón no quiso pasar. En ambos, el sevillano se empleó con insistencia y hasta puso agradecido empeño, pero no pasó de ahí.
Tampoco Jesús Millán, triunfador el año pasado con esta misma corrida, acabó de romper. No tuvo clase el tercero, pero iba y venía sin mayores complicaciones. Millán pareció centrarse con la mano izquierda, hasta que, sin explicación alguna, desistió muy pronto. Esa faena la mantuvo sobre el pitón derecho con muchos muletazos, pero sin llegar apenas a la gente. El sexto dio espectáculo en el ruedo por su bravuconería. Fue de caballo a caballo, de punta a punta de la plaza, de largo, pero saliendo siempre suelto de cada encuentro con el picador. El toro llegó al tendido, y el público pareció evocar la corrida del año pasado. Mientras, en el ruedo, la lidia se convertía en un total desorden, en un caos, vamos. Quiso Millán poderle a ese toro a las primeras de cambio, le bajó la mano, le pudo, pero definitivamente acabó con él. A partir de ahí la faena se convirtió en una porfía sin ton ni son.
La corrida de Palha, que no dio el espectáculo esperado, cumplió en varas a excepción de los dos últimos, que mansearon más. Pero fue corrida que por juego anduvo siempre por encima de la respuesta de los toreros. Sobre todo, fueron toros de triunfo claro el lote de Encabo y el primero de Millán, aunque si el aragonés hubiera acertado en los primeros compases de la faena al sexto, y no hubiera equivocado la lidia, ese toro que cerró plaza posiblemente también contaría como uno de los más destacados.
Al final, visto lo visto, la gente dictó sentencia, y si antes la mayoría de los toros habían sido ovacionados en el arrastre, despidió a los toreros con una sonora pita.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Todo sin rematar
Pasan los años a una velocidad asfixiante. Otra
vez Castellón; de nuevo los palhas en los carteles. Pero ahora los
toros portugueses distaron mucho de aquellos que revolucionaron doce
meses atrás el corazón de los aficionados y colocaron a Jesús Millán
en el disparadero de una gloria de ida y vuelta. Nada se remató en la
tarde de ayer. Los toreros no redondearon faenas que apuntaban buen
camino. Tampoco entre los ejemplares del hierro luso apareció uno de
comportamiento completo, mas en conjunto ofrecieron posibilidades que a
priori ya hubieran firmado los matadores. La corrida contuvo mayor
bondad de la esperada, más rasgos de ganadería «comercial» en baja
que torista, y demasiada desigualdad de presencia.
Con la ligazón como norma
Así, el toro que rompió plaza, flojo, noble y gacho como la
bicicleta de Perico Delgado, desarrolló un juego notable a derechas.
Luis Miguel Encabo lo toreó divinamente a la verónica. Galleó por
Chicuelo y lo mimó en el peto. No hubo, sin embargo, brillantez con los
palos. La apertura de faena por alto prologó tres series diestras que
fueron de menos a más, todas con la ligazón como norma. Ganó algo en
reposo, y debió presentar antes la izquierda, aunque sólo fuera para
demostrar que no tenía un pase, como ocurrió. Un desarme en el bello
epílogo por bajo y la mala colocación de la espada «perdonaron»,
como dicen los colegas deportivos, una oreja imperdonable.
A Encabo, que cuenta con capacidad y recursos de buen torero, le
faltan las tablas del rodaje en las ferias. O vender mejor el «pescao»,
como sucedió con el cuarto, que embestía sin humillar y con
testiculina sobrada. El madrileño tragó mucho ricino ya con el capote,
y siguió valiente con la muleta. El personal no se enteró del mérito
de los naturales que se conjuntaron. Vuelta a la mano de la cuchara,
perdió fuelle su labor, que acabó malamente con la espada. Compás de
espera, pues, para Encabo, que se lo merece.
Si los palhas no fueron los de hace un año, no digamos Jesús Millán.
Demasiadas voces presidieron los compases previos de faena, para luego
serenarse. A izquierdas se entendieron ambos mejor y lograron conectar
con los tendidos. Bajó el tono en el regreso al pitón contrario y en
los vulgares circulares invertidos. Una larga agonía y un aviso
frenaron la petición, pero no un autoconsentido paseo del ruedo.
Naufragó con todo el equipo Millán en la lidia del sexto, que en
cuanto veía al caballo allá que iba. Una, dos, tres, hasta seis veces,
creo, acudió con premura y al relance. En cualquier terreno, en medio
de un follón impresentable. De todos los alocados encuentros con el
piquero, el segundo fue el que más duró y en el que más se empleó, y
fue por la carioca. Entró por los ojos al personal, pese a que más
tarde se frenó en la muleta de un atacado y encimista planteamiento. La
ovación final fue de gala para el palha, que rima.
Dávila saludó en el tercio después de despachar al serio y
respetable quinto. Faena de mando y abundantes y largos derechazos.
Tampoco remataron ni uno ni otro. Ante el deslucido segundo, rebrincado
de embestida y abrochado de cuerna, no encontró la difícil templanza.
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