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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del 3 de marzo de 2002
Crónicas de la prensa
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Alcurrucén
(deslucidos, bajos de raza y que han llegado muy apagados al último
tercio).
Diestros:
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País,
El
Mundo.
El
Mundo.
JAVIER VILLÁN. Peor imposible
Imposible de toda imposibilidad que pueda repetirse corrida tan mala, tan horrible, de tan inmoderada y aplastante vulgaridad como la corrida de ayer en Castellón. Aunque nunca se sabe, puede que las haya peores. Hoy me he levantado optimista y, como ven, mi ánimo no ha tocado fondo; nada hay tan malo que no pueda empeorar, ni torero tan incompetente que no se supere a sí mismo.
La Magdalena castellonense ha abierto el fuego taurino de la temporada entre tracas mediterráneas e imposibles evocaciones arborescentes. Ni siquiera nos ha sido dado, en la infausta tarde de ayer, recurrir, por un símil lingüístico y literario, a la Magdalena proustiana que nos permita gloriosas evocaciones de mejores tiempos. Había ayer en el ruedo tres jóvenes diestros de las nuevas hornadas con pretensiones, sin duda justificadísimas, de figuras: Víctor Puerto, Eugenio de Mora y Miguel Abellán.Está bien eso de querer ser figuras, es lo primero que ha de tener un torero. Nada de nada: ambición, no lo sé; ganas, si las tenían, lo disimulaban, aunque en esto de la voluntad uno no puede entrar por falta de datos comprobables. O sea que, si no tenían ganas, mal. Y si las tenían, peor. En lo primero por abulia y en lo segundo por incompetencia.
Los toros de Alcurrucén, blandorros, mansos y sin clase, novillotes con malos modales, tampoco dieron lustre a la tarde. O sea que los toreros siempre podrán agarrarse, para justificar su fracaso absoluto, a las deficiencias de los animales de tan bonita estampa.Pero aun así, no se puede estar tan vulgar, tan desprovisto de técnica, tan despojado de grandeza y tan asombrosamente vulgares como estuvieron ayer Víctor Puerto, Eugenio de Mora y Miguel Abellán. No tomen estas afirmaciones demasiado al pie de la letra, pues ya está dicho que, según no sé qué leyes de no sé qué sociólogos, todo puede ir a peor. Y esto, aunque parezca lo contrario, es la base del optimismo.
Fría tarde y mal tiempo en Castellón. Cierto sentimiento del absurdo, perplejidad ante situaciones que uno no entiende y que acaso, ¡ay! no quiera o no le interese entender. No digo que haya mala intención en ganaderos y en toreros, es que no dan más de sí. Una de las claves de la convivencia pacífica entre los humanos está en no pedir a la gente más de lo que puede dar.Y yo estoy decidido este año de 2002 a llevarme bien con todo el mundo, pase lo que pase. Me llevo bien incluso con quienes silencian libros que hablan de pintores eminentes, porque son pintores rojos, como Caneja. Así que, ¿cómo no voy a llevarme bien con toreros trapaceros, picadores matarifes y públicos complacientes?.Vaselina, mucha vaselina van a tener que comprar este año los públicos complacientes para que no les duela ni les desgarre el vilipendio.
Está, pues, proclamada mi declaración de intenciones: paz universal.Además, puede que dé igual escribir bien o torear mal; que los toros estén en puntas y en edad reglamentaria, o que sean novillotes tocados. Yo no sé si en toros, política o literatura este país tiene arreglo. Tardes como la de ayer no incitan a la esperanza.Los diestros torearon mal y mataron peor: docenas de pinchazos y de descabellos. En el caso de Abellán lo dejo en medias docenas no vayamos a tenerla por un descabello de más.
El País. VICENTE SOBRINO.
La primera, una castaña
Una corrida mansa, sin fuerzas, descastada y sin raza; unos toreros a medio gas, con el ánimo al 50%, siendo generosos, y un frío de pleno invierno. Lo meten todo esto en una coctelera y resulta la castaña de corrida que fue la primera de La Magdalena: un completo fiasco de toros y de toreros.
Por la presencia de los toros, todo parecía preparado para que los diestros sumaran el primer triunfo de la temporada. Una corrida, la de Alcurrucén, cómoda, terciada, con algún que otro toro de tipo muy anovillado. Sólo el buen encornado primero tuvo cierta seriedad, el resto fue, como suelen decir los taurinos, muy agradable por delante. Todo ello en cuanto al aspecto exterior, es decir, un lote para que el primer trago de la temporada no resultara indigesto.
Pero lejos de que los toreros encontraran los colaboradores que buscaban, se dieron de bruces con seis astados que ni iban hacia adelante ni hacia atrás. Ni tenían peligro, ni mucho menos emoción, ni resultaban nobles, aunque el que abrió plaza, por ejemplo, parecía un animal doméstico.
Así pues, a la corrida de Alcurrucén le faltó todo lo exigible a un toro bravo: desde la fuerza hasta la casta. Ni el primero, que tuvo hasta cierto son y una gran nobleza, llegó al público, pues le faltó la emoción necesaria. Los otros cinco fueron casi cinco calcos. Mansearon en el caballo, unos más que otros, y luego en la muleta acusaron sobremanera la falta de casta y acabaron con medio viaje o, lo que es peor, parados.
La izquierda y poco más
Para Víctor Puerto fue el dulce primero, al que le faltó la emoción necesaria y con el que el torero tampoco acabó de convencer. Se le anota una buena serie con la izquierda y muy poco más. El cuarto, que tuvo más presencia, llegó a la muleta moribundo y Puerto acabó tan hastiado como el público.
Frío y con pocos recursos estuvo Eugenio de Mora toda la tarde. Muy forzado con el segundo compuso un trasteo tan anodino como intrascendente. Con el quinto anduvo sin ideas e incluso torpe, perdiéndose en una porfía tan inútil como pesada.
Al anovillado tercero lo recibió Abellán con dos largas cambiadas de rodillas. Fue lo único que aceptó de buen grado la gente en toda la tarde. A ese insignificante toro, le sacó Abellán una faena de medios pases ante la cortedad de la embestida. En el vasto que cerró tan patética tarde, apenas lo intentó. Con la cara alta, distraído y al paso, el de Alcurrucén acabó con la paciencia del público y del torero, que cortó por lo sano.
ABC. FRANCISCO PICÓ.
Feria de la Magdalena: El frío,
el tedio y el aburrimiento fueron la tónica
De modo es que ya habíamos llegado al verano.
Tras una semana con temperaturas de más de 30 grados, con tres días de
fuertes vientos de poniente, con el abandono a toda prisa de las prendas
de invierno, llega un anticipo de la veleidosa señorita primavera con
un frío de no te menees pulguita. Otra vez a buscar la bufanda y el gabán.
Pues así ha echado a andar la temporada en Castellón.
El primero de los espadas, Víctor Puerto, corrió la misma suerte
que sus compañeros de terna, es decir, la falta de cualquier atisbo de
éxito, por mor de los descastados toros de Alcurrucén. En el primero,
apenas pudo lucirse con unas verónicas por el lado izquierdo. Luego,
con la franela, su labor no fue tenida en cuenta por el público por la
escasa entidad de su oponente, que se cayó con frecuencia. Lo mejor,
una serie con la mano izquierda en la que hubo temple. Tardó en matarlo
una eternidad y el público no se pronunció.En el cuarto, que blandeó
tras un picotazo, Víctor puso mucho tesón, pero su voluntad se estrelló
con la falta de colaboración de su oponente. También anduvo hecho un
pinchaúvas y el público le pitó.
Eugenio de Mora se encontró con un primer enemigo que salió suelto
en los encontronazos con los piqueros. La faena de muleta no pasó de
mecánica y rutinaria. En el quinto, que llegó al último tercio con la
cara alta y sin entregarse, la cosa no cambió de color.
Abellán, que brindó a Victorino Martín, vio silenciada su labor
tras una faena en la que apenas hubo lucimiento. Lo mismo ocurriría en
el sexto, ante la decepción del público, que salió pensando aquello
de «los gitanos no quieren a sus hijos...»
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