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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
Tarde del domingo, 25 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa
Imágenes
del festejo
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victorino
Martín, terciados, excepto el 6º; en general nobles. 1º, 2º y 4º,
encastados, aplaudidos en el arrastre; 3º, 5º -pitado- y 6º, con menosm
fuerza, mansearon.
Diestros:
Entrada: lleno en los tendidos.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC,
El Mundo.
El País.
M.MÁRQUEZ LUCENA. Toreó Moreno, pero
triunfó Padilla
Con los victorinos más dulces que ha embarcado el de Galapagar a
Castellón en los últimos años, José Luis Moreno toreó con verdad
pero la espada le privó de saborear las mieles del éxito. Mientras
tanto, el jerezano Juan José Padilla, con una faena aseada y otra
efectista, salió por la puerta grande tras cortar un apéndice a cada
uno de sus enemigos.
Los toros de Victorino eran de casta dulce incluso algunos, caso del
tercero y el quinto, de merengue por su endeblez. Fueron encastados y
nobles el que abrió plaza y el segundo, y el cuarto murió sin recibir
un solo muletazo digno de su clase. Ese desacato lo cometió
sorprendentemente el triunfador de la tarde, pero siempre se dijo: a
veces se vence y no se convence. Se pedía con fuerza la segunda oreja
para premiar una faena ante un nobilísimo animal que mereció otro
tratamiento y no los saltos de la rana y los alardes de Padilla. Luego,
un subalterno del jerezano que atiende por El Mangui, se descaró con la
presidencia y echó al público contra el palco. El presidente, ¿habrá
mandado algún recado a esta cuadrilla?
Con el borrón de ese comportamiento, decir que Padilla estuvo aseado
y firme con su primero. Un toro que derrochó tan noble casta como
fijeza y al que su matador aplicó más derechazos de calidad que toreo
al natural por donde el animal iba incluso mucho mejor. Con el cuarto,
Padilla se fue a porta gayola, clavó banderillas con prisa y sin
acierto, excepto en un par al violín. Con la muleta estuvo despegado y
abusó del pico en un trasteo efectista lleno de desplantes y hasta
saltos de la rana. Cierto que mató con puntería y tras la charlotada,
con el mayor de los respetos a los toreros bufos, montó el número
final.
Sabe Padilla que torear con temple y profundidad es lo que hizo su
compañero José Luis Moreno. Lo demostró con el segundo de la tarde,
un toro cárdeno que embestía con nobleza y al que el cordobés entendió
a la perfección. Con la derecha obtuvo muletazos de trazo largo y
arrastrando la mano baja, ceñidos los pases y con dominio. Le salieron
un par de pases de pecho de cabo a rabo y el público, curiosamente,
también se emocionaba y jaleaba las tandas. Aún dio Moreno alguna
trincherilla y el del desprecio con empaque y torería antes de coger el
estoque. Aquí emborronó lo conseguido y se cerró muchas puertas. Pues
si mata a la primera, es faena de salir a hombros.
Completaba la terna el madrileño Uceda Leal, quien no pasó de estar
aseado en sus dos trasteos. Faenas tan pulcras de ejecución como vacías
de contenido, lo que las hizo además que parecieran largas. Metraje que
se alargó porque encima usó la toledana mucho peor, pero bastante
peor, que el capitán Alatriste.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. La artillería pesada de
Padillay los victorinos «lights»
A Victorino se le esperaba como siempre, como agua de mayo, como un
revulsivo, como el broche de oro de otros años. Pero los victorinos no
fueron ni agua de mayo, ni revulsivo ni broche, y mucho menos de oro.
Victorinos «lights» en todo caso. Dulces y hasta empalagosos, muy
distantes de la encastada bravura de otras ocasiones. Y, a pesar de
todo, los dos primeros toros que abrieron la tarde derramaron calidad,
tanta como poca presencia.
DISPUESTO AL ESPECTÁCULO
El ganadero marchó con sus notas debajo del brazo en lugar
del éxito, que esta vez se lo llevó Juan José Padilla, hombre siempre
dispuesto al espectáculo, afanoso perseguidor de las orejas tarde tras
tarde. No duda un segundo en sacar la artillería pesada cuando las
cosas no ruedan hacia los derroteros de la puerta grande, como ante el
notable cuarto; aunque parece capaz de correr la mano pausado, como ante
el primero. Claro que la calidad venía más de parte del victorino que
del torero jerezano. Banderilleó con atléticas facultades; toreó muy
largo por ambos pitones, a cual mejor; mató de una y se le otorgó una
oreja merecida.
Pero cuando realmente arrebató fue en el segundo de su lote, más
acorde con la línea efectista y ambiciosa. Al público, en general, le
va más toda la bulla de rodillazos, molinetes de hinojos, desplantes
enseñando los tirantes, que su cara clásica. Prueba de ello hubo en la
enfervorizada petición de las dos orejas, en el cabreo monumental ante
la negativa presidencial y en la pasión que arropó las dos vueltas al
ruedo. La verdad es que Padilla se trabajó el premio, desde la larga a
portagayola pasando por el par al violín hasta concluir en una soberana
estocada. Y todo con un enemigo noble. O sea, que si no tira por el
camino del populismo y se pone en plan solemne, tipo Uceda con el manso
sexto, aburre a Dios.
Para aburrir a Dios hace falta empezar y no acabar nunca, cosa que le
pasó al buen torero madrileño en la última faena de la tarde. Uceda
Leal apechó con el lote más deslucido de la corrida. Pero el sentido
de la medida y de la brevedad que mostró con el tercero se le olvidó
luego.
PESO Y CATEGORÍA
Como Uceda, José Luis Moreno no acaba de encontrar una
tarde redonda en una feria importante. Torea estupendamente con el
capote y la muleta, torea hondo. Ahí quedaron los delantales de
distintos quites, las verónicas ante el segundo o los pases de pecho o
los redondos. Había entendido al enemigo, que más bien era un amigo,
en la línea del primero aunque con una chispa más de picante. Faena de
menos a más. Hasta una serie diestra que cautivó por su peso y categoría.
Desde ese momento, el resto sobró, pese a que dibujó toreros adornos y
arabescos remates. Enfrió a la gente de una manera tonta. Después
pinchó y dio al traste con el triunfo. Aun así correspondió a una
fortísima ovación desde el tercio.
El esfuerzo por sacar lucimiento del quinto, que no se empleaba,
resultó baldío en líneas generales. El premio de otra ovación debe
alentar a este matador cordobés a seguir con fe. La orfandad de trofeos
le recordará sin embargo que también hay que usar la cabeza para saber
terminar a tiempo.
El Mundo.
Victorinos sin cafeína, sopor en los tendidos
Unos y otros se lo habían puesto fácil a Victorino Martín, pues ni
los toros para las figuras ni los que traían el marcado acento torista
han convencido en esta feria. Pero Victorino, famoso y polémico por la
incuestionable casta de sus pupilos, esta vez se ha quedado a mitad de
camino, o incluso menos. La corrida tuvo tres toros para el triunfo y
tres sin la menor chispa. Y los seis, nobles sobre todas las cosas. Una
corrida tan descafeinada que no parecía de este hierro.
Padilla se trabajó una faena muy templada y perfectamente hilvanada en
el toro que abrió plaza, que ya de salida cantó lo bueno que llevaba
dentro en las suaves embestidas al capote. Toro noble, con fijeza,
prontitud y recorrido, que si bien dobló las manos en algunos momentos,
tampoco se puede decir que fuera escandalosamente inválido. Padilla lo
toreó con mucha soltura, muy centrado y con mucha exactitud en todo.
Algo parecido en el cuarto. Toro y torero se encontraron en una faena
sin brusquedades, pero esta vez hubo algunas pausas entre pases, sobre
todo por el pitón izquierdo. Hubo también medias arrancadas de parte
del animal en el tramo final. Y fue en todo caso el frenesí de los
rodillazos y el desplante lo que más cautivó al tendido, tanto que
llegaron a pedirle la segunda oreja, aunque el presidente concedió sólo
una. Padilla dió dos vueltas al ruedo con el trofeo.
Toreo con gusto de Moreno
José Luis Moreno tuvo también un primer astado muy bueno, al que toreó
bien. Lances con mucha enjundia en el saludo a la verónica y en un
quite por chicuelinas. En la muleta Moreno le cogió pronto la distancia
al toro, en corto, y ahí lo llevó siempre muy enganchado y lejos.
Incansable el animal, mientras Moreno se rebozó de él en pases y
pases. Quizás se pasó de faena en el tiempo, pues cuando montó la
espada ya el astado no colaboró. El fallo con los aceros le privó de
cortar una oreja.
Ya en el quinto no fue posible, pues el toro, noblón en grado extremo y
embistiendo al paso, apenas dijo nada. Moreno lo toreó con ahínco pero
sin brillantez.
Uceda Leal fue el menos afortunado en el sorteo, con un primer toro
corto de embestida, pegajoso y sin transmisión, que le obligó
constantemente a perder pasos entre pases. Un 'victorino' al que no valía
bajarle la mano, pues se hubiera caído, en tanto que por arriba
protestaba mucho. Faena de trámite sin más.
No fue mejor el sexto, toro noblón, de tardas y medias arrancadas, y de
nula emoción. Uceda se eternizó en una faena pulcra, aunque sin ningún
mensaje. Sin duda que el juego de los 'victorinos' va a ser una
importante referencia para las figuras que ya se han apuntado a este
hierro en el próximo San Isidro. Para bien o para mal.
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