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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
Tarde del 22 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa
Imágenes
del festejo
Festejo de rejones
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Palha,
bien presentados y serios con bastantes complicaciones.
Diestros:
Entrada: más de media plaza.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País,
El Mundo
El País.
M.MÁRQUEZ LUCENA. Un titán a hombros
Jesús Millán es de Zaragoza y debutaba en este coso. Él se
convirtió en el titán que abrió la puerta grande. No es restarle méritos
decir que esa salida está engrasada, son las fiestas patronales y a
veces se hace barato cruzarla en volandas. Pero ayer sobre el larguero
había toros toros, bajos de agujas, sí; pero hondos y musculados. No
tenían tremendos tarros pero parecía que ningún fígaro les metió
escofina alguna. Sólo tres pasaron de 500 y pocos kilos y no se echaron
de menos las moles de carne podrida. Hicieron buenas peleas con los del
castoreño y no se dolían en banderillas ni metían arreones arrastrándose.
El único que perdió un par de veces las manos fue el que cerró plaza.
Millán, el titán de hoy, estuvo mandón y con sitio en su primero
al que toreó mejor al natural. Se arrancaba de lejos y aunque el mucho
gas del animal no permitía el temple tampoco le faltó algunos
muletazos. La estocada fue un digno colofón. Con el que cerraba plaza
ligó pases con poder y mando hasta apurar. Se llevó el toro a tablas y
allí lo hizo pasar por donde parecía inverosímil pudiera hacerlo.
Finalmente, de hinojos, con el toro en tablas, lo humilló entregado en
un temerario desplante.
No fueron faenas redondas pero tenían el valor de haberse hecho ante
toros encastados e íntegros. Quizás saberlo o imaginarlo hizo a El
Tato estar tan desconfiado como falto de valor, o sea, con miedo,
delante de unos animales que jamás tuvieron una mala idea. El Tato,
suponemos, tendrá además, sus palabras con Enrique Patón, empresario
de la plaza que lo es también de la de Zaragoza, para explicarse o
viceversa. Es el caso que el cartel con dos espadas de la ciudad del
Ebro había despertado recelos entre los aficionados locales que
reclamaban un puesto para un torero de la tierra. Y ahora resulta que El
Tato da la espantá y deja a Patón con sus razones al aire. Se sabe que
esto de los toros es como los álbumes de antaño. Te cambio este cromo
por este otro. Pues el maño no pudo devolver el favor con peor manera.
El Tato fue abroncado en su primero mientras el toro recibía el aplauso
del público. Fue noble y encastado y su matador no lo quiso ni ver y el
canguelo le impidió no más que quitarle las moscas. En el cuarto su
labor estuvo un poco más entonada. Mantuvo la muleta a media altura con
la derecha y al natural volvió a mostrarse desconfiado.
En el cambalache Simón Casas, a la sazón empresario de la plaza,
metió en el cartel al francés Fernández Meca, apoderado por él. En
el sur de Francia había toreado muchos toros portugueses. Ayer no lo
demostró. En las primeras tandas con la derecha que dio a su primero, sí.
Luego se vino abajo y el toro le pudo la pelea. Con el cuarto se marcó
una de esas de tesón y tentetieso para, al menos, dar la cara.
Por otra parte, el ministro de Agricultura, manifestó ayer en
Valencia que tras lidiarse en Castellón la corrida portuguesa de Palha
se van a intensificar las medidas de prevención en la plaza
castellonense. Se concretarán en aumentar la desinfección de los
corrales y en mantener en ellos todos los toros que no sean sacrificados
en el ruedo, al menos durante 15 días, para evitar contagios de fiebre
aftosa.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Importante triunfo de Jesús
Millán ante palhas de pedernal
Importante, sí señor. Muy importante lo de Jesús
Millán ante los palhas. Tarde emocionante, de gran interés. Los toros
portugueses vendieron caras sus vidas. Duros, correosos, musculados,
aguantaron castigos en varas para demoler al más pintado. Hacía tiempo
que no veíamos semejantes sangrías en los caballos. Pero ni aun así
claudicaban un ápice las bestias ante los bestias del castoreño, que
no pocas veces les tapaban la salida y se cebaban a modo. Toros de
pedernal, para seguir sus evoluciones en la lidia, cambiantes,
encastados, no siempre bravos, mas irreductibles y desafiantes,
engallados y altivos.
Millán nunca se arredró. Esa fue la clave. Cuestión de ánimo y
valor. Y cabeza. Porque al sexto, quizá el mejor de la corrida, lo
entendió de principio a fin. Le dio los terrenos adecuados, el tercio,
y bajó mucho la mano, poderoso y templado. Las embestidas se repetían
y encontraban de manera permanente la muleta puesta en la cara, por
delante, robándole la iniciativa: aquí mando yo, parecía decirle en
cada pase. Hasta que se impuso de forma total y le quebró la vida de un
espadazo en lo alto, perdiendo el engaño en el embroque. Dos orejas de
ley.
Una le bastaba para salir a hombros, pues otra guardaba en su cuenta,
la del tercero, que salió suelto del caballo todas las veces que entró,
cuatro, creo. Se vencía por el pitón derecho, por lo que pronto el
joven triunfador le ofreció la izquierda, con un par. Naturales de mérito,
en varias series. Cuando regresó a la derecha, guió largos los viajes;
otra tanda de tono menor y, de nuevo, la zurda para levantar la faena y
alcanzar el trofeo.
El francés Fernández Meca no pasó de voluntarioso y tesonero.
Faenas espesas las suyas, aunque en su honor cabe decir que intentó
lucir los toros durante la lidia. Entre tres tandas de derechazos, brilló
la segunda, por su continuidad más que por estética. Animal hondo aquél
que abrió plaza y que echaba la cara arriba al natural. Parose luego y
arreó contra el torero en un par de ocasiones, una de ellas al sentir
el acero: Meca por poco no alcanza el burladero ante tal ataque de
furia.
El cuarto también fue mejor a derechas. Marcó desde un principio
una acuciante querencia a tablas. Al galo no se le ocurrió otra cosa
que quererlo matar en la suerte de recibir en el mismo platillo del
ruedo. A eso en mi tierra se le llama desconocimiento. Por supuesto, el
toro le esperó con la guardia alta.
Las enjutas carnes del segundo no se tradujeron por endeblez. Lo
asesinaron en el peto. O casi. El Tato, apercibido de su mal estilo, tomó
las de Villadiego. Cuando quiso remontar con el quinto, la gente se
decantó por el toro, tras perderle el ritmo a la faena sobre la
izquierda. Los compases diestros le valieron de poco.
Entre tanta emoción, la plata también destelló: Casanova y El
Chano derrocharon valentía con los palos.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Tres orejas de oro y fuego
Jesús Millán demostró que los correosos palhas no son intoreables;
que no hay toro ilidiable -salvo alguna excepción prehistórica-, sino
toreros incapaces. Jesús Millán demostró ser un torero competente y
capaz, valeroso y estilista. El estilismo es consecuencia de la
inteligencia lidiadora y el valor, cosa de la decisión. Tal como está
de desajustado el mundo taurino, no sé qué respeto van a
proporcionarle las tres orejas de ayer arrancadas a toros, no a babosas.
Pero le den lo que le den, son tres orejas de oro de ley. Su triunfo
incontestable no ha sido sólo una cuestión testicular, ni está
marcado por un azar voluble. El año pasado en Zaragoza pudo pasar algo
parecido. Y también delante de toros de verdad, enrazados y cambiantes,
que aguantaron impertérritos las agresiones de los picadores.
Su actitud quedó demostrada desde que, al embraguetarse en una verónica
soberana, los pitones del tercero le pasaron rozando, se revolvieron y
Millán resolvió con una revolera que la violencia del toro le desbarató.
Entre este lance en el tercero y los muletazos de rodilla, encerrado en
tablas, al sexto, una sinfonía de buen toreo. A base de ligarle y
templarle los derechazos, corrigió el punteo incómodo con que el
encastado y listo tercero había amenazado en la decidida apertura por
la izquierda. Y surgieron buenos naturales que, en el sexto, resultaron
excelentes: la achulada pinturería de una mano baja y ceñida que, ante
un toro con toda la barba, aún se permitía exquisiteces. El sexto salió
violento y acabó entregado, acorralado en tablas, tomando con recelo la
muleta que Millán le ofrecía, sin espacio ni sitio razonable, después
de haberse hartado de torear por redondos y naturales. La estocada,
arriba y hasta los gavilanes.
En la corrida de Palha hubo de todo; incluso dos toros de embestida
franca, el codicioso cuarto y el noble quinto, que por escepticismo y
desilusión acabaron desertando y tirándose al monte. Pasajes hubo en
la emotiva tarde de manifiesta incompetencia, pero no seré yo quien
eche a los leones a Fernández Meca. Se le fue el mejor ejemplar, aunque
otro mejor toro también pudiera ser el segundo de El Tato; y tampoco es
cosa de mandarle a la crucifixión. Fernández Meca hace lo que puede,
que es poco, y El Tato también, que es menos. Pese a la sensación de
fortaleza, el francés transmite, con frecuencia, una sensación de
orfandad, de peligrosa fragilidad. En alguna serie de derechazos
resplandeció más la raza de los palha que la colocación del torero.
Salió a por todas las medallas Fernández Meca, incluso intentó matar
recibiendo. Y se fue sin medallas y derrotado, mas con la condecoración
de los valientes. Las medallas fueron para El Chano, que cuando el toro
se le arrancó con velocidad vertiginosa, clavó dos pares soberbios de
poder banderillero. Es cierto, probablemente, que Fernández Meca luce
muy bien los toros. Si, a partir de ahora, empieza a lucirse él, mejor
que mejor.
En tarde procelosa para subalternos, también la cuadrilla de El Tato
banderilleó y bregó a la altura de las circunstancias. Respecto al
diestro de Zaragoza, lo pasó fatal y no veía la luz por ninguna parte.
Está en un túnel. No vio, o no pudo ver, al quinto que era toro
generoso y franco, y acabó pervertido por la muleta de El Tato. La
nobleza del palha no era imbécil y, al final, acabó rajándose y
huyendo hacia las tablas. Los problemas del maño, más o menos
comprensibles en el borrascoso primero, no tienen disculpa en el quinto.
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