GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE
CASTELLÓN
Tarde del 21 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa

Imágenes del festejo

Festejo de rejones

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Los Espartales, manejables aunque deslucidos.

Diestros: 

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, El Mundo


El País. M.MÁRQUEZ LUCENA. Un injusto triunfo

Andy Cartagena salió a hombros en loor de la bullanguera masa. No mereció tal honor o al menos, para no ser un triunfo injusto, debió acompañarle el joven Sergio Galán. Estuvo Cartagena animoso, pero eso es poco mérito montado sobre briosos corceles. Torear, torear, no lo hizo. Y con el mejor toro del encierro estuvo vulgar y torpón. Clavó trasero, cuando no bajo, tanto en rejones como en banderillas. Dio un recital de pasadas en falso y tan sólo destacó en un par al violín y a dos manos. A la hora de matar el rejón le cayó contrario. Pero en la bullanguera masa pesó el apellido del de Benidorm y pidió las dos orejas. El usía dispuesto a no molestar a nadie, y mirando al cielo, no se hizo de rogar.

Salió después un dispuesto Sergio Galán. El joven nacido en Madrid, pero afincado en Tarancón, mostró dominio en la monta a pesar de llevar en esto tan sólo tres años. Atención a su cuadra de caballos. En especial, a un negro córcel de bella estampa que atiende por Cisneros y ojo al caballo bayo de nombre Montoliú; darán que hablar. Clavó Galán siempre en lo alto y sus quiebros fueron lo mejor del serial. No dio más carreras de las necesarias y con Montoliú consiguió pasajes de temple. Mató de un rejonazo en lo alto, pero el animal tardó mucho en doblar y necesitó un par de golpes de verduguillo, lo que enfrió el ambiente y tan sólo se le concedió un apéndice.

Diego Ventura también estuvo acertado y clavando en su sitio, lo que le hizo merecedor de otra peluda. También estuvo entonado y sobrio Fermín Bohórquez, con un toro saltarín que por dos veces se fue al callejón. Como tampoco matara con ortodoxia, y con un usía displicente y un público dispuesto a premiar hasta los rocines de arrastre, pues se llevó otro trofeo. Con ese impagable público, ni el circense González Porras ni Leonardo Hernández consiguieron trofeo alguno.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Sergio Galán y Diego Ventura, dos jóvenes promesas del rejoneo

Castellón respira un ambientazo taurino y festivo. La animación palpita en las calles y la afición, en las peñas y tertulias. «La Revolera», formación íntegramente femenina, es una de ellas. Han conseguido consolidarse y que Victorino Martín patrocine un simpático almuerzo, empresa nada fácil. Por allí andaba, entre muchos nervios, José Luis Iniesta, que lidiaba por la tarde. A estas alturas estará tranquilo y satisfecho. La corrida de Los Espartales dio muchas opciones de lucimiento a los caballeros, en líneas generales.

Andy Cartagena triunfó a base de espectacularidad y electrizante rejoneo. Pero, sobre eso, que no representa gran novedad, la noticia la constituyeron dos jóvenes promesas, intérpretes sobrios del toreo a caballo: Sergio Galán y Diego Ventura. Estilo clásico, afán por clavar arriba, temple en las bridas. Si quieren, Ventura bulle un poco más que Galán, conecta mejor con los tendidos, a los que se dirige con desparpajo. Ambos quizá formen una nueva ola. Por lo visto ayer, fondo hay. Luego, Dios dirá.

Las piruetas de Cartagena, las rápidas pasadas, su eléctrica monta y los pares al violín cautivaron. Tanto es así que el respetable se apasionó, solicitó las dos orejas y el presidente cedió, obviando la colocación del rejón de muerte.

Galán fue quien mejor mató de los seis, aunque el toro se le amorcilló en tablas y hubo de descabellar entre unas dudas de inexperiencia que trajeron un aviso. Reunió muy bien y cabalgó a dos pistas. Faena fina de trazo y elegante.

Escuela brillante luce Ventura. Transmite alegría y soltura. Afronta las suertes muy de frente y pide con su toreo paso a voces, tantas como las que da durante la faena. Funcionará, sin duda.

Fermín Bohórquez es la facilidad de la veteranía ya. ¡Cómo pasa el tiempo! Torería y clasicismo unidos. ¿Acaso se podrían separar? Su toro saltó por dos veces al callejón. Después quedó muy apagado, y todo lo puso el jerezano.

Leonardo Hernández y Martín González Porras no tuvieron su tarde. A Hernández, jinete soberbio, que apechó con el peor toro, poco le salió limpio; Porras falló a la hora de matar, aunque no termina de definir su estilo, a caballo, nunca mejor dicho, entre la espectacularidad de Cartagena y la escuela eterna.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Sergio Galán, un torero a caballo

Tengo que proponerle yo al jurado del Premio Mayte que fallamos un día de éstos, a este Sergio Galán; mas no por el fingimiento, sino por el arte y la verdad de su torería. Ayer la agonía interminable y cruel de un toro que se agarraba tercamente a la vida, enfrió los entusiasmos, pero no pudo rebajar los quilates de una gran faena, la faena, sin duda, de la tarde. Llega a caer a la primera el de Los Espartales, y no sé qué hubiera pasado con la petición de trofeos, qué agravio comparativo hubiéramos tenido que establecer si aquéllos no hubieran rebasado las dos fáciles orejas a Andy Cartagena. Tampoco me importaría proponer al resto del jurado -Amestoy, Gema, Guillermo Heras, las Penella, la tía y la sobrina...- a Diego Ventura. E incluso a uno que no estuvo ayer aquí, aunque sí el otro día en Valencia, Alvaro Montes, que ha aprendido de Salvador Távora, seguro, el sentido ceremonial del toreo y puede que algo más: nociones de rejoneo; Távora iba con Salvador Guardiola, de ayuda, la infausta tarde en que el caballero rejoneador murió.

No sé quién le habrá enseñado a Sergio Galán su idea del temple, de torear con la grupa del caballo como si fuese una muleta; pero, ojo: algo parecido se le vislumbraba a Diego Ventura el año pasado en Sevilla y hoy ha andado por debajo de aquellas expectativas. Ojo al Cristo, Sergio Galán, que es de plata.

Si, en cambio, hubiese un Premio Mayte de Circo, ¿y por qué no?, yo se lo daría a Leonardo Hernández, González Porras, a otros compañeros mártires y también a Andy Cartagena: compartido y disputado. Pensándolo bien, voy a proponérselo a Gema y a Luis: un premio de circo para los rejoneadores plastas, chapuceros y, naturalmente, circenses. Vayamos por partes, y uno por uno, al arte, al trajín o al trabajo de cada rejoneador.

No sé cómo se llamará el caballo lucero que Leonardo Hernández sacó para banderillear; sé que si yo fuera él, Leonardo Hernández no volvía a meterme espuela en lo que me quedara de vida. El pobre caballo recibió topetazos que debieron dejarle magullado. Y éste es el Leonardo Hernández que, émulo de Moreno Pidal, quería hace algunos años rejonear toros en puntas: desmochados y gracias. Que, de haber estado en puntas el de Los Espartales, ahora el hermoso animal lucero sería cadáver.

El toro de Fermín Bohórquez saltó al callejón dos veces. De regreso a la arena, se lo pensó una tercera, mas llevaba ya un rejón de castigo y eso debe de pesar más que los kilos. Galopó sin estridencias Fermín Bohórquez, clavó con sobriedad y discreción y acertó con un rejonazo de muerte a la primera.

Lanzazos al aire de González Porras. Quebrar es una cosa y quebrar y clavar sin desajustes es otra muy distinta. Quebró, airosamente, sin banderillas. Y, cuando hubo de clavar de verdad, quebró y erró; y tuvo que pasar tres veces. Menos saltos y acrobacias y más toreo. Al matar, miles de rejonazos. Y cuanto más y peor pinchaba, más le aplaudían. Yo creo que González Porras marraba adrede.

Andy Cartagena, tras las galopadas de pradera y de rodeo, y, en el mejor de los casos, de hipódromo, se afianzó con las piruetas, las banderillas al violín y los pares a dos manos; si esto le sale bien, triunfo asegurado. Y si mata a la primera y el presidente es flojo de pañuelo, mucho más. No estaban los ánimos muy altos, aunque Cartagena se lió a demandar aplausos y trofeos y cayeron no una, sino dos orejas, dos.

Vino luego Sergio Galán y llegó el temple, el sosiego y el toreo; y el galope de costado, recortando con una especie de muletazo muy ceñido, que aún no le sale limpio, pero que ya le saldrá; como le salieron los quiebros clavando, además, arriba y, a veces, al estribo. Tendrá que precisar el embroque; pero, frente al frenesí circense, Sergio Galán opone el sentimiento. Y el temple, que también necesita ajustes; ayer le topó el caballo por exceso de temple y no por atropello. El rejón de muerte, aunque precisara del descabello, en todo lo alto.

Y vino, por último, Diego Ventura, un joven luso-andaluz que también siente el toreo. En otras ocasiones se le ha visto con más templanza; no puedo afirmar que la haya perdido, pero ha ganado en precisión y en riesgos.

 

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