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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
Tarde del 20 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa
Imágenes
del festejo
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Jandilla,
de correcta presentación y juego. Encastados 3º y 6º,
aplaudidos en el arrastre.
Diestros:
- Javier Castaño,
vuelta
y ovación.
- César
Jiménez, oreja y oreja.
- Iván García, oreja y oreja con petición de
la segunda.
Entrada: Más de un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País,
El Mundo
El País.
M.MÁRQUEZ LUCENA. Debú y puerta grande
Eso es llegar y besar el santo. César Jiménez e Iván García
debutaron en Castellón y abrieron la puerta grande.
Tuvieron mérito porque además los novillos-toros tenían más
presencia incluso que los inválidos toros-monas de las figuras de días
anteriores y, encima, no se cayeron pues no estaban inválidos. Iván
García, nacido en Benidorm hace 19 años, dispuso del mejor lote, lo
fueron a la postre por encastados y en ningún caso se amilanó.
Tampoco César Jiménez, un chaval de 17 años nacido en Madrid, de
una valentía seca, sin fisuras. Pero eso del valor, que parece obvio,
casi siempre se supone y figuras hay, las ha habido aquí, que nos sumen
en un mar de dudas. No es el caso.
El pupilo de Victoriano Martín, que tiene ojo no sólo criando
ganado, lo demostró sobre el albero y a su primero le hizo un quite por
chicuelinas rematadas con una revolera que puede ser de premio. Inició
la faena con un pase cambiado, seguido de unos derechazos llenos de
temple y dominio.
Es César, sobre todo eso, un torero que a pesar de vérsele un poco
pipiolo se muestra poderoso, seguro. Al natural da el medio pecho y se
cruza y cuando se puede quitar, no lo hace. Con su segundo estuvo en su
línea pero ahora la atemperada embestida del novillo le facilitó dar
unos desmayados derechazos que remató en una de las tandas con una
trincherilla muy aplaudida. Se llevó un varetazo en el ojo pero retomó
la faena con más temple y acabó con un vistoso trasteo lleno de
adornos. La espada en ambos bureles no le impidió saborear las mieles
de salir a hombros en este su debú en el coso castellonense.
Le acompañó Iván García, que torea con el ímpetu que la juventud
y las ganas de ser alguien en esto. Con el capote tiene maneras y
variedad. Ayer hizo un meritorio quite por delantales y ya antes mostró
su repertorio.
Pone Iván García banderillas con poder y tiene sitio, además de
hacerlo reunido, que no es poco. Con la muleta es pulcro pero se acelera
con frecuencia. Es cuestión de oficio y templar cuando los novillos
tienen movilidad y una puntita de casta no es fácil. Porque a veces el
mismo ímpetu de querer hace confundir la velocidad con el tocino. En
ambos enemigos mostró que el toreo al natural se le viene un poco más
cuesta arriba. Pero como nunca se amilanó y usó la toledana con
acierto -sobre todo en el que cerraba plaza- al que metió un estocadón
en todo lo alto, el premio fue salir por la puerta grande.
Volteretón
La novillada estuvo entretenida y hubo de todo, incluso un volteretón
que le dio el que abría plaza al también debutante aquí, Javier Castaño,
al confiarse en un pase por la espalda. Por suerte para el de Salamanca,
todo quedó en un susto, pero el porrazo fue de altura, pues lo elevó y
la caída le dejó maltrecho. Se sobrepuso pero su fallo a espadas le
privó de algo más que dar la vuelta al anillo tras una faena un tanto
desangelada.
Sobre el papel, Castaño es un novillero ya cuajado en puertas de
tomar la alternativa el próximo día 1 de abril en San Sebastián.
Ayer, no era su día y a pesar del empeño y las buenas maneras sus
faenas no calaron en los tendidos. A esto habría que añadir que su
fallo a espadas le restó méritos que el público juzgó debían ser
mayores ante su inminente salto de escalafón.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. César Jiménez e Iván
García, una buena pareja de novilleros
Como de oca en oca, de feria a feria, el crítico
vive pegado a su maleta, cuatro libros, un ordenador y un montón de
ropa sucia. Castellón, al fin y al cabo, está a un paso de Valencia,
en el tiempo y en la distancia. Un premio grato nos esperaba a
portagayola después de tantas corridas consecutivas: dos chavales, César
Jiménez e Iván García, triunfaron con una novillada de lujo de
Jandilla. Si aquél causó una fenomenal impresión en Fallas y éste
sembró demasiadas dudas, ayer ambos dejaron claro que son la pareja
novilleril del momento, que además de hacer muchas cosas bien,
divierten y dan espectáculo.
Javier Castaño, el tercero en lid, marchó de vacío. Fue un error,
así lo entendemos, hacerle torear otra vez de novillero en una feria de
renombre cuando la próxima semana toma la alternativa en San Sebastián.
Y no lo decimos sólo por el resultado. Poco le podía aportar tras el
fallido intento de doctorado del año pasado. Demostró que no le hacía
falta, porque se le ve cuajado, muy seguro y encasillado en un toreo
demasiado monocorde. Esperemos que con el toro gane enteros, sobre todo
que suba la calidad.
El joven salmantino/leonés vio cómo sus dos novillos dieron sendos
volatines en el capote. Entre medias, el que pegó una dura costalada
fue él. El cuarto acusó el leñazo, pero también sirvió para que
Castaño ligara muletazos, pases por la espalda y así. Toreo estático,
muy Ojeda. Una vuelta al ruedo en el que abrió plaza —debió el
presidente concederle la oreja— supo a poco al lado del triunfo de sus
compañeros.
Que César Jiménez puede ser torero ya lo dijimos el otro día en
Valencia. Valor le sobra. Recibió a la verónica y ¡de rodillas! al
segundo, y remató con una larga cambiada también de hinojos. Quitó
por chicuelinas y abrió faena con dos muletazos pendulares. Los
derechazos se repitieron largos y serios. Supo tirar del nobilísimo
utrero cuando parecía que se iba a quedar cortito al natural y se metió
en la vorágine del circular invertido, que se impone.
TERCIO DE MUERTE
Al quinto le inició el tercio de muerte con una docena, más
o menos, de valientes muletazos arrodillados. Corrió la mano diestra
con la figura muy relajada y dibujó un fenomenal trincherazo. Un
palotazo en el ojo vino a dar un poquito de aire, pese a la
contrariedad, a una obra que se asfixiaba en la distancia corta. De
nuevo, la derecha funcionó con gusto, aunque tardó demasiado en coger
la izquierda. Mató a los dos de pinchazo y estocada.
Iván García se deshizo de la responsabilidad que, tal vez, hace una
semana le aprisionó y atenazó. Manejó con soltura el capote, pese a
intercalar con novilleril ambición verónicas y chicuelinas en sus
salutaciones. Usó bien los palos, atlético, y clavó reunido. Gustó
en su primero con la derecha y más aún sobre la izquierda. Mayor mérito,
aunque menor reposo, derrochó con el sexto, el más violentito de los
seis jandillas. Casi nunca permitió que le tocara la muleta, clave del
éxito. Atacó de nuevo la suerte suprema con seguridad.
El crepúsculo se llevó a hombros a esta buena pareja de novilleros
cuyos apellidos no dicen nada sin sus nombres.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. El mundo al revés y por montera
El mundo está al revés. Los novillos que mataron ayer en Castellón
tres jovencísimos novilleros disparados hacia la gloria -veremos dentro
de un tiempo en qué medida- eran toros que la mayor parte de las tardes
muchas figuras no quieren ver ni en pintura. A lo mejor hubo un error en
las reseñas o en el embarque y, a la vuelta de un par de días, salen
los que tenían que haber salido ayer: novillos cómodos, incluso
afeitados. Y resulta que estos muchachos les han hecho una putada a los
maestros.
Los novillos de Jandilla tenían presencia, casta, trapío,
embestidas a raudales. Y César Jiménez e Iván Rodríguez se los
pusieron por montera; Javier Castaño, menos. Y, aunque nadie puede
negarle pundonor, valor, sentido del temple y la ligazón, su inminente
alternativa puede ser un albur. No halló el pulso bravo de sus
novillos, que lo tenían a flor de piel. En una de esas, mientras
enlazaba muletazo tras muletazo, en un pañuelo, el avispado jandilla se
lo echó a los lomos. Malas costumbres, sin duda, del parón y el
encimismo a toro muerto, del gorigori al difunto. El jandilla no era un
muerto, que era un vivo, como en algunas célebres comedias, y pasó lo
que pasó. Tampoco les halló la muerte a la primera, aunque en el
primero se tiró como un kamikaze asustado.
La incógnita, pues, de la gloria y de la tarde, empezó a
dilucidarse muy pronto entre César Jiménez e Iván Rodríguez. Y, de
momento y a salvo de lo que pase los próximos días, lo menos que puede
decirse es que César Jiménez e Iván Rodríguez salen lanzados de La
Magdalena. ¿Hacia qué estrella? El tiempo lo dirá. De momento, a César
Jiménez se le nota una cabeza clara, una lucidez apasionada. Su
valiente insistencia en el toreo de rodillas no debe oscurecer su
caligrafía de estilista refinado. Ganarles terreno a novillos tan
enrazados, de hinojos, tanto en verónicas como en redondos, es una
proeza; también lo son sus derechazos de pie, sus naturales, su
verticalidad en el cite de frente, ligeramente oblicuo, y los pases de
pecho o los adornos con que resuelve situaciones comprometidas. Más que
la descripción detallada de sus faenas, importa su idea del toreo que,
si no se le oscurece, parece nítida: valor, estilo, pasión y
clasicismo. En los dos, mató a la segunda, aunque haciendo la suerte a
ley.
Podrá achacársele a Iván Rodríguez bisoñez, verde que te quiero
verde. Mas negarle sentido del espectáculo, que ya irá depurando,
garra y frescura, sería una insensatez. Banderilleó más por lo
espectacular que por lo fino; y un par al quiebro, con revuelta y con
requiebro, fue no sólo espectacular sino preciosista. Con el capote
garabateó con fuerza las cambiadas de rodillas y en la muleta se dividió
su tauromaquia: una derecha lenta en ocasiones y un poco acelerada en
otras; y una izquierda también irregular: más temple que pureza de
cite y de terrenos. Y una capacidad natural para buscar soluciones de
continuidad: afarolado, pase de pecho, espaldina, todo en uno. O un
kikirikí o un pase de la firma. Iván Rodríguez mató con eficacia y
contundencia a la primera en ambos.
Era una gloria lo que estaba saliendo por toriles. Y el sexto, una
gloria imponente y magnífica que por poco se come a Iván Rodríguez al
intentar la larga cambiada de rodillas. El muchacho se hizo un ovillo
contra la arena para esquivar el topetazo que le apuntaba directamente
al pecho, pero no se arrugó. Algunas figuras de postín ven aquellos
casi 500 kilos de Jandilla, hondos, cuajados y poderosos, y se marchan
al hotel sin pedir permiso al presidente.
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