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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del jueves, 30 de marzo del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Victorino Martín, sin trapío, varios anovillados, flojos, la mayoría inválidos; 2º y 3º impresentables, y éste, que saltó al callejón, sospechoso de afeitado. Todos nobles, y 2º y 6º de extremada bondad.
Diestros:
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País,
La Razon, Crónica
Oficial
El País. JOAQUÍN VIDAL.
Un montaje
Anunciarse El Juli con los victorinos en plan fazañoso, andar diciendo el ganadero que había preparado un corridón de toros, despertar entrambos una expectación inusitada y que luego salgan los tales victorinos tipo gato, doblando las patitas y convertidos en hermanitas de la Caridad, eso no es una gesta; es un montaje.
Le salió bien a El Juli el montaje -y al ganadero de paso- ya que acabó cortando dos orejas, lo sacaron a hombros por la puerta grande, y aquí paz, después gloria. Pero si se desglosa del éxito el triunfalismo propio de un público metido en feria, el balance de El Juli, de Victorino y de la propia fiesta resultan paupérrimos. Rascas, y queda la evidencia de que allí no hubo ni toros, ni toreo, ni -si se apura- apenas nada que contar.
El toro tercero provocó el único incidente reseñable de la función. Ocurrió que nada más saltar a la arena emprendió veloz carrera y saltó al callejón. Lo hizo junto al burladero de capotes, donde estaban las cuadrillas, que se precipitaron a saltar al redondel. A Juan Mora no le dio tiempo y se aupaba sobre las tablas, le alcanzó el toro, derrotándole con incivil insistencia salva sea la parte.
Vuelto el toro al ruedo, las asistencias se llevaron a la enfermería a Juan Mora, que iba dolorido y desmadejado, y quedó la impresión de que llevaba tremenda cornada. El Juli incluso brindó el toro a uno de los peones de Mora, se supone que para manifestar su condolencia. Sin embargo no había sucedido nada irreparable: un puntazo y a correr. Para su siguiente turno, ya estaba Juan Mora de nuevo en la plaza, tan entero y tan serrano.
El toro del percance era una birria, a decir verdad. De su salto al callejón salió con un cuerno escobillado y el otro se le fue abriendo a medida que tocaba petos, percales y franelas, hasta quedar trasmutado en una mísera brocha gorda. Y, además, se caía. El Juli le floreó quites, lo banderilleó fatal, lo muleteó con bastante vulgaridad y en los tendidos empezó a cundir la decepción.
Llegaría el desquite en el sexto, otro gato, cuya invalidez obligó a simularle la suerte de varas. El Juli volvió a instrumentarle floripondios, a banderillearlo sin gracia y le aplicó una faena propia de los más consumados pegapases. Una faena planteada casi toda por naturales, aunque sin ligazón, sin invocar la magia del arte (ni ganas de intentarlo, al parecer), encimista y adocenada. No obstante mató a la primera, cortó las dos orejas, y le valió para seguir tirando. El cartel y la fama quedaron a salvo.
Toreo bueno lo realizó José Luis Moreno en una tanda de redondos al segundo de la tarde, otra birria -por cierto- en loor de santidad. Esa tanda de redondos la ligó con templanza y hondura e hizo presagiar faena grande; mas las siguientes -y otras al natural- ya fueron quitándose en los remates, o corriendo por las buenas, que es el truco habitual de los pegapases. Al quinto, que empezó a embestir pronto y boyante, lo toreó Moreno de igual manera. Aunque sólo un rato pues, a poco, se puso encimista y el toro a quedarse aplomado. Ahogar las embestidas se llama esa figura. El público festero, no obstante, lo tomó a valor espartano y le desbordó la emoción, con lo cual José Luis Moreno se llevó otra oreja, que enriquecerá su palmarés.
Toreo asimismo bueno apuntó Juan Mora en el toro que abrió plaza -único verdaderamente encastado de la corrida-, lo mismo en su brega con el capote, llevándolo embebido y humillado, como en varias tandas de redondos y naturales. Frente al cuarto, por el contrario, le invadió el fragor; citaba con arrojado alboroto y, al rematar, salía a escape, o se metía en los costillares, convirtiendo en un rebujo la pañosa, que perdió dos veces.
Unos por otros montaron en esta corrida de la expectación inusitada la ficción de la lidia y del arte de torear. Pero quienes se llevaron la fama y los billetes fueron Victorino y El Juli. Y que les quiten lo bailado.
El Mundo. JAVIER VILLAN.
CASTELLON.- Primero, ¿qué debiera ser lo más importante en la llamada pirámide informativa? ¿La primorosa seriedad con que toreó José Luis Moreno toda la tarde, esa oreja de ley y a sangre y fuego; o las dos orejas que cortó Julián López, El
Juli, a un inválido? No sé. Quede constancia de ambas cosas, aunque a mí me gustara más la torería, la valerosa técnica y la profundidad muletera de José Luis Moreno en el difícil quinto, un manso reservón y probón que habría puesto en fuga a casi todo el escalafón. Dicho esto y apuntado que Juan Mora dio unas de cal y otras de arena aunque cumplió; dicho esto y deseando que esta oreja de oro le dé a José Luis Moreno los contratos que necesita, felicito primero a El Juli, y después a Victorino Martín, ganadero de postín. Los pareados son aposta y porque la ocasión lo merece. El Juli ganó el envite. Había echado el resto apuntándose a los victorinos y el farol le salió redondo. Muchas veces los órdagos dependen menos de las cartas que uno lleve, que de las cartas que lleven los demás. Y los victorinos de ayer eran cartas sin entidad, salvo la morfología, por no decir marcadas. Pero El Juli le cortó las dos orejas a un victorino, y eso es estadística pura y dura y nadie se va a parar a pensar si el victorino era renco, tontibobo, de nata y fresa tirando a inválido. Da igual. A estas alturas, Victorino Martín debe estar en la gloria, recibiendo cientos de llamadas y ofertas de pactos de legislatura para el resto de los siglos taurómacos; Victor!ino, queremos un hijo tuyo, Victorino te matamos la camada entera. Un grito unánime: Victorino, Victorino, Victorino, recorre en estos momentos, tras la hazaña orejera de El Juli, todas las plazas de Iberia. Buena la ha armado un toro de Victorino que sólo pasará a la Historia, lo cual no es poco, por haber sido desorejado por el más joven as de la tauromaquia de los últimos tiempos. De paso, El Juli se habrá dado cuenta que los victorinos, en especial los dos que le tocaron ayer a él, no se comen el mundo. Esos dos toros, sobre todo por su falta de fuerzas, los vemos con otros hierros y los quemamos en una pira. Nada que objetar a que el Juli le corte las orejas a un victorino, si eso contribuye a la felicidad universal. Además, otros, quizá, no se las hubieran cortado. Nada que objetar a que Victorino Martín eche en Castellón, su feudo y su castillo inexpugnable, toros tirando a inválidos. Hombre, algo sí hay que objetar: que Victorino no ha triunfado y que ha perdido algo de su identidad. A cambio, ha triunfado Julián López, El Juli. Váyase lo uno por lo otro. Enhorabuena, Victorino, por ese sexto toro inválido que perdió las orejas con un breve picotazo. O dos. Enhorabuena, don Julián López, El Juli, que, sin embargo, no debiera creerse que ha matado un albaserrada genuino. Aunque no me extrañaría que El Juli, de seguir con esa cabeza tan despejada, acabe matando alimañas de todas las especies. De momento, lo mejor es apuntarse a los victorinos por siempre jamás, amén. Porque lo malo no fue sólo el sexto, sino la endeblez de casi toda la corrida. En descargo de El Juli, la lucidez con que se adaptó por la izquierda al flojísimo sexto y la contundencia con que lo reventó de un bajonazo con hemorragia tremenda, y perdiendo la muleta. Y en descargo de Juan Mora el lidiar a contraestilo y contracorriente, superar el porrazo que le dio el tercero al saltar al callejón y, en especial, la firmeza y la torería profunda de José Luis Moreno. José Luis Moreno debiera salir relanzado de esta feria con un!a oreja de ley y a machamartillo. ¿Por qué es de ley una oreja y no me parecen de ley dos, que son más? Porque el quinto toro tenía mucho que torear y el sexto nada; porque la muleta de José Luis Moreno, fue, en todo momento, una lección de lidia y de técnica. Mientras, los naturales de El Juli se quedaron en simple normalidad.
La Razon.
BARQUERITO. El Juli cumple su primera gran hazaña del
año 2000
Clásica pero sorprendente corrida de Victorino. Clásica por muchas razones.Por muchas razones sorprendente también. Factores clásicos: la presencia de
los seis toros, del primero al último. El de menos cuajo, el tercero, fue el de
más cara; el más bajo, que fue el primero, no dejó de emplearse -incluso
cuando tardeaba parecía pensar- y llenó el espacio entero. Los tres últimos
tuvieron trapío sobrado, serias hechuras. Y, en fin, el segundo de la tarde, el
menos en tipo de la corrida aunque fuera un toro de armónicas hechuras,resultó una dulce máquina de embestir. Variedad. El sombrero de mago de
Victorino. Sus mangas de ganadero prestidigitador. De uno o de otras salió el
sexto toro, un enrazado cinqueño de fijeza y nobleza muy notables que permitió
a Julián López «El Juli» probar su carácter, su talento y su fuerza. La
presencia de El Juli en Castellón para matar por primera vez una corrida deVictorino se resolvió con auténtico alborozo. Rotundo éxito.
De un lado, la inteligencia de medir, digamos, las fronteras de ese sexto toro:
su distancia. De otro, la misma inteligencia para descubrir, como si hubiera
nacido sabiéndolo, que éste era un toro de pitón izquierdo. Y, en fin, lapuesta en escena. Un vago aire de niño sabio. Pero lo que encandiló no fue
tanto la sabida precocidad como el sentido del temple, porque al natural El Julillegó a torear en dos tandas ligadas en un palmo y sin perder pasos con
auténtica calma.
Toreo de fondo de El Juli
Así que hubo lección de toreo de fondo, y esta vez
encarecido por la facilidad pasmosa del joven torero.
La bondad del toro de Victorino -pronto al toque siempre, metiendo el morro ylos riñones todas las veces-, pero la bondad del torero justo al lado y a su
nivel. En algunos muletazos a pies juntos, la cadencia fue exquisita. Dos
salidas algo extravagantes -un farol y un molinete en las grupas del toro-quedaron compensadas por una última, la que cerró faena antes de ir a cambiarde espada, que tuvo fantasía y torería: al paso, dos recortes insinuados por
la cara que dejaron clavado al toro. La plaza era para entonces un volcán y El
Juli hizo después una de las cosas que mejor ha hecho siempre: jugar la mano
que no mata muy abajo y encunarse muy por derecho para cobrar una estocadamortal. Dos orejas, petición de rabo y aquí no pasa nada, o sea, que pasó lo
que tenía que pasar: que el torero se fue por la puerta grande. Hasta en eso
fue clásica la victorinada, pues es casi norma -no sin excepciones como
cualquier norma- que todo el que mata por primera vez una corrida de Victorinotriunfe con ella. En el caso de El Juli eso estaba hasta previsto de antemano.
Se torcieron las cosas en el primer turno, porque el toro saltó al callejón yvolvió al ruedo renqueando, claudicando y viajando en medias embestidas sinfuerza alguna y con la boca abierta. Tesonero, El Juli sólo pudo entonces
abreviar. Y esperar la ocasión siguiente.
La calidad de Moreno
También José Luis Moreno debutaba con una corrida deVictorino y también él cumplió con el rito que sonríe a los debutantes. La
fortuna, por delante, pues el segundo toro de la corrida fue de una suavidad yun temple extraordinarios. Ahí entró la cuota de sorpresa de esta corrida, quetuvo en general mucha más calidad que temperamento, más nobleza que fuerzas,
más temple que motor. José Luis Moreno toreó con calidad y temple a esebondadosísimo segundo de corrida. Tandas ambiciosas de cinco y hasta seis
muletazos ligados; el prólogo excelente de una apertura por abajo preciosa; el
remate de cuatro o cinco muletazos cambiados sumamente vibrantes. Una muy
redonda faena clásica -de clase, y de ortodoxia-- que hubiera sido premiada conlas dos orejas de no fallar con la espada el torero de Dos Torres. Con el
quinto, más difícil de torear porque fue toro al que, acusando un puyazotrasero, le costó emplearse, Moreno volvió a dar la talla. De otra manera:
esta vez fue firmeza, valor para sin parpadear aguantar entre los pitones deltoro y tirar de él a pulso en muletazos muy largos, de mucho poder. Muy entero
el torero cordobés. Y tensa la faena, llena de méritos.
Los dos toros más a la manera del promedio Victorino fueron los del lote de
Juan Mora. Con el primero, bravo a la clásica, muy humillador, con una
movilidad excitante, Mora anduvo hábil, con recursos de torero experto. El toro
se revolvió mucho cuando no fue gobernado. El cuarto, justo de fuerzas, no
quiso el toreo de muleta retrasada y en la corta distancia protestófrenándose. En cambio, traído por delante y llevado a compás, se rebosó con
limpieza. La faena de Mora tuvo emoción, pero fue muy desigual de acento ylogros. A la mayoría de la gente le gustó.
Crónica
de la Oficina de Prensa de El Juli
Ya
no cabe ninguna duda sobre la capacidad de El Juli como máxima figura. Ha
vuelto a poner de acuerdo a todo el mundo abriendo la puerta grande de Castellón
tras cortrale las dos orejas, y casi el rabo, a un ejemplar de Victorino.
Juan
Mora ha estado voluntarioso toda la tarde, lo ha intentado, pero no ha logrado
cuajar faena en ninguno de sus dos ejemplares, el primero, uno de los mejores
del encierro. Sin embargo, a pesar de la falta de acoplamiento, han brillado
muletazos aislados muy en su corte que hubieran tenido mayor repercusión de
haber ligado faena. Acabó con los victorinos de sendas medias estocadas.
José
Luis Moreno ha podido acompañar a El Juli por la puerta grande de no haber
pinchado a su primero, el mejor de la tarde. El cordobés ha estado muy animoso
por agradar y ha toreado muy asentado a su primero al que ha ligado una faena
emborronada por el fallo con la espada. Hubiera cortado, como poco, una oreja.
Se la ha cortado al segundo
haciendo muy bien las cosas a un toro con dificultades al que ha toreado
muy bien con muletazos
de mucho mérito. La estocada arriba le ha valido el trofeo.
El
primero de El Juli fue el más feo de hechuras, un ejemplar marcado con el número
64 que en un principio se iba a descartar del encierro. Ha resultado el peor,
con diferencia, de la corrida que Victorino ha llevado a Castellón. El Juli,
consciente de la expectación que había levantado su inclusión en este cartel,
ha salido ha darlo todo. No ha dejando pasar su turno de quites y ha regalado a
la afición uno por caleserinas. Ya en el toro anterior de José Luis Moreno había
recetado unas emocionantes chicuelinas. Su primero ha sido un toro, soso,
insulto, sin casta ni bravura. Esta falta de transmisión
le ha impedido seguir la muleta que El Juli le plantaba con decisión. Se
ha pegado un arrimón cuando el toro ha dejado de embestir y de su labor ha
destacado especialmente una serie de frente a pies juntos que ha llegado mucho a
los tendidos. En el último tercio del trasteo le ha buscado las cosquillas al
victorino sin
poder conseguir mayor lucimiento por las condiciones de la res. Ha matado de
pinchado y estocada y ha recogido una ovación desde el tercio.
Este
toro de salida saltó
al callejón arrollando a Juan Mora que fue trasladado a la enfermería pero que
continuó la lidia en el cuarto de la tarde. El Juli, en un detalle de compañerismo
brindó este ejemplar a una banderillero de Juan Mora, detalle que fue devuelto
a El Juli por
el cacereño en su segundo toro.
Dos
orejas y petición de rabo fue el balance en el sexto de El Juli, último toro
de la corrida. Un cinqueño aventajado muy erio y astifino, muy bien hecho y de
bonita estampa. Salió un punto suelto pero esta condición no fue óbvice para
que El Juli recetara bellos lances de toreo a la verónica. Este ejemplar hizo
una aceptable pelea en varas, tercio que aprovechó el joven maestro para hacer
un quite por navarras y faroles invertidos y a continuación llevárselo de
forma muy torera al caballo. Al igual que en su primero, protagonizó el tercio
de banderillas, logrando si cabe en este más calidad. Un par al cuarteo y dos
de mucho mérito por los adentros pusieron la plaza en pie.
A
estas alturas El Juli tenía la mitad de los trofeos en el bolsillo pero la
apoteosis llegaría con la muleta. Una faena para el aficionado de verdad,
ejecutada con una pureza y un temple extraordinarios. Los inicios toreros doblándose
con el victorino fueron el preludio de un trasteo templadísimo en los medios de
la plaza. Faena basada en el pitón izquierdo con muletazos inmensamente largos
y casi de toreo al ralentí. Al toro no se le podía dudar, había que
aguantarle y así lo hizo El Juli. Embarcándolo adelante y descargando lo más
atrás posible la embestida. Por el pitón derecho, el toro tuvo más
dificultades y en un pase de pecho lo enganchó rompiéndole la taleguilla. Sólo
fue un susto y el previo a las postrimerías de la faena,
naturales a pies juntos ceñídismos, tricherazos, cambios de mano y
mucha firmeza que dejaron al toro preparado para una estocada que hizo rodar al
Victorino enseguida.
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