|
|
|
Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del domingo, 26 de marzo del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de
Miura, de desigual presentación; varios sospechosos de afeitado; 3º premiado con vuelta al ruedo; 4º y 6º, encastados y nobles; resto con dificultades
Diestros:
Entrada: Tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País,
La Razon
.
El País. M. MÁRQUEZ LUCENA
Los nuevos 'miuras'
Tal y como salieron ayer en la primera de feria de La Magdalena de Castellón, así deben ser los nuevos miuras. Y salieron seis que en principio de presencia podían pasar por domecqs y nadie lo notaría. O sea, por fuera eran comodísimos de cabeza, y aunque los hubo altos y largos cual máquina del Ave, como el primero, las hechuras y sobre todo, las caras, eran de novillotes adelantados de Jandilla o Torrestrella, sin ir más lejos. Y de hechos y comportamientos de todo hubo. Salieron nobles los más y otros descastados y flojos.
El mejor lote se lo llevó quien a la postre sería el triunfador de la tarde, Juan José Padilla. Para él fue el noble animal al que dieron la vuelta al ruedo, por aquello de que en el país de los ciegos... Era un toro castaño al que Juan José Padilla recibió a porta gayola luciéndose con el capote. Clavó banderillas reunido y en lo alto, tras grandes alardes atléticos. Con el público entregado hizo una faena bullidora basada en la mano derecha. Lo intentó también por el pitón izquierdo, pero ahí el animal se quedaba más corto, por lo que siguió con la diestra y le aseó una faena que no pudo rematar con la espada. Al toro se le premió con una excesiva vuelta al ruedo, no tanto por sus méritos como por los que no tuvieron los dos anteriores.
Después puso broche el torero jerezano con otro noble animal. Volvió a marcharse a esperarlo a porta gayola, lance del que salió con bien. No tuvo tanta suerte al repetir la cambiada y al dudar, siendo arrollado sin consecuencias. Hizo Padilla lo mejor de la tarde con el capote lanceando a pies juntos, y luego llevó por chicuelinas a su enemigo hasta el caballo. Se le picó lo justo para tener movilidad y dar lucimiento al matador jerezano con los rehiletes, destacando en un par del violín. Se arrancaba de lejos el miura y Padilla lo fue metiendo en faena. Lo toreó con la mano diestra mucho mejor que al natural, y construyó una faena con cierto temple, sin ser la sexta maravilla. Mató de estocada, pero necesitó de un par de golpes de verdugillo, no sin obstáculo para que ante la fuerte y exagerada petición el usía concediese una oreja.
Los miuras defraudaron, pues poco queda, al menos de los presentados aquí, de aquellos animales poderosos y temidos que lucen divisa negra en Madrid por sus dramáticos hechos. En Castellón fueron de dulce, pero amargaron el debú en esta plaza del francés Fernández Meca, torero nacido en Nimes y al que apodera Simón Casas, empresario del coso castellonense.
No pudo hacer gran cosa el debutante ante sus dos enemigos, el que abrió plaza era, eso sí, alto y largo, pero se dejó las fuerzas en la dehesa. Cabeceó durante toda su lidia y se revolvía con no sanas intenciones. Lo llevó a media altura y trasteó hasta entrar a matar, consiguiendo una estocada que quedó tendida, pero que le valió al menos una ovación. Con el cuarto, Fernández Meca pasó inadvertido con el capote. Posteriormente, aunque el animal tenía buen tranco y se arrancaba de lejos, siempre le enganchó el engaño al no acompasar la velocidad. O sea, al no conseguir templar una embestida que acabó por darle un susto.
Óscar Higares estuvo, pero podía haber dejado su puesto a cualquier otro. También el público podía pensarlo de los compañeros, pero el caso es que el torero madrileño no estuvo entonado en toda la tarde. Con su primero, estuvo animoso y haciendo de enfermero. Con el segundo, Higares dejó escapar unas orejas que le pueden servir en la presente temporada. En Castellón las vio marcharse al desolladero.
El Mundo. JAVIER VILLAN,
CASTELLON.- Los miuras, en general, no tuvieron suerte ayer. No es quesalieran de indulto, aunque un poco más de brillo se les podía haber dado. Les
cayeron en desgracia, pese al entusiasmo de Padilla, tres toreros que no están
en estado de gracia y que acaso, ¡ay!, no vayan a estarlo nunca. Tanto poner la
cabeza en las nubes, el primer miura se desplomó con estrépito. Hubo que
levantarlo tirándole del rabo. Ya en pie, el de Zahariche siguió con los
mismos malos gestos y la misma falta de urbanidad. Al final, humilló un poco y
eso fue mérito de Fernández Meca que, sin cuidarse de cabezazos, ponía la
muleta allá por donde creía que el toro podía embestir. Fernández Meca setiró a matar con denuedo y la estocada se le fue baja y tendida. Estranquillado de las patas de atrás, el segundo no tenía mejores
intenciones que el primero. Y si a esto se añaden las chapucerías que le hizo
el peonaje, imposible quedó para Oscar Higares. Hay toros que no tienen
enmienda ni remedio; y toreros que tampoco, lo cual es peor.
Higares anduvo en plan chapuza: desde la indefinición del inicial lance de
rodillas que no fue de rodillas ni de pie, ni farol ni larga, ni en los mediosni en el tercio, hasta el final. Pareció que tocaban a zafarrancho de combate
cuando salió el tercero, cómodo de cabeza y ligerísimo de pies. También fue
Padilla a arrodillarse cerca del tercio, mas el toro se frenó y Padilla resolviócon muchos apuros. Ni el toro ni el torero se cansaron en el maratón de lasbanderillas, aunque llegaron a la muleta un poco más templados. El miura teníacasta. Y poder. Y cierto instinto atemporalado al final del muletazo que Padillano remataba; y recorrido largo que aun pudiera haberlo sido más de habercorrido el torero la mano cabalmente.
Con todo, hubo capacidad lidiadora, algún detalle de estilo, hondos pases de
pecho y una serie de derechazos, la primera, de buen corte. Y un exceso de
miradas al tendido mientras se pasaba al miura cerca de la barriga. Marró conestoque y descabello, aunque a mi entender había marrado ya antes. A toro y atorero se les premió con la vuelta al ruedo, de menor merecimiento la del toro,
encastado, pero que sólo acreditó su bravura en una vara.
Hasta después de la vuelta al ruedo, pudiera decirse que fue una corrida yque ocurrió lo que tenía que ocurrir: unos miuras complicados mas no
imposibles. Y unos toreros que hicieron lo que pudieron, o sea, muy poco.
Juan José Padilla fue el que más cerca estuvo de la verdad; mas si se
analizan las virtudes del miura, Juan José Padilla no estuvo a la altura de las
circunstancias. A partir del cuarto toro, la corrida fue otra y se suavizó elposible fragor de la tarde que habían anunciado los tres primeros miuras. Fernández
Meca no parecía ni siquiera el Fernández Meca anterior, peleón y guerrero.
Decidió ponerse fino adelantando la muleta y tal fue su afán de agarrarse alos costillares, que por poco se coge a sí mismo en un remolino; se embadurnó
la cara de sangre y quedó echo un Cristo. El miura era un novillote
escachifollado de pitones. Por el contrario, Oscar Higares sí se pareció al
Oscar Higares anterior, al Higares desangelado, tostón, fueracacho y espeso de
los últimos tiempos. Mala suerte tuvo el noble y bonito sardo, que también tenía,dicho sea sin ánimo de ofender, los cuernos escachifollados. La verdad es que
casi toda la corrida, por no decir toda, vino afligida de pitones.
Con el sexto, Padilla jugó abusivamente en banderillas, clavando con
contundencia sobre todo en la modalidad del violín, que le ha expropiado a El
Fandi; mucho juego y alarde; pero, cuando en la larga cambiada de rodillas, elmiura fue al pecho, Padilla echó cuerpo a tierra indecorosamente y con
velocidad de rayo. A ver qué vida.
La Razon.
BARQUERITO.- Buena corrida
de Miura y un excelente toro de vuelta al ruedo
La corrida de Hijos de Eduardo Miura tardó un poquito en romper: dos toros, quefueron los dos primeros. Uno por delante, el que rompió plaza y feria, que
tuvo, por cierto mucha plaza, salió descarándose y volviéndose con el estilo
clásico del hierro y que, por falta de fuerzas, se rebrincó. Aunque el astadotuvo fijeza y se empleó con esa prontitud característica también de la casa
Miura, el toro contó poco porque una costalada de la que tardó en serlevantado pesó como un estigma.
Fernández Meca se embarcó en una faena que pareció enseguida larga y al cabo interminable. Una faena sin sobresaltos, profesional ydigna, bien rematada con los aceros
El segundo, al que Óscar Higares se fue a recibir derodillas a porta gayola, fue un toro cárdeno chorreado, zancudo, sacudido y máslargo de cuello que los demás. Fue el único de los seis miuras de la tarde,
donde aparecieron los elementos de identidad menos gratos de la ganadería: un
derribo de caballo sin encelarse ni enterarse en el primer puyazo, una pelea
guerrera en el caballo de puerta en la segunda vara pero doliéndose y
berreando, hachazos en los embroques de banderillas, distracciones en la muleta
y un gazapeo final sólo compensado por la voluntad del toro que, por encastado,se arrancó tras la estocada, cobrada al tercer intento, como una exhalación.
La faena del torero madrileño, recorriendo la plaza entera, fue en el fondo untrasteo defensivo, sin más.
La corrida de Eduardo Miura estaba en el fiel de la balanzacuando se soltó un tercero castaño albardado, más bajo de agujas que los dosanteriores y muy bien hecho.
Tras el relativo trámite de una larga afarolada de rodillascon Juan José Padilla a porta gayola, el toro tomó el capote con gran alegría:humilló, repitió, se fue largo por los dos pitones. Un toro visto en seguida.Sólo tomó un largo puyazo. El propio Padilla, después de alardear en un quitedonde alternaron navarras y tafalleras, pidió el cambio de tercio. Enbanderillas el toro galopó como una exhalación y en los dos primeros cuarteosPadilla hubo de pasar en falso. El segundo par, clavado al segundo intento, fue
de ajuste espeluznante. El tercero, de dentro afuera, con el toro viniéndosefortísimo, fue el mejor. Cuando rompió el toro, rompió la corrida. Los seis
muletazos de tanteo con que Padilla se abrió hasta los medios fueron con
diferencia lo mejor de una faena que pecó de abusar del populismo -rodillazos,desplantes, los dobles depechos-, de excesivas pausas, de cortes de fluido
cuando más electricidad demandaba ese toro tan importante.
Un miura interesante
En la muleta resultó ser sin duda uno de los mejores miuras de la última década.La faena fue de vibración decadente. Se respetó el esfuerzo de Juan JoséPadilla, pero la gente tomó partido por el toro.
La vuelta al ruedo en el arrastre, más clamorosa quesolemne, estuvo justificada
El cuarto cumplió en el caballo, se pegó una costalada
impresionante y remontó con estilo en el último tercio. Fue, como todos los
miuras que se emplean, toro para torear en la distancia y la faena de FernándezMeca, decidida, con quietud, pecó de encimista. Ahogado, el noble toro se acabóempleando menos. Dejó estar.
El quinto toro, un precioso sardo flor de gamón, algoensillado, galopó de salida, metió la cara desde el principio, se movió con
franqueza y sacó en la muleta mucho temple: largas embestidas suaves por losdos pitones.
Rival en calidades del gran tercero, pero una faena
atrangatada, desangelada, forzada y tropezada de Higares que en algunos momentos
fue hasta protestada por los partidarios del toro.
Al sexto toro de los lidiados Juan José Padilla se fue arecibirlo de nuevo a porta gayola de rodillas y a repetir la suerte sin fortunaen el tercio después.
A pie y en vertical, Padilla se templó y dejó anunciar al
toro, mansote en el caballo, su calidad posterior. Padilla, que anduvo brillante
y espectacular con los palos que colocó, tercio en el que se le vio siempre
sobrado de facultades, repitió esfuerzo en este segundo turno, no tan boyante
como el primero, pero nada desdeñable.
Una faena festiva, llena de interrupciones, en el fondohonrada, más acompañada por el público que llenaba los tendidos en casi tres
cuartos del aforo de la plaza, que la otra. Y un toro que de largo quiso siemprey bien, que perdonó hasta errores y que vino a cerrar con nota una notable
miurada llena de gratas sorpresas.
|
|