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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del domingo, 02 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Victoriano
del Río, absolutamente impresentables, indecorosos, anovillados y algunos tipo eral, inválidos; a todos se les simuló la suerte de varas. 4º, devuelto por inválido. Sobrero, de
Domingo Hernández, diminuto novillejo, boyante.
Diestros:
- Joselito: estocada tendida trasera caída (oreja); estocada trasera caída (silencio); bajonazo (oreja, petición de otra y dos vueltas); salió a hombros por la puerta grande.
- José Tomás: dos pinchazos y estocada (silencio); estocada corta ladeada y rueda de peones; el presidente le perdonó dos avisos (oreja); bajonazo, rueda de peones -aviso con cuatro minutos de retraso- y se echa el toro (palmas).
Entrada: Lleno total.
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País,
La Razon
El País
¡Ay, si lo llegan a ver por televisión...! JOAQUÍN VIDAL,
Castellón
¡Ay (al garete el negocio), si los aficionados de toda España lo llegan a ver por televisión!...
Si toda España llega a ver por televisión esa estafa, esa corrida fraudulenta que montaron para presentar en sociedad a Joselito y José Tomás mano a mano, se descubre el pastel.
Porque una cosa es dárselas de dignos, otra distinta obrar con dignidad. Una cosa es aprovecharse de un público triunfalista que va a los toros porque es feria, sacando a la palestra seis sucedáneos de toros escogidos entre lo más paupérrimo que sea capaz de producir la granja aviar, otra distinta colárselos de matute a los aficionados de plazas más solventes.
Lo que soltaron por los chiqueros de Castellón para el mano a mano fue la vergüenza nacional. Seis birrias que no tenían media torta. Seis alfeñiques, en el mejor de los casos regordíos, que según el DNI rebasarían la edad de Matusalén, pero por su aspecto no pasaban de utreros o de erales. Seis monas moribundas (moribundas de morirse muertas) a las que Joselito y Tomás les dieron pases de una espantosa vulgaridad.
Lo cual no fue obstáculo para que tanto el veterano como el novel adoptaran un aire de solemnidad. Pisaban el redondel tan serios y trascendente que se diría eran Pedro Romero y Joselito El Gallo, redivivos y convertidos en pareja de hecho.
Y todo para tirar verónicas a pasa-torito: o enjaretar unas chicuelinas que se quedaban en bruscos recortes; o acentuar la verticalidad para las gaoneras y resolverlas con enganchones; o, como hizo Joselito, florearlas mediante serpentinas, corriendo de un lado a otro.
Y en las suertes de muleta continuó el panorama. Eso sí: se tomaban su tiempo. Entre pase y pase transcurría una eternidad (según se suele decir) y cada uno de ellos iba precedido de una prosopopeya quizá bien ensayada y mejor aprendida, de manera que las expectativas de la preparación pretendían justificar la insustancialidad de la ejecución.
Ese Joselito despacioso y profesoral, proclamando lejos del toro su magisterio, ya cerca (tampoco demasiado), instrumentaba los derechazos y los naturales de tirón y no ligaba ninguno. Ese José Tomás introvertido y hierático, abrazando a su aire la misma escuela, a la hora de la verdad devenía achuchado -llegó a sufrir un revolcón-, le costaba templar los muletazos, y el natural -que es su fuerte y su marca exclusiva- no le salía.
Por supuesto que no desdeñaron el oropel, las suertes para la galería. Y así, Joselito, que incluyó bellas trincheras y ayudados de su firma, recurrió a los circulares y los rodillazos, que alborotaron el graderío, y en el quinto de la tarde también al bajonazo infamante, que el público castellonense consideró proeza inaudita; y armó un escándalo terrible al presidente por no premiar el sartenazo y la faena con las dos orejas.
El segundo torucho se lesionó un brazuelo al tomar un ayudado por alto y José Tomás hubo de cortar la faena. El cuarto fue devuelto por lisiado y al sobrero, que sacó cuerpo de eral, José Tomás le instrumentó interminable faena, en monocorde alternancia de derechazos y naturales, casi todos al unipase, y ya había rebasado ampliamente el tiempo del aviso cuando montó una ceremonia propia de equilibristas (faltó decir aquello de "un minuto de silencio que peligra la vida del artista") para dar -¿quién imaginaría qué?- unas manoletinas. Y le valió la oreja.
El sexto lo habrían protestado por chico en la becerrada de los zapateros y, además, se moría. Le daba un pase Tomás, se derrumbaba exangüe y habían de acudir los peones-grúa a levantarlo. Así varias veces. A pesar de lo cual, Tomás, no se sabría dirimir si haciendo gala de una desfachatez o de una torpeza difíciles de creer, siguió pegando pases hasta el infinito.
Esos toros (y ese toreo), no se los habrían tolerado a los del mano a mano ni en la feria de Sevilla, ni en la de San Isidro, ni en plaza seria alguna. De ahí que sus ausencias y su rechazo a la televisión se empiecen a entender. Lo que no se entiende es que se haya metido ahí José Tomás pues parece que va de tapadera o quizá de primo. Y, al final, quien se llevará el gato al agua es su tocayo. Ya ha ocurrido en Castellón. Para empezar.
Joselito: "He recobrado la ilusión"
M. MÁRQUEZ LUCENA,
Castellón
Joselito afirmó, tras el mano a mano, "empezar así, saliendo a hombros tras el punto y aparte, me ha servido para recobrar una ilusión que había perdido". Posteriormente, dijo que el toro no es cuestión de estadísticas, es cuestión de sentirse agusto, "especialmente", dijo el torero, "me he sentido bien en el tercero. En el primero tenía miedo a que las cosas no salieran bien, porque buscaba la perfección para que la obra no fuera inconclusa".
Ante las felicitaciones recibidas, toda una representación internacional con aficionados de Nueva York, Escocia, Suecia, Francia y Alemania, Joselito afirmaba: "Es bueno el éxito, pero no siempre, porque si no sería aburrido. Hoy he triunfado, pero si hubiera sido un petardo, mañana a las ocho de la mañana, estaría entrenando. Aun así, igual lo hago". Ahora preparará su actuación del domingo en Zaragoza.
Por su parte, José Tomás declinó hacer declaraciones tras el festejo. En un principio, según su apoderado Enrique Martín Arranz, se iba a trasladar al torero a un centro hospitalario para reconocer el varetazo recibido en la lidia de su segundo toro, pero posteriormente no lo consideraron necesario. Martín Arranz señaló que José Tomás tuvo auténtica mala suerte, al romperse la pata durante la lidia el toro que parecía más franco, y dijo que "así es la tauromaquia también, si no es por esa mala suerte la tarde se va arriba y hubiera sido de apoteosis".
El Mundo. JAVIER
VILLAN. Si no hay toro, sobra todo lo demás
CASTELLON.- Fue homérica la bronca al presidente. Y, sin embargo, el señor presidente tenía razón; ejerció su potestad sobre la segunda oreja, digan lo que digan los entusiasmos colectivos. Consideró acaso que el mortal espadazo de Joselito cayó desprendido o que la faena no había sido tan redonda como la gente creía. Con la plaza convertida en un volcán, salió el sexto y José Tomás se lió a verónicas majestuosas con las dos rodillas en tierra. No tardaría el torillo en arrodillarse también. Mala suerte la de José Tomás, que topó con un toro que se rompió la pata, con un sobrero imprevisto y con un inválido. Más o menos, en cuanto a toros, ésa fue la tónica de la corrida: torillos blandos y anovillados que se desplomaban como este sexto que frustró la salida a hombros de José Tomás. Andan José Tomás y Joselito metidos este año en gresca con las televisiones. Yo estoy seguro de que tienen toda la razón de su parte; cada cual es muy dueño de gestionar y administrar los derechos de la propia imagen. La imagen hay que cuidarla mucho. Y corridas como la de ayer, dan muy mala imagen. De Madrid y de todo el Reino habían llegado a Castellón miles de aficionados. Pero no es igual que a uno vengan a verlo de toda España que lo vea toda la España torera a través de la caja tonta. Reconocido ese derecho a administrar la propia imagen, puede uno pensar legítimamente que, al socaire de la televisión, Joselito y José Tomás están escurriendo el bulto en las plazas de primera, allí donde sale el toro que llamamos de lidia en su plenitud. Torillos como los de ayer, den por seguro que no saldrían en las plazas de Madrid, Sevilla, Pamplona o Bilbao, de las que estos dos ases van a estar ausentes. Volvía Joselito tras dos años de ausencia y puso la plaza boca abajo y la convirtió en un infierno caliente de entusiasmos y locura. José Miguel Arroyo estuvo relajado, torero y sobrado. Quienes no andaban sobrados de trapío ni de cabeza ni de fuerzas eran los toros. El primero sacó genio y Joselito no se arrugó; al tercero, como a casi todos, se le simuló la suerte de varas. Joselito echaba el capote al viento por gaoneras y faroles, mientras el toro se iba al suelo. Un silencio espeso fue cayendo sobre el inocente toro, sobre el inválido toro, sobre el deslabazado toro. Algunos olés, algunos aplausos sin demasiada convicción y, sobre todo, sin demasiadas causas o motivos. Tenía ya una oreja Joselito habiéndose mostrado,como queda dicho, seguro torero y con renovadas ilusiones. Recibió al quinto con una larga cambiada de rodillas, con lances flexionando la pierna y otra larga preciosista, rodilla en tierra. Y cuando el toro le acosó, resolvió con un pase de tijera que dejó al animal en suerte. Propiamente, no hubo suerte de varas; un picotazo apenas. Y allí surgió la filigrana del capote de José Miguel Arroyo: un quite pura fantasía, por tapatías. La faena tuvo dos partes: una necesaria y brillante y otra sobrante. La primera, de quietud en naturales y redondos, de ritmo y de sentimiento. La segunda fue más correcalles y efectista que densa. Y entre rectificación y carrera, algún redondo, un molinete, un pase de pecho plenos y esculturales. Lo suficiente para que aquello se convirtiera en un manicomio, sin que nadie tuviera en cuenta las birrias que estaban saliendo de chiqueros. La tarde, pues, tuvo altibajos. Se devolvió el cuarto tan menguado de fuerzas como de trapío y el sobrero era peor. En una colada, derribó a José Tomás, que rodó en la arena con la taleguilla rota y a punto estuvo de sufrir un percance serio. Siguió emperrado en torear por el izquierdo, cuando parecía claro que el lado menos malo era el derecho. Por ahí derrochó José Tomás valor, técnica y apreturas. En terrenos conflictivos, José Tomás se pasó el toro muy cerca, con una sangre fría heladora y helada. No fue el delirio que provocaría poco después Joselito; fue la angustia de un valor espartano y seco.
La Razon. BARQUERITO.
El torero de Galapagar se juega la vida con un manso yJoselito abre la puerta grande
Mano a mano, o corrida de dos espadas, o un grito al sol. Lo que fuera. Pero enun ambiente denso, abigarrado, con la ebriedad de los días grandes de toros.
Más, muchos más partidarios de Joselito que de nadie. Eso se hizo visible en
el tiempo previo y durante la corrida toda, aunque fue José Tomás en susegundo turno quien más nerviosa puso a la gente con una faena absolutamentedistinta a todo lo visto en esta feria. Una escalofriante faena de valor con unpeligroso sobrero de Domingo Hernández que, fuera de programa, le dio a lacorrida de pronto lo que no tuvo antes ni tuvo después: un muy dramáticoacento. Sorda y llanamente, José Tomás arriesgó lo indecible y se jugó la
piel mientras se rumiaba y mascaba una cornada que hubiera sido contrapunto
ácido de una corrida prevista en lógica como triunfal, vivida en los momentosen que Joselito fue protagonista con una atmósfera exacerbada de celebración y
rematada en conjunto de forma algo desequilibrada.
Fue una larguísima corrida, porque las tres faenas de Joselito lo fueron y la
última de José Tomás, a un toro que llegó a derrumbarse hasta tres veces enla muleta, vino a hacerse interminable. José Tomás pareció obsesionado por la
idea de acompañar a Joselito en la salida a hombros por la puerta grande.
Joselito pareció estarse midiendo a sí mismo durante sus tres turnos. José
Tomás, no. El torero de Galapagar se encontró con la corrida torcida y cuestaarriba. A Joselito le sonrió la suerte. El toro de la reaparición, noble,bravo, de alegre correa, fue con mucha diferencia el mejor de la corrida.
Joselito se empleó con el capote: las manos bajas en lances a la verónica en
paralelo y un quite desigual por chicuelinas jaleado por su quietud. Este torose lo brindó Joselito a Enrique Martín Arranz, como el último que mató en
Sevilla en septiembre del 98, y a este toro le hizo una faena de rutilantecomienzo -ayudados por bajo a dos manos- y desigual en desarrollo, contenido ylogros. Fue faena muy premiosa, de pausas excesivas, muchos paseos entre tandasy cambios de terrenos más determinados por el toro que por la propia voluntaddel torero. Los golpes plásticos llegaron en los momentos justos, sin embargo,
y una estocada trasera pero mortal saludó con espuma el regreso del torero altráfago de las ferias.
Joselito y el quinto toro
El precioso burraco botinero que Joselito lidió en tercer lugar tuvo muy pocafuerza y perdió parte de su poco gas después de enterrar los pitones en la
arena a mitad de faena. También aquí Joselito se prodigó en pausas y paseos,
e insistió incluso cuando vio al toro venido abajo. Sueltos, hubo muletazosexcelentes. El mejor de los tres Joselitos fue el del quinto toro, el menos
sencillo de los tres que mató. Lo había saludado con dos largas de rodillas en
el tercio y quitó tras la única vara por crinolinas apuradas pero
aclamadísimas. Fue toro brindado al público y Joselito se fue a la distanciapara aguantar un largo viaje muy bien vaciado. Este quinto no rompió en lamuleta, sino que fue toro a menos: por escarbador, por gazapear, por desparramarmucho. Las pausas fueron excesivas y el toro recorrió mucha plaza. Joselitoexpuso mucho en el tramo final de una faena que se había desinflado pese a susbellos momentos. El sabio remate con un circular ligado con un molinete y otrode pecho tuvo efectos deslumbradores. La estocada cayó muy baja y eso hizo queel palco desatendiera la petición de una segunda oreja. La bronca a la
presidencia tuvo más fragor que el dedicado a esta vuelta completamente en
serio de Joselito. Con el capote José Tomás hizo cosas de extraordinariacalidad. Ocho verónicas hincado de rodillas para saludar al sexto toro; un
quite por gaoneras de imposible más cerca al manso cuarto bis; el trazo de seislances en el recibo del malogrado segundo. El cuarto se le vino encima cuando se
echó la muleta a la mano izquierda, le cogió por la pierna derecha y lodesplazó con violencia haciéndole caer de espaldas a varios metros. Sin
inmutarse, José Tomás volvió a ponerse por ese pitón cuando se levantó y a
partir de ahí vino en cascada la angustia de una faena revolucionada por losderrotes y el mal estilo de un toro que se negaba a ser sometido. El premio deuna oreja, escaso para los méritos de una faena cardiaca.
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