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REAL PLAZA DE TOROS DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA
Noche del sábado, 26 de julio de 2008
Corrida de Rejones

 

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Benítez Cubero. Bien presentados, con volumen que resultaron de juego variado. 1º rajado y parado, 2º manejable, 3º colaboró, 4º soso y sin transmisión, 5º descastado, 6º manseó.

PESOS: 520, 530, 490, 535, 575 y 580 kilos.

Rejoneadores: 

  • Antonio Domecq: (Traje corto con chaquetilla azul). Ovación con saludos y silencio.
  • Diego Ventura: (Traje corto con chaquetilla verde). Oreja y dos orejas.
  • Leonardo Hernández: (Traje corto con chaquetilla aterciopelada nazarena). Oreja en ambos.

Palco: Presidió Ana Alonso; Asesor Veterinario José Javier Moya y Asesor Taurino Antonio González.

Tiempo: Noche agradable.  

Entrada: Un cuarto de plaza.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino.com


PortalTaurino.com. EMILIO TRIGO. Puerta Grande para Ventura y Hernández

¡Inusual la respuesta del público! La crisis se nota muy mucho. Está corrida de rejones en años anteriores prácticamente salvaba el abono, y la realidad de esta temporada son tres cuartos de hormigón vacío.

Antonio Domecq abrió el festejo montando Macanita para poner un rejón trasero al rajado que hizo primero y el toro sangró mucho. Con las banderillas a una mano estuvo clásico pero con precisión en la reunión destacando con la monta de Querubín. A dos manos arriesgó dejando que el astado llegara a las cercanías de los caballos y con las cortas, lo mismo. Una lástima que su oponente no se desplazara a estas alturas y terminó echándose por la falta de casta antes del rejón de muerte. Y para colmo la poca repercusión que tuvo en los tendidos el jinete después de una labor asentada que no valoró la notable actuación del jerezano. Antonio tuvo que apechugar con las circunstancias de abrir plaza y la gente estuvo fría con él. El cuarto era un toro grandullón, hondo y sin transmisión, que no colaboró con el rejoneador. Mal lote el de Antonio que incluso se salió de su habitual estilo y puso todo de su maestría para sacar partido. Brilló con Óleo y Uncida, pero no pudo levantar vuelo ante el soso y descastado que cerró su lote. Con el rejón de muerte no acertó en varias ocasiones. 

Diego Ventura era la máxima atracción del cartel y el sevillano-luso caldeo a los presentes con Manzanares cabalgando de costao por los adentros realizando un tercio de banderillas vistoso y alegre, antes dejó dos de castigo con Girasol en todo lo alto. Ventura se metió a todos en bolsillo con una actuación casi perfecta, sin que se le notara la inactividad por el grave percance, montando a Distinto con el que realizó quiebros con el toro prácticamente encima. Oreja que habrían sido dos si no falla con el rejón de muerte ante un toro manejable. Una vez descabalgado utilizó una muleta para poder andar y ahí se le vio que aún no está del todo recuperado. Diego se enfrentó al que hizo quinto que era paradito y al que había que llegarle mucho haciendo gala de un toreo alegre a dos pistas y dando siempre los pechos. Con Morante apunto llega la tragedia al ser descabalgado de forma muy fea por romperse la cincha de la cabalgadura. Diego abandonó el ruedo camino del patio de caballos ayudado por Leonardo Hernández padre y Antonio Domecq, volviendo a la cara del toro entre una tremenda ovación. Muy dolorido sacó la raza de una figura del toreo y una vez pasado el susto brilló con el mismo caballo en un tercio arriesgadísimo y variado. Mató eficazmente a lomos de México y cortó dos merecidas orejas a un descastado toro.

El tercer caballero de cartel Leonardo Hernández no anduvo fino a lomos de Espartaco -un caballo de bella estampa- al recibir al primero de su lote, pero sin embargo con Quieto sí afinó más en el tercio de banderillas. Hernández lució una cuadra equilibrada y variada en todos los tercios y un particular concepto que conjuga la pureza y la espectacularidad. A todo esto hay que sumarle unas enormes ganas de querer llegar a lo más alto en el rejoneo. Al violín con las cortas puso al público en pie y cuando lo tenía fácil para cortar las dos orejas se precipitó a la hora de matar y por ello se llevó una oreja. El sexto de la noche era un mansito que quería rajarse pero sin embargo seguía con gran ímpetu a los jacos de Leonardo. Por segunda vez sacó a Quieto en banderillas estando con su caballo más templado que con el toro anterior para dejar tres palos en todo el morrillo, y otra vez al violín pero ahora con Charope, un caballo muy valiente que siempre le ganó la cara al toro y un rejoneador que se esforzó al máximo por agradar y triunfar, con vistosidad y pureza que conectó rápidamente con los aficionados. Oreja a la entrega que le vale la Puerta Grande y acompañar a Ventura a hombros.