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Festejo de abono
Plaza de toros de Jerez
Tarde del jueves, 13 de mayo 1999
Corrida de toros
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Juan Pedro Domecq (justos de raza, muy blandos y desiguales de juego. Bravo el primero y noble el tercero. El sexto se echó antes de que su matador entrara a matar.

Diestros: 

Entrada: tres cuartos

Tiempo:

Crónicas de la prensa: El Mundo


El Mundo. CARLOS CRIVELL. Jerez. Apenas surgió el duende

Todo estaba preparado para que en Jerez se viviera una jornada plena de arte. Seguro que los toreros se habían encomendado a sus dioses para que no les faltara la inspiración. El público estaba predispuesto.

El duende, sin embargo, apenas se hizo presente en la corrida. Algún lance de capa de Curro Romero, unos muletazos sueltos del mismo espada, el toreo con el capote de Paula a su primer toro y momentos de enorme plasticidad de Manzanares al tercero fueron lo único que se queda grabado de una corrida tan esperada.

Pasaron cosas extrañas. Así, Curro ordenó que al primero de la tarde lo castigaran en exceso en el tercio de varas. No se sabe qué vería el diestro a un toro tan terciado y bonito de hechuras. El animal entró cuatro veces al caballo y, aun así, tuvo fuelle para repetir algunas embestidas en la muleta del camero. Romero dibujó algún pase suelto de ensueño, la música acompañó su quehacer, pero había poco toro y el trasteo no alcanzó altos vuelos. Alguna trincherilla y un pase de la firma se quedan en el recuerdo como lo más bello de la tarde.

Con el cuarto, Curro se escapó de una tremenda colada que le hizo el toro al comienzo de la faena.

Rafael de Paula no está para salir a un ruedo vestido de luces. Es verdad que algún lance nos hizo volver al pasado, pero fue todo muy fugaz. Después llegó el momento dramático del desarme, de un torero roto en sus rodillas, a merced de un toro que en más de una ocasión le perdonó la vida. Y la impotencia más sublime llegó a la hora de la suerte suprema. La plaza, muda y respetuosa, asistió a unos momentos del mayor patetismo.

La única faena que tiene tal nombre de la tarde la realizó Manzanares al tercero. Fue un toro noble que el alicantino cuidó y entendió de forma maravillosa. La propia falta de raza del toro de Juan Pedro impidió que su labor tuviera conjunción. Se compuso la faena de bellos momentos deshilvanados, unos con la derecha en un tercio, un trincherazo más allá y unos naturales para esculpirlos en el lado opuesto de la plaza de donde había comenzado su labor. Aun así, el público entró en situación y vivió con intensidad toda la finura que encierra el toreo de Manzanares. No fue capaz de matarlo y ahí perdió un premio mayor.

El sexto, un animal sin trapío, se echó pronto sobre el ruedo.

 

 

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