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Festejo 3º de abono
PLAZA DE TOROS DE JEREZ
Tarde del jueves, 15 de mayo de 2003
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Jandilla (de buen juego).

Diestros: 

Entrada: Casi tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: ABC, Diario de Cádiz


ABC. FERNANDO CARRASCO.  Feria de Jerez: ¡Ni una sola oreja, oiga, ni una sola!

Increíble. Inaudito. Inconcebible. No se cortó ni una sola, ni una, oreja ayer en el coso de la calle Circo. «Oiga, ¿pero no llevábamos en dos festejos dieciséis trofeos? ¿Cómo puede ser eso? ¿Es que no han servido los toros?».

Ni mucho menos. El caso es que la corrida de toros del hierro de Jandilla sirvió y, como suele escribirse en estos casos, era propicia para el triunfo. Hombre, no diremos que era la «tonta del bote», pero sí que, casos del primero, segundo y quinto, debían haber sido más y mejor aprovechados. Y eso que estábamos delante de tres figuras del toreo. Pero ni por esas. Corrida para cortarle las orejas y para andar con facilidad -dentro de lo que es ponerse delante de un toro, claro está- ante ella. Rompieron la racha desbordada de orejas en esta plaza, algo que suele ser habitual. Lo peor de todo, que los tres espadas -Enrique Ponce, Finito de Córdoba y Morante de la Puebla- no pasaron de intentarlo pero sin romperse la cabeza para buscar el triunfo. El único que medio lo consiguió fue Finito de Córdoba, pero se quedó precisamente a medias.

La peor tarde

Enrique Ponce tuvo, con mucho, la peor tarde que le hayamos presenciado en mucho tiempo. Estuvo ayer muy lejos del torero inteligente y que sabe solventar la papeleta de manera encomiable. Ante su primero, un precioso jabonero con casi 600 kilos pero que se desplazó y tuvo recorrido, el valenciano anduvo en plan birlongo. Siempre remató los muletazos arriba, desplazando un mundo al de Jandilla. Muchos pases hacia afuera, sin obligarle y sin obligarse el torero. El toro repetía. Cierto es que le faltaba algo de clase, pero Ponce no le cogió el aire nunca. Para colmo, dio un espectáculo con la espada. Para que incluso se escucharan algunos pitos...

Quiso congraciarse con la amable afición jerezana -que, por cierto, no llenó la plaza- y brindó el cuarto, que se había pegado un costalazo tremendo cuando lo llevaba al caballo y otro más al comienzo de faena. Ponce construyó una labor larga ante un astado noble pero con las fuerzas justas. Tampoco le obligó a éste y la faena tuvo cantidad pero escasa calidad. Todo muy insulso. Mató rápido e incluso se le pidió la oreja. Bueno, unos cuantos.

Finito de Córdoba pecó de echar el pasito atrás en las verónicas de recibo al segundo, otro toro noble pero medido de fuerzas al que primero toreó a media altura para, más tarde, bajarle algo más la mano. Ahí vinieron los muletazos más redondos y limpios de la tarde. Fueron sólo tres series diestras. Luego el «jandilla» estuvo más remiso por el pitón izquierdo. Faena de más a mucho menos.

Detalles dejó con el capote en el quinto, que aunque en el comienzo del trasteo perdió las manos, fue recuperándose poco a poco, de tal manera que de mitad de faena para adelante embistió con prontitud y raza. Pienso que sorprendió al propio torero ya que Juan no dio con la clave ni del temple ni de la calidad. Sí en lo referente a la cantidad con muletazos rápidos, eléctricos y lineales. La fase postrera de la faena tuvo algo más de enjundia, pero sólo algo. Finalmente, Finito se empeñó en pinchar y, sobre todo, recetar un sartenazo infame al de Jandilla que, dicho sea de paso, no merecía tamaña muerte después de haberse venido arriba y embestir una y otra vez.

Medias tintas

Hay que ver cómo empuja la gente a Morante. Las ganas que tiene de verle torear. Ayer, en Jerez, el sevillano estuvo medio queriendo, pero sin poder del todo. Inexplicablemente, dejó que a su primero le dieran dos señores puyazos -creo que va a ser el único toro en toda la Feria-. Eso lo acusó el de Jandilla, que se repartió entre la nobleza y las pocas fuerzas. Esto hizo que José Antonio anduviese a medias tintas. Ora un muletazo bueno, ora uno peor. Así transcurrió la faena.

Genio sacó el sexto, que enganchó el capote de Morante en dos ocasiones y le hizo tomar, de manera precipitada, el olivo. Ese genio vino acompañado, en la faena de muleta, de embestidas en las que el de Jandilla repitió. Y, valga la redundancia, se repitió prácticamente el mismo esquema que en su anterior oponente: muletazos buenos entremezclados con otros enganchados y embarullados. Total, nada de nada. Como la tarde misma. Una ruina, oiga.


Diario De Cádiz. FRANCISCO ORGAMBIDES. Los jandillas murieron con las orejas puestas

Ni una sola oreja fueron capaces de cortar las figuras al noble encierro de Jandilla que se lidió ayer en la tercera de feria. Ni una.

Y eso que los toros fueron nobles. Ni un mal gesto, ni una fea embestida, ni una amenazadora colada.

Porque la corrida fue buena en líneas generales. Tuvo buen son, y acometividad, con su motor para aguantar largas faenas de muleta: un par de ellos se tragaron unos seis mil pases.

Una corrida que se la sueltan a cualquier joven espada con hambrientos de toros y tiene para la primera letra del cortijo.

Pero Ponce debe ser ya buen pagador de la Contribución Rústica, Finito de Córdoba manejó mal los aceros porque si no sí que Jerez le premia y Morante de la Puebla estuvo torpe en su lote, por masacrar a su primero y por dejarse tocar y desarmar tanto con su encastado segundo. O sea, que en uno por exceso y en el otro por defecto

Esto sí que es difícil, ni una vuelta al ruedo en la plaza de Jerez en feria. Ni se recuerda en los últimos tiempos una tarde de tan pobre marcador. Más bien parece que Rosa Bautista en la primera de feria agotó el cupo y no dejó nada para Eduardo Ordóñez, que presidió ayer y que denegó una petición evidentemente no mayoritaria para Ponce.

Lo que hubiera tenido mérito es que se la hubiera cortado al primero, un toro que para el ideal que tienen algunos del toro de lidia puede parecer basto. Pero fue un jabonero que se movió, que galopó, que tuvo acometividad, que acudía con alegría a los cites y que tuvo motor porque aguantó los muchos muletazos que Ponce, sin bajar la mano, sin interés y con apatía, le instrumentó.

Fue un petardo, las cosas como son. La sonora ovación que recibió el jabonero "Zambro" camino del despiece tuvo que repercutir en su conciencia de figura y con el segundo de su lote quiso enmendar su actuación y de hecho lo brindó al buen público de esta plaza.

Pero el cuarto dio una buena voltereta en los lances de recibo y fue picado con un puyazo que se protestó. Con semejantes antecedentes y una segunda voltereta apenas iniciado el tercio de muleta, quedó el animal parado y con las cara entre las manos.

Ponce lo llevó a los medios del siete y le dio importancia escénica a la cosa. Pero al toro le quedaba muy poco gas y al torero el único recurso que cupo fue encunarse y hacer el péndulo.

Finito sí que se templó con su lote. Fue quien mejor manejó los engaños de la tarde. No por cierto parando a su primero, en unos lances en los que retrasaba la pierna, pero sí en el tercio de muleta. El toro había sido distraído y suelto de salida, probándolo toro incluso al caballo de lejos, y por poco derriba.

Finito lo tiró al suelo en una trinchera de castigo al momento de abrirlo a los medios y comenzó a templar, lo que necesitaba la corrida. Fueron los mejores momentos de la tarde tal vez, en series citando de largo, con la mano derecha y dejando al toro ventilarse.

El toro perdió fuelle al rematar por alto, momento que resolvió el cordobés con un desplante y como el toro no tragaba por la zurda, bajo el tono. Pero falló al matar.

Con el quinto mejoró los lances de recibo pero en la muleta el toro perdía las manos cuanto el torero bajaba el engaño. Poco a poco fue subiendo de nivel en una larga faena -a los catorce minutos sonó el primer aviso- y el toro se rajó. De nuevo el fallo a espadas y el espada recogió una sonora ovación.

Morante pasó casi desapercibido. Se dejó tocar con el capote en sus dos toros, en el segundo exageradamente. A su primero lo lanceó mucho mejor y con ganas pero Cristóbal García, volcado en el palo, lo dejó listo y sin el gas que tampoco tenía el torero.

Con el que cerró plaza, encastado, Morante no se acopló. Que si varios desarmes y enganchones, que si se dejaba tocar la muleta, que si un banderazo... demasiado ajo en el pique y muy poca limpieza. Silencio.

 

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