|
|
|
Festejo 3º de abono
PLAZA DE TOROS DE JEREZ
Tarde del jueves, 9 de mayo de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Jandilla,
bien presentados, el primero sobrero de otro que se inutilizó al
parecer con el arponcillo de la divisa. Corrida con movilidad y
encastada, de juego variado entre lo difícil y problemático del
tercero y la bondad de buen sexto, con varios toros aplaudidos en los
arrastres.
Caballeros:
- Joselito, de sangre y
oro, casi entera caída (Ovación y saludos) y dos pinchazos y
bajonazo (Pitos).
- Rivera
Ordóñez, de berenjena y oro, media estocada (Ovación y saludos) y
casi entera con aviso (Oreja).
- Eduardo
Dávila Miura, de verde hoja y oro, más de media tendida (Oreja) y
estocada (y descabello con aviso (Dos orejas).
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Cádiz
El País.
JUAN ORTEGA. El toreo de repetición
El pensamiento único, la falta de pensamiento, ha alcanzado también
a la fiesta, en la que todos los diestros torean igual, más bien no
torean, y el toro único se repite hasta decir basta.
Sólo Dávila Miura, en el sexto, se salvó de la quema, al torearlo
por bajo dándole distancia en cuatro series con la derecha, despegadas
y mandonas; los naturales, naturalmente, hacia afuera, y las orejas,
como todas las de la tarde, vejatorias e inadecuadas. En el tercero sólo
pudo dominar el peligro que en forma de cabeceo y de coladas le oponía
su enemigo en una serie por la derecha; lo demás quedó en tirones
hacia afuera.
Joselito -le viene grande el diminutivo- volvió a salir vestido de
aflicción y oro. Capote poco forrado de vueltas malvas para que vuele
mejor en los desarmes y muleta manejada con un atlético juego de
piernas, entre respingos, pisotones, enganches y sobresaltos, todo ello
con el toro a su aire y el torero falto de él. El cuarto se despitorró
el cuerno izquierdo, justo el lado por el que Arroyo hizo ademán de
querer torear. Tuvo el detalle de matar ambos toros por los bajos.
Rivera ha ingresado en la UVI que regenta José Luis Segura, más
bien unidad de resurrección, a juzgar por cómo le llegan los enfermos.
En el segundo estuvo afanoso con la derecha y toreando al antinatural
con la zurda, ya que antinaturales eran cite, recorrido y remate. También
fue antinatural la estocada que, de pinchazo, pasó a casi entera. Salió
toreando de rodillas por largas cambiadas al quinto y derrochó voluntad
hasta ahogar al toro y las expectativas de la parte del público que las
tuviera.
Los toros de Jandilla, bien presentados a pesar de los pitones,
naturalmente rectificados a la baja, sacaron genio y brusquedad,
defectos que no fueron generalmente corregidos por una torería que
anduvo atribulada y con mala cara. Por mucho que se hable del
monoencaste y del pensamiento único, no se debería poder hablar del
monotorero, y mucho menos de esa forma de torear repetitiva que consiste
en coger la muleta siempre con la derecha, enhebrar la embestida siempre
con el pico y llevarla hasta la línea del horizonte, siempre hacia
afuera para rematar de no se sabe bien qué manera, no se sabe bien qué
pase. Lo del presidente, en la concesión de trofeos, de risa o, tal
vez, para llorar.
Diario De Cádiz. FRANCISCO
ORGAMBIDES. Dávila Miura consigue una puerta
grande de ley
Saltó a la arena un encierro con movilidad y raza,
salió del chiquero lo que tiene que salir, un encierro con presencia,
moviéndose. No eran seis peras en dulce, los hubo que tenían problemas
que resolver pero por eso ser torero es algo tan extraordinario y fuera
de lo común.
Nos gustó el encierro de Jandilla porque fueron toros y se portaron
como tales, no como autómatas ni máquinas pero sí como toros. Los
hubo complicados, los hubo que se daban a desconfiar, pero en todo
momento hubo expectación y emoción y lo que hicieron los toreros tuvo
importancia. No fallaron en el caballo e incluso buscaron de lejos las
monturas, empujaron y tuvieron fuerza y alguno hubo que cobró de lo
lindo, otros tal vez incluso hubieran soportado más castigo y, con los
humos más bajados, tal vez hubieran sido de otra manera en la muleta.
Tuvo importancia, máxima, Eduardo Dávila Miura que demostró al público
de Jerez que su triunfo en Sevilla no es el de un tuerto en el país de
los ciegos. Está en un momento extraordinario y lo suyo no es
casualidad. Le pone valor, determinación, seriedad, serenidad y ligazón,
pisando la jurisdicción del toro con seguridad.
Su primero le quiso quitar la cabeza. Fue el más complicado del
encierro y le ponía los pitones en el cuello, en la hombrera, en el
pecho. A ello respondía Dávila Miura citando otra vez, dando el medio
pecho, con ortodoxia y seriedad y sin vender la moto de que se estaba
jugando la vida de verdad. Cortó una oreja de mucho peso a base de
valor y de tragar. No es esto nuevo para el aficionado de por aquí, así
lo vio también en el primer toro del año pasado en El Puerto.
Después de ese trago la fortuna le compensó con el mejor toro de la
tarde. El sexto fue un toro que nos gustó mucho, una animal que acudía
a los cites con codicia y alegría, que se arrebataba galopando
noblemente y que se quería comer la muleta de Dávila Miura. Fue un
toro que llegó a los tendidos.
Dávila Miura lo pasó de muleta con derechazos largos, hondos, de
mano baja. La muleta tersa, el recorrido templado, la embestida
emocionante, el toro pasando muy cerca... Un toro y un torero
componiendo una faena mandona y templada. Dávila Miura templó los
palos principales, el derechazo, el redondo y el natural: para empezar,
los doblones por bajo, para rematar, los dobles de pecho tras el cambio
de mano por la espalda, en medio, un recital con la franela en la
diestra. Al natural dio la impresión de que el toro respondió menos y
el torero retomó la muleta con la derecha para exprimir un largo
circular. Con la estocada -muy bien en los dos toros- vinieron las dos
orejas y un triunfo grande por lo realizado y por lo que supone de
afirmación de que Dávila Miura viene arreando.
Rivera Ordóñez puso mucho empeño en ambos toros aunque su primero,
con raza, perdía las manos y su segundo se vino abajo en la muleta rajándose.
Pero para entonces se había tragado una buena porción de pases con el
torero muy entregado desde las largas iniciales. Oreja bien ganada.
También estuvo en la corrida un señor de Madrid, un tal Arroyo,
pero poco tiempo, porque cuando salió el toro se quitó de enmedio sin
querer complicarse. El público se enfadó con razón. |
|