GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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TOROS EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA

Plaza de toros: datos e imágenes

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TEMPORADA 2003


Morante de la Puebla, mejor faena de la feria

Domingo, 24 de agosto. Última del ciclo. Tres toros de Alcurrucén (mal presentados, mansos y descatados, auténticos bueyes en el ruedo), y tres de Torrestrella, el 6º lidiado como sobrero; 3º y 5º nobles y bravos),  para Enrique Ponce (división y división), Manuel Caballero (silencio y oreja) y César Jiménez. (oreja y palmas). Casi lleno. Crónica del festejo: Fin de fiesta con petardo ganadero

Viernes, 22 de agosto. Toros de Fermín Bohórquez (bien presentados), para los rejoneadores Luis Domecq (saludos y saludos), Hermoso de Mendoza (dos orejas y rabo y oreja) y Andy Cartagena (dos orejas y dos orejas y rabo). Lleno.

Domingo 17 de agosto. Toros de El Torero (aceptables de presentación aunque faltos de casta. Destacaron por nobleza segundo y sexto), para Joselito (bronca y bronca), Dávila Miura. (dos orejas y ovación) y Morante de la Puebla (pitos y dos orejas y rabo). Tres cuartos de plaza. Incidencias. Se homenajeó en los prolegómenos del festejo al veedor de toros Miguel Criado Barragán El Potra, recientemente fallecido. Uno de los burladeros del callejón, el que solía ocupar, lució crespones negros, al igual que la divisas de los toros lidiados lucían el color negro. Crónicas del festejo.

Viernes, 15 de agosto. Toros de Ganadería Marqués de Domecq, para Antonio Ferrera (saludos y silencio), Miguel Abellán ( saludos y saludos) Salvador Vega (oreja y aplausos).

Domingo, 10 de agosto. Toros de Santiago Domecq (bien presentados), para Manuel Caballero (saludos y vuelta), Morante de la Puebla (pitos y silencio) y El Juli (oreja y palmas). Casi lleno. Crónica del festejo.

Viernes, 8 de agosto. Toros de Manolo González (de juego desigual), para Jesulín de Ubrique (silencio y silencio), Vicente Barrera (silencio y ovación) y Rivera Ordóñez (palmas y ovación).  Media entrada. Crónica del festejo.

Domingo, 3 de agosto. Toros de Torrestrella (de juego desigual), para Joselito (palmas y oreja), Enrique Ponce (ovación con saludos y dos orejas y rabos simbólicos) y Jesulín de Ubrique (oreja y palmas).  Más de tres cuartos de entrada. Crónica del festejo.

Sábado, 2 de agosto. Toros de Jandilla (bien presentados), para Vicente Barrera (pitos y bronca), Eugenio de Mora (división y saludos) y El Fandi (saludos y oreja). Más de media entrada.

Domingo, 27 de julio. Toros de Juan Pedro Domecq, para César Rincón (división y dos orejas), El Juli (aplausos y oreja que rechazó) y César Jiménez  (dos orejas y palmas). Casi tres cuartos de entrada. Crónica del festejo

Domingo, 20 de julio. Toros de Martelilla (de poco juego), para Canales Rivera (ovación silencio), José Manuel Berciano (silencio y oreja) y Salvador Vega (ovación y oreja). Un tercio de entrada. 

Domingo, 13 de julio. Utreros de Martelilla, para César Girón (ovación tras petición y dos orejas), David Galán (ovación y oreja) y Manuel Escribano (dos orejas y oreja con petición de la segunda). Un tercio de entrada.

Domingo, 6 de julio. Novillos de María del Carmen Camacho (bien presentados), para Jesuli de Torrecera (oreja y ovación desde los medios tras petición), Octavio Chacón (oreja y ovación), Caro Gil (dos orejas y ovación). Un tercio de entrada. 

Sábado, 3 de mayo. Toros de Joaquín Barral Rodríguez (de juego desigual), para Jesulín de Ubrique (ovación y ovación), Vicente Barrera (vuelta al ruedo y silencio) y Rivera Ordóñez (oreja y silencio). Media entrada.

Domingo, 23 de marzo. Festival a beneficio de la Asociación de Padres de Niños Deficientes Portuense (APADENI). Reses de distintas ganaderías, para Ortega Cano (oreja), Paco Ojeda (ovación), Dávila Miura (dos orejas), Vicente Barrera (dos orejas), Morante (oreja), Eugenio de Mora (dos orejas y rabo) y José Manuel Berciano (dos orejas). Media entrada.


Crónicas

 

PortalTaurino. MANUEL VIERA. Domingo, 24 de agosto de 2.003. Fin de fiesta con petardo ganadero

Petardo ganadero. Así es. No es otro el calificativo que merece los impresentables y mansos toros de Alcurrucén lidiados hoy en la plaza portuense. No merecía la última tarde del abono tan desastroso fin de fiesta. Porque una fiesta, de buenos toros y buen toreo, ha sido los días de toros en El Puerto. Hasta tal punto ha llegado la desesperación de esta buena gente, que protestó con escandalosa y sonora pita la salida al ruedo del sexto toro de los Hermanos Lozano. La bronca fue de órdago. Tanto, que sólo por el hecho de ser manso lo devolvieron a los corrales a instancia de la empresa. Nadie aguantaba más bueyes en el ruedo. 

No eran mansos, eran carne de matadero. No servían para otra cosa. Feos, mal hechos, bajos unos y grandes otros, todo un desecho inadmisible para tan emblemática plaza, y sobre todo para el cierre de un abono considerado notable.

El fiasco ganadero lo salvó otro ganadero. Dos toros de Torrestrella lidiados en tercero y quinto lugar y un sobrero que hizo sexto del mismo hierro, hicieron olvidar el desastre. Tanto los deseaba el público asistente que aplaudía a rabiar la tablilla que anunciaba los toros de Don Alvaro. 

Fue con uno de estos, con el tercero, un torrestrella encastado y bravo, con el que Cesar Jiménez mostró algunas de sus virtudes y también alguna que otra carencia. Jiménez lo toreo muy quieto de capa, quitó con garbo por chicuelinas, y citó desde los medios con las dos rodillas en tierras para comenzar un trasteo vibrante al que le faltó reposo. Hubo emoción, porque es la forma más reflexiva de reflejar la realidad de lo que sucede en el ruedo, pero faltó acople, faltó profundizar en una faena con demasiados altibajos. A los ajustados pases con la diestra le seguían otros acelerados. Más lento fue el trazo del natural pero no limpio. La media estocada y el descabello valieron para la concesión de la oreja. 

Jiménez se encontró con un nuevo regalo de torrestrella, un sobrero lidiado en sexto lugar tras la devolución por manso del titular y a instancia de la empresa, aunque este no le daría después opción a redondear su particular tarde. La complicada embestida y el escaso recorrido sólo le sirvió para torear algo más despacio con la diestra, pero esta vez sin una pizca de emoción.

Caballero también gozó de la suerte al lidiar a otro torrestrella. Fue el quinto un toro noble y con calidad en sus embestidas al que el torero de Albacete le instrumentó un interminable número de pases sin mando. Entre los anodinos muletazos sólo cabe recordar un cambio de mano y algún que otro de pecho. La estocada precedida de una tanda con la diestra, quizá la mejor, le dio opción a la oreja. Con el buey segundo, banal y desconfiado. 

Y... Ponce. Enqrique Ponce no tuvo toros, tuvo mulos en el ruedo, y los mulos no se torean. Contrariado pasó un calvario para matar a toro parado a semejantes regalos. Le pitaron sin razón, quizá por la impotencia de un público que no veía abajo lo que deseaba ver desde arriba.


 

PortalTaurino. MANUEL VIERA. Domingo, 17 de agosto de 2.003. Morante, por bulerías

Decir que para entender el toreo de Morante es necesario verlo, en directo, en la plaza resulta una obviedad, pero es que además es requisito indispensable para sentir las emociones que de él emanan.  Morante es desconcertante, como todo artista, es frío y triste como el sólo cuando la inseguridad le hace mella. Tal vez ahí, en su extraña personalidad y en sus características y particulares  formas de expresar su tauromaquia, radique la sorpresa de su majestuoso y hondo toreo. Toreo que deslumbra, que embelesa y que alcanza, en segundos, elevados grados de intensidad, levedad y verdad digna de un genio. Quizá no sea necesaria tanta explicación. Basta con verlo. O mejor sentirlo.

José Antonio Morante estuvo mal  con el complicado tercero. Desigual con la capa  anduvo a la deriva con la muleta. Algún que otro esbozo con la derecha  aprovechando el viaje de la fiera y a matar de mala manera. La pitada fue de órdago. Desconfiado y en un mal de dudas recibió al sexto, tanto fue así  que a punto estuvo de sufrir la cogida.  Se sobrepuso en el quite para  dibujar un par de verónicas de las suyas, y dio, después, rienda suelta a sus sentimientos para escupir en el ruedo toda una obra llena de inspiración, sobre todo cuando desde su resabio melancólico  se activa su imaginación y ejecuta en el ruedo con el duende que da esta tierra su acompasado y profundo natural. Eternos muletazos, interminables en el tiempo, hilvanados, ajustados... un sueño gozoso que crea emociones, como si el cielo fuera al fin un maravilloso ruedo amarillo. En pocos lugares de esta Andalucía el arte de las palmas alcanza un ritmo y una fantasía mayor que en esta plaza. El rítmico palmear por bulerías de esta gente acompañó la belleza del toreo del sevillano y expresó todo el sentimiento y estado de ánimo por lo que en el ruedo pasaba. La espada firmaría la faena sustentada por una calidad sobresaliente.

El sentido estético de Dávila Miura desfasa, a veces, con la realidad de su autenticidad, es a menudo contradictorio y hasta paradójico, pero tal vez aquí radique la verdad de sus formas y la pureza de su toreo. Dávila, que  brindó su primer toro al hijo de Miguel Criado El Potra, recientemente fallecido y al que la empresa de Justo Ojeda rindió homenaje con una atronadora ovación en el preámbulo del festejo, se fue a los medios  para citar de lejos y enlazar los pases en lento e infinito recorrido. Fueron tandas con la diestra de compás abierto, acompasadas y bien rematadas con extraordinarios pases de pecho. Hondos naturales, pausados redondos y bellos cambios de manos compusieron una faena compleja, y a veces novedosa, que provocó la emoción en  los tendidos y constituyó todo  un placer contemplarla. El toreo de Dávila no es el fruto de un gesto aprendido, reiterativo, sino formas imprevistas y completamente distintas unas de otras. Toreo puro, auténtico, en el que cada toque de muleta es un movimiento, un desafío para dar vida al inspirado sentimiento. La rectitud en la suerte de matar certificó  lo hecho. Los altibajos producidos en el trasteo al quinto dejó sin redondear la tarde  de los dos sevillanos.

Sí, Joselito pisó el ruedo, estuvo en la plaza, pero no toreó .

 

ABC. FERNANDO CARRASCO. A Morante le viene el duende y Dávila se reviste de artista

Dos formas distintas de entender el toreo y, afortunadamente, dos estilos perfectamente compatibles. Por una parte, el duende mágico y que extasia de un Morante que, armado de valor tras pasarlo realmente mal con el capote ante el que cerró plaza, fue capaz de cuajar a ese toro y torearlo cómo él sólo sabe. Increíble la forma de hilvanar los muletazos y de sentirse y hacer sentir lo que hace en el ruedo. Un prodigio sólo posible si emana de las muñecas de quien, hoy por hoy, es un torero que no tiene parangón. Y que Dávila Miura es torero poderoso, que le van los toros que embistan de largo y con bravura, es algo sabido. Y que sabe bajar la mano y correrla, tirando de su rival, también es algo sabido. Pero templar, lo que se dice templar, y torear relajado, con gusto y parsimonia... ayer en El Puerto nos lo demostró a todos.

De José Miguel Arroyo, escribir que anduvo de ánimo en sus dos toros como servidor de cabello.


 

PortalTaurino. MANUEL VIERA. Domingo, 10 de agosto de 2.003.  Fragmentos y detalles

Tras la apoteosis “poncista” del pasado domingo, esta otra tarde en El Puerto  devolvió la monotonía al  espectáculo, sobre todo, cuando al ruedo vuelve el toro hecho para el toreo de hoy. En todo caso el panorama de la Fiesta no cambia por algún que otro toro indultado, y esta es una realidad que nadie puede dejar de percibir cuando acude a una plaza de toros. Mientras tanto, mientras que por chiqueros salga el toro noble exento de casta, flojo y parado, sólo veremos el acostumbrado toreo hecho en serie con algún que otro fragmento y detalle de inspiración hecho a mano. 

A la corrida de Santiago Domecq les faltó casta, sólo los toros lidiados en primer y cuarto lugar llegaron con fondo a la faena de muleta. Los demás con su nobleza acostumbrada, algún que otro manso de salida y con las fuerzas más que justas para aguantar la lidia de hoy. Todos recibieron una sola vara. No hubo más que un quite, el de El Juli al sexto, los demás ni lo intentaron. 

Así las cosas, sólo se pudo apreciar escasos y deshilvanados chispazos del toreo de arte de Morante de la Puebla. Morante es un torero con una imagen de frialdad, de tristeza, desesperante. Es algo que no puede disimular en el ruedo, la transmite a los tendidos. Se le nota cuando no está seguro  consigo mismo. No lo debió estar con el segundo, a pesar de trazar unas de sus verónicas majestuosas, y aunque se le notó el esfuerzo, no consiguió más que escasos muletazos con empaque aprovechando el viaje de la fiera. Desconfiado y dudoso terminó sin esbozar un sólo natural. Con el noble y soso  quinto volvió a gustar con la capa. Dos lances ajustados, rítmicos y muy auténticos sobresalieron en el saludo. No hubo faena, pero sí salpicados detalles del toreo de Morante, toda una geometría imaginaria  inusual que va más allá  de las formas clásicas al uso. Un tipo de toreo distinto. Un tipo de belleza que esta tarde sólo se esbozó.

El Juli cortó una oreja por ganas, raza y  también toreo, que lo hubo, aunque no en toda su plenitud. Al manso primero lo supo meter en la muleta con firmeza y técnica. Consiguió transmitir a los tendidos los muletazos con la diestra. Tuvieron continuidad  los encadenados pases  y hubo ligazón en los lentos naturales de mano baja. Fue faena  compleja, y a veces armónica, que llegó con  claridad  a los tendidos  y  que constituyó un placer contemplarla. Al sexto lo banderilleó con su acostumbrada facilidad, e incluso retomó su espectacular forma de clavar. El público se lo agradeció con una larga ovación. Decidido se fue a los medios con la muleta en la izquierda, pero le duró muy poco el de Santiago Domecq. Tan poco, que sólo pudo dibujar escasos naturales sin chispa ni emoción. 

Manuel Caballero lleva tardes, demasiadas tardes sin decir nada en el ruedo. Su  bien ganada definición de torero poderoso se está convirtiendo en este otro torero conformista y pegapases que aburre y cansa al mejor de los aficionados. Su toreo llega a ser demasiado agresivo, demasiado seco, a pesar de su acostumbrado temple en los muletazos. Al noble primero le dudó demasiado, y aunque logró tandas estimables con la diestra, nunca alcanzaron la calidad de las embestidas del toro por ese pitón. En el toreo al natural anduvo entre altibajos. Al cuarto, otro toro válido, se eternizó en  una interminable cadena de pases en serie que aburrieron más que emocionaron. Sólo en el epílogo  logró con la diestra una tanda bien rematada con los de pecho que junto a las trincherillas fueron lo mejor.  


PortalTaurino. MANUEL VIERA. Sábado, 9 de agosto de 2.003.  Fracaso ganadero

Muchas veces se echa  en falta el toro en la plaza, y hoy ha sido una de ellas. Sobre todo, cuando los que se visten de luces atisban ansia de triunfo. La tarde de toros portuense fue toda un desencanto, no sólo para el público sino para los tres diestros actuantes. La alarmante falta de casta  que han demostrado sobre el ruedo los toros de Manolo González es preocupante. Difícil será ver otra corrida de tan prestigioso hierro ganadero tan mala como la lidiada esta tarde en el Puerto. Toros, inválidos, parados, rajados, y con la complicación de la mansedumbre. Ni siquiera la nobleza tonta y cansina apareció por chiqueros. La poca calidad de las embestidas morían en el agotamiento del animal en los inicios de faena. Toros mal presentados, anovillados, poco serio para plaza tan singular como la portuense. Fracaso ganadero sin paliativo.

Y ante esto nada ocurrió. Hubo que esperar al epílogo del espectáculo para ver esbozar con sus particulares formas el toreo vertical de Vicente Barrera. El valenciano quiso durante toda la tarde agradar y buscar el triunfo. Con el soso y parado segundo lo intentó en vano. Fue con el quinto, un toro noble en sus embestidas pero parado, con el que pudo justificarse. Impávido en  los medios, con las zapatillas atornilladas en el albero muleteó por alto sin moverse un ápice. Trazó, después, tandas de muletazos con la diestra con la figura erguida perfectamente ligadas y bien rematadas. Duró poco tan interesante toreo. Sólo le aguantó el parado animal algún que otro natural bien trazado pero sin encadenar.  Quizá el toreo hecho por Barrera carezca de verdadera raza, pero se ve con agrado.  

Igual suerte corrió Rivera Ordoñez. Con el difícil y complicado tercero lidiado como sobrero lo intentó con firmeza sin conseguir ni un solo pase. Al sexto, un inválido con calidad en las primeras embestidas, lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas en el tercio, para seguir lanceando a pies junto hasta los medios.  El reconocimiento de la plaza lo tuvo Rivera Ordoñez en la faena de muleta. Intentó enganchar la calidad de la embestida con las dos rodillas en tierra y con la mano diestra. En este punto el toro se derrumba, y se derrumban también las esperanzas del torero. No obstante, aguantó parones, y a fuerza de insistir dibujó lo mejores muletazos de toreo al natural. 

Jesús Janeiro no pudo esta tarde ratificar lo realizado el pasado domingo en esta misma plaza. Desistió muy pronto con el inválido y rajado primero. Un complicado toro que le golpeó la mandíbula con la testuz  cuando le trazaba un pase de pecho. Con el sexto, parado en la muleta, estuvo decido, valiente y seguro. Hizo un gran esfuerzo por conseguir algún que otro muletazo. El difícil y complicado toro sólo le dejó esbozar algún que otro pase por ambos pitones. Demasiado poco para lo que expuso el  torero.


PortalTaurino. MANUEL VIERA. Domingo, 3 de agosto de 2.003. Ponce, sublime y camino de la perfección

Quizá uno de los encantos de esta Fiesta es la posibilidad de encontrarse una tarde cualquiera con un toro y un torero. “Vidalarga” se llama el toro, y ojalá  tenga esa larga vida  en los pagos de Los Alburejos cubriendo hembras y transmitiendo bravura.  Y  Enrique Ponce es el torero que esculpió la obra con impecable  calidad. Ponce estuvo sublime en la tarde portuense, su toreo va camino de la perfección. Su tauromaquia  es irremediablemente seductora. Es, la que cualquiera que se sienta torero le hubiese gustado realizar. No hay mayor elogio.

El arte de Enrique Ponce no es sino una pulsión vital entre lo ordenado y lo armónico, tan sentido que merece la pena verlo –parafraseando a Santa Teresa- con los ojos del alma. Tan formidable y poderoso, tan minucioso y personal como único y distinto. Ha sido tal la faena de Ponce al buen toro de torrestrella que me hace replantear si el arte mostrado es el espejo de lo real  o sólo la visión de lo sentido. De la laboriosa y primorosamente ejecutada faena emana una pasión  que desafía al que la ve  a recrearse en los más sublime de su toreo. Ponce le esculpió  impecables muletazos a “vidalarga”. Pulió el trazo, lo hilvanó con un recorrido largo, pausado, profundo, lento... provocando con su auténtico toreo una emoción fascinante. Faena armónica, llena de matices y rubricada con auténticas filigranas de cartel de toro. El indulto, esta vez sí, se veía venir, y aunque con las discrepancias lógicas, justo fue devolver la  noble bravura al campo ganadero. 

Ha sido esto lo mas destacado de una tarde para recordar. El  maestro de  Chiva, al que molestó en demasía el viento de levante, poco pudo hacer con el  noble segundo. Un toro con las fuerzas justas  sin opción para el triunfo. Ponce le exprimió las pocas  embestidas con su acostumbrada sapiencia. No hubo más.

El toreo de Jesulín se haya plenamente consolidado. Así lo acredita lo realizado a su primer toro. Alejemos toda preocupación, el diestro de Ubrique ha dejado de ser un diestro emergente para transformarse en un torero influyente. Su faena tuvo una enorme carga de recursos técnicamente perfectos. Faena bien dotada y con un valor y una firmeza fuera de toda duda. No era fácil el “torrestrella”. De embestida probona y complicada hizo al de Ubrique emplearse a fondo con un aguante y un valor desmedido. Templó embestidas y encadenó muletazos con auténtica calidad.  La media estocada bastó para que le concedieran una de las orejas más justas dadas en El Puerto.  Con el sexto, otro buen toro que se apagó por momentos, no pudo redondear su particular tarde.

Joselito anduvo a medias tintas. Su toreo no es tan auténtico, le falta quizá ese grado de perfección que conseguía antaño. Los lances de capa  fue  lo más destacado y auténtico que realizó en la tarde. Después, el trasteo careció de emoción por la invalidez del torrestrella. Sin embargo, salió muy decido a torear al cuarto. Incluso se fue a los medios a quitar por chicuelinas. Después aburrió en una faena realizada sin ajuste, al hilo del pitón, a veces  enganchada,  pesada y con muchos altibajos. Toreo para la galería, aunque en los medios, que provocó en el público la petición de la oreja  que le fue concedida.


PortalTaurino. MANUEL VIERA. Domingo, 27 de julio de 2.003. Rincón, el de antes y el de siempre.

Cada año, cada temporada, cada tarde de toros en El Puerto es un desmadre. Y con este desmadre del vale todo ¿a donde se quiere ir?. Suponiendo, claro, que se quiera ir a alguna parte, que creo que no.  Y el desmadre lo organiza el sempiterno presidente que una tarde más bailó al son que más le gusta y más le conviene. Hoy, unos pocos interesados, le brindaron  sonoras y desafinadas notas a viva a voz  para que ordenara la vuelta al  ruedo a un juanpedro. De inmediato accedió.  Otros, no muchos, sacaron sus pañuelos exigiendo trofeos para El Juli, y sin dudarlo dos veces el blanco presidencial volvió a lucir en la aterciopelada barandilla del palco. 

No merece tan emblemática plaza y tan buena afición a tal señor. Un presidente protagonista, sin criterio y al dictado de una minoría de interesados  no es lo mejor para un coso que siempre tuvo su bien ganada credibilidad. Sus decisiones, otros muchos, se la toman a chufla. Como de chufla fue la vuelta al ruedo al tercer toro y la oreja del quinto concedida a El Juli, que en un gesto que le honra la rechazó. Hora es ya de que alguien tome la decisión del reemplazo y exija el protagonismo abajo, en el ruedo, y nunca más arriba, en el palco.

A pesar del vale todo y la excesiva concesión de orejas la tarde portuense tuvo su interés. La reaparición de Cesar Rincón en esta plaza y el debut de Cesar Jiménez hizo que los tendidos y gradas se ocuparan en casi las tres cuartas partes de su aforo.  Después hubo toreo en plena manifestación de la mano y la cabeza del gran maestro colombiano, y  seducción  en la capacidad y las formas  del toreo lleno de matices del joven Cesar Jiménez.

Una de las virtudes que presenta buena parte del toreo de Rincón es la de devolvernos la sensibilidad y la emoción. Lo consiguió durante la faena al cuarto, un noble toro al que el colombiano le supo aprovechar sus embestidas en la larga distancia. De todo lo que hizo en ningún momento estuvo ausente la emoción, ni el peligro. Hubo ligazón, temple, hondura, sentimiento, profundidad en el toreo al natural, cadencia y aguante, que ya es decir.  El lenguaje del toreo siempre está ahí, Rincón lo tiene dentro, y a la espera está de que llegue el toro y le haga decir lo que nadie sabe y todos sabemos. Rincón, el de antes y el de siempre, dictó esta tarde  una nueva obra para ver y para sentir. Antes, con el primero, al que toreó muy de verdad con la capa, anduvo después desconfiado con la muleta ante la complicada y no muy clara embestida del juanpedro.

La madurez del toreo de Cesar Jiménez se mezcla con la juventud y la frescura de sus formas, que con aparente facilidad hilvana en toda una sinfonía de largos, lentos y rítmicos muletazos acabados con la firma de la autenticidad.  La capacidad para transmitir emoción es tan intensa que alcanza, a veces, cotas deslumbrante a pesar de torear sin demasiado ajuste. No fue una faena completa la realizada por el madrileño al tercero, un buen toro, pero no de vuelta al ruedo. Aunque el prólogo con ambas rodillas en tierras calentó el ambiente, le costó después coger distancias.  Cuando lo hizo surgió el natural largo, sentido, profundo... Nace, en este sentido, un toreo fascinante, perfectamente encadenado con sucesivos y hondos muletazos. Cesar Jíménez  hizo cómplices a los tendidos de sus sensaciones y sentimientos a través de su pausado y relajado toreo.  Tal vez el arte sea también eso. Con el parado sexto lo intentó sin éxito.Si no se logra convencer, da lo mismo que sea una figura quien está en el ruedo. Y  El Juli no convenció esta tarde en  la plaza de El Puerto. Algún que otro esbozo de faena al noble y soso segundo y excesivamente vulgar con el novillote quinto. Solo en algún que otro par destacó en banderillas.

Toros en Cádiz

 

 

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