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TOROS EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA |
Plaza de toros: datos e imágenes
Temporada 1997 Temporada 1998 Temporada
1999 Temporada 2000 Temporada 2001
Temporada 2002 Temporada
2004
TEMPORADA
2003

Morante de la Puebla, mejor faena de la
feria
Domingo, 24 de agosto.
Última del ciclo. Tres toros de Alcurrucén
(mal presentados, mansos y descatados, auténticos bueyes en el ruedo),
y tres de Torrestrella, el
6º lidiado como sobrero; 3º y 5º nobles y bravos), para Enrique Ponce
(división y división), Manuel
Caballero (silencio y oreja) y César Jiménez.
(oreja y palmas). Casi lleno. Crónica
del festejo: Fin de fiesta con petardo ganadero
Viernes, 22 de agosto. Toros de Fermín
Bohórquez (bien presentados), para los rejoneadores Luis
Domecq (saludos y saludos), Hermoso de Mendoza
(dos orejas y rabo y oreja) y Andy
Cartagena (dos orejas y dos orejas y rabo). Lleno.
Domingo 17 de
agosto. Toros de
El Torero (aceptables de presentación aunque faltos de casta. Destacaron por nobleza segundo y
sexto), para Joselito (bronca y
bronca), Dávila
Miura. (dos orejas y ovación) y Morante
de la Puebla (pitos y dos orejas y rabo). Tres cuartos de plaza. Incidencias. Se homenajeó en los prolegómenos del festejo al veedor de toros
Miguel Criado Barragán El Potra, recientemente fallecido. Uno de los burladeros del callejón, el que solía ocupar, lució crespones negros, al igual que la divisas de los toros lidiados lucían el color negro.
Crónicas del festejo.
Viernes, 15 de
agosto. Toros de Ganadería
Marqués de Domecq, para Antonio
Ferrera (saludos y silencio), Miguel Abellán
( saludos y saludos) Salvador
Vega (oreja y aplausos).
Domingo, 10 de
agosto. Toros de Santiago
Domecq (bien presentados), para Manuel Caballero
(saludos y vuelta),
Morante de la Puebla
(pitos y silencio) y El Juli
(oreja y palmas). Casi lleno. Crónica
del festejo.
Viernes, 8 de
agosto. Toros de Manolo
González (de juego desigual), para Jesulín de
Ubrique (silencio y silencio), Vicente Barrera
(silencio y ovación) y Rivera
Ordóñez (palmas y ovación). Media entrada. Crónica
del festejo.
Domingo, 3 de
agosto. Toros de Torrestrella
(de juego desigual),
para Joselito (palmas y oreja), Enrique
Ponce (ovación con saludos y dos orejas y rabos simbólicos) y Jesulín de Ubrique
(oreja y palmas). Más de tres cuartos de entrada. Crónica
del festejo.
Sábado, 2 de
agosto. Toros de Jandilla
(bien presentados),
para Vicente Barrera
(pitos y bronca), Eugenio
de Mora (división y saludos) y El
Fandi (saludos y oreja). Más de media entrada.
Domingo, 27 de
julio. Toros de Juan
Pedro Domecq, para César
Rincón (división y dos orejas), El Juli
(aplausos y oreja que rechazó) y César
Jiménez (dos orejas y palmas). Casi tres cuartos de
entrada. Crónica
del festejo
Domingo, 20 de
julio. Toros de Martelilla
(de poco juego),
para Canales Rivera (ovación
silencio), José
Manuel Berciano (silencio y oreja) y Salvador
Vega (ovación y oreja). Un tercio de entrada.
Domingo, 13 de julio. Utreros de Martelilla,
para César Girón (ovación
tras petición y dos orejas), David
Galán (ovación y oreja) y Manuel
Escribano (dos orejas y oreja con petición de la segunda). Un
tercio de entrada.
Domingo, 6 de julio.
Novillos de María
del Carmen Camacho (bien presentados), para Jesuli
de Torrecera (oreja y ovación desde los medios tras petición), Octavio
Chacón (oreja y ovación), Caro Gil
(dos orejas y ovación). Un tercio de entrada.
Sábado, 3 de mayo. Toros de Joaquín
Barral Rodríguez (de juego desigual), para Jesulín
de Ubrique (ovación y ovación), Vicente
Barrera (vuelta al ruedo y silencio) y Rivera Ordóñez
(oreja y silencio). Media entrada.
Domingo, 23 de marzo. Festival a beneficio de la Asociación
de Padres de Niños Deficientes Portuense (APADENI). Reses de
distintas ganaderías, para Ortega
Cano (oreja), Paco Ojeda (ovación), Dávila
Miura (dos orejas),
Vicente Barrera (dos
orejas), Morante (oreja), Eugenio
de Mora (dos orejas y rabo) y José
Manuel Berciano (dos orejas). Media entrada.
Crónicas
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Domingo,
24 de
agosto de 2.003. Fin de fiesta con petardo
ganadero
Petardo ganadero. Así es. No es otro el calificativo que merece los impresentables y mansos toros de Alcurrucén lidiados hoy en la plaza portuense. No merecía la última tarde del abono tan desastroso fin de fiesta. Porque una fiesta, de buenos toros y buen toreo, ha sido los días de toros en El Puerto. Hasta tal punto ha llegado la desesperación de esta buena gente, que protestó con escandalosa y sonora pita la salida al ruedo del sexto toro de los Hermanos Lozano. La bronca fue de órdago. Tanto, que sólo por el hecho de ser manso lo devolvieron a los corrales a instancia de la empresa. Nadie aguantaba más bueyes en el ruedo.
No eran mansos, eran carne de matadero. No servían para otra cosa. Feos, mal hechos, bajos unos y grandes otros, todo un desecho inadmisible para tan emblemática plaza, y sobre todo para el cierre de un abono considerado notable.
El fiasco ganadero lo salvó otro ganadero. Dos toros de Torrestrella lidiados en tercero y quinto lugar y un sobrero que hizo sexto del mismo hierro, hicieron olvidar el desastre. Tanto los deseaba el público asistente que aplaudía a rabiar la tablilla que anunciaba los toros de Don Alvaro.
Fue con uno de estos, con el tercero, un torrestrella encastado y bravo, con el que Cesar Jiménez mostró algunas de sus virtudes y también alguna que otra carencia. Jiménez lo toreo muy quieto de capa, quitó con garbo por chicuelinas, y citó desde los medios con las dos rodillas en tierras para comenzar un trasteo vibrante al que le faltó reposo. Hubo emoción, porque es la forma más reflexiva de reflejar la realidad de lo que sucede en el ruedo, pero faltó acople, faltó profundizar en una faena con demasiados altibajos. A los ajustados pases con la diestra le seguían otros acelerados. Más lento fue el trazo del natural pero no limpio. La media estocada y el descabello valieron para la concesión de la oreja.
Jiménez se encontró con un nuevo regalo de torrestrella, un sobrero lidiado en sexto lugar tras la devolución por manso del titular y a instancia de la empresa, aunque este no le daría después opción a redondear su particular tarde. La complicada embestida y el escaso recorrido sólo le sirvió para torear algo más despacio con la diestra, pero esta vez sin una pizca de emoción.
Caballero también gozó de la suerte al lidiar a otro torrestrella. Fue el quinto un toro noble y con calidad en sus embestidas al que el torero de Albacete le instrumentó un interminable número de pases sin mando. Entre los anodinos muletazos sólo cabe recordar un cambio de mano y algún que otro de pecho. La estocada precedida de una tanda con la diestra, quizá la mejor, le dio opción a la oreja. Con el buey segundo, banal y desconfiado.
Y... Ponce. Enqrique Ponce no tuvo toros, tuvo mulos en el ruedo, y los mulos no se torean. Contrariado pasó un calvario para matar a toro parado a semejantes regalos. Le pitaron sin razón, quizá por la impotencia de un público que no veía abajo lo que deseaba ver desde arriba.
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Domingo, 17 de
agosto de 2.003. Morante, por bulerías
Decir
que para entender el toreo de Morante es necesario verlo, en directo, en
la plaza resulta una obviedad, pero es que además es requisito
indispensable para sentir las emociones que de él emanan.
Morante es desconcertante, como todo artista, es frío y triste
como el sólo cuando la inseguridad le hace mella. Tal vez ahí, en su
extraña personalidad y en sus características y particulares formas de expresar su tauromaquia, radique la sorpresa de su
majestuoso y hondo toreo. Toreo que deslumbra, que embelesa y que
alcanza, en segundos, elevados grados de intensidad, levedad y verdad
digna de un genio. Quizá no sea necesaria tanta explicación. Basta con
verlo. O mejor sentirlo.
José Antonio Morante estuvo mal con
el complicado tercero. Desigual con la capa
anduvo a la deriva con la muleta. Algún que otro esbozo con la
derecha aprovechando el
viaje de la fiera y a matar de mala manera. La pitada fue de órdago.
Desconfiado y en un mal de dudas recibió al sexto, tanto fue así
que a punto estuvo de sufrir la cogida.
Se sobrepuso en el quite para
dibujar un par de verónicas de las suyas, y dio, después,
rienda suelta a sus sentimientos para escupir en el ruedo toda una obra
llena de inspiración, sobre todo cuando desde su resabio melancólico
se activa su imaginación y ejecuta en el ruedo con el duende que
da esta tierra su acompasado y profundo natural. Eternos muletazos,
interminables en el tiempo, hilvanados, ajustados... un sueño gozoso
que crea emociones, como si el cielo fuera al fin un maravilloso ruedo
amarillo. En pocos lugares de esta Andalucía el arte de las palmas
alcanza un ritmo y una fantasía mayor que en esta plaza. El rítmico
palmear por bulerías de esta gente acompañó la belleza del toreo del
sevillano y expresó todo el sentimiento y estado de ánimo por lo que
en el ruedo pasaba. La espada firmaría la faena sustentada por una
calidad sobresaliente.
El sentido estético de Dávila Miura desfasa,
a veces, con la realidad de su autenticidad, es a menudo contradictorio
y hasta paradójico, pero tal vez aquí radique la verdad de sus formas
y la pureza de su toreo. Dávila, que
brindó su primer toro al hijo de Miguel Criado El Potra,
recientemente fallecido y al que la empresa de Justo Ojeda rindió
homenaje con una atronadora ovación en el preámbulo del festejo, se
fue a los medios para citar
de lejos y enlazar los pases en lento e infinito recorrido. Fueron
tandas con la diestra de compás abierto, acompasadas y bien rematadas
con extraordinarios pases de pecho. Hondos naturales, pausados redondos
y bellos cambios de manos compusieron una faena compleja, y a veces
novedosa, que provocó la emoción en los
tendidos y constituyó todo un
placer contemplarla. El toreo de Dávila no es el fruto de un gesto
aprendido, reiterativo, sino formas imprevistas y completamente
distintas unas de otras. Toreo puro, auténtico, en el que cada toque de
muleta es un movimiento, un desafío para dar vida al inspirado
sentimiento. La rectitud en la suerte de matar certificó
lo hecho. Los altibajos producidos en el trasteo al quinto dejó
sin redondear la tarde de los dos sevillanos.
Sí, Joselito pisó el ruedo, estuvo en la
plaza, pero no toreó
.
ABC.
FERNANDO CARRASCO.
A Morante le viene el duende y Dávila se reviste de artista
Dos formas distintas de entender el toreo y, afortunadamente, dos estilos perfectamente compatibles. Por una parte, el duende mágico y que extasia de un Morante que, armado de valor tras pasarlo realmente mal con el capote ante el que cerró plaza, fue capaz de cuajar a ese toro y torearlo cómo él sólo sabe. Increíble la forma de hilvanar los muletazos y de sentirse y hacer sentir lo que hace en el ruedo. Un prodigio sólo posible si emana de las muñecas de quien, hoy por hoy, es un torero que no tiene parangón. Y que Dávila Miura es torero poderoso, que le van los toros que embistan de largo y con bravura, es algo sabido. Y que sabe bajar la mano y correrla, tirando de su rival, también es algo sabido. Pero templar, lo que se dice templar, y torear relajado, con gusto y parsimonia... ayer en El Puerto nos lo demostró a todos.
De José Miguel Arroyo, escribir que anduvo de ánimo en sus dos toros como servidor de cabello.
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Domingo, 10 de
agosto de 2.003. Fragmentos
y detalles
Tras la apoteosis “poncista” del pasado
domingo, esta otra tarde en El Puerto
devolvió la monotonía al espectáculo,
sobre todo, cuando al ruedo vuelve el toro hecho para el toreo de hoy.
En todo caso el panorama de la Fiesta no cambia por algún que otro toro
indultado, y esta es una realidad que nadie puede dejar de percibir
cuando acude a una plaza de toros. Mientras tanto, mientras que por
chiqueros salga el toro noble exento de casta, flojo y parado, sólo
veremos el acostumbrado toreo hecho en serie con algún que otro
fragmento y detalle de inspiración hecho a mano.
A la corrida de Santiago Domecq les faltó
casta, sólo los toros lidiados en primer y cuarto lugar llegaron con
fondo a la faena de muleta. Los demás con su nobleza acostumbrada, algún
que otro manso de salida y con las fuerzas más que justas para aguantar
la lidia de hoy. Todos recibieron una sola vara. No hubo más que un
quite, el de El Juli al sexto, los demás ni lo intentaron.
Así las cosas, sólo se pudo apreciar escasos
y deshilvanados chispazos del toreo de arte de Morante de la Puebla.
Morante es un torero con una imagen de frialdad, de tristeza,
desesperante. Es algo que no puede disimular en el ruedo, la transmite a
los tendidos. Se le nota cuando no está seguro consigo
mismo. No lo debió estar con el segundo, a pesar de trazar unas de sus
verónicas majestuosas, y aunque se le notó el esfuerzo, no consiguió
más que escasos muletazos con empaque aprovechando el viaje de la
fiera. Desconfiado y dudoso terminó sin esbozar un sólo natural. Con
el noble y soso quinto
volvió a gustar con la capa. Dos lances ajustados, rítmicos y muy auténticos
sobresalieron en el saludo. No hubo faena, pero sí salpicados detalles
del toreo de Morante, toda una geometría imaginaria inusual que va más allá
de las formas clásicas al uso. Un tipo de toreo distinto. Un
tipo de belleza que esta tarde sólo se esbozó.
El Juli cortó una oreja por ganas, raza y
también toreo, que lo hubo, aunque no en toda su plenitud. Al
manso primero lo supo meter en la muleta con firmeza y técnica.
Consiguió transmitir a los tendidos los muletazos con la diestra.
Tuvieron continuidad los
encadenados pases y hubo
ligazón en los lentos naturales de mano baja. Fue faena
compleja, y a veces armónica, que llegó con claridad
a los tendidos y que constituyó
un placer contemplarla. Al sexto lo banderilleó con su acostumbrada
facilidad, e incluso retomó su espectacular forma de clavar. El público
se lo agradeció con una larga ovación. Decidido se fue a los medios
con la muleta en la izquierda, pero le duró muy poco el de Santiago
Domecq. Tan poco, que sólo pudo dibujar escasos naturales sin chispa ni
emoción.
Manuel
Caballero lleva tardes, demasiadas tardes sin decir nada en el ruedo. Su bien ganada definición de torero poderoso se está
convirtiendo en este otro torero conformista y pegapases que aburre y
cansa al mejor de los aficionados. Su toreo llega a ser demasiado
agresivo, demasiado seco, a pesar de su acostumbrado temple en los
muletazos. Al noble primero le dudó demasiado, y aunque logró tandas
estimables con la diestra, nunca alcanzaron la calidad de las embestidas
del toro por ese pitón. En el toreo al natural anduvo entre altibajos.
Al cuarto, otro toro válido, se eternizó en
una interminable cadena de pases en serie que aburrieron más que
emocionaron. Sólo en el epílogo logró
con la diestra una tanda bien rematada con los de pecho que junto a las
trincherillas fueron lo mejor.
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Sábado, 9 de
agosto de 2.003. Fracaso
ganadero
Muchas veces se echa
en falta el toro en la plaza, y hoy ha sido una de ellas. Sobre
todo, cuando los que se visten de luces atisban ansia de triunfo. La
tarde de toros portuense fue toda un desencanto, no sólo para el público
sino para los tres diestros actuantes. La alarmante falta de casta
que han demostrado sobre el ruedo los toros de Manolo González
es preocupante. Difícil será ver otra corrida de tan prestigioso
hierro ganadero tan mala como la lidiada esta tarde en el Puerto. Toros,
inválidos, parados, rajados, y con la complicación de la mansedumbre.
Ni siquiera la nobleza tonta y cansina apareció por chiqueros. La poca
calidad de las embestidas morían en el agotamiento del animal en los
inicios de faena. Toros mal presentados, anovillados, poco serio para
plaza tan singular como la portuense. Fracaso ganadero sin paliativo.
Y ante esto nada ocurrió. Hubo que esperar al
epílogo del espectáculo para ver esbozar con sus particulares formas
el toreo vertical de Vicente Barrera. El valenciano quiso durante toda
la tarde agradar y buscar el triunfo. Con el soso y parado segundo lo
intentó en vano. Fue con el quinto, un toro noble en sus embestidas
pero parado, con el que pudo justificarse. Impávido en
los medios, con las zapatillas atornilladas en el albero muleteó
por alto sin moverse un ápice. Trazó, después, tandas de muletazos
con la diestra con la figura erguida perfectamente ligadas y bien
rematadas. Duró poco tan interesante toreo. Sólo le aguantó el parado
animal algún que otro natural bien trazado pero sin encadenar.
Quizá el toreo hecho por Barrera carezca de verdadera raza, pero
se ve con agrado.
Igual suerte corrió Rivera Ordoñez. Con el
difícil y complicado tercero lidiado como sobrero lo intentó con
firmeza sin conseguir ni un solo pase. Al sexto, un inválido con
calidad en las primeras embestidas, lo recibió con dos largas cambiadas
de rodillas en el tercio, para seguir lanceando a pies junto hasta los
medios. El reconocimiento
de la plaza lo tuvo Rivera Ordoñez en la faena de muleta. Intentó
enganchar la calidad de la embestida con las dos rodillas en tierra y
con la mano diestra. En este punto el toro se derrumba, y se derrumban
también las esperanzas del torero. No obstante, aguantó parones, y a
fuerza de insistir dibujó lo mejores muletazos de toreo al natural.
Jesús Janeiro no pudo esta tarde ratificar lo
realizado el pasado domingo en esta misma plaza. Desistió muy pronto
con el inválido y rajado primero. Un complicado toro que le golpeó la
mandíbula con la testuz cuando
le trazaba un pase de pecho. Con el sexto, parado en la muleta, estuvo
decido, valiente y seguro. Hizo un gran esfuerzo por conseguir algún
que otro muletazo. El difícil y complicado toro sólo le dejó esbozar
algún que otro pase por ambos pitones. Demasiado poco para lo que
expuso el torero.
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Domingo, 3 de
agosto de 2.003. Ponce,
sublime y camino de la perfección
Quizá
uno de los encantos de esta Fiesta es la posibilidad de encontrarse una
tarde cualquiera con un toro y un torero. “Vidalarga” se llama el
toro, y ojalá tenga esa
larga vida en los pagos de
Los Alburejos cubriendo hembras y transmitiendo bravura.
Y Enrique Ponce es
el torero que esculpió la obra con impecable
calidad. Ponce estuvo sublime en la tarde portuense, su toreo va
camino de la perfección. Su tauromaquia
es irremediablemente seductora. Es, la que cualquiera que se
sienta torero le hubiese gustado realizar. No hay mayor elogio.
El arte de Enrique Ponce no es sino una pulsión
vital entre lo ordenado y lo armónico, tan sentido que merece la pena
verlo –parafraseando a Santa Teresa- con los ojos del alma. Tan
formidable y poderoso, tan minucioso y personal como único y distinto.
Ha sido tal la faena de Ponce al buen toro de torrestrella que me hace
replantear si el arte mostrado es el espejo de lo real
o sólo la visión de lo sentido. De la laboriosa y
primorosamente ejecutada faena emana una pasión
que desafía al que la ve a
recrearse en los más sublime de su toreo. Ponce le esculpió
impecables muletazos a “vidalarga”. Pulió el trazo, lo
hilvanó con un recorrido largo, pausado, profundo, lento... provocando
con su auténtico toreo una emoción fascinante. Faena armónica, llena
de matices y rubricada con auténticas filigranas de cartel de toro. El
indulto, esta vez sí, se veía venir, y aunque con las discrepancias lógicas,
justo fue devolver la noble
bravura al campo ganadero.
Ha sido esto lo mas destacado de una tarde
para recordar. El maestro
de Chiva, al que molestó
en demasía el viento de levante, poco pudo hacer con el
noble segundo. Un toro con las fuerzas justas
sin opción para el triunfo. Ponce le exprimió las pocas embestidas
con su acostumbrada sapiencia. No hubo más.
El toreo de Jesulín se haya plenamente
consolidado. Así lo acredita lo realizado a su primer toro. Alejemos
toda preocupación, el diestro de Ubrique ha dejado de ser un diestro
emergente para transformarse en un torero influyente. Su faena tuvo una
enorme carga de recursos técnicamente perfectos. Faena bien dotada y
con un valor y una firmeza fuera de toda duda. No era fácil el “torrestrella”.
De embestida probona y complicada hizo al de Ubrique emplearse a fondo
con un aguante y un valor desmedido. Templó embestidas y encadenó
muletazos con auténtica calidad. La
media estocada bastó para que le concedieran una de las orejas más
justas dadas en El Puerto. Con
el sexto, otro buen toro que se apagó por momentos, no pudo redondear
su particular tarde.
Joselito anduvo a medias tintas. Su toreo no
es tan auténtico, le falta quizá ese grado de perfección que conseguía
antaño. Los lances de capa fue
lo más destacado y auténtico que realizó en la tarde. Después,
el trasteo careció de emoción por la invalidez del torrestrella. Sin
embargo, salió muy decido a torear al cuarto. Incluso se fue a los
medios a quitar por chicuelinas. Después aburrió en una faena
realizada sin ajuste, al hilo del pitón, a veces enganchada,
pesada y con muchos
altibajos. Toreo para la galería, aunque en los medios, que provocó en
el público la petición de la oreja
que le fue concedida.
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. Domingo, 27 de
julio de 2.003. Rincón,
el de antes y el de siempre.
Cada año, cada temporada, cada tarde de toros en
El Puerto es un desmadre. Y con este desmadre del vale todo ¿a donde se
quiere ir?. Suponiendo, claro, que se quiera ir a alguna parte, que creo
que no. Y el desmadre lo organiza el sempiterno presidente que una
tarde más bailó al son que más le gusta y más le conviene. Hoy, unos
pocos interesados, le brindaron sonoras y desafinadas notas a viva
a voz para que ordenara la vuelta al ruedo a un juanpedro.
De inmediato accedió. Otros, no muchos, sacaron sus pañuelos
exigiendo trofeos para El Juli, y sin dudarlo dos veces el blanco
presidencial volvió a lucir en la aterciopelada barandilla del palco.
No merece tan emblemática plaza y tan buena afición
a tal señor. Un presidente protagonista, sin criterio y al dictado de
una minoría de interesados no es lo mejor para un coso que
siempre tuvo su bien ganada credibilidad. Sus decisiones, otros muchos,
se la toman a chufla. Como de chufla fue la vuelta al ruedo al tercer
toro y la oreja del quinto concedida a El Juli, que en un gesto que le
honra la rechazó. Hora es ya de que alguien tome la decisión del
reemplazo y exija el protagonismo abajo, en el ruedo, y nunca más
arriba, en el palco.
A pesar del vale todo y la excesiva concesión de
orejas la tarde portuense tuvo su interés. La reaparición de Cesar
Rincón en esta plaza y el debut de Cesar Jiménez hizo que los tendidos
y gradas se ocuparan en casi las tres cuartas partes de su aforo.
Después hubo toreo en plena manifestación de la mano y la cabeza del
gran maestro colombiano, y seducción en la capacidad y las
formas del toreo lleno de matices del joven Cesar Jiménez.
Una de las virtudes que presenta buena parte del
toreo de Rincón es la de devolvernos la sensibilidad y la emoción. Lo
consiguió durante la faena al cuarto, un noble toro al que el
colombiano le supo aprovechar sus embestidas en la larga distancia. De
todo lo que hizo en ningún momento estuvo ausente la emoción, ni el
peligro. Hubo ligazón, temple, hondura, sentimiento, profundidad en el
toreo al natural, cadencia y aguante, que ya es decir. El lenguaje
del toreo siempre está ahí, Rincón lo tiene dentro, y a la espera está
de que llegue el toro y le haga decir lo que nadie sabe y todos sabemos.
Rincón, el de antes y el de siempre, dictó esta tarde una nueva
obra para ver y para sentir. Antes, con el primero, al que toreó muy de
verdad con la capa, anduvo después desconfiado con la muleta ante la
complicada y no muy clara embestida del juanpedro.
La madurez del toreo de Cesar Jiménez se mezcla
con la juventud y la frescura de sus formas, que con aparente facilidad
hilvana en toda una sinfonía de largos, lentos y rítmicos muletazos
acabados con la firma de la autenticidad. La capacidad para
transmitir emoción es tan intensa que alcanza, a veces, cotas
deslumbrante a pesar de torear sin demasiado ajuste. No fue una faena
completa la realizada por el madrileño al tercero, un buen toro, pero
no de vuelta al ruedo. Aunque el prólogo con ambas rodillas en tierras
calentó el ambiente, le costó después coger distancias. Cuando
lo hizo surgió el natural largo, sentido, profundo... Nace, en este
sentido, un toreo fascinante, perfectamente encadenado con sucesivos y
hondos muletazos. Cesar Jíménez hizo cómplices a los tendidos
de sus sensaciones y sentimientos a través de su pausado y relajado
toreo. Tal vez el arte sea también eso. Con el parado sexto lo
intentó sin éxito.Si no se logra convencer, da lo mismo que sea una
figura quien está en el ruedo. Y El Juli no convenció esta tarde
en la plaza de El Puerto. Algún que otro esbozo de faena al noble
y soso segundo y excesivamente vulgar con el novillote quinto. Solo en
algún que otro par destacó en banderillas.
Toros
en Cádiz
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