|
|
|
TOROS EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA |
Plaza de toros: datos e imágenes
Temporada
1997
Temporada
1998 Temporada
1999
Temporada 2000
Temporada 2001 Temporada 2003 Temporada 2004
TEMPORADA
2002
Sábado, 3 de agosto. Toros de José Luis
Marca (pitados en el arrastre, excepto el 3º, más noble), para Enrique
Ponce (ovación y ovación), Javier Conde
(pitos y pitos) y El Juli (oreja
y oreja). Casi lleno. Crónica
del festejo
Domingo, 4 de agosto. Toros de Torrestrella
(buenos), para
Paco Ojeda (ovación y
silencio), José Tomás
(dos orejas y saludos) y Canales
Rivera (oreja y oreja). Lleno. Crónica
del festejo.
Viernes, 9 de agosto. Toros de Carlos Núñez
(desiguales de presentación), para
Ortega Cano (oreja y
división), Rivera Ordóñez
(ovación y silencio) y
Dávila Miura (ovación y
oreja). Casi tres cuartos de entrada. Crónica
del festejo
Domingo, 11 de agosto. Toros de Jandilla
(buenos. El quinto, Frutero, de 535 kilos, recibió el indulto), para
Paco Ojeda (pitos y dos
orejas), Manuel
Caballero (saludos y dos orejas y rabo simbólicos) y
Eugenio de Mora (oreja y
oreja).
Lleno. Todos salen a hombros. Crónica
del festejo
Jueves, 15 de agosto. Toros de Santiago
Domecq, 1º y 3º; Torrestrella,
2º; Marqués de Domecq,
4º; Jandilla, 5º; El Torreón,
6º, para Morante de
la Puebla (oreja, silencio; gran ovación tras petición; silencio;
oreja; aplausos). Casi tres cuartos. Crónica
del festejo.
Viernes, 16 de agosto. Toros de Fermín Bohórquez
Escribano (buenos), para Joao
Moura (vuelta), Leonardo Hernández
(ovación),
Fermín Bohórquez
(ovación),
Andy Cartagena (dos
orejas), Álvaro Montes
(dos orejas) y Diego
Ventura (oreja). Lleno.
Domingo, 18 de agosto. Cinco toros de La
Dehesilla (desigualmente presentados), y uno, 6º, de María José
Pereda. Destacaron los lidiados en 3º 4º y 6º. Para Julio
Aparicio (pitos y vuelta al ruedo), Vicente Barrera
(saludos y silencio) y Rivera
Ordóñez (saludos y saludos). Con menos de media
entrada. Crónica
del festejo.
Domingo, 25 de agosto. Toros de Manolo González
(desiguales de presentación y juego), para
Ortega Cano (bronca y
ovación), Enrique Ponce (oreja
y oreja) y Manuel Caballero
(oreja y dos orejas). Saludaron en banderillas Antonio Tejero, Jean Marie
Bourret, Gonzalo González y José Antonio Carretero. Más de tres
cuartos. Crónica
del festejo.
Otros festejos celebrados
Domingo, 7 de julio. Novillos de Ganadería
Marqués de Domecq (mansos), para Carlos Gallego (ovación y
silencio), David
Galán (oreja y oreja) y José María
Manzanares (ovación y oreja). Un tercio de entrada.
Domingo, 14 de julio. Novillos de María
del Carmen Camacho García, para Juan Pedro Romero (ovación tras
dos avisos, silencio), Jesuli de
Torrecera (dos orejas, ovación) y Santiago Manciño (vuelta y oreja). Un tercio de
entrada.
Domingo, 21 de julio. Novillos de Guadalest
(mansos y difíciles),
para Salvador Vega (oreja
y ovación),
Octavio Chacón (silencio y ovación) y Antonio Caro Gil (ovación tras
tres avisos y silencio tras tres avisos, con bronca al presidente, que
sacó el tercer pañuelo cuando doblaba el novillo). Más de un tercio
de entrada.
Domingo, 28 de julio. Toros de Marqués de
Domecq (bien presentados), para Finito de Córdoba
(silencio y bronca),
Vicente Barrera (ovación
y oreja) y El
Juli (aplausos y dos orejas). Casi lleno. Crónica
del festejo
Feria del vino
Viernes, 26 de abril. Erales de Hermanos
Torres Gallego, para Antonio González Padilla, Juanma Vilches y Juan
Antonio Talaverón.
Sábado, 27 de abril. Erales de Félix Hernández
Barrera, para Jesús Santana, José Antonio Perdigones, Diego García,
Francisco Javier Torres El Lury, Alejandro Luna y Alejandro Morilla.
Domingo, 28 de abril. Toros de Martelilla
(buenos en líneas generales),
para Vicente Barrera (oreja
y oreja), Javier
Conde (división al saludar y ovación con algún pito tras aviso) y José Manuel
Berciano (oreja y oreja).
Jueves, 28 de febrero. Festival a beneficio de
la Asociación de Padres de Niños Deficientes Portuenses, (APADENI).
Novillos de distintos hierros, para Fermín
Bohórquez (dos orejas), Ortega Cano
(dos orejas),
Enrique Ponce (oreja), Vicente
Barrera (ovación), Javier Conde
(silencio), Morante
de la Puebla (ovación) y Miguel
Abellán (dos orejas y rabo). Media entrada.
Crónicas de los festejos
Portal Taurino.
MANUEL VIERA. Domingo 25 de agosto de 2.002.
Ponce y Caballero, traca final.
No hay transcurrir temporal. El tiempo parece estancado, no fluye, no hay cambio, se para ante el seguro trazo, el largo y lento recorrido de la muleta de Ponce. Sólo se le nota el obligado paro con la espada, ahí sí, escasea aún la confianza del torero. Por lo demás, auténtica lección de toreo, de maestro.
El lujo de Enrique Ponce es que está "sobrao" y, así, hace lo que quiere, disfruta con su toreo y hace disfrutar a los que lo ven, emocionan sus formas, su hondura, y como no, su carga de técnica, arte y verdad.
Lentas fueron las verónicas con las que saludó al segundo y lentísimos los lances a pies juntos para quitar. Bravo fue el toro de González Sánchez-Dalp, pero, hombre de Dios, Sr. Gago, ¿tanto como para premiarle con una solemne vuelta al ruedo?. A media altura condujo, Ponce, el engaño, sin obligar demasiado a la noble fiera que nunca terminó de humillar. Así se sucedieron tandas con la diestra muy lentas, hondos los muletazos abrochados con los de pecho, seguro y relajado el torero. Rítmico resultó el natural y perfecto los circulares, cambios de manos, y pases de trinchera genuflexo. La fea estocada no fue óbice para que le concedieran la oreja, y al noble colaborador le aplaudieran en la póstuma vuelta al anillo.
Al quinto, más parado, le ligó despaciosos derechazos llenos de cadencia y empaque. No así al natural, donde dibujó el trazo, pero sin conseguir alargar el corto recorrido del animal. Citó de frente, corrió la mano y apuró las últimas embestidas con cuidadosa ejecución. A pesar de su inseguridad, otra vez, con el acero, este no le privó de un nuevo trofeo que le posibilitó la salida por la puerta grande.
Como siempre, con una insistencia admirable, Caballero, consiguió doblegar las feas embestidas del complicado tercero, un toro que acudía a los engaños con molestos cabezeos y sin humillar. Hubo series con la diestra, vibrantes unas, templadas otras. Se superó en el natural, donde hubo mando y mano baja entre algún que otro engachón. Lo mejor lo consiguió, Manuel Caballero, con los postreros muletazos en redondos hilvanados y ajustados. La estocada y el seguro descabello ayudaron a la concesión de la oreja.
Ya se sabe que la morbosidad de la cogida predispone al público y lo hace sobrevalorar el posible triunfo. Es así, y sin quitarle ni un ápice de mérito a Caballero en la lidia del sexto, los máximos trofeos le cayeron al torero tras el feo revolcón. De todas formas, quiso y pudo el de Albacete con el descastado sexto. Técnica y valor se unieron para encandilar a los tendidos. El arrimón fue de órdago, llegó el feo revolcón, la raza del torero, la fulminante estocada, y las dos orejas.
En ocasiones, intentar definir el toreo de un artista supone correr los inevitables riesgos de caminar por los lindes de lo tópico, así que mejor no hacerlo con estas singulares formas de interpretarlo de José Ortega Cano en este su segundo acto en la plaza de toros portuense. Siempre se ha dicho que la supervivencia está en los auténtico y nunca en lo banal, y exceptuando los escasos lances a la verónica al cuarto, todo lo hecho después por Ortega Cano fue demasiado banal, aunque su puesta en escena hiciese creer lo contrario. Templado aunque sin ajuste resultaron los muletazos con la diestra y al natural no consiguió trazar lo esbozados pases. Lo dicho, demasiado banal.
Antes, al primero, un toro manso pero no un barrabás, lo mandó masacrar en varas,
inhibiéndose de la lidia. A punto estuvo de provocar el altercado. Quiso justificarse con la muleta pero sin una pizca de convicción. Muy mal con la espada, la bronca no se hizo esperar.
Fin a la temporada de toros en El Puerto. Hubo traca final. Que la próxima sea aún mejor.
PortalTaurino MANUEL VIERA.
Domingo, 18 de agosto´2002. Julio Aparicio, el soñador
Se sentó en el estribo, esperó, mandó como
casi siempre a sus peones, le acercaron la fiera, y entonces lo vio, y
lo sintió, y empezó a dibujar armoniosamente con seguros lances toda
una gama de verónicas,
medias, trincherilla, e incluso de pecho, con verdadera lentitud, muy de
verdad. Majestuoso capote el de Julio Aparicio que cuando lo mece y lo
manda lo hace con total entrega y sinceridad. Dicen que imaginar es
crear, y Aparicio imaginó y creó
puro toreo de capa al noble cuarto, el toro más toro de la chica
y descastada corrida de José Luís Pereda.
Lo demás supo a poco. Algún que otro derechazo inspirado,
lento, ligado, hondo, sentido y con duende destacó en la decreciente
faena, donde el natural de mano baja no llegó a su máxima ejecución.
Más adelante los buenos detalles de trinchera y pases de pecho cerraron
una lidia donde hubo demasiado encantamiento para los exigentes del
arte. Sueño, quizá, de la imaginación.
Antes, con el anovillado, noble e inválido primero, fue tan
breve que ni siquiera se le
notó en el ruedo. Y es que, Aparicio, una vez más nos deja perplejos,
no siempre seduce, mata fatal, aunque no por ello le quitamos fuerza
al atractivo indudable de su toreo.
De todas formas, la lidia de este primer astado transcurrió bajo
las protestas de los que pedían toros y no novillos. La corrida de La
Dehesilla fue chica, de justas fuerzas, de escasa casta, y eso sí, de
embestidas noblonas, sosas, apagadas, de las que no molestan, de las que
sirven, dicen, para crear arte, aunque el fundamental toreo resulte, a
veces, de lo más vulgar.
Tal vez sea demasiado pedirle a Vicente Barrera más de lo que
puede dar, y es que el valenciano lo que da en la plaza no es más que
su vertical toreo, su robotizado toreo de pases en redondo, más o menos
mandones, y de engañosa colocación.
Noble, como todos, aunque tardo resultó el segundo, aunque sí
se le adelantaba el engaño lo tomaba con verdadera fijeza. No lo
entendió así Barrera, que con la muleta atrasada se lo dejó venir sin
demasiada convicción. Dos circulares y algún que otro natural pusieron
fin al desganado trasteo de Vicente Barrera. Con el apagado quinto
abrevió para matarlo después muy mal.
Y como la tarde no
tenía retorno, Rivera Ordoñez, desdibujado, se apagaba también como
los toros de Pereda. Los lances a
la verónica al tercero fue lo más destacado de una actuación llena de
vulgaridad y mal rematada con la espada, sólo salpicada con escasos
detalles de buen hacer. El trasteo genuflexo, el trazo del circular y
poco más, porque aunque
hubo largura en los pases, e incluso la muleta la llevó arrastra, estos
resultaban desplazados hacia fuera, mal rematados y trazados al hilo del
pitón. Demasiado banal.
Quiso estar en el sexto. La disposición de una larga cambiada de
rodillas en los medios así lo hizo creer. Quitó por verónicas muy
lentas, e insistió, después,
con templada muleta en ligar faena al toro más claro de la tarde, pero
todo resultaría de iguales características que con el bicho anterior.
Indiferencia en los tendidos mientras atentos escuchaban los sones de
un buen interpretado pasodoble: “Antonio Ordoñez, el mejor”
Portal Taurino. MANUEL VIERA.
Viernes, 16 de agosto´2002. Morante, pasión
por el arte
Me decían, no hace mucho, que el toreo de
Morante es original y personal, y yo agregaría que muy serio,
sincero, veraz, estético... y de pura fantasía. Así lo hizo el
inspirado diestro nada más abrirse de capa para saludar al primer toro
de la tarde, un noble ejemplar de Santiago Domecq al que el sevillano,
con prodigiosa capacidad, plasmó cuatro verónicas y la media de
clamor. Fueron imágenes plásticas coherentes, contundentes, rotundas,
cargadas de majestuosidad y verdad. Fue lo mejor. Después hubo
lances a pies juntos en el quite, e hilvanado y despacioso toreo de
muleta. Toreo elevado a su máxima expresión utilizando la mano
derecha.
Ya se sabe que el arte no está constituido
por lo que uno ve, sino como lo ve, y en ese ambiente de euforia y
público predispuesto se vio con sentidos ramalazos de puro arte. José
Antonio Morante se partió, se ensimismó toreando con la diestra –fue
tarde sólo de derecha- ajustado y sincero. Y no se trata con esto de
propugnar la pureza aislada, no, sólo de distinguirla.
Los intentos al natural fueron pocos y
muy pronto se esfumaron, pero los eternos derechazos, hondos y con
mando, precedieron a la bella rúbrica de los ayudados y de pecho que
provocaron en los tendidos auténtica locura. Sin duda, estos trazos con
capote y muleta contagiaron toreo, emocionaron, seducieron...
Al hilo del desarrollo de la tarde se
mostraron otros momentos de pellizco, de sinceridad. Sucedió con en el
tercero, un anovillado aunque noble toro, también, de Santiago Domecq.
Hubo mando, ajuste e infinita lentitud con la diestra, no así al
natural, y pura sevillanía en los molinetes y pases de pecho. Los dos
pinchazos antes de cobrar la estocada le privaron de un seguro trofeo.
En la estética de Morante de la Puebla, la
armonía de su toreo no es más que una sutil manera de expresar su
arte. Así lo demostró durante los sentidos, lentos y relajados lances
a la verónica con los que saludó al buen toro de Jandilla lidiado en
sexto lugar, al que banderilleó después incluso mejor que sus peones
-el tercer par al quiebro por los adentros levantó al público de sus
asientos- . Quiso estar Morante en todo momento, lo
conseguiría a veces, otras no. Es, entonces, cuando se produce esa
distorsión entre lo pretendido y lo logrado. Es decir, aquello que se
pretende no sale, se diluye y queda en muy poco. Hubo detalles de
muletazos con enorme cadencia, bien trazados con ambas manos pero sin
alcanzar altas cotas, aunque la estocada caída y de rápido efecto
ayudara a conceder el trofeo necesario para salir en volandas por
la puerta grande.
Ni con el segundo de Torrestrella, muy mal
lidiado y complicado; ni con el soso y parado cuarto del Marqués de
Domecq; ni con el sexto de El Torreón, con el que estuvo falto de ligazón,
consiguió Morante alcanzar su magistral obra. Fueron solo capítulos,
bellos capítulos no dictados, sino hablados con voz muy viva.
Y es así como, con sutiles y sentidas
formas, se hizo verdad en la tarde portuense lo auténtico, lo más
puro de la tauromaquia de este soñador del toreo, de este Morante de
verdadera pasión por el arte.
Portal Taurino. MANUEL VIERA.
Lunes, 12 de agosto´2002.Apoteosis en la
tarde portuense.
Frente a tantas tardes insustanciales es una
delicia encontrarse con otras como esta, vivirla supone todo un placer.
Y es que redonda fue la tarde, en especial, para
Manuel Caballero, que entraba en el esperado cartel sustituyendo al
herido José Tomás. Sucedió en el quinto. “Frutero” se llama el
toro de Jandilla marcado con el número 74, negro mulato y de 535 kilos
de peso. Solo tomó una vara sin demasiadas apreturas, pero se comía el
engaño con nobleza y una codicia sin límites. Cierto que la
fiera era para soñar el toreo, pero lo que de verdad resultó
subyacente fue el lento ritmo de la muleta de Caballero, la sucesión
armoniosa de pases al natural, la belleza en definitiva de un toreo
sublime. Allí en los medios, Manuel Caballero, emocionó y se emocionó
con una despaciosidad infinita, indiscutible, de verdadero clamor.
“Frutero” fue indultado con demasiados honores quizá, y Caballero
paseó su triunfo con los máximos trofeos simbólicos del bravo toro.
El toreo del diestro nacido en Albacete supo a
gloria. Contundente estuvo antes con el segundo. Meció muñecas con
lentitud en los lances a la verónica, e igual de despacio utilizó la
muleta. Tandas bien ligadas con la tela siempre adelantada. Hondos y
largos los muletazos. Empaque y ajuste en los cambios de mano. Al
natural bajó la emoción pero no el trazo del pase. El fallo con la
espada le privó de un justo premio.
Toda una saturación de sensaciones para los
sentidos fue la magia de la muleta de Eugenio de Mora. Faena creciente
desde que templó embestidas con las dos rodillas en tierra al bravo y
noble tercero. Lentos fueron los redondos hasta ligar con los de pecho.
Después bajó el engaño, y muy despacio lo movió con impecable
justeza. Largo fue el recorrido y majestuosos los muletazos. Dos
redondos lentísimos se perdieron en el tiempo. La estocada precedió a
la bien ganada oreja.
De Mora es un completo torero de los más
disfrutable, y lo más importante es que ofrece todo un repertorio de
auténtica verdad. Noble y pronto, aunque justo de fuerza, resultó
el sexto. Poco a poco y con la tela a media altura fue embebiendo la
fija embestida hasta conseguir circulares de ensueño. Muy despacio toreó
al natural, con sentida cadencia e infinita hondura. Con el toro muy
apagado rubricó la exitosa tarde portuense con una estocada que le valió
salir, junto a Ojeda y Caballero, por la puerta grande del real coso.
Algunas de las razones de la apoteósica
tarde la tuvieron los toros de Jandilla, que aunque de presentación muy
desigual, incluso anovillados algunos, resultaron muy nobles
repetidores y fijos en los engaños. Corrida al uso y apetecida para el
triunfo.
Con estos toros se agradece la disponibilidad de
Paco Ojeda. Quizá habrá podido salvar su credibilidad, pero no es el
Ojeda de antaño, aquel que revolucionó el toreo achicando las
distancias con inmovilidad imposible. Hoy todo quedó en poco más de
buenos propósitos, aunque algunos quieran ver lo contrario.
Ni con capa ni muleta convenció con en el primero,
un toro de embestida noble aunque con una pizca de sosería. Se lo llevó
a los medios y con su acostumbrado esfuerzo le quiso ligar pases con la
diestra que resultaron muy hacia fuera y enganchados. El natural careció
de emoción y sobre todo de contenido. Sin embargo, con el cuarto clavó
las zapatillas para saludar a pies juntos con la capa. Aguantó
impávido tres lances que el público le agradeció con una sonora
ovación.
Es curiosa la historia, algo así como la paradoja
sin fin de la venganza. Ojeda brindó en los medios y allí se
quedó. Quiso, pero no pudo. Se quedó quieto pero le fue imposible dar
más de dos muletazos seguidos. Unos circulares ligados y pausados
hicieron sonar las palmas por bulerías. Mató bien, le pidieron las
orejas y el presidente las concedió dadivoso. Le sacaron a hombros,
pero acaso yo no me entere de la película.
Portal Taurino. MANUEL VIERA.
Viernes, 9 de agosto´2002. Ortega Cano, más
completo y auténtico
En esta plaza de concurrencia social, de minoría y
selecta afición, y de público festero se percibe mucho más la
intencionalidad de lo que se quiere hacer en el ruedo que la posibilidad
de concretarlo. Es así, y es por ello que se valore mucho la
importancia de lo estético que el auténtico contenido.
A veces, demasiadas veces, José Ortega Cano, corre el
riesgo de que su arte se quede en un alarde de intenciones, sin
recursos, y lo peor, sin demasiado contenido, aunque la plasticidad y la
belleza de su toreo salpiquen los sentidos. A estas alturas de su vida
profesional necesita, Ortega, de unas características muy especiales en
el toro que ha de lidiar, las necesarias para adquirir seguridad,
confianza y poder lograr así lo más auténtico de su indiscutible
arte.
Con carácter de rancia nostalgia se vivió la faena de
Ortega Cano al noble y bravo toro de Carlos Nuñez lidiado en primer
lugar. Los suaves lances a la verónica derrocharon verdad y puro
sentimiento. Las bien trazadas tandas con la diestra fueron un compendio
de inspirada hondura, empaque y sentido temple, a pesar de
que la tela se moviese a ritmo lento pero a media altura. Los remates de
trinchera y los adornos muy toreros precedieron a la buena estocada, que
le posibilitó la concesión del justo trofeo a un Ortega Cano más
completo y auténtico que en anteriores ocasiones.
Sin embargo, el sueño de una tarde de verano se quedó
en solo sueño, porque Ortega fue con el cuarto el diestro de la confusión,
de aires de artificialidad. Desconfiado y dudoso dibujó muletazos con
la diestra acompasados por el largo sonido de su voz. Hubo intención,
pero escaso contenido. Desistió del natural y certificó lo hecho con
un espadazo de efecto fulminante.
Y poco más. Los toros de Carlos Nuñez no dieron
demasiadas posibilidades para el triunfo. De desigual presencia, el
tercero fue una auténtica birria, impropio de ser lidiado en este
ruedo, ¿o es que los criadores de estos animales creen que el público
de esta plaza es de segunda, igual que la categoría del coso?. Adolecieron
de casta, y se mantuvieron durante las faenas de muleta con las fuerzas
justas. Destacó el primero por su noble fijeza.
Rivera Ordoñez, restablecido de su lesión de codo, se
comportó dispuesto y con ganas de agradar ante sus dos toros, los
peores de la tarde. Templó embestidas con el manso y complicado
segundo, y trazó buenos muletazos sin emoción con el moribundo quinto.
Voluntad a raudales y nada más.
Con verdadero esfuerzo le arrancó el apéndice, Dávila
Miura, al rajado sexto. Muy despacito y con el engaño siempre
adelantado le ligó tandas con la diestra con buena técnica y
mejor mando. Muy despacioso y con enorme paciencia mantuvo en la
tela al parado toro. La media estocada dio paso a la oreja.
Al tercero, un “gato” inválido con calidad en sus
embestidas, lo lidió Dávila entre las justas protestas del público.
Quiso hacer toreo de salón, largo, muy despacio, pero, claro, sin una
pizca de emoción. Con palmas le agradecieron la voluntad.
Portal Taurino. MANUEL VIERA. Domingo 4 de agosto´2002.
La tarde de José Tomás
Este es uno de los hombres más extraños del toreo, y no le falta razón a quien esto dice, aunque hay que añadir que es también el más auténtico, aunque no pase por su mejor momento, el más diferente. Dotado, además, de una inmejorable capacidad para convertir una tarde de toros en toda una fiesta vital y comunicativa.
Especialmente emocionante y altamente seducible se mostró José Tomás con el bravo "torrestrella" lidiado en segundo lugar, un toro fijo y pronto en la muleta que acudía al engaño al más mínimo toque del torero. Tomás se fue a los medios, y poquito a poco, matiz sobre matiz, casi imperceptiblemente fue esculpiendo su magistral tauromaquia utilizando sólo la mano izquierda. Naturales largos, hondos, sentidos, majestuosos e hilvanando hasta cinco más el remate de pecho. No terminó de bajar la tela, de arrastrarla, pero fue ajustando su toreo muy quieto, impávido, clavado de pies, hasta terminar su obra.
Así, como sin darnos cuenta su auténtico toreo alcanzó su máxima. La estocada dio paso al justo premio de las dos orejas.
Y allí en la misma boca de riego hubo intentos de agradar con el quinto, un toro que nunca humilló, que echaba la cara arriba de mala manera para poner en graves apuros al torero de Galapagar. Desistió, Tomás, pero lo hecho con el primero, hecho estaba.
No resulta habitual que en una tarde de toros se den las circunstancias de que los tres primeros lidiados sean de auténtico triunfo para los toreros. Así fueron estos "torrestrellas", que aunque de desigual presentación se comportaron prontos, fijos, y repetidores en los engaños. No así los siguientes, que complicaron algo más el hacer de la terna, sobre todo el lidiado en quinto lugar.
Por muy buenas que sean las intenciones de quien en el ruedo está, queda más que meridianamente claro que si falla el "motor" no pinta mucho estar ahí abajo. Ojeda se esforzó por ser Ojeda con el bravo primero, nadie lo dudó, pero le costó todo un mundo ligar más de dos muletazos seguidos. Con demasiadas dudas consiguió al fín coger confianza para atisbar su toreo, aquel que le ensalzó a la categoría de máxima figura. Hubo muletazos hondos, largos e incluso ligados con la diestra. Los circulares y los de pecho abrocharon las cortas tandas, pero demasiado poco para las exigencias del toro. El pinchazo antes de la estocada le hizo perder un apéndice que su público, no obstante, le pidió.
Con el cuarto, un toro menos bueno pero válido, volvió a dudar desconfiado. Abrevió para eternizarse después con la espada. Una pena.
A pesar de sus escasas actuaciones, Canales Rivera demuestra en el ruedo una extraordinaria vitalidad que transforma en un clásico toreo. Con enormes ganas recibió al tercero. Las largas cambiadas de rodillas en el tercio fueron prólogo de una faena, basada en la diestra, muy templada y con gusto. Las trincherillas y cambios de mano tuvieron sabor, y la estocada, aunque precedida de pinchazo, ayudó a la concesión de la oreja.
Le faltó continuidad y tal vez ligazón con el sexto, pero quiso a todas luces conseguir el triunfo. La buena estocada espoleó al público que pidió con insistencia que sacaran a su toreo por la puerta grande. El presidente accedió.
ABC.
Edición del 4 de agosto´2002.
El Juli, dos orejas y
nueva salida a hombros por la puerta grande
El diestro Julián López «El Juli» cortó dos
orejas y resultó el triunfador de la corrida celebrada ayer en la plaza
gaditana de El Puerto de Santa María, quinto festejo de abono.
Por segunda vez El Juli salió a hombros del coso portuense
tras conseguir una oreja en cada uno de sus enemigos gracias a su gran
predisposición y valor.
En el toro que abrió la tarde Enrique Ponce, que hacía su segundo paseíllo
tras la grave cogida que sufrió hace mes y medio en León, sólo se le
pudieron anotar algunos derechazos con gran sabor. Por el izquierdo el
astado topaba en la franela. En el cuarto, que era un marmolillo,
el de Chiva estuvo más tiempo delante de él del que se merecía.
Javier Conde, fue jaleado en el preliminar de su lote al enjaretar tres
verónicas y media. En este toro tuvo que desmonterarse Corruco de
Algeciras tras banderillear soberbiamente.
El malagueño lo intentó por ambos pitones ante un animal completamente
desfondado y que embestía defendiéndose. En el quinto, un manso de
solemnidad al que el diestro no consiguió someter lo más mínimo.
Muy entregado
El primero de El Juli se hartó de escarbar antes de llegar a la
jurisdicción del de el castoreño. Banderilleó con sus facultades
características y enseguida en el último tercio se echó la muleta en
la zurda y logró naturales con despaciosidad y bajura de mano. Al noblón
cada vez le costaba más trabajo desplazarse, pero el madrileño muy
entregado le sacó algunos pases más por ese mismo pitón y con la
diestra se pegó un arrimón que ese era lo único que se podía hacer
por ese pitón.
En el que cerró la función, en el que nuevamente
volvió a coger los palos y en el que también fundamentó su trasteo
por el pitón izquierdo, consiguiendo naturales con su aquel a base de
cruzarse. Y también como en su primero con la diestra valentísimo y,
claro, los tendidos volvieron a volcarse con él.
El
País. Lunes, 29 de julio´2002. JUAN ORTEGA. Qué
pena de toros!
La primera noticia es que hubo toros, una corrida bien presentada, de
reses cortejanas, que, sobre todo, se comportaron como tales. A excepción
del primero, nada de toros parados, sino reses prontas que acudían con
presteza y necesitaban del mando, del cargar la suerte, del marcarle el
camino, adelantando la muleta y rematando abajo. La torería actual ha
hecho una hoguera con las tauromaquias.
Finito es un torero que se presta al chiste fácil y es hora de
reconocerle su depurada técnica para matar lo que le echen sin
descomponerse ni, a penas, torear. Sus picadores lo son en sentido
estricto: convierten en hamburguesa cualquier cosa, mientras que hay que
reseñar la habilidad del matador para colocarse fuera de cacho, irse al
rabo con prontitud y asesinar en los bajos sin que, al parecer, sienta
nada de vergüenza. Lo mejor de Finito es Curro Molina.
El segundo, el más bravo, tuvo mala suerte en el sorteo: Barrera
destoreó, renunció al temple y llevó a la res por la periferia,
atravesándola arteramente. En quinto se produjo con la alegría propia
de un oficio de difuntos.
El Juli dio en el tercero un recital de ineficacia lidiadora, en el
que sólo faltó que el toro, que acabó campando por sus respetos, le
pegara dos cachetes. En el sexto hubo triunfo porque tenía que haber
algo. Toreó tan de lejos como Finito y sólo sacó una serie limpia,
acompañada de tal cual pase suelto, que fue dando al traste con la
operación. Mató dando dos pasitos para salvar el pitón y meter el
brazo.
Noticias temporada
Rosario
Castañeda. Domingo, 16 de diciembre´2001. Premios
de la Peña Montes Paquira de Chiclana a la Temporada de El Puerto de
Santa María
La Peña Taurina Francisco Montes "Paquiro" de
Chiclana, entregó sus premios correspondientes a la temporada taurina
de El Puerto de Santa María el 4 de enero a las 21:15
horas en las Bodegas Vélez de la citada localidad. Los premios que se
otorgaron fueron los siguientes: mejor faena, patrocinado por Hotel Meliá
Sancti Petri: Enrique Ponce. Mejor toro, patrocinado por Fundación
Polanco Enri: "Trincón" de la ganadería Marqués de Domecq.
Detalle para el recuerdo, patrocinado por Manuel Aragón S.L.: Miguel
Abellán. Los premiados serán presentados por los críticos taurinos
Luis Rivas, Jerónimo Roldán y Francisco Orgambides.
Toros
en Cádiz
|
|