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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE EL PLANTÍO
BURGOS

Tarde del domingo, 1 de julio del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de José Luis Marca, inválidos y nobles.

Diestros:

Entrada: lleno.

Incidencia: Antonio Chenel ‘Antoñete’, tras desvanecerse después de pinchar al primer toro, fue reconocido en la enfermería de la plaza y trasladado al hospital General Yagüe con insuficiencia cardiorrespiratoria aguda. Según los médicos, “se encuentra en observación y monotorizado, tras el episodio agudo-cardiorrespiratorio. Su estado no reviste gravedad”.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, Diario de Sevilla


ABC. SUÁREZ GUANES. Antoñete, al borde del infarto

La corrida de ayer en Burgos ha podido ser, seguramente, la última de Antoñete. Y no lo decimos por el susto que nos dio el torero del mechón blanco, sino porque, cuando se recupere, será un poco tentar a la suerte el volverse a vestir de luces. El corazón, la cabeza y el arte no le fallan ni, pienso, le fallarían jamás; pero la edad, a la larga, no perdona. El toro que abrió plaza fue difícil de parar. Un piquero le hizo un ojal en la parte trasera y, en ese momento, la res perdió gas. Chenel toreó por bajo con su prosapia. Tras unos momentos de duda, se centró en unos derechazos, más en la segunda de las tandas que en la primera. De las dos salió con galanura en unos bonitos pases de pecho, sacándose todo el toro, por delante. Por naturales toreó aun mejor. No es que existiese una conjunción plena, pero sí el tono mayestático, mágico, aunque fuera intermitente, de su toreo de rancio abolengo.

Al terminar esta serie, se dirigió a la barrera. Pareció que tenía un dolor en el pecho. Tras colocar un pinchazo, regresaron los mismos síntomas. Pasó a la enfermería entre la preocupación de los asistentes. Al final del festejo, el doctor Juan Manuel Aguado, del equipo quirúrgico de la enfermería, explicó que Antoñete sufría un cuadro de insuficiencia respiratoria con dolor torácico. «Se encuentra en observación —nos dijo el médico burgalés, quien aconsejó al torero no volver a vestirse de luces— en el Hospital General Yagüe».

El resto de la corrida pasó con mal sabor. Menos mal que Abellán y Víctor Puerto lograron que los espectadores recobraran el ánimo por la buena disposición de los dos. Fue en el quinto en el que se remontó la corrida.

MIguel Abellán estuvo a la altura de un ejemplar de Marca. Su faena de muleta estuvo bien concebida y ejecutada en su primera parte, con temple y muletazos muy bien rematados. En ese primer tramo hubo muy buen toreo. Más adelante, pecó de rapidez. Se entregó en la estocada y la oreja fue de ley. En el tercero se había limitado a cumplir.

Víctor Puerto hizo una media faena en el segundo, en el que fue a menos; se limitó a cumplir en el cuarto, que no tenía opción, y realizó un trasteo emotivo y, en momentos, artístico en el último, que le valieron dos orejas, una de ellas generosa.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Antoñete, ingresado con una insuficiencia cardiorespiratoria

En una sociedad, como la española, con una media de edad muy avanzada, no debería sorprendernos que un anciano profese a ley su profesión. Pero en este caso es sumamente llamativo que la misma sea la de matador de toros. Por el riesgo que entraña, los esquemas son muy distintos. Antoñete y sus 69 castañas impresionan. Impresionan e inquietan. El maestro Paco Camino, el mozart del toreo, el niño sabio de Camas, contaba no hace mucho que, para él, el torero debe ser un profesional en plenitud de facultades; jamás alguien de avanzada edad.

Antoñete no salió al ruedo en un buen estado físico y acabó en la enfermería recibiendo oxígeno. Era su única tarde de luces en la temporada 2001. Y nos la podía haber ahorrado. Porque el susto fue de órdago.

Con anterioridad a la escena en la que el torero se desvaneció tras pinchar al primer toro, el veterano diestro había delegado la lidia en El Boni, su peón de confianza. Al toro, inválido, únicamente le dieron un puyacito. Antoñete, en una labor corta por ambos pitones, en las rayas, sacó una serie al natural limpia, de buen trazo. Tras un pinchazo se marchó al burladero. Abría la boca en busca de oxígeno con una mano en el pecho. De repente, se derrumbó. Y las asistencias se lo llevaron rápidamente a la enfermería. Mató al astado Víctor Puerto. Tras ello hubo una ovación que recogió la cuadrilla de Antoñete.

La corrida fue un simulacro de principio a fin, por la invalidez de los toros de Marca, que fueron nobles. Así, el segundo astado fue devuelto por inválido y sustituido por otro de la misma ganadería. Víctor Puerto lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas en los tercios. Ya de pie, el toro le desarmó. Después apuntó un par de buenas verónicas y un buen quite, por saltilleras y una media, tras el cual el animalito se derrumbó. La labor, con gritos de “¡qué emoción!... ¡qué emoción!” fue un trasteo liviano, que se cerró en un arrimón ante el moribundo animal.

La historia se repitió de manera casi similar en el cuarto. Puerto, con un toro que se desplomó ya tras recibir un picotazo, anduvo alrededor del animal en una labor sin la mínima emoción.

El sexto, flojísimo y con un picotazo, tuvo algo más de viveza. El torero lanceó a la verónica de rodillas. Y de rodillas comenzó Puerto su labor, en la que sufrió un varetazo en el muslo derecho. Bullidor, mató de estocada defectuosa. Le concedieron dos orejas, una de ellas de regalo.

Miguel Abellán se la vio en primer lugar con otro inválido, que sólo recibió un picotazo. El torero, aseado con el capote, se eternizó en una labor insulsa con el aplomado animal para manejar muy mal los aceros.

Abellán estuvo animoso con el inválido quinto, al que no se picó. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas en el tercio. En la faena, larguísima, estuvo entonado, aunque sobraron enganchones y algún que otro trallazo. El final, con el torero de rodillas y el toro perdiendo las manos, resumió la endeblez de una labor que terminó con una estocada caída para recibir una orejita.

Tarde para borrar en todos los aspectos. Toritos muy nobles, pero tullidos, con simulacro del tercio de varas. Y para borrar, fundamentalmente, el susto de Antoñete, que, a un paso de los setenta y sin facultades, sobrepasa los límites establecidos para vestirse de luces.


El País. EFE. Antoñete sufre en la plaza de Burgos una insuficiencia cardiorrespiratoria aguda

Antonio Chenel, Antoñete, de 69 años, sufrió ayer una insuficiencia cardiorrespiratoria aguda cuando toreaba en Burgos. Según el parte médico facilitado por el hospital burgalés General Yagüe, donde fue ingresado, el diestro permanecería toda la noche "en observación y monitorizado", aunque "se encontraba estable y asintomático, siendo satisfactorio el resultado de las pruebas que se le habían realizado".

Antoñete sufrió un desvanecimiento tras entrar a matar a su primer toro y fue atendido en la enfermería de la plaza, donde le fue diagnosticada la insuficiencia cardiorrespiratoria aguda, y necesitó respiración asistida. Inmediatamente fue trasladado al hospital.

El veterano torero abría cartel en la novena corrida de la Feria de Burgos, primera también de la Feria de Canal +. Tras pinchar al primer toro, Antoñete se dirigió con gesto de dolor a las tablas, donde cayó desvanecido. Las asistencias le condujeron rápidamente en brazos, y en estado semiinconsciente, hasta la enfermería.

Antoñete se había lucido en los lances a la verónica y en una aseada faena de muleta, hasta que se le manifestó la dolencia. Víctor Puerto, que acabó con esa res, tuvo en su lote ovación, silencio y dos orejas. Y Miguel Abellán, silencio y oreja en el suyo. Se lidiaron cinco toros de José Luis Marca y uno de La Laguna, y hubo media entrada.

 

 

 

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