GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE
TOROS DE
ESPAÑA

 

Corridas Generales
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO
Tarde del viernes, 23 de agosto de 2002
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Torrestrella, de bien presentada, de diferente juego. El mejor, el 5º.

Diestros

Incidencias: Miguel Abellán resultó corneado en el muslo izquierdo en el 2º  (cornada de 14 centímetros). Después de matarlo pasó a la enfermería. Pronóstico reservado. Eduardo Dávila Miura, por su parte, también fue cogido por el 6º: cornada de 25 centímetros a la altura del gemelo de la pierna derecha. Pronóstico grave. Imágen de la herida. Los dos diestros quedan  ingresados en el Hospital de Basurto.

Entrada: hasta la bandera. Lluvia.

Crónicas de la prensa: El País, ABC.


ABC. Vicente Zabala de la Serna. El Juli termina por conquistar Bilbao como un consumado estoqueador

Y llegaron el día «D» y la hora «H», último asalto de El Juli a Bilbao, capital vizcaína, santo y seña del Norte taurino, cresta de agosto, Tourmalet de la temporada. Y máxime con la responsabilidad asumida. Tres tardes, tres, con los victorinos de por medio y la suerte en contra: ni un toro había embestido por derecho. Rampas más complicadas de lo esperado, cada pedalada una lucha. Aun con valor y espada, no tomaba forma el reto. Pero ayer, por fin, los vientos soplaron favorables. Y allí esperaba Julián con el acero templado y la decisión y la convicción de que el momento del aldabonazo había sonado.

Ni una línea más debe pasar sin hacer mención a que Miguel Abellán y Eduardo Dávila Miura cayeron heridos con los torrestrellas, belleza y temperamento unidos. Abellán se jugó la gloria con disposición. No mermó su firme voluntad que las embestidas vinieran rebrincadas, hasta tal punto que una vez el pitón le acarició la mejilla como la zarpa de una mujer fatal. Sobre la derecha, tragó, aunque también, mal que bien, tragaba el torrestrella. Pero nada más presentar la izquierda, quizá demasiado descubierto, se venció el burraco y enmorrillado enemigo. Seca voltereta y dura caída, amortiguada sólo en parte por el lomo de la bestia. Abellán se incorporó con el rostro ensangrentado y la cornada para seguir tenaz tras el triunfo o lo que viniese. Abrevió con unos molinetes de rodillas y se volcó en un espadazo mortal. Ni siquiera pudo pasear el anillo con la oreja, y se metió en la enfermería.

Dávila le acompañó justo con el torrestrella que completaba el lote de Abellán. Fue de salida. ¿Culpable? Simplemente digamos que la soltura no presidió ayer las intervenciones del diestro sevillano. Ya con su primero, que se metía una barbaridad por ambos pitones, pareció como agarrotado, mental y físicamente, entre infinidad de enganchones. Situación que no mejoró con el cuarto, que no humilló nunca. Cuatro desarmes son muchos en dos faenas. La mala jornada acabó peor.

El Juli obtuvo la recompensa que merecía su apuesta con el triplete de trofeos de una tacada. Si hay una conclusión nítida que se desprende de la batalla bilbaína de Juli es que nos encontramos ante un consumado estoqueador, un cañón que nos ha deleitado con volapiés superiores en cada comparecencia. La corrida de Torrestrella trajo el impulso necesario y anhelado con su movilidad, aun con ese nervio que a veces fue genio. Pero sobre todo con un quinto toro de recorrido y nobleza, desarrollada con la cara a media altura, como el resto de sus hermanos.

Bordó las zapopinas y banderilleó por ambos pitones, mejor por el izquierdo, lo que son las cosas. Manejó las distancias, los espacios y el limpio temple con muletazos muy largos, más cabales cuando remataba atrás, que no fue siempre. Bullía la olla de Vista Alegre, deseosa de que ya asomara la fortuna. Hubo derechazos a pies juntos, un circular eterno e invertido, un pase del desprecio mirando al tendido y una estocada para enmarcar, guinda que le entregaba la puerta grande, que se antojaba imprescindible.

La oreja que arrancó al voluminoso y cornalón morlaco de 617 kilos que hizo tercero tuvo mucho que agradecer de nuevo al acero y a la voltereta sufrida en la suerte suprema, ejecutada a tumba abierta. El tono de la faena bajó conforme se acababa el toro, que se paró más de la cuenta. Por lo tanto, obra decreciente, apurada por la capacidad para exprimir al noble bruto. Tres largas cambiadas de hinojos ya habían avisado en los prolegómenos de cómo atacaba la tarde El Juli.

Con el triunfo en la mano todavía tuvo el gesto de banderillear al protestón sexto, aunque el trasteo de toques hacia afuera traducía las ganas de que, por fin, le izaran a hombros.

Partes facultativos: Dávila Miura sufre «una cornada de 25 centímetros en el gemelo de la pierna derecha, de pronóstico grave». Abellán fue atentido de «una cornada de 14 centímetros en el muslo derecho, de pronóstico reservado».


El País. JL MERINO. El Juli, a hombros en tarde de sangre

Tarde de suma emotividad. El Juli fue el único de los tres toreros que quedó en pie. Le sacaron a hombros. Miguel Abellán y Dávila Miura fueron trasladados al hospital de Basurto. Los dos habían sido cogidos, Abellán en el segundo y Dávila Miura en el sexto, que iba a lidiar por cogida de Abellán...

El inicio de la emotividad estuvo a cargo de Miguel Abellán en el segundo de la tarde. Se dobló bien y se fue a los medios para citar al toro con la derecha. Después de tres series cortas con esa mano, con algunos pases largos y ligados, se echó la mano a la izquierda y el toro le pegó un derrote tirándolo por tierra. Con la media cara llena de sangre (de la del toro) la imagen que daba era terrorífica. Tras unos molinetes de rodillas y dos derechazos muy valientes, puso toda su fe en la punta de la espada y se volcó tras el acero. El público pidió emotivamente la oreja, y el presidente se la dio. El torero pasó a la enfermería, de la que no volvió a salir.

Seguido salió el tercero de la corrida, primero de El Juli. Lo recibió con tres arrebatadas largas cambiadas. El triunfo y la entrada de Abellán al quirófano hizo correr un río de pasión en el joven torero madrileño. Cumplió con las banderillas. La faena fue corta, como era corta la embestida de ese toro, por lo que las dos tandas de derechazos fueron igualmente cortas. Todo lo hacía el torero. Llegaron dos tandas de naturales, tejidas con temple y con mucho aguante. Anduvo jugándosela en ese momento. Ganó una oreja...

El Juli se agarró al quinto de la tarde como a una lapa. Y no lo soltó. Lanceó ajustado y remató bien. Con el quite por lopecinas consiguió fabricar el entusiasmo del público. Luego, con el tercer par de banderillas, el fervor del respetable acreció. Parecía que al iniciar la muleta un manojo de mariposas ocultas iban a posarse en sus dos muñecas, de tan seguro que estaba. Dos series de derechazos, largos, ligados y como cosidos unos a otros, con un buen pase de pecho. Las dos tandas de naturales estuvieron gestadas con mucho temple y bien ligadas, con otro buen pase de pecho como remate. Volvió a la mano derecha y trazó dos series templadas y muy cosidas. Todo a media altura, pues si bien el toro era excelente, la falta de fuerza no permitía al torero bajar la mano. Remató con un circular espléndido y limpio, dándole al toro bastante espacio, y así ejecutarlo muy lucido. Mató con contundencia y entrega. Se llevó dos orejas y, al parecer, la reconciliación del público y torero con el presidente.

En una tarde de acontecimientos tan emotivos resulta extemporáneo meterse a analizar si la oreja de Abellán y las dos de El Juli estuvieron bien concedidas o justamente otorgadas. Tal vez creará polémica. Éstas de ayer por exceso y las no otorgadas en días anteriores por defecto.

Tuvo que matar el sexto, por cogida de Dávila Miura, y lo realizó con solvencia.

Por parte de Dávila Miura no se acopló con ninguno de los dos toros que mató, y eso que el primero era toro para triunfar.

Nota: Tanto Miguel Abellán y Dávila Miura, después de las primeras curas pasaron al Hospital de Basurto. El primero con una cornada de 14 centímetros de carácter muscular, y el segundo con una herida más grave que afecta a los músculos tibiales, con un gran desgarro muscular.

 

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