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TOROS DE
ESPAÑA

 

Corridas Generales
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO
Tarde del miércoles, 21 de agosto de 2002
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Despante. Foto de El Correo.

Ganadería:  Toros de Victorino Martín, Bien presentada, corrida muy abierta de sementales y de hechuras variadas. De discreta conducta en varas, los seis escarbaron mucho. El tercero fue el más potable. Encogidos y a la espera los demás.

Diestros

Entrada: hasta la bandera.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, Grupo Correo.


Grupo Correo. BARQUERITO. Éxito de El Juli y fiasco de Victorino
La corrida de Victorino ni se entregó ni se rindió. Ni se rompió ni peleó. Ni se dejó ni quiso. Ni pudo ni dejó de poder. Versión en toro del perro del hortelano esta victorinada, que escarbó lo que no está escrito. Más, mucho más que cualquier otra corrida de Victorino que pueda recordarse. La marca cuenta siempre y toda la tarde, hasta el último de corrida, se estuvo esperando el toro de nota con la vitola de la casa que salvara el honor. Espera sin fruto.

De sorda guerra la corrida toda. El primero, que descolgó con algo más estilo que los demás, tuvo las fuerzas justitas, aprendió pronto y se revolvió en un palmo. Con el freno echado y sin acabar de estar con nada, el segundo, un toro muy apretado y bien rematado, pegó rebañones a la caza y en uno de ellos prendió a Eugenio de Mora, que se salvó por los pelos. Noble fue el tercero, que salió al galope y obedeció en la muleta traído a pulso por un Juli tan técnico como poderoso. Pero hasta ese tercero, al cabo el mejor de los seis, o siquiera el que mejor lució, tuvo tela que cortar. Al tercer muletazo enroscado o ligado ya llegó con la alarma encendida y pegando el taconazo o enterándose.

Victorinos variopintos

El cuarto abrió el cupo de toros hondos que se incluye en toda corrida de Victorino. Fue, además de extraordinariamente escarbador, toro a menos y antes de lo lógico ya estaba acordándose. A menos también el quinto, que fue acortando las embestidas paulatinamente y progresivamente rematando con rebañones. El sexto, cuando ya tocaba que saltara el toro del éxito, tardeó en el caballo, se metió por detrás, se indispuso por arriba y se revolvió con ese son algo felino que define a la ganadería.

La gente estaba en los toros más por El Juli que por los toros. Abarrotada Vista Alegre. El cándido y cargado ambiente de las grandes ocasiones. Que la corrida saliera tan complicada y sorda, tan corta de empleo y poco propicia, se tomó más por un inconveniente que otra cosa. Se movieron muy poco los toros. No se estiró de verdad ninguno de los seis. La mayoría se apalancó o encogió.

Pocos muletazos

De tan enmarañada madeja El Juli acabó sacando a puro huevo el hilo dse un toro que, siendo reservón, pudo al menos ser sometido. El Juli no sólo fue capaz de someterlo sin mayor enojo, sino que, aguantándole y provocándole mucho las embestidas, llegó a torearlo con maestría. Muy despacio, rematadamente bien. Apurando hasta la última gota de toro. Empapándolo y resistiéndole. Forzó la voluntad del toro, que al tercer muletazo ya protestaba. Fue faena de pocos muletazos. No llegaron a treinta. Pero fue faena bella. Y de mucha tensión. Sobre todo cuando El Juli, que enganchó por delante y ligó sin irse, soportó impertérrito dos o tres parones y miradas. La estocada fue de las suyas. Volar y amarrar.

Con esa faena, ese triunfo solitario y ese toro tan bien toreado se pagó la tarde entera. El sexto, encogido, vio mucho a El Juli, no le permitió por arriba ni una broma y no se dejó engañar, aunque el joven torero saliera esta vez al ataque. No se pudieron quemar las naves. Obligado a banderillear, aunque pesara todavía el eco de las hazañas en la víspera de Ferrera y El Fandi, El Juli cumplió sobriamente. Al sexto le puso en los medios de poder a poder un segundo par de nota.

Eugenio de Mora estuvo muy firme y entero con sus dos toros. Fernández Meca, también. La cogida en el segundo no descompuso a Eugenio, que en el quinto insistió en meritoria faena a base de sobar y sobar posado en los medios. Meca hizo el gasto con los dos, y con el cuarto se pasó de estación a base de torear al trágala en faena de uno en uno y muchos sustos. El oficio contó. Pero es que ésta, con todo su relumbrón previo, no fue corrida de gran público.

El País. JL MERINO.  ¿Ha guardado Victorino lo mejor para otras plazas? 

El tantas veces elogiado y admirado Victorino Martín mandó a Bilbao un encierro carente de calidad. Hicieron en el caballo una pelea poco ejemplar, por no decir discretamente mala. Dejaron ver una falta de fuerza notable. El tercer toro, primero de El Juli, aún mostrando una nobleza evidente, su lentitud por falta de energía era exasperante.

Con ese material bovino la tarde nos deparó un miércoles amasado de redundantes naderías. El Juli se ganó la única oreja del festejo, y fue en el aludido tercero. Con un quite por ajustadas chicuelinas y una buena media verónica, después de tres pares de banderillas del montón, su faena compuesta por dos tandas de naturales y tres tandas de redondos. Sus pases se acomodaron al ritmo quedado, lentorrón, del toro, por lo que el temple llegó a ser el verdadero protagonista de la labor del torero. En su segundo El Juli mejoró en la suerte de banderillas. Con la franela no pasó de voluntarioso, por culpa de toro, por lo que tuvo que conformarse con robarle un pase aquí y otro allá.

El francés Fernández Meca, que pechó con el lote más complicado, firmó una actuación competente y muy profesional. Se fajó con los dos toros.

A Eugenio de Mora hay reprocharle que dejara que le pegaran muy fuerte en varas a sus dos toros, en especial a su primero. Como se le recuerda que en su segundo toro todos los cites -seis tandas de derechazos y seis de naturales- los realizó con muleta retrasada. De ahí que cada serie estuviera compuesta de un pase y medio y poco más. Por lo visto en vez de sacar la muleta de verdad, había sacado la del cojo.

Hay que decir que entre la tarde de ayer y la del día anterior media un trecho considerable. Tanto, como que si El Juli fue premiado ayer con una oreja, los premios para Ferrera y El Fandi, sobre todo éste, debieron ser de mayor cuantía. El Presidente de la plaza, Matías González, debería enrolarse en un sinfín de meditaciones muy serias.

Aquí podemos entrar en múltiples disquisiciones. Por ejemplo, que El Juli ha accedido a torear una corrida de Victorino en Bilbao. Vaya por delante el reconocimiento plausible a ese gesto, por así decirlo. Pero ese vitorino al que le cortó la oreja, y a tenor por su noble comportamiento, encajaba más en el espíritu de Teresa de Calcuta que en el de Rasputín...

Sin embargo, la imagen que depararon Ferrera y El Fandi con su actuación era la imagen portentosa y arrebatada de dos trenes emborrachados de aceite hirviendo. Las faenas macizas de los dos, cada uno con su sello, rayaron a una altura muy superior a la que tejió El Juli ayer. Curiosamente el premio de una oreja acabó por ser el mismo. Sin embargo, todo el aroma desplegado anteayer, donde vimos dormírsele la muñeca de El Fandi de puro placer y enfervorizado, no admite comparación alguna. Decimos nin-gu-na. Al escribir estas líneas aseguramos que no contábamos previamente con que la referencia a la oreja del Juli pudiera suscitar una suerte de agravio comparativo. Pero deducimos, sin ninguna cortapisa, que el día anterior a ayer tal vez se cometió una clara injusticia. Y viene bien recordarlo aquí, para que no vaya a ocurrir lo mismo otro tal vez de los talveces.

En absoluto queremos plantear una polémica en torno a esos tres toreros, Ferrera, El Fandi y El Juli. Significamos unos hechos en los que el símbolo de una oreja otorgada a cada uno de ellos es quien crea, per se, la tesitura de la duda. Y como se sabe, la duda es una preparación para el conocimiento. Por lo demás, tampoco hay que rasgarse las vestiduras ante la creación de pugnas, de controversias y de gestos comparativos. La historia del toreo está llena de enfrentamientos entre toreros, por demostrar con la muleta y la espada quién es el mejor frente a un toro. Creemos que la incursión de la pareja que está convulsionando este verano caliente ha empezado a revitalizar el mundo de los toros y, por ende, a remover las piezas claves del escalafón de toreros. Ejemplos de piques entre toreros existen muchos. Cuentan los reporteros de época que Frascuelo le dijo a Lagartijo: 'Los toros que nosotros hemos matado nos pedirán cuenta en el otro mundo. Al Guerra los suyos no, porque no le han visto'. Como se ve, la ferocidad entre los toreros de otro tiempo era muy fuerte. La prueba está en esa expresión del gran Frascuelo. Con esas disputas la sangre, por lo general, no llegaba al río. Lo que sí hacía era potenciar y engrandecer la fiesta de los toros. La gallardía como arma fundamental. Incluso lo que se ha dicho de ese gesto de El Juli, toreando vitorinos, es posible que sería motivo de risa por parte de los toreros que sintiéndose figuras del toreo eran ellos los que pedían las corridas más duras, porque para eso eran primeras figuras. Claro que eran otros tiempos, ¿no creen?


ABC. Vicente Zabala de la Serna. Cura de humildad para Victorino y compás de espera para El Juli

Escarbaron con interés todos o casi todos. Blandearon y hubo que medirles mucho el castigo en el caballo para que mantuvieran la vertical, que en los toros es horizontal, según cómo se mire. Sí, hablo de los victorinos. O sea, que don Victorino Martín pinchó en Bilbao con argumentos sobrados, de lo cual nadie se alegra, aunque alguno habrá. Pero a Victorino, un ganadero para la Historia, como a cualquiera que se instale en la gloria con justicia y plácemes de la mayoría, no le viene mal una cura de humildad y que se señale, sin saña pero sin tapujos o medias tintas, el petardo de corrida que lidió en Vista Alegre. Y no pasa nada, porque el Paleto de Galapagar sabe encajar las críticas de la misma manera que él las reparte con su sonrisa de oro.

Y toca ahora escribir de El Juli, quien merece un compás de espera para los otros dos compromisos en esta feria. Merecimiento, por otra parte, cogido con alfileres. Porque uno esperaba del gesto obtener la verdadera medida de Julián López, con el victorino complicado, el duro y correoso, con el sexto, en definitiva. Verlo con el terciado e inválido tercero, poseedor de una calidad y una franqueza disminuidas por sus carencias físicas, interesa menos, bastante menos. Aunque torease templado, muy templado, que si no había peligro de derrumbe.

Pulsear le llaman los nuevos académicos de la lengua taurina. Pues aun con los mimos y la seda de la templanza al toro le costaba un mundo y parte del otro desplazarse tras la muleta. Querer, quería, pero ay de la minusvalía. Murió de estocada cabal y certera, hundida la espada entre las banderillas que había recibido al cuarteo por el derecho, ídem por el izquierdo y de dentro afuera, cuando recibió del torero no pocas ventajas. Por allí quedaron también una media verónica de nota y unas chicuelinas. En conjunto, suficiente para la oreja.

El sexto lucía el verdadero trapío de Bilbao, como en días anteriores las corridas de Alcurrucén y Torrealta. Y una daga zurda terrorífica, bizca la encornadura, cárdeno y tardo, justo de fuerzas y nada fácil. Ahora era cuando el gesto debería haber alcanzado su auténtica dimensión. Pero Juli banderilleó corrientito, muleteó limpio, valeroso y sin fajarse, esquivando algún que otro recuerdo de la izquierda. Y afrontó la suerte suprema con eficacia y escasa rectitud: estocada hábil y caída, desde la distancia. Dos tardes más, dos, para que la apuesta de Bilbao cobre el significado en la temporada de El Juli que él mismo pretende.

El otro victorino que aportó cosas positivas junto al tercero fue el quinto, delicado de fortaleza y escarbador también. Eugenio de Mora construyó una larga labor, acoplada desde la tercera serie en adelante. Desde entonces, aunque sin intensidad, creció la faena, sobre todo en los derechazos, culminados en la última tanda, tal vez la mejor, con un soberbio broche de pecho. Al garete se marchó el esfuerzo con una estocada que aunaba todos los defectos, salvo la bajura: trasera, atravesada, tendida... Sonó un aviso y la recompensa consistió en la ovación.

Guasa sacó el vareado y astifino segundo, una de esas licencias que se le admiten a don Victorino. No humilló nunca y careció de fijeza, rasgando de un derrote la taleguilla. Al natural, de uno en uno, y uno de ellos estupendo, por cierto, obtuvo una serie de mérito. Nada más.

Un valiente y aguerrido Fernández Meca apechó con el lote peor, revoltoso y tobillero. Como al que abrió plaza no lo picó apenas, se confió en el cuarto, que era flojo o se hizo el remolón. Porque luego se vino arriba como un cabroncete. El ritmo adquirió tintes frenéticos, veloces, de ayes, navajazos y esgrima, cabeceos y sustos. Ni brindando a Ramón García, que da buen rollo.

 

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