Estamos ante el toreo moderno. Enrique Ponce cortó una oreja en su
segundo toro sin apenas torear con la mano izquierda. En realidad, en
sus dos toros apenas dio tres tandas cortísimas de pases naturales,
todos ellos sin ligar, sin que transmitieran la más mínima profundidad
y embarullados. A su primer toro le hizo una faena de enfermero. Otra de
las 'cualidades' que están entre las reglas del toreo moderno: tener
cuidado en que los toros no se caigan más de lo debido.
En esa faena los derechazos fueron periféricos, despegados, sin
exponer un ápice. En su segundo, en el toro de la oreja, contabilizamos
una serie de derechazos aceptables, otra con tres buenos muletazos, otra
con cuatro pases cadenciosos, y el resto, movido y sin profundizar. Pues
bien, el público del toreo moderno le concedió una oreja. Y así va la
fiesta de los toros. Este público bilbaíno, cada vez más facilón y
sin sustancia, hace que los toreros lo sepan y de ese modo se esfuerzan
lo mínimo posible.
El Juli, en horas bajas
El Juli, da la impresión que atraviesa horas no demasiado felices en
términos toreros. En su primer toro falló con las banderillas. La
faena de ese toro fue vulgar, instrumentando derechazos y naturales sin
mandar y sin ligar. En su segundo bastante bien con las banderillas. Su
faena consistió en dos series de derechazos, algunos ligados, otros
templados, otros largos y algunos movidos. En las tres series de
naturales hubo de todo: algunos largos, otros más cortos, otros sin
especial relieve y algunos fueron ejecutados de frente a un toro muy
sosito. No es buen bagaje para una figura del toreo que está en el
momento más propicio de la temporada. Algo pasa en su cabeza. ¿Es
posible que su cuenta sea tan abultada que al vestirse de luces eso le
quita la porción de valor que un torero necesita?
El joven salmantino Javier Castaño, cada vez que torea, es un dolor
para el espectador. Las dos faenas fueron de una vulgaridad apabullante.
Después de unos derechazos y naturales movidos y sin mandar, de pronto
le endilgó a su primer toro unos molinetes dos pases anodinos rodilla
en tierra y el público rompió entonces en una gran ovación. Otra vez,
el respetable dando lecciones de cómo no debe comportarse a la hora de
juzgar lo que está bien, lo que está mal y lo que no vale nada. Por
desgracia, ayer, se premió aquello que no valía un pepino. De poco
vale el pequeño arrimón que se atrevió a maldibujar en su segundo
toro