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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO
Tarde del domingo, 26 de agosto de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Dolores
Aguirre, muy justos de fuerzas y manseando, manejables en el último
tercio.
Diestros:
Entrada: dos tercios de entrada.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino,
El País, ABC,
Diario de Sevilla
PortalTaurino.
EMILIO TRIGO. Puerto cierra la feria con triunfo
En el último toro de la Aste Nagusia 2001 llegó
el triunfo para Víctor Puerto. No pudo ser un mejor final para una
Feria de Bilbao que es el “puerto” de la temporada, por aquello de
que llega a mitad de ésta y cuando los compromisos de agosto suelen ser
más livianos en plazas de segunda y tercera categoría. Una pendiente
que se atragantó en la mansa corrida de Dolores Aguirre, que además
estuvo marcada por una desafortunada y cicatera actuación del
presidente del festejo. El principio de la novena de Feria pudo ser
igual que el final, es decir, podríamos haber visto a Caballero pasear
su oreja por el ceniciento ruedo bilbaíno, al igual que lo hizo Puerto
en el sexto.
Lamentablemente no fue así. De forma incomprensible y
descarada, el señor presidente “robó” al diestro de Albacete un apéndice
que pedía con fuerza y mayoritariamente todo el público. A estas
alturas, todavía no comprendemos la actitud del señor Martín González,
encargado de repartir la justicia en el palco, algo que no hizo con
Caballero.... Como el día anterior lo hizo con Padilla, la reincidencia
suena a culpabilidad, de ahí que no podamos perdonar las acciones
del usía.
Había estado Manuel templado y ligado por ambos pitones
haciendo gala de su hondura y de una fácil técnica. Caballero había
comenzado su labor algo soso pero terminó la faena de menos a más dejándole
siempre la muleta al toro en la cara para hilvanar los muletazos
descritos. Refrendó esta buena labor a un buen toro con clase y nobleza
con un estoconazo de libro en todo lo alto, de esos que ponen como
ejemplo para sus alumnos en todas las escuelas taurinas. Sin razón
alguna, el presidente negó el trofeo, o lo que es lo mismo, no vio (o
no quiso ver) la faena que vimos todos. Caballero, enfadado con motivo,
se negó a dar la vuelta al ruedo sin el trofeo que le correspondía.
Esta manera de actuar fue similar a la devolución del primer toro, por
su cuenta y riesgo y sin protestas aparentes, aunque este sobrero hizo
que la jugada le saliera bien.
La incredulidad se apoderó de la plaza y marcó toda la
tarde. Así las cosas, poco pudo hacer en el cuarto, un toro feo, con
genio que no dio facilidades. El diestro estuvo porfión porque la faena
estuvo en el primero.
Sí consiguió su premio Víctor Puerto, batallador,
variado, entregado y sobre todo, con una gran disposición que conectó
fácilmente con el respetable que se dio cita en el coso de Vista
Alegre. Puerto fue atacando poco a poco al sexto hasta que consiguió
meterlo en la muleta en una inteligente faena en la que predominó la
variedad y la conexión con el público. Exprimió en las cercanías de
las tablas al manso pero noble toro, ya que siempre se quiso abrigar en
esos terrenos.
En el tercero tuvo que superar las distraídas
embestidas de su oponente además de tener muchas dificultades por las
fuertes rachas de viento que hicieron aparición. Fue una faena larga y
otra vez variada.
Pepín Liria fue a Bilbao a darlo todo pero se fue sin
cortar orejas. Él puso todo de su parte. La primera portagayola del
ciclo se vio en el segundo de la tarde obra del murciano que aguantó la
incierta salida del de Dolores Aguirre. Liria aguantó mucho por el pitón
derecho en el segundo de la tarde, un astado probón que medía al
diestro, que se paraba a mitad de la suerte y miraba al torero como para
quitarse de allí. No lo hizo y aguantó una barbaridad. En el quinto
comenzó rodilla en tierra y con un toreo de mucha exposición. Lo dio
todo pero tenía delante otro manso, como toda la corrida, en esta ocasión
acobardado que se llegó a echar antes de que Pepín le refrendara la
estocada.
El País.
JOAQUIN VIDAL. La típica mansada
La corrida de Dolores Aguirre, que cerraba la feria bilbaína, fue la
típica mansada. Se esperaba con cierta curiosidad pues la ganadera
Dolores Aguirre aún conserva el crédito lejano de unos toros
encastados y duros de pezuña que provocaron el interés de los
aficionados. Claro que de eso hace tiempo. Ya ha llovido, como dice el
poeta. Y lo que ahora saca suele estar amansado e incluso descastado.
La mansada de Dolores Aguirre, pues, tal cual se las gasta de unos años
a esta parte, era de esperar. Salieron sus toros presentables aunque sin
especial trapío ni signo físico característico alguno, flojearon en
los primeros tercios, la mayoría también se pegó batacazos en el último,
a todos les faltó bravura, les sobró asimismo mansedumbre, y hubo
ejemplares que exhibieron un descastamiento espeso a tono con la
climatología.
Acaso una cosa trajera la otra, quién sabe. El tiempo que hizo el
domingo en Bilbao, con calor agobiante y turbadora humedad, traía
desequilibrios psíquicos, fatigas corporales, pocas ganas de embestir.
Si a los humanos les pasaba (dicho sea con perdón y sin ánimo de señalar
a nadie) a los bovinos es de suponer que les ocurriría otro tanto.
De la influencia climática en la patología del toro de lidia se ha
escrito mucho, si bien no está demostrado el fundamento científico de
la teoría resultante. Supuestos expertos exponen unas casuísticas
descabelladas porque, al final, se da uno cuenta de que atribuyen al
toro de lidia las inquietudes y los comportamientos propios de la
persona humana. Y tampoco es eso.
Así -por ejemplo- argumentan que el toro, igual que el hombre, ha de
hacer gimnasia para que aguante la lidia. Y añaden que la lidia le
produce estrés. Y, francamente: uno que ha visto todo tipo de animales
de la creación en sus propias salsas (o sea, tumbados a la bartola), y
que nunca conoció ninguno que se ponga a cavilar sobre la azarosa
sinrazón del destino (que es por donde sale el estrés), no se lo cree.
Frecuentemente lo que les sucede a estos toros que llaman estresados
y faltos de aeróbic, es que su ganadero (o ganadera) lo que quiere es
que se los toreen las figuras. Y, a tal efecto, cambia las vacas y el
semental, monta un cirio para endulzar el temperamento de las reses
resultantes de las cruzas, se le va la mano, y acaba inventando la antítesis
del toro bravo.
La mansedumbre de los toros de Dolores Aguirre, en colaboración con
los espadas de la terna y al amparo de la pesadez climática, convirtió
la última corrida de feria en un aburrimiento mortal. Por supuesto que
los tres diestros se aplicaron concienzudamente a pegar pases, de cuya
abundosa producción seriada unos colaban, otros no.
Al hilo de la enternecedora docilidad del primer toro, Manuel
Caballero consiguió pegar los pases con facilidad, lo que de poco le
vale una oreja, mientras al pelmazo cuarto se los aplicó sin temple ni
reposo. Pepín Liria muleteó voluntarioso, aunque sin poder lucirse con
los borregos que le correspondieron. Y Víctor Puerto, que tiene oficio,
posee una habilidad populista de largo alcance y sabe latín, desarrolló
sendas faenas abocadas al parón y al tremendismo que le sirvieron para
meterse al público en el bolsillo del chaleco y rebañar una oreja.
Y eso dio de sí la última corrida de la Feria de Bilbao. No menos
que las restantes pues la feria entera estuvo a tono con la realidad de
la fiesta, y no se pueden pedir peras al olmo. Señores: esto es lo que
hay.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Víctor
Puerto corta una oreja de agravio para Manuel Caballero
El palco concedió a Víctor Puerto
una oreja de agravio para Manuel Caballero. Porque a Caballero se la habían
solicitado con una mayoría exacta de pañuelos, por una faena templada
y serena, tras una estocada en lo alto, matizada por un descabello. Pero
el presidente, incomprensiblemente, se cerró en banda. Cinco toros más
tarde, asomaba el pañuelo para otorgarle a Puerto el trofeo después de
un bajonazo. No se entiende usted ni consigo mismo, don Matías. Así,
ni hay ni habrá seriedad para Bilbao.
Se fue la Semana Grande. Se fue con más sombras que luces y con una
corrida mansa y pacífica de Dolores Aguirre. Mansa y manejable, muy
baja de casta, por decirlo sin hacer sangre. En cuanto los toros veían
un resquicio buscaban las tablas, aunque cuando se les ponía la muleta
obedecían sin maldad. Ocurrió con el muy astigordo sobrero que
reemplazó al devuelto y enclenque primero. Corretón y suelto en los
tercios previos, Manuel Caballero lo fijó en la muleta y en los medios
y enceló su bondad con suma templanza en varias series notables sobre
la mano derecha. Al natural el tono descendió, para recuperar fuerza en
los circulares finales, interminables y barrocos en los ochos que
formaban. Espadazo cabal y descabello, y el usía que desdeñó la
petición incuestionable de los tendidos. El diestro de Albacete, con
justificado enfado, ni siquiera paseó el anillo.
Después, el cuarto no rompió en nada, y Caballero se mostró técnico,
queriendo hacer las cosas por bajo, en una labor sorda que no llegó a
despegar y que empañó con el acero.
Víctor Puerto logró la mencionada oreja. Anduvo resuelto sobre la
mano derecha a favor de querencia, cerca de la barrera, después de un
comienzo por alto en el que el toro iba y venía a su aire. Tras cada
muletazo, el doloresaguirre hacía por salir de naja, y si repetía era
por el empeño del manchego en dejarle el engaño en la cara. La ligazón
de los últimos compases y la solución airosa de sacarse un viaje por
la espalda elevaron la temperatura, que tocó techo con una estocada muy
caída, algo que al respetable le trajo tan al pairo como al palco.
La faena al tercero había sido larga. Hasta tal punto que sonó un
aviso sin haber entrado a matar. Arrancó en un extremo del redondel y
concluyó en el opuesto, donde se desarrolló la mayor parte de la obra.
Era el mejor terreno para evitar los ataques del viento y para encelar
al astado, que, por cierto, blandeó con reiteración. Marró con los
aceros.
A portagayola se jugó el tipo Pepín Liria. El bruto derribó en un
arreón en el segundo encuentro con el peto, y después trotaba suelto.
Embestía con mayor claridad a derechas, por donde el murciano obtuvo
los momentos más positivos. Aguantó algún parón con la franela en la
zurda y mató con contundencia.
El quinto cobró lo suyo en el caballo y alcanzó la faena medio
muerto y casi rajado, con más ganas de echarse que de embestir. Tras
mucho recular, al final, tras un pinchazo, dijo basta y hasta siempre a
la vida.
Diario de Sevilla.
LUIS
NIETO.
Cierre plúmbeo y cansino
El broche en el Bocho fue lamentable. Cierre plúmbeo
y cansino, con una solitaria oreja in extremis para Víctor Puerto.
Cerrojazo de la feria bilbaína en el que el presidente se mostró
sumamente caprichoso. Le escamoteó una oreja a Caballero y echó para
atrás al primero, blando como toda la corrida de Dolores Aguirre. O
sea: o devuelve a todo el encierro o no la pague con uno de los astados,
señor presidente.
En el espectáculo, de escasísima tensión, defraudaron, en parte,
los doloresaguirre. Corrida mansa, sin codicia. Corrida deslucida, en la
que ni siquiera afloró la dureza habitual de este hierro. Pero en el
encierro destacaron dos toros de gran nobleza -primero y sexto-.
En sustitución del primero salió un sobrero del mismo hierro,
Clavellino, un carretón al que Caballero realizó una faena a más,
abusando de muleta retrasada. Sin llegar a la altura que requería el
toro, tuvo momentos brillantes aislados, fundamentalmente andándole al
final, con torería, en pases inspirados y en unos circulares por
delante y también invertidos. La coronó con una gran estocada y el público
pidió mayoritariamente la oreja, denegada incomprensiblemente. El
diestro, enfadado, no quiso ni dar la vuelta al ruedo.
Ante el cuarto, largo, huidizo en varas, el manchego cumplió con
oficio, aunque mató muy mal. Se impuso al genio del toro, que desarrolló
sentido.
Liria aguantó muchas miradas del probón segundo, al que había
recibido con una larga cambiada de rodillas, a portagayola. Faena de
valiente, con tandas breves por ambos pitones, que rubricó con una
notable estocada.
El de Cehegín volvió nuevamente a entregarse en el otro; lo que no
hizo el toro. Comenzó su faena en las rayas, rodillas en tierra. Y en
ese terreno, labor tenaz que acabó en arrimón a un manso que embestía
a regañadientes y se echó tras un pinchazo.
Víctor Puerto se pasó en metraje en una labor aseada al tercero,
con dos fases: en los medios y una segunda junto a tablas. En la
primera, un par de series notables. En la segunda, toreó para la galería,
con pases por alto y mirando al tendido.
En el cierre, Puerto levantó los ánimos de los espectadores y cortó
la única oreja del festejo. Lo hizo aprovechando las embestidas nobles
del manso, el de mayor peso -616 kilos-, aunque con caja para ello. El
diestro jugó con las querencias para sacar partido por ambos pitones,
en una faena medida, en la que intercaló variedad, como la regiomontana,
y supo tocar los resortes del respetable, que pidió mayoritariamente la
oreja, pese a la estocada baja .
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