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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO

Tarde del jueves, 23 de agosto de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

El Juli. Foto de Diario de Sevilla

Ganadería Toros de Torrealta, desiguales de presentación y de pobre juego.

Diestros

Entrada: lleno de no hay billetes.

Incidencias: El Juli fue atendido en la enfermería de una herida contusa con desgarro del labio superior en su línea media que afecta en todo su espesor siguiendo un trayecto ascendente hasta llegar al suelo nasal izquierdo desgarrando su músculo. También tiene otra herida de cuatro centímetros en la zona nasal izquierda. Fue atendido bajo anestesia general y se le ha practicado una reconstrucción por planos y se le ha trasladado al Hospital de Cruces donde será atendido por especialistas en cirugía facial

Crónicas de la prensa: PortalTaurinoEl País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla


PortalTaurino. EMILIO TRIGOEl Juli, épico, histórico

En tardes como la de ayer no se puede andar con rodeos y hay que ir al grano. Se debe coger al toro por los cuernos y lidiarlo cuanto antes, para que no te suenen los avisos si te pasas de faena. Dicho y hecho.

La verdad señores es que para qué nos vamos andar con tonterías y mareando la perdiz. Lo del Juli es algo que no puede expresarse, este “TIO” no parece de este mundo. Es así. A algunos les cuesta reconocerlo, o sea de ese tipo de aficionado que se permite la osadía de decir : A mi, El Juli, no me termina de llegar ,no me llega del todo. ¿Entonces qué te llena? ¿El torero que torea fuera de cacho, el que no se llena de sangre, el que torea de mentira, el que sólo compone la figurita...?

Respetamos todo tipo de gustos, de hecho, sobre gustos no hay nada escrito, según dice nuestro refranero español. Pero una cosa es el gusto y otra, no ser aficionado. Sí, sí, no ser aficionado y presumir de ello. ¿Cómo no va ha llenar El Juli, si todo lo que hace es de verdad? ¿O no es verdad, que se podía haber quitado de Bilbao? Sobre todo con la cornada sin cicatrizar y con los puntos en la pierna, que por cierto, se le abrió la herida la tarde anterior con los Victorinos. Que nadie piense, que se defiende desde aquí al joven matador, solamente, nos rendimos a la evidencia. Sin más.

Y ésta no es otra que lo realizado por El Juli en la tarde de ayer en Vista Alegre. Épico, histórico en la faena al quinto, con una labor vibrante en sus inicios ante un encastado y difícil toro de Torrealta. El astado embestía con violencia e incertidumbre y él siguió jugándosela de verdad, sin trampas por ambos lados, metiendo al toro en la canasta. Derrotó en seco el de Torrealta y alcanzó el rostro, rompiéndolo en dos desde el labio hasta la nariz. Espeluznante ver la cara de Julián, que manaba abundante sangre. No se miró, ni fue al burladero a que le socorrieran, siguió toreando con gran hemorragia y hasta se puso de rodillas para abrochar alguna serie de calidad. Estoconazo y dos orejas a sus manos. Siete años sin abrirse la Puerta Grande de este coso. En el segundo de la tarde, nada pudo hacer ante un marmolillo inválido que no podía con su cuerpo. 

Por su parte Enrique Ponce, estuvo muy dispuesto en sus dos toros. Al que abrió plaza le ligó series de templada maestría, pero el astado se vino a menos. Al feo cuarto, lo llevó siempre con suavidad por ambos pitones,  le dio tiempo para que se recuperara y cogiera aire. Buen tono en general con su faena y estocada que vale un apéndice.

Otro paseó en sus manos Javier Castaño, tras pegarse un gran arrimón  y apuntarse así al triunfo. El tercero el toro más voluminoso de lo que llevamos de feria con 679 kilos, pedía guerra con sus oleadas de violencia al embestir. Castaño no acertó a darle la distancia necesaria y se empeñó en torear en cercanías, estando a punto de un serio percance, con tantas indicaciones desde el burladero.

La Feria estaba dormida y en dos tardes el Juli la desvela, haciendo historia como en tantas tardes. Por cierto, con televisión incluida...


El País. JOAQUIN VIDAL. Emotivo Juli

La faena de El Juli al quinto toro fue de una enorme emotividad. Uno de los derrotes que le tiró el animal le había partido el labio y ensangrentado, sin acusar para nada el pitonazo -que debió de ser dolorosísimo-, siguió toreando y arrimándose. Más que antes del percance toreó y se arrimó El Juli, cuyo pundonor es de los que causan asombro y ponen los pelos de punta.

La condición del toro nada tenía que ver con la del resto de la corrida, que se enmarcaba en lo que no sería descabellado calificar de fraude. Corrida fraudulenta era aquello, efectivamente, con unos toros que se caían con sólo mirarlos; con unos toros de bucólica docilidad; con unos toros tan parados y crepusculares que parecían drogados.

De esa surrealista naturaleza (antinatural naturaleza convertida en paradoja) salieron los cuatro primeros toros, y los diestros les hicieron las cucamonas y los estrafalarios alardes habituales en estos casos. No Javier Castaño, pues el presidente, sin que nadie se lo hubiera pedido, devolvió al corral por inválido su primer toro, que hacía el tercero. Y lo sustituyó un sobrero de trapío y romana, mansedumbre declarada e intemperante bronquedad. Es decir, todo un regalo.

El regalo era para el diestro modesto de la terna. Una casualidad que se da mucho en la tauromaquia, principalmente si los presidentes de las corridas son como el de la plaza de Bilbao.

El presidente de la plaza de Bilbao da la sensación de que preside aplicando el reglamento del embudo. Y así una oreja no la concede mientras se apresura a dar otra con menor petición (eso ocurrió el día anterior); o el toro inválido que le sale al modesto lo manda al corral en tanto toros más inválidos que les echan a las figuras influyentes no los devuelve. Y se queda tan ancho.

Los inválidos de Enrique Ponce y El Juli propiciaron faenas de pega. Las de Ponce, superficiales e interminables, tal cual acostumbra este torero, que últimamente acentúa la prosopopeya de sus acciones como queriendo dotarlas de una solemnidad magistral. Y según es habitual en su currículo, acaba oyendo avisos, por supuesto enviados con gran retraso. Cortó la oreja del cuarto borrego, tuvo petición en el primero y aviso en los dos.

El Juli capoteó vulgar, banderilleó sin brillantez e intentó una faena imposible al inútil toro segundo, que se desplomaba constantemente. Tras matarlo se le dedicó un respetuoso silencio. Las espadas quedaron en alto y el desquite vendría después.

A Javier Castaño le soltaron el toro de la corrida: un sobrero de Domingo Hernández que se comportó como los verdaderos toros de lidia y estuvo a punto de jugarle un disgusto. Castaño lo trasteó desvelando la parvedad de sus recursos pero con sobrada valentía, sufrió numerosos achuchones, se llevó una violenta voltereta, recurrió a los rodillazos y acabó dignamente con la peligrosa res. Al sexto toro, que desarrolló nobleza, le hizo una faena sin relieve alguno por derechazos y cuando ya empezaba a aburrirse el personal recurrió al tremendismo, a los péndulos temerarios, a los circulares de espaldas para buscar el éxito que se le resistía ensayando un toreo serio para el que quizá no haya sido dotado. Y lo consiguió.

La plaza, de todos modos, estaba alborotada, aún bajo la impresión de la valentía y de la pundonorosa entrega de El Juli en el toro anterior, al que hizo un quite por faroles, lo banderilleó poniendo entusiasmo en las reuniones y le echó el resto en la faena de muleta.

El Juli plantó cara al bien armado toro de Torrealta asumiendo los riesgos propios de su aspereza, que se traducía en continuos e inquietantes derrotes, uno de los cuales le alcanzó en la boca de forma escalofriante. Pese al terrible golpe, ni se tocó ni se hizo mirar. Y siguió arrimándose en emotivas tandas de derechazos bravamente rematadas mediante los pases de pecho y los cambios de mano, que pusieron al público en pie.

Dominado el toro, El Juli lo mató por el hoyo de las agujas a volapié neto. Le fueron concedidas las dos orejas y, tras mostrarlas desde el tercio, pasó a la enfermería, con el labio partido, la cara ensangrentada, el paso firme, el honor en lo alto. No cabía duda: ahí iba un torero.


El Mundo. JAVIER VILLAN. Cara partida, puerta grande cerrada

El Juli consiguió ayer lo que venía persiguiendo: abrir la puerta grande de una plaza de primera en Euskadi. Sólo que tuvo que salir por la enfermería en vez de a hombros. O sea que un respeto imponente para El Juli. Javier Castaño protagonizó ayer una gesta que a efectos de triunfo emborronó con la espada: un sablazo que hacía guardia y dejó al montaraz sobrero entero para un problemático descabello. Y Enrique Ponce firmó una tarde seria, incluidos los arrimones finales ante dos toros perplejos que saben de la afición de Ponce por las distancias largas.

La oreja, de peso; y en un tono de reposado claroscuro, sin gestualidades ni alardes, sobre todo por la izquierda en el cuarto. De haber redondeado más esta faena y dado como estaba la plaza, puede que le hubieran dado las dos orejas. La faena del primero había sido también seria, aunque deslucida por las continuas genuflexiones del toro, que no eran genuflexiones de piedad y oratorio, sino de artrosis claudicante. Como de costumbre, le llegaron sendos avisos. Es un misterio esto de los avisos de Ponce, que no le llegan por demorarse en la estocada, habitualmente eficaz. Debe de ser que Ponce los colecciona para su museo particular. Los tiene para todos los gustos y en todos los grados de pesadez.

A Julián López, El Juli, un toro le partió la boca y Matías González, definitivamente descalificado para presidir una plaza de primera, le dio las dos orejas. El Juli no tiene la culpa; si por salir físicamente disminuido y dejarse partir la cara en el ruedo le dan dos orejas, no las va a rechazar. La culpa, en todo caso, será de la plaza y del presidente inepto que la preside. A Matías González, que parecía serio e independiente, le han metido en cintura. Tampoco es para tanto. Es el presidente que necesita una plaza cuyo grado de exigencia ha descendido al nivel de una plaza de talanqueras. Así las cosas, decir que la oreja de Ponce y la oreja de Castaño tienen tanto peso como las dos orejas de El Juli, acaso sea sacrilegio. O temeridad. Quizá El Juli lo entienda, pues conocida es su generosidad con los compas.

Silogismo: figuras son las que arrasan, El Juli está arrasando, luego El Juli es una figura; de cajón. Las figuras sacuden los cimientos de la fiesta. Y, de paso, gozan de ciertos privilegios. Dicen los propagandistas que, de la onda expansiva de una figura, se benefician todos los demás. Eso no es del todo cierto. Una figura se hace por la materia prima que la sustenta, por supuesto. Y también a costa de empequeñecer a los otros. De no estar ayer en la plaza El Juli, ¿se hubieran valorado igual las faenas de Ponce y de Castaño?

Los 600 kilos del colorao de Paloma Eulate eran más de media tonelada de escombros. Y el presidente lo mantuvo en el ruedo. Debió de considerar un agravio echarle a El Juli, disminuido y con la herida aún fresca, el sobrero de Domingo Hernández que, en cambio, le echó a Javier Castaño. El palco debió de cavilar que Castaño está en plenitud de facultades y le largó un terrorífico sobrero que disparaba contra todo lo que se movía. Castaño salvó la cabeza, literalmente, pues los derrotes le apuntaban a la yugular. Salvó el honor torero y la dignidad humana. Y aún tuvo tiempo de sacar dos tandas de naturales, cuatro pases de pecho encadenados y algunos molinetes de rodillas. En estado de nebulosa flotación, Castaño perdió la cara al morlaco y se llevó un revolcón. De casta y garra el arrimón en el sexto. Y la estocada, fulminante.

La respuesta de El Juli al éxito de Enrique Ponce fue contundente y visceral: coraje y orgullo, garra y casta a raudales. Tras un palotazo en la barbilla que lo dejó como un Ecce Hommo, tanda y media de derecha a toma y daca. Tuvo que cortar faena por el percance. Y un estoconazo ladeado estalló en Vista Alegre como un cañonazo. Y el primer juligan del mundo, don Matías González, se quedó traspuesto y con dos pañuelos al borde del éxtasis. Pese a todo, El Juli me causa un respeto imponente.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  El Juli se alió con el éxito y el dolor

El Juli acababa de levantarse de la cama para torear -y con éxito- los victorinos en Bilbao. Al día siguiente de la hazaña consigue las dos orejas de un complicado toro de Torrealta, en el que todo lo hizo él. Puso el afán, la disposición, el valor, la entrega y la sapiencia de niño precoz pero que ya está maduro. No se había podido lucir -nada más que en banderillas- en el primero de su lote. Inadvertido -cosa rara- con el percal y simplemente afanoso con la muleta, ante un rival muy parado con el que no cabía otra cosa que la machaconería.

Pero, El Juli no tolera que nadie vaya por delante de él. Enrique Ponce acababa de cortar una oreja, seguramente por la labor en conjunto de su tarde. El Juli se lució con el percal, con unos brillantes faroles contestados con unas navarras por el leonés Javier Castaño. En la faena de muleta tuvo que juntar el mando con el temple, las agallas con el dominio, el saber reducir a la res para llevarla donde quería y así lograr muletazos sometidos y de gran recorrido, sobre todo, a raíz de la herida sufrida en un labio en el transcurso de su quehacer. Ahí sacó a relucir su casta y llegaron los momentos más emotivos. Como remató de una certerísima estocada, la presidencia no dudó en otorgar esas dos orejas, tan difíciles en Bilbao. Va a ser complicado que se le apee del primer puesto.

Enrique Ponce se lució con el capote en el toro de la apertura de la corrida. Buenas verónicas replicadas por unas chicuelinas del Juli. Con la muleta toreó bien sobre la derecha. No se acopló con la zurda porque su rival empezó a pararse. De todas maneras -y a base de lucha- logró una buena tanda con la izquierda, a pesar de que su enemigo se quedaba muchas veces a mitad del pase. Otro nuevo buen toreo diestro y el colofón de unos circulares dieron paso a una estocada de la que el toro tardó en caer, por ese afán de los matadores actuales de que la muerte de los bovinos sobrevenga de una manera natural y no intentan ni nuevos envites ni tampoco el descabello. Se le pidió a Ponce la oreja, con casi mayoría, y, el presidente no la concedió.

Pero sí la logró en el cuarto por una labor, quizá de mejor tono pero con menos ligazón. Mimó a su antagonista, que no tenía mucha fuerza; lo supo mantener,  a base de coraje y, aunque sacó muletazos totalmente rematados y estilistas con ambas manos, predominó el unipase. Llegó el aviso justo cuando iba a caer el toro, esta vez sin demora. Y por eso llegó el galardón que puede premiar la tarde conjunta.

El tercero de la tarde no tenía ninguna fuerza. Fue suplido por un reserva de Domingo Hernández, que derribó con estrépito al picador de turno. Javier Castaño volvió a demostrar que estaba un punto en agraz. No podemos negar su valentía, ni las tres veces que fue cogido o estuvo a punto de serlo. Logró algunos muletazos conseguidos para recurrir, al final, a los caminos efectistas. La estocada vistió de guardia al morlaco. En el sexto volvió a estar valiente, con un toreo de cercanías mucho más sereno y, como mató a la primera, llegó la oreja.

Parte facultativo: «El Juli» fue intervenido de «herida contusa con desagarro de labio superior en su línea media, que afecta en todo su espesor, siguiendo un trayecto ascendente y afectando al suelo nasal izquierdo, con desgarro de la misma. Asimismo presenta otra herida de cuatro centímetros en zona mas distal de la apófisis nasal. Se realiza reconstrucción por planos superior y fosa nasal izquierda, de pronóstico reservado». Tras esta intervención, el torero fue trasladado al Hospital de Cruces para ser sometido a cirugía estética


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. El Juli se mantiene en el ruedo tras una espeluznante cornada en la boca

Poco o nada le queda por demostrar a Julián López El Juli en un ruedo. Al menos, en valor, sangre fría, coraje y vergüenza torera. Ayer se mantuvo en el ruedo tras una cornada espeluznante en la boca. El quinto toro, imponente, le lanzó un certero pitonazo a la cara cuando toreaba al natural. El torero ni se miró. Pero su labio, su boca, comenzaron a manar abundantemente sangre. El Juli se retiró unos pasos. Se echó la muleta a la diestra y continuó bordando el toreo, de manera vibrante, como lo había hecho anteriormente. A medida que se fajaba y se lo pasaba junto a la taleguilla su cara se fue deformando, hinchando. La sangre le envolvía la cara. Cuadró al toro, se perfiló y se tiró como si en ello le fuese la vida. Mató de un estoconazo en lo alto. La plaza de Vista Alegre, estremecida, pasó de un silencio sepulcral a una ovación inconmensurable. Una oreja, las dos. El Juli, con sangre fría, recibió las dos orejas. Se fue a los medios y las agarró con fuerza, tras una gesta impresionante.

Con anterioridad había lanceado bien a la verónica y se había lucido en un quite por faroles. En banderillas prendió un par sobresaliente, el tercero, asomándose al balcón. Y la faena, en los medios, a media distancia, tuvo un altísimo nivel cuando manejó la diestra.

Con el voluminoso segundo, El Juli no tuvo opción. El animal, noble, no podía con el rabo. El Juli, fácil en banderillas, se lució en el tercer par por los adentros. Luego, la sequía. El torero insistiendo en vano sin que aquella mole inválida se moviera.

Ponce realizó una faena extensa, con destreza, pero sin ebullición al primero, debido a su flojedad. Tras brindar al cantante José Manuel Soto, se plantó en las afueras. Allí, pulcra labor con ambas manos, en lo que lo más valioso fueron un par de naturales profundos. El toro tuvo tanta calidad como flojedad.

De nuevo se repitió una labor enfermeril, larguísima, con el cuarto, otro inválido con bondad, especialmente por el izquierdo. El valenciano toreó bien a la verónica. Con la franela, suavidad, media altura, pausas. Algunos muletazos, lentos, por ambos pitones, con su clase habitual. Pero faltó emoción y vibración por el endeble material. Pese a ello, fue premiado con una oreja.

Al tercero, inválido, lo reemplazó un pavo de Domingo Hernández, de… ¡679 kilos!, corraleado. El picador Juan Luis Rivas pasó las de Caín, pero pudo salvar la cabalgadura en el larguísimo primer puyazo; luego, el toro, cantó la gallina. Javier Castaño se empeñó en torear al animal en cercanías, donde suele desenvolverse, y el animal no lo permitió. La faena se convirtió en una pelea en la que el diestro recibió un serio hachazo por el pitón derecho y una tremenda paliza cuando, al salir de espaldas en un desplante, el astado le alcanzó, le lanzó por los aires y le llegó a pisar. No acertó en la suerte suprema.

Con el bravo sexto, de mucha cara, Javier Castaño volvió a confeccionar una faena en las cercanías. En esta ocasión sí se impuso al toro. Se la jugó entre los pitones y arrolló en una labor vibrante, de gran calado emocional, con el respetable en pleno delirio. Mató de eficaz estocada y ganó una oreja.

La corrida de Torrealta fue dispareja en presentación, con casi un centenar de kilos de diferencia entre el primer, de 515, y el último, de 608, y estuvo marcada por su invalidez.

La terna, por contra, alcanzó nota. Ponce, con suficiencia, Castaño, con hambre de triunfo y El Juli, en gesta de héroe. El madrileño ganó las dos orejas a sangre y fuego de un mismo toro, un hito, un hecho que no sucedía desde hacía siete años en el coso de Vista Alegre. No pudo salir a hombros porque pasó a la enfermería, donde le cosieron, literalmente, los destrozos de su boca. Aunque a este torero no hay cornada que le silencie en el ruedo.

 

 

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