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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO
Tarde del lunes, 20 de agosto de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Zalduendo,
discretos
de presencia, inválidos, aborregados y zopencos.
Diestros:
-
Jesulín
de Ubrique, media
estocada caída (ovación y salida al tercio); dos pinchazos -aviso-
y media (silencio).
-
Finito de
Córdoba, estocada
trasera (oreja); estocada trasera (pitos).
-
Rafael de
Julia, :
estocada corta baja y dos descabellos (vuelta); dos pinchazos -aviso-,
dos pinchazos más y estocada (aplausos).
Entrada: cerca del lleno.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino, El País, El Mundo, ABC
PortalTaurino.
EMILIO TRIGO. De
despedida a debutante
Cambios
de última hora sufrió esta corrida en la confección del cartel
anunciador. Los Choperas habían programado una cosa y fue otra
distinta. Como dice el refrán: el hombre propone y Dios dispone. A
pesar de esas alteraciones creó gran expectación esta tercera de abono
y convocó a muchos aficionados en el coso de Vista Alegre. Nos queda la
duda de que si Espartaco hubiera estado presente en el cartel, por
aquello de la despedida la plaza, quizás se hubiese llenado en su
totalidad. Eso no lo sabremos nunca, pero lo que sí percibimos sin
tener que plantearnos ningún interrogante, es que el sustituto del
maestro de Espartinas dejó una gratísima impresión en su debut en
Bilbao. Rafael de Julia, estuvo muy tranquilo y haciendo las cosas muy
despacito toda la tarde, imprimió su personalidad y confirmó que sus
triunfos en ferias como la de Madrid y Valencia, en julio, no son fruto
de la casualidad. Por otra parte, hay que decir que acertó la empresa a
elegir a De Julia, al que no asustó la responsabilidad ni el volumen
del toro que sale en Bilbao. A su primero,
que brindó al publico, le instrumentó una faena por el lado
diestro con personalidad, a pesar de ser éste el pitón más complicado
del de Zalduendo. Variado en recursos y con poco viaje, el astado superó
con buen talante este primer examen. En su segundo, el último de la
corrida y el más serio de pitones, realizó una labor muleteril con
parsimonia, en la que destacaron los buenos naturales a pies juntos que
cerraron la faena. El madrileño que gozó del cariño del respetable
toda la tarde, vio como se le escapaba la oreja por el nefasto manejo de
la espada.
La
suerte suprema a la que nos referimos, le quitó a Rafael el triunfo y
sin embargo no le jugó una mala pasada a Finito, que este año le ha
encontrado el sitio. Juan recetó una buena estocada al segundo de la
tarde, después de realizar una buena faena de hondura y profundidad al
natural. Todo este bello marco, lo regó el cordobés con temple y
grandes pases de pecho, que al final le valieron la única oreja de la
tarde. En ell que hizo quinto, cogió por la calle del medio, lo tanteó
y se fue por la espada, algo que no gustó mucho al público que lo pitó
con fuerza, pero el torito era un auténtico regalo de malas ideas.
Por su parte el diestro que encabezaba el cartel Jesulin, no tubo suerte
con el lote que se llevó. En el que abrió plaza, estuvo firme y con disposición en una faena de más a menos.
Mediada su labor el toro empezó a medir y rompió a guasa, aunque con
el temple que tiene este diestro, pareció otra cosa e incluso se pidió
la música para su labor. En el cuarto, un sobrero de buena condición,
poco pudo hacer por la sosería del animal que acusó mucho la romana y
se apagó poco a poco.
El País.
JOAQUIN VIDAL. Lo más opuesto al toro de
lidia
Sacaron en la plaza de Bilbao, que goza fama de torista, lo más
opuesto al verdadero toro de lidia. Tiene bemoles el asunto.
Cualquier otra especie del reino animal, incluida la gallina, habría
estado más próxima a lo que debe ser el toro de lidia.
Entiéndase: a una gallina, con mayor motivo un perro, un gato, una
mosca, se pone alguien a pegarles derechazos y llega un momento en que
se cabrean.
Los presuntos toros de Zalduendo, en cambio, que soltaron en la
torista plaza de Bilbao, ni se cabreaban ni nada. Antes al contrario,
después de haberse pegado unas cuantas costaladas se resignaban a que
el coletudo de turno les pegara los derechazos, aguantaban sandios lo
que les echaran, les metían la estocada casi sin enterarse y morían
igual de lilas que habían vivido.
El toro de lidia -ya se sabe- es otra vaina, le alienta distinto
conformar, que se caracteriza, precisamente, por no conformarse con
nada, reaccionar en plan bronca a los derechazos y, a la agresión,
tirando una cornada a la ingle.
Luego es oportuno preguntarse qué raro sucedáneo del toro de lidia
soltaron en el torista coso de Bilbao; quién dio el cambiazo y con qué
autorización, si los responsables han sido puestos a disposición de la
autoridad judicial. Y, sobre todo: que devuelvan a la afición el dinero
del boleto.
Sería lo menos. Porque como consecuencia de que no había toros
verdaderos en el redondel aquello fue un aburrimiento insoportable, una
especie de tortura, un castigo divino.
Mucha gente no se durmió porque otra mucha no paraba de aplaudir. En
la plaza de Bilbao suceden estas cosas extrañas: la llaman torista y lo
que sale en lugar de toros son borregos; una vez los borregos en el
redondel, parte del público se pone a aplaudir.
Si alguien preguntara qué aplaude, sería sencilla la contestación:
todo. Gran parte del público de la torista plaza de Bilbao aplaude
cuanto se mueva. Aplaude hasta las caídas de los toros. Rafael de Julia
dio un pase de pecho mientras el toro se desplomaba a sus pies y el público
rompió en una ovación que no terminó hasta que el toro consiguió
incorporarse tras denodados esfuerzos.
No se trató de un caso único. Se ha mencionado a título de
ejemplo. Los toros trastabillaban nada más saltar a la arena. A los
primeros lances ya estaban perdiendo pata o cayéndose de culo. Durante
el tercio de varas rendían abatidos por su congénito mal, de confuso
origen. Tomaban las muletas con docilidad manifiesta hasta que perdían
la codicia; y soportando inanes las tercas porfías de los coletudos,
delataban su condición de zopencos.
Decir del sopor, del hastío, en semejantes condiciones sería
incurrir en redundancia. Y seguramente lo mismo añadir que cuanto
pudieron hacer con esos sucedáneos de toros los toreros carecía de
interés.
Jesulín de Ubrique, toreando fuera de cacho, templó algunas tandas de
derechazos a su primero y a su segundo lo sometió al suplicio del
pegapasismo desconsiderado, extensible al público inocente que no merecía
semejante trato. Finito de Córdoba, igual de fueracacho, alargaba medio
tumbado los derechazos con el pico al borrego vacuo que hizo tercero, y
pues lo mató pronto, le dieron una oreja. Al quinto, igual de estólido,
lo trató Finito cual si fuera pregonao -todas las precauciones eran
pocas, mantazos crispados, presuroso macheteo- y aunque volvió a matar
a la primera, le pitaron. Rafael de Julia interpretó toreo de mayor
consistencia, tuvo la deferencia de entrar a quites y ensayó el natural
con ribetes clásicos; mas la futilidad de su aborregado lote sólo podía
conducir a la indiferencia y al tedio. Y eso pasó. En la torista plaza
de Bilbao
El Mundo. JAVIER
VILLAN. Finito,
sin arrimarse, cortó una oreja
Ni los nombres, aunque sean idénticos, significan igual y una letra
puede cambiar muchos significados. Por ejemplo, una cosa era el Jesulín
que arrebataba a las multitudes y otra es Jesulín, a secas, que no
arrebata a nadie. Una ele, así como suena, puede cambiar muchas cosas.
Incluso está siendo motivo de escándalo y de litigio en la estirpe
histórica de los Domecq.
Aprovecho esta disquisición sobre una letra para aclarar lo que el
marqués de Domecq, don Pedro Domecq Gandarias, quiere que aclaremos los
informadores: que una cosa es el título nobiliario y otra cosa el
hierro de una ganadería. Del primero es titular don Pedro Domecq
Gandarias y del segundo, don Fernando Domecq, que nada tiene que ver,
por otra parte, con el Fernando Domecq propietario de los zalduendo de
ayer. El marqués de Domecq le ha puesto pleito al ganadero por esa ele
de más. Todo claro, ¿no? Pues a lo que íbamos.
Los toros de Zalduendo, como casi todos los que salen en Bilbao, tenían
unas arboladuras de mucho respeto; de remos y de casta andaban bastante
peor y los toreros se afligieron más por la presencia que por la escasa
movilidad y la nobleza cierta de los animales. Algo deben de tener los
toros en puntas que preocupan de esta manera a los toreros. Por ejemplo,
Finito de Córdoba que fue quien cortó una oreja con la piadosa
complicidad de Matías González, el presidente. A Finito de Córdoba
hay que decirle que no se olvide de que polvo somos y en polvo nos
convertiremos. Y que aquellos polvos trajeron estos lodos; y que no hay
polvo que 100 años dure ni cuerpo que lo resista; y que más vale una
corrida que 100 novilladas; y que, para terminar esta letanía, como decía
el buen arcipreste don Juan Ruiz, dos cosas hay por las que el hombre
trabaja en la vida: «La primera es por haber mantenencia y la segunda
cosa es por haber juntamiento con fembra placentera». Yo creo que un
torero, además de por esas dos necesidades vitales, debe trabajar por
torear como Dios manda. A Finito este último mandamiento parece traerle
al fresco, aunque tenga capacidad para torear mejor que cualquiera del
escalafón. Bien por algunos redondos largos, bien por algunos naturales
y por los pases de pecho. Pero es de esperar que, en otros lances de la
vida y dada su fama, Finito de Córdoba tenga un sentido más estricto
de la reunión y del paso al pitón contrario.
Jesulín de Ubrique dicen que va a más. Jesulín venía de triunfar
en Donosti, pero es difícil romper la imagen acuñada a pulso en su
primera y triunfal etapa de pegapases. Que Dios reparta suerte y yo
celebro los propósitos de enmienda y regeneración. Pero a Jesulín le
va a pasar lo mismo que a algunos radiofonistas que manejan actualmente
el cotarro de la ortodoxia. Como dicen los castizos: «¡Anda, coño, si
es el mismo que en viejos tiempos cobraba y repartía el sobre!». Jesulín,
vulgar, intentó al final de la tarde el quite del perdón. Que algunos
se convenzan de que el perdón no es tan fácil de conseguir.
En estas circunstancias de ajustes y reajustes Rafael de Julia, que
venía de invitado de piedra, siguió afirmando una discreta
personalidad que, si no alza demasiado la voz, le va a permitir circular
con cierta comodidad por las ferias. Rafael de Julia no estuvo
brillante, pero dio una lección de honradez y de voluntad. Entiéndase,
ni la honradez ni la voluntad valen demasiado en un mundo de golfos y
arrebatacapas. Aunque sea un buen principio. Rafael de Julia manejó con
solvencia, aunque sin rematar, la izquierda y la derecha. Falló al
matar y tampoco se desgarró dramáticamente. Pero, comparado con las
exquisiteces de Finito y las renovaciones de Jesulín de Ubrique, estuvo
hecho un tío.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Cara y cruz de Finito de Córdoba
Sin que nadie se moleste, nos aburrimos como enanos.
Faltó emoción a la tarde, intensidad, ritmo. Sobre la negra arena de
Bilbao hubo cosas interesantes, aunque contadas. Finito de Córdoba dio
una de cal y una de arena, mostró su cara y su cruz, sin arrebatarse
nunca, ni para bien ni para peor. En sus manos cayó el mejor toro de la
desigual corrida de Zalduendo, y le cortó una oreja. Basó la faena en
la mano derecha, que usó con mando y largura en general. Las series
estuvieron salpicadas por esa calidad que atesora, especialmente cuando
arrastra la muleta hasta detrás de la cadera, quebrada la cintura. Fue
una lástima que después de tres naturales prometedores el toro le
hiciera un extraño. Finito desconfió y ya no regresaría a la
izquierda. Hubiera merecido la pena. Así que continuó por derechazos
en tandas que rubricó con excelentes obligados de pecho.Todo, que ya
está dicho, sin enfadarse apenas. Cobró una estocada para alcanzar el
premio de un trofeo.
Poco claro vio al quinto, que no valía nada. Pero se
retiró de la batalla con una premura que transparentó su falta de
ganas. Tiró por la calle de enmedio sin cambiar el gesto.
Jesulín mantiene su línea de seriedad. Muleteó con
profesionalidad al imponente ejemplar de Zalduendo que abrió plaza.
Entendió con acierto que el pitón más potable era el derecho. Por ahí
sacó partido a un enemigo que no fue de fiar a izquierdas, como quedó
patente en una sola serie. Entre algún zapatillazo que otro, el
espigado matador de Ubrique consiguió meritorios pases, sin chispa pero
con poder, largos aunque sin estética. Estuvo breve con el acero.
Demasiado densa resultó su segunda faena al sobrero que
reemplazó a un inválido y poco presentable hermano del mismo hierro.
Las embestidas apagadas, pesadas por los muchos kilos que portaba en su
anatomía, fueron exprimidas en una labor extensa y átona.
Promete Rafael de Julia corte clásico y sobriedad. Aún
se le nota su escaso rodaje en un cierto agarrotamiento. Será cuestión
de tiempo.Construyó sobre los tercios últimos faenas recias. La
primera se desarrolló en torno a un toro de embestida a media altura y
sin grandes alegrías. Como a lo largo de la tarde, molestó a veces un
viento racheado, precisamente en la única ocasión que cogió la
izquierda. Abrochó con ayudados por alto y paseó el anillo.
El astado que cerró la jornada se apuntó en el lado
bueno de la triste corrida. De nuevo, Rafael de Julia demostró sequedad
castellana bajo un halo adusto que ya irá rompiendo. Se trajo los
viajes diestros con firmeza y no consiguió evitar un ligero pero incómodo
tornillazo al natural que desembocó en enganchones. Otra vez concluyó
por alto, por sanjuaneras ahora. Marró con la espada repetidas veces, y
aún así fue despedido con una sonora ovación.
Entre
la espesura, llamó la atención José Manuel Montoliu con las
banderillas y la mala colocación de los matadores, uno por uno, durante
los tercios de varas.
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