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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO
Tarde del domingo, 20 de agosto del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Guardiola,
discretos de presencia, inválidos, manejables. 5º, sobrero, de José Miguel
Arroyo, terciado, encastado.
Diestros:
-
Uceda Leal, pinchazo
y media (silencio); estocada trasera -aviso- y se echa el toro (ovación y
salida al tercio).
-
El
Califa, estocada trasera, rueda insistente de peones y dos descabellos
(palmas); dos pinchazos -primer aviso-, media, tres descabellos -segundo
aviso- y dos descabellos (silencio).
-
Juan
Bautista, pinchazo y estocada (vuelta); estocada saliendo cogido
(oreja).
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
ABC, El Mundo, El País
El País.
JOAQUÍN VIDAL, Madrid. Justos
de fuerzas
Los Guardiolas salieron justos de fuerzas. Servidor no está de acuerdo con
la expresión, pero es lo que se lleva. "Justos de fuerzas" es frase
recurrente que, como el tres-en-uno, vale para todo. Sacan una corrida inválida,
y diciendo que era "justa de fuerzas" los taurinos y los gacetilleros,
quedan bien con el ganadero, los toreros, la empresa y el sursuncorda, que es de
lo que se trata.
Lo de Bilbao fue justo de fuerzas en el sentido de que no se tenía en pie.
Lo de Bilbao, si se expresa sin ponerle parches a la realidad de la vida,
constituyó una vergüenza, y provocó un aburrimiento supino. Lo de Bilbao, se
repite, y deja pasto de la pérfida Helicobacter pylori a la inocente
afición.
Del fracaso de los toreros echarán ahora la culpa a los toros: resultaban
deslucidos, había que porfiarlos, no transmitían... He aquí otro hallazgo de
los taurinos y los gacetilleros que les siguen el juego: la transmisión. Los
toros -gran síntesis de la ciencia táurica- se dividen en los que transmiten y
los que no transmiten. O sea, unos tienen micrófono y otros van de oyentes. Lo
que no se suele mencionar, sin embargo, es el toreo que los diestros les hacen a
estos toros oyentes. Pues no es lo mismo endilgarlos pases que interpretarlos el
toreo verdadero. Ni El Califa, ni Uceda Leal, ni Juan Bautista intentaron hacer
el toreo verdadero. Ni por casualidad lo intentaron. Vamos, que ni locos.
Para empezar, ninguno de los tres dio ni una verónica. Se dice pronto. La
verónica, base del toreo de capa, lance inexcusable en toda lidia a lo largo de
la historia de la tauromaquia, ni la dieron ni la intentaron. Se hacían
presentes para recibir al toro, le fregoteaban unos apurados trapazos perdiendo
terreno, alguna rara vez acababan fingiendo media verónica o tirando una larga,
y casi siempre dejaban que el toro escapara a su aire, sin rematar ni nada.
Tampoco se crea que el público se lo reprochaba. El público ya se está
acostumbrando a esa nueva fiesta que trajeron hace una década una cuadrilla de
coletudos incompetentes con la ayuda de otra -civil-, cara dura y golfante; y si
no hay verónicas o ninguna de las restantes suertes fundamentales del arte de
torear, le trae sin cuidado. Con las posturas de los pegapases el público
actual se conforma.
Y le conformó la tosquedad, el gusto montaraz, la destemplanza, la falta de
recursos de El Califa, incapaz de hacerles a sendos borregos tullidos faenas de
mediano ajuste y reunión. Pegaba pases malos El Califa y el público bilbaíno
aguantaba pacientemente sin ponerse de los nervios; tiene mérito. Con la espada
estuvo peor el diestro, aunque podría ser consecuencia de una herida que padece
en la mano derecha.
Los compañeros de terna del mencionado coletudo no se crea que rayaron a
mayor altura. Sólo disimularon mejor el pegapasismo, pues utilizan formas
galanas. El fundamento es el mismo, pero dan cierto color y alegría al
derechazo, y hasta puede que los exegetas de la norma sagrada las eleven a la
categoría de arte. Plúmbeo estuvo Uceda Leal con un inválido aborregado de
Guardiola. Mas devuelto el quinto precisamente por su invalidez, le sustituyó
un torillo terciado de José Miguel Arroyo que peleó en dos varas, sacó casta,
desarrolló nobleza, y Uceda Leal pudo darle a su sabor una interminable sesión
de derechazos. Llevaba el hombre nueve minutos de derechazos cuando se echó la
muleta a la izquierda. Claro que no son horas, a los nueve minutos, de salirse
con naturales y los que dio no parecieron quedar bien. Oyó un aviso y la faena,
que debió ser de oreja, se quedó en una cortés ovación debida a la
proverbial cortesía del público bilbaíno.
Las intervenciones de Juan Bautista no remontaban el nivel de aburrimiento
profundo que se traían los tres espadas. Al borrego inválido que hizo tercero
le aplicó faena superficial. Al noble y flojito sexto, un montón de naturales
sin especial relieve. Se volcó al matar, salió del trance cogido y el
dramatismo del percance le valió una oreja. Tan justa de méritos como las
fuerzas de los animalitos de dios que soltaron para escarnio de la fiesta. Pero
le vale para la estadística. Y, además, menos da una piedra.
El Mundo.
JOSÉ MANUEL PERUJO. Madrid. Arde París
Hay mujeres buenas, malas y francesas; por ejemplo, Jean Moreau. Hay películas
buenas, malas y francesas; por ejemplo, Un hombre y una mujer de Claude Lelouch.
Hay corridas buenas, malas y francesas; por ejemplo las que se dan en Bayona. Y
hay toreros buenos, malos y franceses; Nimeño II y Juan Bautista Jelabert, un
suponer.
Quiere decirse, que lo francés, tiene una consideración ni mejor ni peor,
sino diferente.
Ayer en Bilbao, Juan Bautista Jalabert fue un torero francés. Hubiera podido
ser Joaquín Bernadó, porque no admitió una arruga en su terno tabaco y oro en
toda la tarde. Pulcro, demasiado. Adornadito, demasiado. Finito, demasiado.
Asentado y sin emoción en el tercero porque la vida para un francés ni empieza
ni termina, sólo pasa, transcurre y sucede.
Pero en el sexto, Juan Bautista no se acordó de Napoleón, hubiera sido
demasiado, pero sí de Luis Fernández en el brindis. Empezó el precursor, soso
y correcto, humana y políticamente, en muletazos aseados, con el paso atrás.
Pero el toro, noble y blando, le hizo un desaire. Y eso no. Hasta ahí podíamos
llegar. Y luego le largó a chicheros con una estocada de aúpa. Una estocada
arriba. Ardió Vista Alegre. El toro había roto las caras antero internas de la
taleguilla en ambos muslos, y Juan Bautista se miró y remiró, más por la
elegancia heredada del bello Brumel que por otra cosa. Más tarde, dió una
vuelta al ruedo majestuosa, lenta y llena de dramatismo.
Quede claro entonces, alors que lo mejor lo hizo él, y que aquí se acaba la
crónica.
Porque El Califa, estuvo tramposillo, y por debajo del segundo; y guerrero sólo
con la voz con un toro imposible, el cuarto. Porque Uceda Leal, por debajo del
quinto, estuvo ventajista, toreando a la plaza lleno de buena voz y de
desigualdades, aunque lo matara estupendamente arriba, algo atravesado. Y antes
en el segundo anduvo tontorrón, dejándole al toro el mando en plaza.
ABC.
José Luis SUÁREZ GUANES. El
francés Juan Bautista destacó por su entrega, torería y disposición
El francés Juan Bautista ganó la primera oreja de la Feria de Bilbao, en lo
referente a toreros de a pie. Su primer toro, noble, se cayó en los comienzos
de la faena cuando Bautista se empezaba a centrar con él. Anduvo bien al
ejecutar unos derechazos y bastante mejor al torear al natural. Regresó a la
diestra y con ella ejecutó un toreo de muleta tersa y planchada. Aguantó otra
tanda, con la misma mano y, aunque bajó en el último tramo, dio la vuelta al
ruedo con calor, porque había dejado una impresión excelente. Se acopló muy
bien al buen son del sexto. Toreó con temple, calma y buen gusto con la
derecha, y con más profundidad y hondura a la hora de los naturales. Fue a por
todas en la estocada final, en la ejecución de cuya suerte resultó cogido de
forma aparatosísima. Cortó una oreja, ganada a conciencia.
El primer astado de la tarde se le coló a un peón antes de que comenzara el
segundo tercio. Volvió a la misma tendencia —y por tres veces— en la faena
de muleta. El Califa toreó con las dos manos con aguante y echándole siempre
valor. Se le premió su coraje.
Anduvo valiente, de verdad, al veroniquear a su segundo. Con el toro muy
quedado y parado lo pasó por los dos lados y sólo por su persistencia logró
arrancarle algunos de sus personalísimos muletazos. Falló , totalmente, a
espadas.
Uceda Leal fue aplaudido al veroniquear al tercero. Juan Bautista hizo un
vistoso quite, cuando le correspondió. El toro, que empezó algo problemático
llegó a la muleta noble pero flojo. Uceda lo toreó con la derecha con
dignidad, pero abusando de la voz al citar. El astado se fue para arriba y cogió
al de Usera, sin consecuencias, y estuvo a punto de hacerlo dos veces más. Todo
terminó borroso, el quinto volvió a los corrales por su flojera y salió un
sobrero de Joselito con no demasiada fortaleza. Uceda ejecutó algunos pases de
cierto empaque y gusto para terminar con más cantidad que calidad. Colocó una
buena estocada, de la que no cayó el toro. Creo que estuvo por debajo del
material.
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