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Corrida de conmemoración de los 700 años de
la ciudad
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO
Tarde del viernes, 16 de junio de 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de
Zalzuendo
Diestros:
-
Enrique Ponce (tres
pinchazos -aviso- , estocada (ovación); pinchazo, estocada caída (ovación).
-
José
Tomás (aviso antes de empezar a matar, estocada un pelín caída y
atravesada (ovación y petición mayoritaria de oreja); estocada caída -aviso-
(ovación).
-
El Juli (pinchazo
hondo, media estocada, rueda de peones y dos descabellos (silencio); estocada
muy caída (oreja).
Entrada: Casi lleno..
Crónicas de la prensa:
ABC, El País
El País.
17 de junio´2000. JOSE LUIS MERINO. A José Tomás le robaron una oreja
El presidente de la plaza de toros de Bilbao ayer se puso estupendo. No
concedió una oreja a José Tomás en el segundo de la tarde cuando
mayoritariamente el público se la estaba pidiendo.
Cosa parecida ocurrió en el sexto de la tarde, en el sentido en que la
petición era igual de mayoritaria que en el toro de José Tomás y, sin
embargo, para El Juli sí hubo oreja, y para Tomás, no.
Creemos que al presidente le faltó sensibilidad y profundo razonamiento.
Si comparativamente Enrique Ponce se pasó toda la tarde abusando de la mano
derecha, parece increíble que no se diera cuenta el presidente de la plaza de
que José Tomás inició la faena de ese segundo toro con la mano izquierda.
En la segunda tanda el toro le pegó un revolcón que pareció una cogida
fuerte. No pasó nada. Se levantó el torero, empezó a ligar derechazos con
calidad y con temple. Cuando el toro estuvo acorde para torear con la izquierda,
entonces se echó la muleta a esa mano y lo toreó requetebién, muy cerca, con
naturales en el centro del anillo, aunque a algunos de esos naturales les
faltara tal vez un punto de perfección; sin embargo, la ejecución poseía una
verdad y un pasarse el toro por la faja que impresionaba.
El público se entregó y rompió a aplaudir enfervorizado. Tras la estocada,
un pelín caída y atravesada, el respetable pidió esa oreja mayoritaria que el
presidente le robó.
En su segundo toro, el toreo de José Tomás no tuvo la entereza que desplegó
en el primero. No ligó demasiado, aunque templó y en algunos momentos realizó
unos naturales con cierta calidad, pero no estaba en la tensión emocional que
le vimos en su toro anterior, ese toro en el que el presidente, hay que volver a
decirlo, no supo estar a la altura de las circunstancias.
La tarde tuvo ese punto de inflexión. Casi todo el mundo coincidía en que
fue una injusticia no darle ese trofeo al torero.
Si el presidente hubiera estado del todo estupendo, tenía que haber devuelto
casi la corrida entera, por falta de fuerza, por su impresentabilidad en cuanto
a la fuerza que debe tener un toro de lidia.
Enrique Ponce, también como se ha dicho, se pasó buena parte de la tarde
toreando con la mano derecha, sin ligar un solo pase. Cuando toreaba con la
izquierda volvió a ejecutar los pases sin ligar nada, no ligó un pase en toda
la tarde.
Cierto que utilizó el toreo suyo, fácil, de mucho trote, de mucha posturita,
pero sin demasiado fundamento.
El Juli arregló su participación en el último de la tarde. Gustó su
intención por querer ligar los pases, tanto cuando toreaba por derechazos como
cuando lo hacía por naturales. Ahí quizá estuvo su mayor aliciente y
enjundia: la intención de querer ligar en todo momento.
Por el contrario, en su primer toro todo fue barullo, derechazos
atropellados, naturales de uno en uno y siempre un toreo sin ligar.
Estuvo pesado en el tercer toro y aburrió al animal.
Dio banderillas en sus dos toros, estuvo discretito, pasable, salvo en el último
par del último toro de la tarde, que lo ejecutó de fuera adentro, exponiendo
mucho y del que salió muy comprometido.
Como remate final, hay que decir que en otro centenario habrá que enviar
unos toros con más fuerza, unos toros que parezcan toros de lidia por su raza y
fuerza y no borregos de gomaespuma.
ABC.
17
de junio´2000. ZABALA DE LA SERNA. Tres figuras,
cuatro avisos, una orjea
Bilbao ardía ayer como Écija, a casi cuarenta grados bajo el sol. El aire
se cortaba con un cuchillo. Nada más pisar la ciudad avistamos a un hombre de
la raza de Machín, con chapela. Coño, Arzallus, qué cosas.
Acudíamos en busca de nuevas emociones, tras la devastadora experiencia de
la corrida de la Beneficencia de Madrid. El cartel prometía, como todos los
denominados «rematados» o «redondos». Como casi todos los «rematados» o «redondos»,
un tostón. O casi. Tres figuras como Ponce, José Tomás y El Juli se
repartieron cuatro avisos y una oreja. Y con una corrida manejable, blanda y
noble. Para hacer mayor justicia, habrá que subrayar que el apéndice acústico
lo aportó El Juli y que los recados de la presidencia se los anotaron a partes
iguales los dos primeros espadas. Para afinar más, digamos que si el matador de
Galapagar no cortó una oreja al segundo fue porque al presidente le dio por
tratarle con distinta vara de medir que a Julián López.
El mejor lote
El problema básico de Enrique Ponce ahora es que ha perdido el
sentido de la medida por completo. Empieza y no se sabe cuando acaba. Disfrutó
del mejor lote del conjunto de Zalduendo. Más asentado anduvo al natural con el
toro que abrió plaza, que se empleaba con mayor claridad por el pitón
izquierdo. Terminó por echar la cara arriba, sobre todo a la hora de matar. Al
tercer envite, el diestro de Chiva fue alcanzado en el bajo vientre, con
fortuna. A la cuarta, consiguió la estocada.
El cuarto era flojito, pero desarrolló su calidad poco a poco. No hubo por
parte del valenciano un entendimiento en el principio de faena, quizá por el
aire. Pasados unos minutos, sí logró un par de tandas de nota sobre ambas
manos. Cuando se quiso dar cuenta se había pasado de tiempo y sonaban los
clarines. Tampoco tocó pelo. A una primera figura no se le deberían escapar
dos toros así.
José Tomás a punto estuvo de rozar un triunfo que el usía le robó con
escasos argumentos. Su obra inaugural fue «in crescendo», siempre sobre la
base de la valentía. Los compases de apertura quedaron marcados por una
voltereta: el zalduendo medía mucho por el pitón izquierdo. Con la cara
ensangrentada en el lomo del toro, siguió con firmeza. Pasó con brevedad por
la mano derecha y regresó a la búsqueda de la emoción al natural. La segunda
parte de su quehacer emanó una mayor limpieza. Abrochó con sus ya clásicas y
místicas manoletinas, cobró un espadazo muy atravesado y se anotó el aviso de
turno. Hubo mayoría de pañuelos que el presidente no estimó; en la escuela de
Joselito, se negó a dar la vuelta al ruedo. Moderneces tontas.
Más denso y menos ligado se mostró con el quinto, un toro que iba y venía
sin nada, ni para bien ni para mal. El asunto fue aburrido y al unipase.
"Corridas de siglo"
A Julián López le encargan siempre tirar de los festejos cuando se hunden
en su propia existencia de «corridas del siglo». Poco pudo hacer con el
tercero, que se rajó pronto. Calentó el ambiente con el noble sexto en un
quite por caleserinas y clavó con exposición en un par de banderillas muy
apurado por los adentros, ayer sin buscar el burladero más cercano ni el callejón.
Muleteó con largura y temple, más entonado aún al natural. Aunque fuerza
mucho la figura, conecta con los tendidos en pases loables por su longitud y su
hilván. Sobró la última parte de faena, encaminada a aferrar la oreja con un
toreo populista. Mató de una vez: la colocación caída del acero no impidió
que aportará su cuota al titular, o sea la oreja, que los avisos ya los
colocaron los demás.
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