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Corrida de toros
PLAZA DE TOROS DE
BARCELONA
Tarde del domingo, 21 de abril de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros El Capea,
desiguales de presencia, nobles e inválidos.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País.
El Pais
PAU NADAL. Minutaje y toerería
A las nueve menos cuarto finalizó la
corrida que había empezado a las seis. Un minutaje excesivo, debido a
varias causas: dos toros devueltos a los corrales, desaciertos
estoqueadores y faenas larguísimas (hasta cinco avisos sonaron), debidas
casi siempre a que después de tres o cuatro muletazos era preciso dejar
reposar a los inválidos de Capea, para ver si podían tomar otra vez la
muleta. Y menos mal que allí había tres diestros con capacidad y torería
para complacer al respetable, cuya fuerza en los carteles debería
servirles para solicitar otro tipo de corridas.
El encierro, a nombre de su esposa e
hijos, de quien fuera gran figura del toreo Niño de la Capea, no pudo
complacer a nadie por su absoluta falta de fuerzas. Un indudable fondo de
nobleza sí tenían, pero de poco les servía, porque esa debilidad no les
dejaba dar un juego acorde con su condición.
Joselito tardó en acoplarse con el flojo
y tardó primero, pero cuando lo hizo instrumentó algunos de los mejores
muletazos de la tarde en una extraordinaria serie al natural y en un
molinete de cuño belmontino. Entró bien a matar, pero no consumó el
encuentro hasta el tercer envite. Estuvo muy decidido en el primer sobrero
(el más toro y más entero de toda la corrida), incluida larga cambiada,
lances al delantal, quite por chicuelinas e inicio del muleteo sentado en
el estribo, aunque no acabase de sentirse a gusto en el subsiguiente
muleteo, en el que se produjeron diversos enganchones.
José Tomás, en un primero cuya cuerna
despertó sospechas y que manseó en varas, resultando luego noble pero
tardo, muleteó con aseo por ambos pitones, aunque sin poder ligar los
pases. Estocada y descabello dieron paso al único trofeo de la tarde.
Estuvo muy bien con el flojo y nobilísimo segundo sobrero, al que corrió
muy bien la mano en muletazos muy ajustados y hondos. Hubo petición de
oreja.
Morente de la Puebla hizo lo que pudo con
el tercero, que llegó a la muleta en estado preagónico. En el sexto,
otro noble inválido, estuvo soberbio con capote y muleta. Excepcionales
las verónicas de salida y también las del quite. Con la franela estuvo
muy torero en los medios y con un toreo de gran calado artístico, dando
aire al animal después de cada serie y exprimiéndole al máximo. Lo echó
todo a perder con la espada, ya que para abatir al astado necesitó de un
metisaca, dos pinchazos y un descabello, pero el regusto que había dejado
por su uso de las telas hizo que recibiese finalmente una fuerte ovación,
recogida desde los medios.
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