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Corrida de toros
PLAZA DE TOROS DE
BARCELONA
Tarde del domingo, 4 de agosto de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Villamarta,
desiguales de presentación.
Diestros:
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa:
El Pais
El Pais.
PAU NADAL. Sueño cumplido
Hacía algunos años que ningún novillero catalán
tomaba la alternativa. Por ello ha sido un acontecimiento que ahora lo
haya hecho Serafín Marín, hasta ahora el elemento más destacado surgido
de la Escuela Taurina de Cataluña y que la temporada pasada fue uno de
los que encabezó el escalafón novilleril. Al ejemplar de la ceremonia
-en la que ofició de padrino el valenciano José Pacheco, El Califa,
y de testigo, el murciano Alfonso Romero-, lo saludó a la verónica con
enjundia y muleteó relajado y con buen corte a una res noble, pero que
acusó la falta de fuerza y a la que liquidó de un contundente estoconazo,
que puso en sus manos la primera oreja de la tarde.
Al que cerraba plaza lo lanceó Marín con torería,
siendo empitonado sin consecuencias. Con un aplomo impropio de un día de
tanto compromiso para él, estuvo muy firme con la muleta toreando con
mucha verdad por ambos pitones. De nuevo entró a matar con gran decisión
y consiguió otro espadazo. Y al final, sueño cumplido: salida a hombros
por la puerta grande de una plaza importante el día de la alternativa.
Al segundo de la tarde le faltó fijeza y le sobró
gazapeo, pese a lo cual, aunque sin conseguir redondear el muleteo, El
Califa se justificó y arriesgó con valor, encontrando dificultades a la
hora de matar, ya que el animal echaba la cara arriba. El cuarto fue
devuelto a los corrales por cojear y en su lugar se lidió un sobrero de
la misma ganadería, que llegó al último tercio reservón y sin
humillar, por lo que El Califa, con poca fortuna en el lote, tuvo que
arriesgar para extraer algún muletazo de mérito.
Magníficas las verónicas de Alfonso Romero a su
primero, muy escaso de fuerzas y al que no se podía bajar la mano. Romero
lo muleteó suave y templado a media altura, perjudicado porque la música
se puso a tocar a destiempo. Después de pinchazo y estocada, dio una
vuelta al ruedo con protestas. Volvió a lancear con muy buen estilo al
quinto, al que, a pesar de llegar algo aplomado al último tercio, lo
muleteó con temple y mucha torería y despaciosidad, como para hacer
buenas las expectativas que en torno a él se habían forjado a principios
de temporada. Su poco acierto con los aceros le privó de un trofeo bien
ganado con capote y muleta.
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