Se está haciendo raro este año ver lidiar en Barcelona una corrida
completa de la misma ganadería. Ayer volvió a sufrirse este mal, con
otro refrito ganadero, ya que primeramente estaban anunciados seis toros
de Coimbra, luego entraron dos de Julio de la Puerta y finalmente, para
postre, el primero de Coimbra fue devuelto por su debilidad y sustituido
por un anovillado y protestado sobrero de Salustiano Galache.
Una corrida, lógicamente, de desigual presencia, pero bastante igual
en el poco juego dado.
Manolo Sánchez ha dejado en esta ocasión muy buena impresión. No
pudo ser en su primero, el sobrero, en el que el público prefirió que lo
liquidase pronto por su pobre presencia. El cuarto entraba rebrincado,
pero acabó muy soso y apagado. El vallisoletano lo entendió muy bien, lo
sobó y lo toreó con empaque, temple e inteligencia, destacando en tres
naturales lentísimos, de mucha categoría. En el que cerró plaza, que
mató en lugar de Gómez Escorial y que fue un toro que se movió, aunque
con cierta violencia, comenzó el muleteo con un hondo y eficaz toreo por
bajo, siguiendo por ambos pitones, más cómodo por el derecho, pero
siempre firme y en torero. Dos pinchazos y una estocada trasera y tendida
limitaron el premio a una ovación.
Antonio Cutiño que, desde que tomó la alternativa en el año 1996,
parece que sólo había tomado parte en cuatro corridas de toros, apareció
por Barcelona, sin saberse cómo ni porqué, y el hombre resolvió la
papeleta con una cierta dignidad, aunque sin particular brillo. A su
primero lo saludó con una comprometida larga a porta gayola, porque el
toro se le paró nada más aparecer por la puerta de chiqueros. Luego, con
un astado que cambió a mejor, aunque con violencia, en la muleta, estuvo
voluntarioso, pero sin dominio ni someter las embestidas. Su segundo fue
peor, porque gazapeaba y, con gran sosería, se fue quedando cada vez más
corto de arrancada. Cutiño lo brindó al público, y estuvo mucho rato en
la cara de la res, dando muchos pases, aunque con poco eco en los
tendidos, por lo deslucido del animal, al que liquidó con brevedad de
estocada desprendida y dos descabellos.
Gómez Escorial también recibió al único que mató con una larga a
porta gayola. Comenzó la faena con estatuarios en los medios e instrumentó
excelentes series con la diestra, en las que destacaron los pases de
pecho. En una serie con la zurda el animal se le vino al cuerpo y lo
prendió, haciendo por él con auténtica saña. Se levantó, se le hizo
un torniquete en el muslo herido y, todavía, en muestra de pundonor, dio
una buena serie con la derecha. Tres pinchazos y una estocada,
descabellando a la primera Manolo Sánchez.
La cuadrilla tuvo que dar la vuelta al ruedo y en la enfermería se le
apreció a Gómez Escorial una herida en el muslo izquierdo, con dos
trayectorias, de 10 y 15 centímetros, calificada de pronóstico menos
grave.