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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS ARENAS
BARCELONA
Tarde del domingo, 10 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Enrique
Martín Arranz y José Miguel Arroyo,
bien presentados y manejables.
Diestros:
Entrada: un sexto de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País
El
País. PAU NADAL. Ganas
de pasearse
Dar una vuelta al ruedo con casi tantos pitos como aplausos
(Ruiz Manuel en el segundo) o darla cuando no queda casi nadie en la plaza (Gómez
Escorial en el sexto) son ganas de pasearse. O ganas de hacer ver, de cara al
exterior, que se ha estado mejor de lo que se ha estado.
La cuestión es que la corrida, con alguna ligera excepción, volvió a pesar
como una losa, cual si volviéramos al nefasto agosto taurino barcelonés.
Y no es que el ganado presentase dificultades insalvables. Más bien lo
contrario, porque hubo tres toros, los lidiados en los tres primeros lugares,
bastante aprovechables: comiéndose la muleta el primero, repetidor y noble el
segundo y pastueño y humillando, en la distancia debida, el tercero.
El sexto tomó formidablemente la primera vara, pero salió de la misma muy
mermado de fuerzas, siendo devuelto a los corrales después de haber entrado
otras dos veces a las cabalgaduras.
A Andrés Sánchez le faltó dominio y entrega para someter a su primero, con
el que arriesgó muy poco. Con el cuarto, poco franco, apuntó detalles de su
reconocido buen gusto, pero no apretó suficientemente el acelerador, como
pensando ya en la inminente feria de su Salamanca.
Aseado muleteo
Ruiz Manuel hizo un aseado muleteo por ambos pitones a su primero y, aunque
se entregó en la suerte suprema, la estocada resultó atravesada, por lo que no
debió haber dado la vuelta al ruedo.
El quinto, como casi toda la corrida, se arrancó veloz ante las
cabalgaduras, pero salió suelto. Esperó en banderillas y la presidencia cambió
el tercio antirreglamentariamente con sólo dos palos en el lomo del astado, que
llegó poco claro a la muleta de Ruiz Manuel, quien se limitó a algunas
probaturas, sin arriesgar gran cosa.
Gómez Escorial saludó a las dos reses de su lote y al sobrero con sendas
largas a porta gayola, prueba de buena disposición y entrega. A su primero lo
embarcó en la muleta con aplomo y valor, aunque el animal, algo quedado, no le
permitiera lugar a los muletazos. Cerró la faena con bernadinas y después de
pinchazo y estocada, dio la más merecida vuelta al ruedo de la tarde.
El sobrero tenía menos fuerza que el devuelto y, al doblar repetidamente las
manos, deslució el trasteo de un Gómez Escorial, que volvió a mostrarse firme
y entregado, sacando todo lo que tenía el toro. |