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Temporada
1999
Carteles, resultados y crónicas
Temporada
2000 Temporada 2001 Temporada 2002
Temporada 2003
Temporada 2004
Domingo, 26 de septiembre´99. Última de la temporada.
Tres toros de Los Bayones y tres de Fernández
Rivera, para Ruiz Manuel (vuelta con
petición tras aviso y oreja), Luis Miguel
Encabo (vuelta con petición y aviso y ovación) y Vicente Bejarano (silencio y
ovación). El último toro cogió de gravedad al banderillero Francisco Javier García.
Domingo, 12 de septiembre.
Toros de Joaquín Núñez, 1º, 5º y 6º, y de Torrealta, 2º,
3º y 4º (desiguales de presencia, cornamentas y juego), para Espartaco
(aviso y aplausos; ovación), Rivera Ordóñez
(silencio y vuelta al ruedo) y José Tomás
(aviso y dos orejas; dos orejas y petición de rabo). Tres cuartos de entrada. Crónica
de El País.
Domingo, 5 de septiembre. Toros
del Conde de la Maza (serios, aunque
de poco juego, excepto 4º y 6º), para Javier
Vázquez (vuelta al ruedo en los dos), Luis
de Pauloba (silencio en los dos) y Luis
Miguel Encabo (ovación y oreja). Crónica
de El País.
Domingo, 29 de agosto.
Toros de Peñajara (2º y 3º de
Fernández-Rivera (antes Molero) y 1º, sobrero, de Fuenteblanca, muy
deslucidos), para los diestros Miguel Rodríguez
(ovación y ovación), Ignacio Ramos (ovación y ovación) y Lima de Estepona
(silencio y palmas). Crónica
de El País.
Domingo, 22 de agosto. Toros
de El Sierro (bien presentados y bravos en general), para
los diestros César Pérez (silencio en los dos), Pedrito de Portugal (silencio en su
lote), El Califa (palmas tras aviso y ovación).
Domingo, 15 de agosto´99. Cuatro toros
de Sánchez Cobaleda
(de juego desigual) y dos (5º y 6º) de
Ramón Flores Sánchez (flojos y mansos), para Julio Norte (ovación;
aviso y silencio), Rafael González "Chiquilín" (silencio
y ovación) y Luis
de Pauloba (aviso con silencio; ovación). Un tercio de entrada. Crónica
de El País
Domingo, 8 de agosto´99. Toros de Francisco
Galache (bien presentados aunque flojos, y un segundo sobrero -quinto- de María
Lourdes Martín. Para el rejoneador Martín González Porras (pitos); Tomás Campuzano
(oreja y petición y vuelta); José Luis Bote
(vuelta en ambos con petición) y El Califa
(vuelta tras aviso y una oreja). Un cuarto de plaza. Crónica
de El País
Domingo, 1 de agosto´99.
Seis toros de diversas ganaderías: 1º y 2º, de María Lourdes Martín; 3º,
de Los Bayones; 4º, de Sepúlveda, y 5º y 6º, de El Sierro, desiguales de
presencia, pero muy parejos en el juego, mansos y muy deslucidos. El Tato
(silencio y aplausos), Alberto Ramírez (oreja y dos vueltas al ruedo), y Mario
Coelho, nuevo en esta plaza y que tomaba la alternativa (oreja y aviso con
ovación). Crónica
de El País. Un tercio de entrada.
Domingo, 25 de julio´99. Cinco reses de «Dehesa de
Botoa» (Badajoz-Miguel Baez) (bien presentadas pero descastadas, sin fuerza, y una
mansa (corrida en cuarto lugar) de Los Bayones. Para Juan Mora (silencio y una oreja), El Cordobés (silencio en ambos) y Miguel Abellán (ovación y palmas).
Domingo, 18 de julio´99.
Ganado de Teófilo Segura (nobles pero con muy poca fuerza), para Espartaco
(ovación en los dos), Enrique Ponce
(aplausos; aviso y oreja) y José Tomás
(dos orejas; aviso y oreja. Salió a hombros). Tres cuartos de entrada. Crónica
de El Mundo
Domingo, 11 de julio´99. Cinco toros de Torrealta (de
juego desigual) y uno (1º) de Garcigrande, devuelto por otro de Los Bayones
(boyante). Para César Rincón
(estocada tendida -oreja-, estocada -vuelta al ruedo-); Enrique Ponce
(tres pinchazos, media, aviso -saludo-, pinchazo, estocada -dos orejas-); y para El Juli (estocada
tendida -dos orejas-, estocada tendida -silencio). Tres cuartos de entrada. Crónica
de La Vanguardia
Domingo, 4 de julio´99. Ganado de Manolo González, para Litri (oreja), El Cordobés (oreja) y Rivera Ordóñez (vuelta al ruedo y
oreja).
Domingo, 27 de junio´99. Toros
de Castilblanco (desiguales de fuerza y
juego), para Alberto Elvira
(silencio y silencio), Francisco Porcel
(vuelta y ovación) y Aníbal Ruiz
(silencio y vuelta).
Domingo, 20 de junio´99. Cuatro
toros de Román Sorando (flojos y
descastados); el 2º de Cayetano Muñoz (tb. flojo); y el 4º, sobrero, de Daniel
Hernández (con poder y juego). Para César Pérez (aviso y silencio; aviso y palmas), Alberto de la Peña (que debutaba en
plaza, silencio; aviso y silencio) y Manolo
Bejarano (que debutaba en plaza, silencio y palmas).
Domingo, 13 de junio´99. Cuatro
toros de Jandilla (buen juego, excepto
el sexto, mientras que segundo y cuarto fueron aplaudidos en el arrastre), dos
de Garcigrande (1º y 5º, desiguales de presencia y juego). Para Rivera Ordóñez
(oreja y vuelta), José Tomás
(cuatro orejas) y El Juli (vuelta en
ambos).Crónica de El Mundo Crónica
de El
País
Domingo, 6 de junio: cinco toros de Sanz Jiménez y uno
de José María Manzanares (gordos y aceptables). Joao Moura, ovación; Hermoso de Mendoza, oreja; Fermín Bohórquez, oreja; Andy Cartagena, oreja. Por colleras,
Moura y Cartagena, vuelta; Hermoso de Mendoza y Bohórquez, ovación
Domingo, 30 de mayo: novillos de Joaquín Buendía, para Sergio Peña,
ovación tras aviso y vuelta de la cuadrilla (sufrió una herida de pronóstico «menos
grave»), Miguel Angel, silencio y ovación, con aviso en ambos; y para
Alfonso Casado, palmas tras dos avisos y petición con vuelta al ruedo.
Domingo, 23 de mayo.
Toros de Aldeanueva (desigual
presencia, poco juego), para Luis Francisco Esplá
(ovación y silencio), José Luis
Moreno (aviso y ovación; silencio), y Alberto Ramírez
(ovación; aviso y vuelta). Un cuarto de entrada. Crónica
de El País.
Domingo, 9 de mayo. Cuatro novillos de Joselito (con
cuajo, dos ovacionados en el arrastre) y dos de Enrique
Martín Arranz, para Miguel Angel (silencio y silencio), Rafael Matute (silencio y
silencio) y Rafael Ronquillo
(vuelta y aplusos).
Domingo, 25 de abril. Novillos de José Luis Marca (con
cuajo, bravos y nobles), para Antonio
Barrera (silencio y oreja), Juan
Bautista, que debuta (oreja y ovación), y El Fandi (aviso y vuelta, vuelta).
Domingo, 18 de abril.
Reses de Juan Pedro Domecq, para Litri (ovación y silencio), Enrique Ponce (aplausos y silencio) y El Juli (que debutaba en plaza) (vuelta y dos
orejas).
Domingo, 11 de abril. II Encuentro Mundial de Novilleros.
Cinco de Parladé, 2 de Juan Pedro Domec, un sobrero de Martín Harranz (con peligro),
para los espadas Antonio Barrera
(vuelta tras aviso y ovación), Ignacio Baribay (oreja y silencio tras dos avisos), David
Fandila El Fandi (ovación y vuelta), y Sergio Aguilar (silencio y silencio tras
aviso).
Domingo, 4 de abril. Cuatro toros de Julio de la Puerta
(3º, como sobrero) y 2º y 6º de Gabriel Rojas
(todos desiguales de presencia y de muy poco juego); para José
Luis Moreno (ovación; silencio; aviso y ovación) y para José Ignacio Uceda Leal
(aplausos; ovación; aplausos. y (mano a mano). Crónica
de El
País.
Venta de localidades: C/ Muntaner, 24 Tel 93-453-38-21
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CRÓNICAS DE FESTEJOS CELEBRADOS
El
País. Pau Nadal. Edición del 13 de septiembre´99. Cumbre
de Tomás con el toro 'Ganador'
José Tomás había estado lucido con su primero, que repetía y que se agotó algo al
final de una larga faena, en la que el de Galapagar aguantó y ligó. Con la muleta en la
zurda, el astado le volteó sin consecuencias y volvió a la cara de su enemigo con la
muleta en la misma mano. Con el colofón de sus características manoletinas y una entera
fueron a parar a sus manos las dos orejas.
Tomás mejoró lo hecho anteriormente en su completa lidia al sexto, un extraordinario
ejemplar de Joaquín Núñez, bravo en varas y boyante en la muleta, arrancando de lejos a
los engaños y resistiéndose a morir al final, más allá de la raya. José Tomás lo
lanceó con gran quietud a la verónica, hizo que su picador, El Legionario, midiese
adecuadamente el castigo, quitó por chicuelinas lucidamente y, después de brindar al
público, su muleteo fue una auténtica sinfonía una cumbre torera, el vibrante y solemne
encuentro de un gran toro y un gran torero. Estatutarios, derechazos, naturales, adornos,
manoletinas y una estocada hasta la bola, con lenta muerte del bravo Ganador,
número 34, negro mulato, de 567 kilos. Se desbordó justamente el entusiasmo, y ahí el
único que no estuvo a la altura de las circunstancias fue el presidente, que no accedió
a la unánime petición de rabo y tampoco sacó el pañuelo azul para dar la vuelta al
ruedo a Ganador.
Espartaco tuvo enfrente en primer lugar un ejemplar noble y soso que parecía tener
problemas en la vista. El de Espartinas lo templó con mimo y toreando despacio, pero
allí no había emoción posible. El cuarto fue un buen toro, de suave embestida, pero que
fue perdiendo gas al final del largo muleteo. Espartaco le instrumentó un bonito
principio de faena, siguiendo con decisión y temple por ambas manos. Dos pinchazos antes
de una estocada corta hicieron que se difuminase el posible trofeo.
El primero de Rivera Ordóñez fue un astado impresentable, de aspecto anovillado y
justamente protestado. El quinto iba y venía, aunque no de forma totalmente franca y
entregada. Rivera lo había saludado con una larga cambiada en el tercio, y luego, con la
muleta, mostró decisión y valor, pero hubo más cantidad que calidad, acabando por
aburrir.
Al lado de la sinfonía torera de José Tomás, el resto pareció música de
acompañamiento. El de Galapagar coronaba así una triunfal temporada en Barcelona: tres
corridas, once orejas y tres puertas grandes.
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El
País. Pau Nadal. Edición del 6 de septiembre´99.
Buen
debú de Encabo.
A pesar de que Luis Miguel Encabo tomó la alternativa en 1996 y que antes fue uno de
los novilleros que más toreó, nunca, hasta la fecha, había actuado en Barcelona. Y la
impresión causada no ha podido ser mejor. No sólo por el hecho de que su actuación se
haya saldado con el corte de una oreja, sino porque ha hecho de todo con decisión, cabeza
y torería. A los dos los recibió con sendas largas afaroladas en el tercio, entró en
quites y banderilleó con precisión y exacto conocimiento de terrenos y querencias a dos
astados que no eran especialmente propicios para ello.
También estuvo muy pendiente de la lidia y a su primero, tardo, como casi toda la
corrida, sin humillar y que acabó parándose, le comenzó el muleteo, fajándose con muy
buen aire, aunque el trasteo, cuando la res dijo que ya no quería saber nada, fue
forzosamente a menos, acabando de una estocada corta.
El sexto, con un buen pitón derecho y que se quedaba más corto por el izquierdo, fue
el mejor ejemplar del serio encierro del Conde de la Maza y Encabo le hizo una torera
faena, iniciada con ayudados por alto y proseguida con firmeza, predominantemente con la
diestra, con mando, temple y la mano baja. Finalizó con bernadinas, en homenaje a su
maestro Bernadó y coronó su labor con una estocada entera. Un feliz debú.
El primero se movió, aunque algo descompuesto y, además, mostró su condición, al ir
a morirse a terrenos de toriles. Javier Vázquez le dio excelentes muletazos por ambos
pitones, aunque no acabase de hacerse en el animal, al que remató de una estocada,
decidiendo él mismo dar una vuelta al ruedo. Más solicitada fue la que dio después de
su faena al cuarto, un animal bien armado y que, aunque tardo y con poco gas, se dejó,
siendo muleteado con sabor por Vázquez en los medios, con temple, mando y tirando del
toro. Dos pinchazos antes de la estocada le hicieron perder un posible trofeo.
El siempre esperado Luis de Pauloba vino a tropezar con un lote muy poco propicio, por
lo que sólo pudo ofrecer unas gotas de su quintaesenciado arte, especialmente con el
capote, cuando sus oponentes todavía tenían alguna arrancada aprovechable. En el quinto
se le fue la mano, después de un pinchazo, en una estocada muy baja. Seguiremos esperando
que un toro le embista con calidad.
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El
País. Pau Nadal. Edición del 30 de agosto´99.
Reservones, tardos y parados.
De la anunciada corrida de Peñajara sólo saltaron a la arena cuatro ejemplares y como
el primero, de bella estampa y bien armado, fue devuelto a los corrales por su debilidad,
sólo se lidiaron tres. Hubo dos de la ganadería que hasta hace poco era de Molero
Hermanos y uno de Fuenteblanca. Da lo mismo. Todos dieron un juego muy pobre y el único
que se movió un poco en el último tercio fue el sobrero de Fuenteblanca, aunque también
mostrase su clara tendencia a la huida. El resto tenía alguna arrancada de salida, pero
llegaba al último tercio mostrando distintos grados de falta de acometividad. Si no se
paraban del todo, eran tardos o reservones. Cualquier cosa menos bravos.
Con una corrida de estas características se puede estar de muchas maneras. Miguel
Rodríguez, aun sin cortar orejas, estuvo bien con su lote. Pudo cortar una en su primero,
pero lo estropeó todo con el pincho. Entendió muy bien a ese manso primero, al que
aprovechó las cuatro o cinco arrancadas violentas que el animal tenía entre huida y
huida. La faena fue prácticamente toda por el pitón derecho (por el izquierdo el animal
no quería saber nada) y tuvo muy buen tono, amarrando al astado a la muleta. Al cuarto le
dieron duro en varas y llegó paradote y muy soso a la muleta, con la que Rodríguez se
arriesgó con oficio y mérito, aunque con poco brillo. Esta vez, después de un pinchazo,
consiguió una excelente estocada.
Lances con buen estilo
También estuvo muy digno José Ignacio Ramos, que sustituía a Ricardo Ortiz. Su
primero, un auténtico pavo, que salió dando saltos y echando las manos por delante, fue
banderilleado a dúo entre Ramos y Lima y el burgalés estuvo valeroso y digno, con oficio
y voluntad, aunque el lucimiento fuese imposible con la muleta. La fuerte ovación con
saludos desde el tercio se la ganó especialmente por un estoconazo ejecutado con gran
arrojo. Al quinto lo lanceó con buen estilo y lo banderilleó haciéndolo todo él. El
muleteo comenzó con vibración, pero la res se paró muy pronto y acabó acostándose
después de dos pinchazos.
Lima de Estepona, a pesar de mostrarse voluntarioso y con ganas de hacer cosas, no tuvo
su tarde. Sin la quietud, el oficio, el sosiego y la capacidad lidiadora de sus
compañeros, su paso por la Monumental fue un continuo quiero y no puedo. Su lote fue
bastante deslucido, pero no más que los de los otros integrantes del cartel. Sin dominio
y a merced del animal en su primero, tragó sin mando ni dominio en el sexto, con más
enganchones y trapazos que muletazos templados y mandones. Estuvo breve con el estoque.
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El
País. Pau Nadal. Edición del 16 de agosto´99. Brindis
a Julio Robles
Las faenas de los toros segundo y tercero fueron brindadas por los respectivos
matadores al maestro Julio Robles, que por vez primera acudía a la Monumental desde que
en este ruedo toreara su última corrida hace ahora diez años. Fue lo más emotivo de una
tarde bastante gris porque trajo a la memoria de los aficionados, que lo acogieron
cariñosamente, los recuerdos de triunfales actuaciones y de la personalidad del gran
diestro abulense-salmantino.
Poco o casi nada se vio en esta corrida, con cartel modesto, a base de toreros a los
que ya pasó su oportunidad y que actualmente torean muy poco (entre los tres habían
sumado este año sólo cuatro corridas antes de ésta).
La corrida de Sánchez Cobaleda tuvo un ejemplar excelente, el primero, noble, suave y
también boyante en la media distancia. Segundo y tercero se quedaron muy cortos y
reservones a medida que transcurría su lidia, y el cuarto dio espectáculo al acudir
raudo por tres veces al caballo, aunque luego se acostase algo por el derecho y aprendiese
durante la no muy eficaz lidia que se le dio. Los dos astados de la desconocida ganadería
de Ramón Flores Sánchez dieron poco juego, además de tener muy poca fuerza, cantando
clamorosamente su mansedumbre el sexto al refugiarse en terrenos de toriles.
El peor lote
Lo más torero de la tarde lo hizo, con el peor lote, Luis de Pauloba, que en su
primero había intentado lucimiento infructuosamente. Al sexto le dibujó algunos lances
extraordinarios y el principio del muleteo, dobladas y pases de trinchera; fue
torerísimo, siguiendo con firmeza y sosiego, aunque la mansedumbre del astado no
permitiese más que apuntes de calidad. Pauloba, además, esta vez estuvo breve con los
aceros.
Julio Norte dio algunos muletazos de buen corte al excelente primero, pero estuvo falto
de reposo y lo mató de pinchazo y estocada baja. Había que ponerle el cuarto, que llegó
un poco crudo a la muleta, y Norte no lo hizo, a pesar de su voluntad, muy poco centrado
con franela y desacertado con el pincho (pinchazo, media y diez descabellos).
Tampoco estuvo centrado Chiquilín, que intentó su toreo vertical y perfilero con poco
éxito y regular confianza, alargando mucho los trasteos. Su lote fue bastante deslucido
(distraído y mirón el segundo; mansurrón y parado el quinto). En su segundo, sólo se
quedó quieto cuando el toro no pasaba; si lo hacía, el diestro de Córdoba mostraba una
cierta prudencia.
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El
País. Pau Nadal. Edición del 9 de agosto´99.
Torera despedida de José Tomás
Tres horas de corrida son muchas. Menos mal que se vieron cosas de interés, salvando
el maleficio que parece pesar sobre el agosto taurino barcelonés. Por ejemplo, la
despedida de Tomás Campuzano, en una de sus mejores tardes en este ruedo.
Bien es verdad que, en primer lugar, el sorteo le deparó un excelente astado de
Galache al que le costaba algo arrancar, pero que lo hacía con nobleza y humillando.
Tomás lo muleteó con sosiego, temple y hondura, muy torero y entendiendo a la
perfección a su enemigo. Estocada y certero descabello, con el justo premio de una oreja.
Su segundo fue menos propicio porque, aunque también era noble, su embestida era sosa
y bastante corta. Tomás estuvo muy serio, profesional y responsable con él, acertado en
distancia, terrenos y ritmo de faena. Lástima que se le fuese la mano en un feo bajonazo,
lo que no impidió que diese una última vuelta al ruedo en la Monumental.
El rejoneador González Porras comenzó mal su actuación, pues a las primeras de
cambio su montura sufrió una cornada.
Luego, con una res poco codiciosa, estuvo vibrante y certero en la colocación, aunque
echándole excesivo teatro al asunto.
El segundo rejón de muerte le cayó bajísimo y ello enfrió los ánimos del público.
José Luis Bote, que hacía 15 años que no toreaba en la Monumental, tuvo el peor
lote, pero se justificó plenamente con valor y torería, con destellos de indudable
clase, haciéndolo todo muy de verdad.
Su primero fue un marmolillo, y el sobrero fue duramente castigado en varas y llegó a
la muleta defendiéndose.
El Califa tiene mucho valor. Ya lo demostró en su excelente primero, al que además
muleteó con quietud y temple.
Tardó el toro en doblar del segundo pinchazo y el presidente no accedió a la bastante
nutrida petición de oreja.
Sí que se la dio en el que cerró plaza, después de una maciza faena en la que El
Califa mandó y bajó mucho la mano, muy tranquilo siempre en terrenos de cercanías.
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El
País. PAU NADAL. Edición
del lunes, 2 de agosto´99. Rebajas
en agosto
Después del brillante julio taurino barcelonés, llegaron
las rebajas de agosto. Y para que tal circunstancia fuera más ostensible se lidieron
reses de cuatro ganaderías distintas, en lugar de la anunciada corrida de Sepúlveda.
Pero lo peor del caso es que el juego de esta anticipada limpieza de corrales fue pésimo:
toros descastados, mansos, parados, sin humillar, tirando cornadas. Con todos los matices
que se quiera, un auténtico regalo.
Previamente al festejo, no quedaban muy claras las razones por las que el portugués
Mario Coelho tomaba la alternativa en Barcelona, en cuyo ruedo no había actuado nunca de
novillero. La razon sería seguramente sentimental, ya que en este mismo coso, hace 50
años, había tomado la alternativa su abuelo, Diamantino Vizeu, el primer matador de
toros portugués de la historia.
Al del doctorado, Coelho lo lanceó discretamente, pero galleó con mucha torería para
llevarlo al caballo. El tercio de banderillas fue un tanto premioso, ya que la res no se
prestaba, llegando a la muleta revolviéndose, buscando y prodigando tarascadas.
El muleteo con ambas manos fue meritorio y torero así como valeroso, y lo remató con
una tanda de molinetes de rodillas y con media estocada perpendicular. Tampoco se prestaba
para banderillear el sexto, que había recibido una primera vara espectacular, y el tercio
fue bastante deslucido. El astado tenía un gran trapío y dos buenas velas, pero a la
muleta llegó sin humillar, soso y con una corta embestida, por lo que Coelho sólo pudo
estar aseado con él, aunque se empeñase en prolongar excesivamente el trasteo. Como
pinchó una vez, en el segundo intento y en un detalle de pundonor entró con rectitud,
consiguiendo una estocada entera y saliendo prendido aparatosamente, aunque sin
consecuencias.
El primero de El Tato, manso y huido, no permitió prácticamente ni un muletazo
acabando por acostarse de puro manso. El cuarto fue otro mansurrón, también muy corto de
arrancada, con más problemas de los que algunos quisieron ver. El maño lo sobó y hasta
le dio algún muletazo suelto y de cierto mérito, aunque dentro de una tónica de
aburrida insistencia. Lo mató guapamente de una estocada, haciendo muy bien la suerte.
Conviene decir también que El Tato había reaparecido el día antes en Santander,
después de ciertos problemas de salud y en esta tarde se le vio un punto desmotivado,
probablemente por tropezarse con ese saldo ganadero, cosa no del todo comprensible en una
plaza que rigen sus propios apoderados.
Alberto Ramírez, que sustituía a Finito de Córdoba, tuvo una buena tarde y pudo
haber salido por la puerta grande si el presidente, dadivoso en el tercero, hubiese
accedido a la nutrida petición de oreja después de la faena al quinto.
En sus dos anteriores actuaciones en esta plaza -esta misma temporada- ya se le escapó
la puerta grande, pero fue por sus fallos con el estoque. En esta ocasión fue por otras
circunstancias, ya que a sus dos enemigos los liquidó con prontitud.
Su primero fue otro mansurrón, pero Ramírez estuvo inteligente con él, con un
original comienzo de faena por alto, siguiendo muy decidido por ambos pitones, acabando
con hieráticas manoletinas y una estocada entera. El quinto, para variar, también fue
manso y además flojo.
Ramírez lo entendió muy bien, porque si le obligaba mucho el toro medía la arena por
su escasez de fuerzas. El muleteo fue, pues, especialmente suave, muchas veces
acompañando la embestida, aunque todo con temple y buenas maneras. Después de una
estocada tendida, necesitó de dos descabellos, lo que según el presidente fue motivo
para no concederle el trofeo, actitud con la que no estuvo de acuerdo la mayoría del
público, que obligó al diestro a dar dos vueltas al ruedo.
Una tarde, en resumen, en que a pesar de lo poco propicio que fue el ganado lidiado,
los diestros hicieron un esfuerzo para conectar con el público, cuestión que no era
precisamente fácil.
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El Mundo. ALVAREZ TABOADA.
Edición del 19 de julio´99.
ALVAREZ TABOADA. Edición del 19 de julio´99. José Tomás
toreó de salón
José Tomás toreó ayer en Barcelona de salón, como en el patio de su casa. Fue, sin
duda, el gran triunfador del festejo.
Espartaco reaparecía en Barcelona y fue ovacionado al lancear a su primero, con el que
estuvo muy valiente en una faena en la que sobresalieron dos tandas de redondos. Tras una
estocada en lo alto, la pésima actuación del puntillero enfrió los ánimos. En el
cuarto, que había brindado al público, se estrelló con la excesiva debilidad del toro.
Ponce recibió a su primero con tres verónicas y media muy ajustadas. José Tomás
hizo un quite majestuoso por gaoneras. La faena de Ponce fue muy ligada, con redondos de
buena factura mimando la embestida del toro.
En el quinto, su faena, instrumentada en los medios, fue de extraordinaria calidad. A
los pases en redondo siguieron naturales de gran temple rematando las series con pases de
pecho muy ceñidos. Circulares y adornos de toda suerte pusieron fin al trasteo, que
remató de una estocada. El público solicitó las dos orejas pero la presidencia sólo le
otorgó una, por lo que fue abroncada.
José Tomás fue el gran triunfador de la tarde. Recibió al tercero con dos verónicas
rematadas con media en el centro de la plaza y realizó un quite por chicuelinas de
extraordinario ajuste.
Inició la faena, tras brindar al público, citando desde los medios con un natural al
que siguieron otros tres sin enmendarse rematados con el de pecho. Fue el prólogo de otra
serie de inusitada longitud, en la que se contabilizaron hasta ocho pases, cerrada con el
pectoral.
En la teórica boca de riego, Tomás siguió toreando con la derecha instrumentando
muletazos de largo recorrido y circulares de difícil calificación. Toreo de salón. Por
si fuera poco, regaló otra tanda de naturales bellísimos. Pinchó en lo alto y, antes de
dejar la estocada definitiva, ya flameaban los pañuelos en los tendidos.
La faena al sexto tuvo también calidad, pero fue mucho menos intensa que la del toro
anterior, ya que el animal tenía una embestida más bien sosa. Finalizó el trasteo con
ceñidas manoletinas y, como mató de un pinchazo y una estocada, se le otorgó otro
trofeo.
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La Vanguardia. La Vanguardia.
ANTONI GONZÁLEZ. Edición del 12 de julio´99. Gran
tarde de toros
El público de Barcelona merece tardes como la de ayer. Y, por lo tanto,
carteles como el de ayer, que recordaba la terna figurada de aquella película
de Vajda, “Tarde de toros”, en cuya rivalidad generacional radicaba gran
parte del interés de la corrida. Y lo cierto es que ayer disfrutamos, sin duda
por esa rivalidad, de una gran tarde de toros.
Gran tarde de toros o, mejor, de toreros, ya que el ganado tan sólo cumplió.
Los cinco toros de Torrealta fueron flojos, perdieron las manos casi todos,
acudieron algunos al caballo con fijeza en la primera vara, pero casi nunca en
la segunda, y embistieron por lo general sin convicción, como por cumplir con
la casta. El que abrió plaza, de Garcigrande, tardó en entrar al trapo y,
aunque siempre en manso, fue hasta ocho veces al caballo antes de que el
presidente decidiera devolverlo. Algo ciertamente insólito. (¿No puede la
autoridad competente revisar los permisos de presidir corridas, como revisa los
de conducción por infringir el reglamento?)
Rincón, el veterano de la terna, supo aguantar con decoro el ritmo de sus
compañeros. Al primero, “Jardilisco”, que frenaba por flojo pero pasaba con
nobleza, lo muleteó por bajo con gusto. Las tandas de naturales fueron
irregulares (mejores por la mano izquierda, con algunos pases bellos), aunque
distantes en el tiempo. A “Saltador”, el cuarto, lo recibió con delantales
con los pies clavados en la arena. Fue lo mejor que hizo. La faena fue larga y
sin mayor interés.
Ponce recibió a “Argentino”, el segundo, con verónicas de trámite y ni
siquiera el quite por navarras de El Juli pareció motivarle. En la faena, que
fue de más a menos, tampoco justificó su clase. Tuvo incluso detalles de
reprochable vulgaridad. Pinchó tres veces antes de hundir algo el estoque. Ante
su segundo, sin embargo, todo fue distinto. El Juli ya había cortado dos orejas
y Ponce tuvo que dar lo que sabe. Las verónicas rodilla en tierra (y la media,
con las dos clavadas en la arena) calentaron al público y, luego, la faena, de
menos a más esta vez, acabaría poniendo a ese público en pie. Empezó con
naturales por la derecha de esos con sabor a película ya vista, pero fue
mejorando hasta dibujar naturales y cambiados excelentes. Si delante hubiera
tenido un toro de verdad (“Zarzaleño” era pequeño y se aguantaba con
esfuerzo) esa faena hubiera sido memorable. Un pinchazo arriba precedió a una
gran estocada, quizá lo mejor de la tarde.
El Juli recibió a “Trapero”, el tercero, con excelentes verónicas cargando
la suerte y ganando terreno. Su quite por alegrías varias (uno ya no sabe el
nombre de tanto pase nuevo) y tres pares de banderillas vibrantes acabaron por
entusiasmar al público, que esperó el inicio de la faena con un silencio
maestrante. Y no era para menos. Los naturales por la derecha, bellos y bien
ligados, los molinetes improvisados como recurso ante los arreones, los
naturales por la izquierda, los adornos y los cambiados fueron, la mayoría,
excelentes. Puso punto final con una estocada caída, pero efectiva. “Limonero”,
el sexto, se pasó el rato buscando qué había tras los engaños. El Juli
renunció a las banderillas y lo trasteó con decoro, incluso con más esfuerzo
del que merecía.
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El Mundo. FERNANDO VINYES. Edición del 14 de junio´99. José
Tomás conquista La Monumental
El festejo de ayer domingo es de los que dice el tópico que hacen afición: hubo toros
y toreros. Se pudieron haber cortado muchas orejas más que las cuatro de José Tomás en
su lote y la de Rivera.
Los de Jandilla tuvieron más picante y aunque parecían más flojos a medida que se
asentaban en la lidia se iban creciendo y en algunos pese a facilitar la faena de sus
matadores llegaron bruscos y con sentido al tramo final de la faena de muleta. El peor
lote fue a parar a EL Juli y José Tomás se benefició de los dos mejores y Rivera que
tuvo un suave primero tuvo que construirse al cuarto que no humillaba.
José Tomás fue el triunfador de la tarde. Las cuatro orejas hablan por si solas.
Bordó un quite por chicuelinas al segundo y logró una gran faena sobre ambos pitones
perfecta de colocación y arte en la que primó la parsimonia.
Le arrolló el toro que le pilló desprevenido, más pendiente del tempo que de la
lidia y le sirvió de acicate para abrochar la faena por manoletinas y gran estocada final
que le valieron las dos orejas.
La faena a su segundo fue también perfecta con muletazos suaves y lentos que
encandilaron al público. Fue volteado también y tras un pinchazo, cortó otras dos
orejas; paso a la enfermería con una luxación leve en el hombro que no le impidió salir
a hombros.
El Juli se lució con el capote en diversos quites, caleserinas, altaneras
crinolinas.... Con la muleta, sus dos toros desarrollaron sentido. El torero,
valentísimo, pisó terrenos increíbles, ahogando la embestida en muchas ocasiones. El
sexto buscaba los tobillos de su matador. También sufrió una voltereta.
Rivera hizo lo más destacado con su primero. Sacó muy buenos muletazos con ambas
manos y mató de un pinchazo y un estoconazo cortando la primera oreja.
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El
País. PAU NADAL, Barcelona. Edición
del 14 de junio´99. José Tomás bordó el toreo
A pesar del mal tiempo, un lleno en tendidos y gradas en la Monumental como hacía
mucho tiempo que no se veía. Público muy predispuesto y que, afortunadamente, no se vio
defraudado, porque José Tomás bordó el toreo, Rivera Ordóñez mostró su raza, El Juli
(con lote adverso) estuvo muy decidido y hasta los tres, tres figuras del toreo, se
dejaron dar sendas volteretas.
Lo de José Tomás tuvo auténtica importancia. Sus faenas, siempre en los medios,
fueron un prodigio de majestad, temple y ligazón por ambos pitones. Su primero fue
boyante y noble, pero se agotó pronto (cuando abrió la boca, la faena prácticamente se
acabó, aunque ya se había visto toreo del grande). El quinto manseó en varas y llegó a
la muleta revolviéndose y punteando. El animal se entregó en alguna serie, pero también
hizo amagos de rajarse. José Tomás comenzó enseguida a torear con la zurda en los
medios y dibujó varias series con esa mano y también con la diestra. El toreo por bajo
final tuvo enjundia, y tan confiado estaba el diestro, que sufrió una aparatosa
voltereta.
Que Rivera Ordóñez venía a esta corrida muy decidido lo demostró ya el hecho de que
a su primero lo saludase a porta gayola y lo brindase al público. El astado,
repetidor, pero flojo y acostándose algo, fue muleteado con valor y mucha decisión.
El grandote cuarto, que no acabó nunca de romper, vio también a un Rivera muy
asentado, que lanceó con sabor a la verónica y que inició el muleteo con unas
espléndidas dobladas, para seguir, muy sólido, sereno y entregado, coronando el trasto
con oportunos recursos. Al haber pinchado dos veces entró encorajinado al tercer intento,
siendo prendido aparatosamente y saliendo del trance con la taleguilla destrozada y una
casta que recordó a la de su llorado padre.
El Juli, con el lote menos propicio, mostró toda su variedad capoteril y su concepto
arriesgado y espectacular del tercio de banderillas. En el segundo par a su primero
mostró un gran dominio de los terrenos. El toro era complicado y el joven diestro tuvo
que recurrir al consabido arrimón sin posibilidad de muletear lucidamente.
El sexto toro de la tarde desarrolló sentido, pero permitió un brillante tercio de
quites de El Juli y Rivera, con respuesta del primero, fuera de turno. Con la muleta no
hubo faena posible, porque el animal se puso imposible, y El Juli, que también fue
volteado, estuvo valeroso, pero no sobrado de madurez lidiadora.
El País, PAU NADAL.
Edición del lunes, 24 de mayo´99.
Bueyes de carreta.
Esta corrida, con Esplá y Ramírez en el cartel, era como un off San Isidro,
esperada con especial interés. Pero, claro, con unos bueyes de carreta delante, ni el que
inventó el toreo hubiese hecho más que los actuantes en esta ocasión. Y eso que en
algunos instantes los mentados bueyes hasta les permitieron ponerse bonitos e intentar
colar que aquello tenía importancia. Pero allí no había emoción ninguna, porque todo
lo que se haga a un buey no puede tenerla. Si al menos hubiesen tenido enfrente a un medio
toro con algunas gotitas de sangre brava, la cosa hubiese variado. De la quema se salvó
algo el que cerró plaza y el bravo Ramírez lo exprimió.
La corrida no le sirvió al hábil, inteligente y torero Esplá para tapar la boca a
quienes injustamente le están postergando por haber defendido los derechos de sus
compañeros. Bien es verdad que en el flojo y mansurrón primero, tónica de toda la
corrida, estuvo lidiador, variado con el capote y medianamente lucido en banderillas,
tercio en el que tuvo el detalle de atar a un palitroque el lazo negro de una de sus
zapatillas en señal de duelo por la muerte, el sábado, del picador José Muñoz.
Banderilleó al cuarto con menos lucimiento del habitual en él y comenzó el muleteo muy
decidido, pero pronto se descorazonó ante aquel distraído ejemplar.
José Luis Moreno es un diestro de toreo hondo y recio, que baja mucho la mano y somete
a los toros. El problema surge cuando practica ese toreo a un animal que no lo necesita,
como su primero, que pedía aire y una mayor suavidad. El quinto fue un manso total, que
huía de su sombra. Otro buey descastado y sosísimo fue el flojo tercero, que Ramírez
muleteó con suavidad y ligazón. Como parece ser habitual en él, estuvo flojo en la
espada. El sexto también flojo, por lo menos cumplió en varas y dio algo de emoción a
la primera mitad de la faena de Ramírez. Pero al final tuvo que conformarse con una muy
ovacionada vuelta al ruedo.
El País. PAU NADAL, Barcelona. Edición del lunes, 5 de abril´99.
Dos valientes y
seis mulos
Por la lectura de la ficha puede parecer que en esta corrida inaugural de la
temporada barcelonesa no se vio nada digno de relieve. En realidad, no fue así,
ya que quien quiso y supo verlo se encontró con el incuestionable mérito de
dos valientes y pundonorosos diestros luchando a brazo partido y jugándose el
tipo ante un encierro pésimo, formado por seis auténticos mulos. De los nueve
toros presentados a reconocimiento por Gabriel Rojas, sólo pasaron tres. De los
cuatro de Julio de la Puerta más vale no hablar, pero es justo resumir
que, en general, llevaron la cabeza por las nubes, desarrollaron sentido y no
pararon de tirar cornadas. Total, un regalito.
Lo que sí valió la pena en esta corrida fue el valor y el pundonor demostrado
por los dos espadas, que sintieron en todo momento, con auténtica honradez y
profesionalidad, el deseo de justificar las esperanzas en ellos depositadas.
José Luis Moreno se encontró con un primero que tenía movilidad, pero
también muy malas intenciones y muy difícil de someter, aguantando el tipo con
un recio y seco valor y acabando con prontitud y habilidad. El terciado sobrero
no humilló y se vencía por ambos pitones, desarrollando sentido, a pesar de lo
cual Moreno estuvo decidido con él. El quinto corneó en el peto y también
desarrolló pronto sentido, pero Moreno estuvo de nuevo muy valiente, bajando la
mano, sin cansarse de estar en la cara del animal y toreando incluso con la mano
izquierda. El descabello le privó de un premio mayor.
El impresentable segundo parecía noble, pero pronto desengañó al respetable.
Uceda lo muleteó con muy buen aire, templándolo con ambas manos, hasta que la
res fue perdiendo gas, acabando de una estocada corta defectuosa. La faena del
cuarto, algo le vería, la brindó al público y fue un modelo de pundonor y
valor, porque el de Julio de la Puerta tenía media arrancada y buscaba por
ambos pitones. La serenidad del diestro madrileño ante las dificultades fue un
modelo de pundonor y valor, porque el de Julio de la Puerta tenía media
arrancada y buscaba por ambos pitones. La serenidad del diestro ante las
dificultades fue valorada por el público, que premió a Uceda con una fuerte
ovación, recogida desde el tercio, después de un pinchazo y una excelente
estocada arriba, metiendo el brazo con estilo y valor. El sexto tampoco
humillaba y tuvo poco gas, parándose en seguida. Era como un pozo seco de
bravura y Uceda todavía pudo extraerle algún muletazo. Tuvo que desistir
pronto, ante aquella estatua , a la que liquidó de tres pinchazos y un
descabello.
Muy poca cosa para lo que esperaba el público de este mano a mano que
inauguraba la temporada, pero algo más para el aficionado que tuvo ante sí a
dos valerosos diestros, luchando contra un imposible ganado.
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