Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
Emisión: Jueves a las 00.30 horas. Redifusión: sábados a las 17 horas y domingos a las11.30 horas
Programación de esta semana
Dirige: Carlos Martín Santoyo

GANADERÍAS DE
España

PLAZAS TAURINAS CASTILLA-LEÓN

 

TOROS EN AVILA

 Feria taurina 1999 Temporada 2000

TEMPORADA 2001

Domingo, 15 de julio. Toros de Juan Albarrán, para Fernando Cepeda (oreja y ovación),  Rivera Ordóñez (ovación cada uno de su lote) y Miguel Abellán (dos orejas y silencio tras aviso). Media entrada.

Sábado, 9 de junio. Toros de Domingo Hernández y Garcigrande (justos de presentación, mansos los dos primeros, el resto nobles), para Manolo Sánchez (silencio y dos orejas), José Tomás (oreja y oreja) y Morante de la Puebla  (oreja y oreja). Lleno. Lluvia y aire.


TEMPORADA 2000

Sábado, 10 de junio.  Corrida de la Beneficencia. Toros de Laurentino Carrascosa (terciados, mansos), para Espartaco, que reaparecía oficialmente (saludos y palmas), Joselito (oreja y saludos), y para José Tomás (saludos y saludos). Hasta la bandera. Crónica del festejo.


ABC. Edición del 11 de junio´2000. ZABALA DE LA SERNA. Mucho frío y pocas nueces

San Isidro. El día después. Resaca de toros, y para paliarla, más toros. En Ávila se celebraba la Corrida de la Beneficencia, reaparecía Espartaco tras la grave cornada de Fallas y actuaban los protagonistas del denominado San Isidro paralelo: Joselito y José Tomás. Desde hacía dos días no había ni un boleto en las taquillas. Tanto es así que ni los músicos encontraban su hueco en los tendidos. Sin coña, por éstas que sí. La Policía actuó con eficacia y ejerció las funciones de los acomodadores.

Molesto al aire

Deshecho el entuerto, aún faltaba que el molesto aire y el frío se calmaran. No ocurrió, y Espartaco lanceó incomodado por el viento. Un solo puyazo, y el acucharado ejemplar de Carrascosa quedó como un guante de seda. Templó el diestro de Espartinas sobre la mano derecha en dos tandas muy serenas, con la figura erguida. Al natural, el toro no se entregaba, y el torero optó por no forzar la situación. Cerró faena con un par de circulares muy cómodos y holgados y con una estocada corta y habilidosa. Todo se desarrolló muy aseado, carente de emoción.

El flojo y descastado cuarto tiró por tierra las esperanzas de que Espartaco se reencontrara con el triunfo en su regreso a los ruedos. Al menos, le sirvió para estirar los músculos y demostrar que de elasticidad lumbar anda sobrado: difícil es citar ahuecando más la figura. Resolvió con una estocada caída.

Ninguna cara lucía el segundo de la tarde. Fue un manso noble. Joselito no logró gran cosa ni en el saludo ni en un quite posterior por el pitón derecho. Ora el viento, ora la destemplanza, la faena muleteril transcurrió con intermitencias y altibajos. A una tanda diestra de escaso acoplamiento, siguieron otra más ligada y limpia y una tercera inferior. Enfadóse Arroyo con las circunstancias y golpeó enrabietado la muleta con la espada; intentó de nuevo el toreo zurdo con mayor éxito, aunque tampoco nada como para tirar cohetes. Abrochó la faena por manoletinas, cobró una estocada baja y consiguió una oreja después de tanto soportar el viento.

Auténtico marmolillo

Se equivocaron en los chiqueros y dieron salida a un toro que no correspondía a Joselito y que luego resultó ser el sexto. Hubo rápida reacción y se procedió al cambio. Apareció por la puerta de toriles un inválido en toda regla. El torero de la calle Montesa toreó a la verónica, quitó por eléctricas chicuelinas y pretendió construir faena con el ya moribundo enemigo, un auténtico marmolillo. Lo remató de una estocada mínimamente ladeada.

José Tomás se estrelló con un manso y chico enemigo, huidizo para más inri. De salida, ejecutó chicuelinas en los medios ante la falta de entendimiento a la verónica, un planteamiento un tanto pueblerino. Después, el torete campó a sus anchas durante el resto de la lidia. Y José Tomás detrás, sin imponer orden ni concierto. El respetable le animó a matarlo, algo que tampoco le supuso mucho esfuerzo.

Se desquitó con el capote ante el sexto, durante la salutación a la verónica, en unos lances más que notables. Apenas existió la suerte de varas, puro simulacro. Luego, José Tomás se colocó el capote a la espalda, que no es lo mismo que echarse el capote a la espalda, y se apretó por gaoneras. El bruto se desplazaba con largura y fijeza, mientras no le obligaran demasiado. Por el pitón derecho, en los medios, trazó muletazos de calidad, a media altura. Un par de series se sucedieron. Por el pitón contrario, no respondía igual el toro, muy apagado ya. Planteó el último tramo de la faena de frente y a pies juntos, antes de despedirse con unas místicas y solemnes manoletinas que causaron furor en los tendidos. Pero, lastimosamente, marró con la espada y el ambiente se enfrió aún más de lo que ya estaba, climatológicamente hablando.

Al final, mucho ruido y pocas nueces, mucha expectación y no poca decepción, un frío de gripe y poco más. José Tomás seguirá con su periplo por plazas de segunda. Una pena que no comparezca en los núcleos donde de verdad han de medirse las figuras del toreo. Como fue siempre, como será siempre.

 

 

 
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