En una tarde de muchas orejas y de momentos de excesiva euforia,
cuando todo era cantado desde el tendido, el crítico debe elegir los
lances de mayor calidad torera. Un oyente de los clamores de la plaza
almeriense podía pensar que todo fue excepcional. Esa algarabía, que a
partir del cuarto se convierte en locura colectiva, tuvo su justificación
por algunas cosas, y no la tuvo por muchas otras.
Por ejemplo, la tarde estuvo dominada por El Juli de principio a fin.
El joven torero volvió a mostrar su talento fuera de lo común para
redondear dos trasteos de intensidad poco usual. El Juli ha llegado a
ese momento de tranquilidad en el que puede improvisar en la cara del
toro, mientras en otros llega a torear con esa relajación que le
permite su propia trayectoria taurina.
La faena al muy buen segundo fue completa. Se lució a la verónica,
quitó por chicuelinas y dibujó una faena de buen ritmo y elegancia.El
toreo por la derecha fue limpio y templado, mientras que el toreo al
natural fue mucho más profundo. La plaza rugió en los circulares. El
final, con unos doblones por bajo fue majestuoso.Y la estocada fue para
enmarcar; un estoconazo de impresión, de esos que valen por sí mismo
algún trofeo.
Cuando salió el quinto, la corrida estaba embalada. El Juli armó un
verdadero taco en ese astado. Estuvo sobrado en banderillas y realizó
una faena brillante en lo fundamental -el toreo al natural le salió
bordado- y enloquecedor en lo accesorio. Los desplantes, los molinetes,
los ayudados y toda suerte de muletazos caldearon la plaza hasta el
punto de que se le pidió el rabo, aunque esta vez la estocada fue
imperfecta. Lo que en su día me pareció un pegapases, puedo afirmar
que me parece ahora un torero de talento excepcional.
Ponce cortó tres orejas a dos toros con nobleza. La del primer toro,
de buen fondo aunque justo de raza, estuvo molestada por el viento. Al
cuarto le cortó las dos. De nuevo se mostró de forma correcta, aunque
fue una faena en la que faltó ligazón.Todos los pases surgieron de
forma individual, sin el hilván preciso. Su natural estética y su
clara inteligencia se bastaron para lograr un doble trofeo exagerado.
No tuvo suerte con el tercero Antonio Barrera. La corrida de
Zalduendo sólo tuvo este lunar negro. Barrera, muy motivado porque sus
compañeros estaban apretando, le dio dos largas cambiadas y toreó con
denuedo a la verónica. El toro llegó flojo al final, Barrera no acertó
a moderar los ímpetus de su muleta y la faena fue imposible.
Tenía la obligación de dar el todo por el todo en el sexto. El toro
tenía mucha calidad. Los lances de recibo fueron elegantes.Recibió al
de Zalduendo con una pedresina en el centro del ruedo y siguió con
pases con la derecha poco reposados. Debía ser la aceleración de la
obligación del triunfo, pero los pases eran demasiado rápidos, cuando
quiso dar uno por la espalda se embarulló y los naturales tampoco
fueron un prodigio de templanza. Insistía en rematar las tandas con un
pase por la espalda que nunca le salió. Todo fue eléctrico. Con las
manoletinas, el tendido se rompió y Barrera recurrió a todo lo que
sabe para exprimir al de Zalduendo, un gran toro, que estuvo por encima
de su lidiador.