Cambió la decoración de la Feria en una tarde que se llevó Javier
Conde, que se enfrentó al único de Criado que metió la cabeza. Conde
entusiasmó a los asistentes con una faena preñada de mestizaje, es
decir, alternó los momentos de toreo ortodoxo de buena calidad con esos
artificios que le dan sello al torero malagueño, pero no todos
consideran verdadera tauromaquia.
Lo bueno fue que Conde largó capote en alguna verónica de buen
gusto y trazo. También que dibujó muletazos sobre la derecha de trazo
elegante y empaque llamativo. Algunos de estos buenos pases los remató
ligados perfectamente a los de pecho. El toreo al natural sólo estuvo
representado por uno de cadencia infinita.
Lo que ya no es tan ortodoxo son los recursos con los que Javier
conde conecta con la masa. Esos movimientos de cabeza con los ojos
vueltos, esos pases de pecho mirando al vacío y, por encima de todo,
esas carreritas para citar al toro ya en las postrimerías de la faena,
que a muchos nos parecen ridículas. El toreo es personalidad dentro de
las normas y ante el toro de lidia; lo que no es personalidad son las
excentricidades realizadas lejos del toro.
Ese mestizaje fue recibido con entusiasmo por la plaza, que llegó a
la admiración en un circular completo que le salió bordado, pero que
provocó algunas risas cuando se salió de lo normal con sus cosas.
El sexto, de Esteban Isidro, tenía pocas fuerzas, pero le permitió
hacer otra faena que ahora fue de más camelo. Los pases fueron siempre
incompletos: antes de finalizar los mismos, Conde ya estaba cambiando la
posición. De esta forma, aunque parecía que podía tomar vuelo su
faena, todo quedó en apuntes. Cuando llegó la hora de la suerte
suprema, Conde nos enseñó su cara artista dejando infinidad de malos
pinchazos. El toro se lo había brindado a Tomatito, genial guitarrista,
pero a Conde le faltó templanza para asentar las cuerdas de su toreo.
En la tarde se habían visto las dos caras de Conde: la buena y la del
toreo artificial y fatuo.
Para Joselito fue una tarde sin contenido. El primero, muy blando, no
permitió ni un pase que reseñar por parte del madrileño. El cuarto
parecía un astado de más bríos. Joselito lo recibió con una larga
cambiada, se lució a la verónica y en chicuelinas, pero se encontró
con que el de Criado no se movía: como dicen los mexicanos, estaba
pegado al suelo. La suya fue una tarde sin nada que contar.
Y casi lo mismo le pasó a Finito de Córdoba, que al primero de su
lote le dio muchos pases, pero fue una porfía en la que no logró nada
claro. Como le pasó en el quinto, con el que lo intentó sin mucha
decisión. Es como si la tarde ya le pesara a esas alturas.Con la espada
acabó desesperando incluso a sus propios seguidores.Finito no nos regaló
ni una verónica en esta tarde de su reencuentro con Almería.