|
|
|
Festejo
PLAZA DE
TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del lunes, 25 de agosto de 2003
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Santiago
Domecq (con buena presencia y buen juego, en general. Justos de fuerzas, destacaron sobre todo tercero y cuarto, al que se le pidió la vuelta al
ruedo).
Diestros:
-
El Califa. Estocada desprendida (una oreja), y tres pinchazos y descabello (ovación).
-
El
Juli. Estocada casi entera (una oreja), y pinchazo y media tendida (ovación).
-
César Jiménez. Media atravesada y descabello (una oreja con petición de la segunda); y pinchazo y estocada caída (dos orejas).
Incidencias: se guardó un minuto de silencio en memoria de
Juan Pablo
Sabroso, subalterno fallecido el domingo en accidente de tráfico. Presidió el festejo Marco Rubio, con Pepín Cruz como asesor artístico. Destacó Hipólito Lozano, de la cuadrilla de César Jiménez, en el tercio de banderillas del tercero de la tarde, por lo que hubo de desmonterarse.
Entrada: dos tercero de entrada.
Crónicas de la prensa:
Ideal.
Ideal.
JUANJO AGUILERA. Almería se rinde al
imperio del César
Cuando todos o casi todos hablábamos de la mediocridad que hay en el
mundo del toro este año, aparecen bocanadas de aire fresco que nos
hacen rectificar esos comentarios. Yo, feliz de hacerlo siempre que se
vean cosas como las que ayer se vieron sobre el albero del coso de la
avenida de Vilches.
Y preguntarán que qué se vio. Algo muy sencillo y grande a la vez,
un torero con 19 años con usanzas a la antigua, con detalles de
figura, con un toreo exquisito, profundo, poderoso. Como si a Almería
llegara viento de poniente cuando el termómetro marca 40 grados. Toda
comparación es odiosa, pero parece que al toreo ha llegado ese aire
que tal vez parecía haberse ido con la retirada de José Tomás,
aunque, como digo, las comparaciones son todas odiosas.
Hubo detalles, muchos detalles, de su torería. César Jiménez es
torero y se siente torero, con un patrón antiguo. Porque César Jiménez
recordó a aquellos diestros de épocas pasadas que caían y se
levantaban para rectificar faena, una faena plena de variedad, de
toreo exquisito, con un encierro que, aunque pasó de puntillas por el
tercio de varas, sirvió para la lidia.
César Jiménez fue, sin duda, el triunfador, tanto por encima de los
dos toros como por encima de sus dos acompañantes de cartel. El
madrileño, que el año pasado fue más pinturero que torero a su paso
por Almería, trajo ayer una concepción distinta del toreo. El pasado
año, más a media altura, ahora más asentado, más profundo, con
desmayo.
La mejor faena, lógicamente, la realizada al sexto de la tarde. Un
colorado ojo de perdiz al que el madrileño sometió desde el inicio.
Se fue a la boca de riego, allí donde no hay escapatoria ni lugar
para defenderse y le instrumentó siete chicuelinas. Con el octavo
llegó el susto. Un revolcón del que se repuso con agua para actuar a
la vieja usanza. La de los toreros de comienzos del siglo pasado. César
se plantó otra vez en el mismo sitio, decidido, y le enjaretó otra
tanda de capotazos excelentes de ejecución. Un galleo por tafalleras
y un quite afarolado, más condimentos para la variedad de su toreo.
Y es que, aunque pueda parecer excesiva la segunda oreja, hay cosas
que el reglamento no dice, como el valor y la lucidez para reponerse
ante un susto mayúsculo, valores a añadir a quien torea tan
desmayado, tan hondo, con tanta quietud y sometimiento como ayer lo
hizo el de Fuenlabrada.
Así actuó con la muleta en ambas manos. Con la derecha, hizo
embestir a Segador con la panza de la muleta, mientras la pulcritud y
la ligazón fueron características esenciales. Las mismas que utilizó
para enjaretar tandas de naturales, justo antes de instrumentar unos
AYUDADOS -con mayúsculas- con los que dejó al toro en suerte.
No careció de detalles la que hizo a su primero, tal vez menos
intensa, pero con un abaniqueo de artista para poner punto final a la
faena de muleta, sin olvidar sus tandas de muletazos rodilla en
tierra. Y es que hay formas de interpretar este toreo. Los mantazos
son una cosa y los muletazos como los que ayer dio César Jiménez son
otra. Cargados de temple y corriendo la mano. No mató bien, pero la
oreja había caído en el esportón.
Lo que El Califa y El Juli hicieron no tuvo diferencias. Los dos
cortaron una oreja cada uno haciendo menos que en los toros en los que
no cortaron.
El Califa se gustó y gustó en el cuarto de la tarde más que en
primero, aunque fue en éste en el que se llevó el trofeo, después
de que se acumularan en la retina sólo la tercera tanda de muletazos
por el pitón derecho. Equivocado, se cambió la franela a la
izquierda cuando las fuerzas de su enemigo eran escasísimas y ante la
defensiva del burel hubo más emoción que arte.
En el cuarto, más pases que toreo profundo y eso que comenzó
corriendo bien la mano derecha, pero poco a poco fue ahogando al
animal, tapándole la salida y sin darle descanso.
El Juli basó su triunfo, en el segundo de la tarde, en la estocada,
porque lo que es en el tercio de banderillas -donde suele ganarse los
trofeos en las plazas que no son de primera- no fue para lucirse. Sólo
lo hizo con el tercero para luego instrumentar una faena en la que
aprovechó la embestida del toro para ligar tandas que no para enseñar
por el pitón derecho. El animal no aprendió y tocó la franela, lo
que impediría al madrileño lidiar por la izquierda. Su estoconazo le
dio un trofeo que perdió en el quinto.
Y lo perdió en parte por fallar y porque el público no tragó
excesivamente en los ayudados muy sui generis que dio -hay ayudados y
AYUDADOS- tras dos buenos pares de palitroques -el primero es para no
recordarlo-. Luego sí, sometió al animal con algunos naturales por
bajo y poco más con la derecha. Sólo ovación.
Los honores, sin embargo, fueron para un poderoso torero que ayer
conquistó Almería sin batallas sangrientas. El César de Fuenlabrada
entró ayer con un ejército disfrazado de arte para pedir los honores
que sólo merecen los grandes.
|
|