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Festejo
PLAZA DE
TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del jueves, 29 de agosto de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de El Casillón, bien
presentados, sin fuerzas, blandos.
Diestros:
-
Eugenio
de Mora, ovación
tras petición, silencio.
-
El Juli,
aplausos, oreja con petición.
-
Jesús de Almería, silencio en los dos..
Entrada: tres
cuartos.
Crónicas de la prensa:
Diario
El Mundo, El País.
El País. JUAN
ORTEGA. La transmutación de las almas
El Juli cubrió con facultades y
espectacularidad el tercio de banderillas del quinto, con el que comenzó
en los medios completamente fuera cacho, perfectamente acomodado
en la distancia de seguridad y adornándose pintureramente. Lo mejor,
dos naturales de frente en series de uno. A la hora de matar, atravesó
al toro desde fuera. En el segundo, de poca fuerza, faena sin argumento
rematada en los bajos.
La precocidad taurina de El Juli sólo
fue comparable a la de Gallito. La renovación que trajo con el capote
era suspirada por los aficionados más rancios y el pundonor y la
entrega con espada y muleta, ejemplares. Hubo general acuerdo en que
nunca banderilleó exquisitamente. Olvidada la variedad de capa, oculto
en la lejanía con la muleta y echándose fuera a la hora de matar, ¿qué
queda de El Juli? Sólo El Tato, caso claro de baile de almas. Esperemos
que sólo sea un bache.
Ser torero es difícil, hacerse torero
en Almería casi entra en lo épico, y lograrlo, auxiliado por una
cuadrilla como la que ayer acompañó a Jesús Almería, misión
imposible. Las ilusiones no pueden ser despachadas de un plumazo, pero
también sería cruel alentar milagros. Jesús Almería, tras dos
tercios para olvidar, se quedó solo y, para mí, que algo desamparado.
Llegó un toreo de buen aire, quizá sólo de aire, por la distancia y
la pérdida de terrenos, toreo de acompañamiento, sin someter. Mal a la
hora de matar: lo peor es que, al cobrar dos estocadas, volvió la cara
en ambas. El sexto se inutilizó tras una voltereta y acabó tumbado con
ánimos de echarse a morir.
Eugenio de Mora, que sustituía a Paco
Ojeda por merecimiento de sus apoderados, desperdició un buen toro a
base de llevar la mano alta, cambiar temple por latigazos, equivocar la
posición y bailar constantemente, abandonando el principio de quietud.
Al cuarto le dio un soponcio que lo incapacitó para mantenerse en pie y
Eugenio de Mora abrevió su agonía y el mal humor de los tendidos. La
figura, el colocado y el novel desafinaron en una disonancia lamentable;
una sola oreja, en Almería, es fracaso.
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL.
Triste
versión del toro de lidia
Es desagradable comentar que la presentación de un ganadero de Almería
en su Feria fue un fracaso. La corrida fue pasando con mucha pena, y sólo
El Juli en el quinto pudo enjaretar una faena digna del tal nombre. El
Juli acertó a darle pases sin obligarlo. No es el toreo que debe
hacerse, porque el bueno debe llevar implícito el sometimiento; el
torero debe poderle a algo. Si no hay más que cuidar la embestida para
que no se desmorone la anatomía, ya no es toreo de verdad.
De un tiempo a esta parte El Juli pone en práctica una forma
peculiar de matar. Consiste en dar un saltito a la izquierda y clavar
desprendido y perpendicular. El toro no muere sin puntilla, porque la
espada queda atravesada, pero queda ideal para descabellar.El Juli ha
encontrado el truco para matar pronto, lo que no quiere decir que mate
bien. El mismo Julián López había lidiado al segundo, toro blando,
soso, pura rutina en su especie.
Eugenio de Mora sustituyó a Paco Ojeda. Al primero lo cansó con una
profusión de pases vulgares sobre la diestra. Aún así, esta bendita
gente le pidió una oreja. El cuarto era una especie enferma, derrumbada
y gordinflona. Los tirones violentos del espada contribuyeron a que el
animal se cayera con más rotundidad.
El local Jesús Almería acusó los nervios de su única tarde en la
Feria. Con el tercero le echó voluntad, se encontró con la inestimable
ayuda del tendido, que le coreó con frenesí todo lo que hizo, lo
bueno, lo malo y lo regular. La parte buena fueron algunos derechazos en
los que mandó y templó, lástima que corrigiera tanto la posición. A
ese tercero lo mató muy mal. El sexto era otro sonámbulo, que se
derrengó al primer muletazo. Fue deprimente ver al toro hundido y Jesús
de rodillas intentando torear. Lo dicho, una chapuza de corrida de El
Casillón.
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