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Festejo
PLAZA DE
TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del martes, 27 de agosto de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Zalduendo,
terciados y sin fuerzas, nobles y bajos de raza. El cuarto, para el que
se pidió el indulto, premiado con la vuelta al ruedo.
Diestros:
-
Enrique Ponce,
dos pinchazos, media y descabello (palmas); y tres pinchazos, media
y cinco descabellos (vuelta tras petición).
-
El Juli,
pinchazo, estocada perpendicular y descabello (oreja); y estocada (
oreja).
-
Antonio Barrera,
dos pinchazos y dos descabellos (vuelta por su cuenta); y pinchazo,
otro hondo y ocho descabellos (silencio tras aviso).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
Diario de Sevilla, Diario
El Mundo.
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL. Lo
del indulto es
algo contagioso
Se repitió la misma historia de siempre. El público
solicitó de forma absurda un indulto que el animal no merecía.Fue un
toro de poco trapío, que tomó una vara en la que el público protestó
para que no lo castigaran. El toro llegó pronto, noble y repetidor a
la muleta de Ponce, que le hizo una faena de menos a más.
Los doblones de comienzo fueron espléndidos,
llevando al toro muy bien templado, sobre todo por el lado derecho,
porque el buen torero que lleva dentro logró asentarse en pases de
suave ejecución y plenos de majestad. El cenit de su labor fueron los
vistosos naturales en los que cita plegando la muleta, ya en la fase
final de su faena. Los doblones por bajo fueron de nuevo de calidad
excelsa. A partir de ahí, casi toda la plaza pidió el indulto.
No era toro para indulto, lo que también entendió
el presidente que le envió un aviso al torero. Ponce siguió dando
pases, en claro intento de provocar el perdón, una situación en la
que es un consumado maestro. El presidente hizo un gesto expresivo
para que matara y el espada falló de forma reiterada. Al final, después
de algunos descabellos, el toro fue premiado con la vuelta al ruedo y
el matador dio una vuelta de clamor.
La primera parte de la corrida fue algo insulsa. El
mismo Ponce se había encontrado con un animal de poca alegría, que
apenas le permitió darle pases. El Juli le cortó una oreja facilona
al segundo, otro inválido que permitió una faena correcta y animosa
del joven diestro. En el quinto, un toro noble y tardo, El Juli anduvo
a un nivel muy alto. Desde los lances de capa, pasando por los pares
de banderillas, hasta acabar con una faena de muleta en la que templó
de forma admirable una embestida bondadosa.Su acierto proverbial con
la espada dio paso a una oreja que ahora sí fue justa.
Se esperaba con expectación a Antonio Barrera. Se
justificó de sobras en su reaparición. Toreó con gusto a la verónica
al tercero, que rodó varias veces por el suelo. Su faena fue templada
y valiente, por encima de la condición del toro. Remató con
manoletinas y fracasó con la espada. Se fue a recibir a portagayola
al sexto, lo que no pudo culminar por el frenazo del Zalduendo. En la
faena recibió un golpe en la cara por un derrote del toro. No se
arrugó Barrera en una labor de valiente, en la que el lucimiento no
existió porque el animal acabó con el latín aprendido.
Diario
de Sevilla. JUAN
MIGUEL NÚÑEZ. Ponce
malogra con la espada la mejor faena de la feria
Por una vez el presidente ha estado en su sitio,
al denegar el indulto a un toro que no había pasado la prueba del
caballo.
En esta plaza la merienda suele ser eje central del festejo. Copiosa
merienda que incluye bebidas también de más o menos grados, y que pone
al tendido en ambiente, casi siempre a favor de lo que ocurre en el
ruedo. Esta vez le tocó al toro cuarto, que se movió mucho y con
clase, pero al que no se le hizo clase en el caballo ni para un análisis.
Ponce realizó la que hasta ahora se considera la faena de la feria;
tanto, que el torero aportó casi más que el toro para el embeleso de
la gente a la hora de tomar partido por el animal. El torero estuvo
extraordinariamente bien con el capote y no se diga con la muleta. Faena
sobre la base de una excelente técnica y buen gusto, que fue ganando en
intensidad. El toreo fundamental de mano baja, trazo firme, largo y
sentido. Pero Ponce se equivocó al hacerle el juego al tendido, que
pidió el indulto de un toro que apenas había sido picado y que, aun
yendo a más y con buen tranco, no había dado la talla en el caballo.
Se pasó Ponce de faena y el astado ya no colaboró en la suerte
suprema. Sucesivos pinchazos y descabellos dejaron todo en una aclamada
vuelta al ruedo.
En su primero, Ponce cumplió una faena muy trabajada ante un toro
rebrincado y que se defendió mucho como correspondía a su condición
de manso e inválido.
El Juli cortó la oreja de su primero por un trasteo de más sabiduría
que otra cosa, cuidando siempre de que el dócil animal no se le viniese
abajo. Toreó con enjundia en el saludo a la verónica, puso banderillas
con facilidad y con la muleta buscó el efectismo de un parón final.
En el quinto, a excepción del tercio de banderillas que cubrió con
bastante desigualdad, El Juli estuvo mejor, muy metido con el toro y
siempre por abajo. Mató a la primera, y esta vez, incomprensible, sólo
le pidieron una oreja.
Antonio Barrera reapareció después de sus dos graves percances
consecutivos en Pamplona y Barcelona. Buscó afanosamente el triunfo,
pero no fue posible porque lo suyo va de valor, y cuando no hay en
frente un toro que asuste, le cuesta mucho decir algo. Estuvo
voluntarioso y embarullado con su inválido primero. El sexto, más
aparente, el único hasta ayer en Almería que ha recibido dos puyazos,
buscó la alternativa del arrimón, pero tampoco resolvió nada.
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