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Festejo
PLAZA DE TOROS DE ALMERÍA
Tarde del miércoles, 22 de agosto de 2001
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Marqués
de Domecq, de presentación desigual.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El
Mundo, El País
El Mundo.
CARLOS CRIVELL. La
buena lidia no es para los toreros de hoy
Entre el mal uso de la espada y las precauciones de algunos espadas
de la terna, la corrida se saldó con una solitaria oreja para Jesulín
de Ubrique. Poco bagaje para una plaza tan proclive a facilitar el
triunfo de los matadores. Y, como ocurre tantas veces, los mejores toros
cayeron en las manos de quien los trata mejor.
Este torero fue Jesulín de Ubrique. Es lógico que Jesulín no guste
a muchos. Su tauromaquia tiene aspectos muy notables y otros no tan
brillantes. Jesulín le hizo a su primero una faena correcta que llegó
poco al tendido. Al cuarto le construyó una labor muy completa, llena
de conocimiento y saber estar. El final fue de traca con el torero
clavado en la arena y ligando 10 pases al natural y por alto.
Manuel Caballero no estuvo afortunado. Caballero cuidó mucho al
flojo segundo, pero su labor no remontó nunca el vuelo. El quinto fue
ya una prenda. El de Albacete acabó desbordado y pasó unas fatigas
tremendas. Víctor Puerto se enfrentó a un toro más boyante en primer
lugar. Se preocupó mucho de que la plaza lo aplaudiera por su continua
ebullición. Con el sexto estuvo desafortunado. No se puede hacer la
misma faena a todos los toros.
El
País. JUAN ORTEGA.
Jesulín se salvó de la quema
Jesulín, Caballero y Puerto forman, entre otros, la segunda línea
que va inmediatamente detrás de las dos o tres figuras que concitan la
expectación y se llevan los dineros. Siempre ha existido esa línea,
pero nunca ha sido tan débil. Sólo se salvó Jesulín de la quema y
eso no es mucho. El de Ubrique empezó templando con el capote de
salida, y dejó una magnífica media verónica. En correspondencia,
también hay que resaltar que se salvó el toro, que sacó fuerzas de la
bravura para acometer codiciosamente a la muleta. La faena tuvo momentos
buenos, pero se prolongó en exceso. En el cuarto, Jesulín embarcó con
la bamba de la muleta arrastrando ésta, que el toro seguía también
con codicia, dominado por el temple que evitaba el derrote final que
punteaba en busca de algo más, ya que no se trataba de ningún toro
bobo. El pero que se le puede seguir poniendo a Jesulín es que prefiera
la cantidad a la calidad, lo que nos priva de un toreo capaz de levantar
al público.
Caballero y Puerto protagonizaron un nefasto final de corrida,
especialmente nefasto para ellos, que se la jugaron y la perdieron,
estando al borde de la cornada. El quinto tenía problemas y, en vez de
atajarlos dominando y quebrantando por bajo, Caballero lo dejó ir desde
lejos, y el toro acabó ganando la pelea. No le bastó esta lección a
Puerto, que pechó con una res que iba y venía a su aire, siguiendo sus
propios designios; incomprensiblemente, Puerto se puso a citar por
naturales y derechazos a los que el toro respondía poniéndole los
pitones en el pecho.
El primero de Caballero, de grandes pezuñas, no se mantuvo en pie. Víctor
Puerto exhibió una gran variedad de capa y muleta, también a lo ancho,
que no a lo profundo, y permitió que le asesinaran en varas al primero,
al que después trataba de darle una distancia que, mediante la inercia,
supliera la falta de fuerza.
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