GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Festejo
PLAZA DE TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del lunes, 20 de agosto de 2001
 
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Zalduendo, desiguales de presentación.

Caballero:

Diestros:

  • Enrique Ponce, estocada trasera y contraria (ovación y saludos); media estocada (ovación y saludos con algunos pitos).

  • El Califa, estocada baja (oreja); estocada (oreja). 

  • Javier Castaño, media desprendida, descabello (oreja); pinchazo, estocada, dos descabellos (ovación y saludos).

Entrada: tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: El Mundo, El País


El Mundo. CARLOS CRIVELL. Lo que monta Hermoso lo hace oro

La ausencia de José Tomás fue remendada con El Califa y con Hermoso de Mendoza. La actuación del navarro en el toro que abrió plaza fue una nueva lección magistral de toreo a caballo. Se podría pensar que Hermoso era sólo Cagancho, pero ahora que está lesionado se ha comprobado que todo lo que monta Hermoso se convierte en oro. La templada lidia, unas veces de costado, otras de frente en círculos; cada vez tiene más parecido al toreo a pie, claro está que sobre una cabalgadura. Hermoso cortó dos orejas rotundas y explicó la mejor lección de la tarde.

Ponce tapó bastante a su primero por la derecha y apenas lo intentó por la izquierda. A esas alturas de la faena el animal se defendía en exceso. El segundo de su lote no le permitió sumarse al carro del triunfo de sus compañeros. La parte festiva de la corrida llegó con los dos toros de El Califa y Javier Castaño. Sin torear con el capote, una de las muchas asignaturas que tiene pendientes El Califa, su labor fue muy entregada y animosa. Instrumentó tandas sobre uno y otro pitón a las que les faltó calidad. Pero se llevó también otro gran toro. Ahora la faena fue de vértigo, pases como latigazos crueles a una embestida dulce.

También se llevó dos buenos toros Javier Castaño. En lo que se refiere al toreo fundamental, Castaño estuvo voluntarioso y acelerado en su primer enemigo, mejorando con el que cerró plaza.


El País. JUAN ORTEGA. Hermoso de Mendoza arrasó

Pablo Hermoso de Mendoza está entrando en la dimensión de mito: comienza la ceremonia cuando el aficionado se acerca al camión para ver los caballos; allí trata de identificarlos reverencialmente, como los grandes actores de un ritual. Se susurra la admiración, casi se rezan los nombres en un mantra y se evoca a Cagancho, que no está para muchos trotes estos días, siendo ayer sustituido en el núcleo central de la faena por Albayzín, sobre el que recayó la misión de sacar al manso de tablas, lo que hacía metiéndose por los adentros y saliendo a dos pistas, llevando al toro prendido, ofreciendo generosamente su anatomía como muleta hasta llegar a sufrir derrotes.

Cada día torea más y mejor y cada día el navarro asombra un grado más. Con Mariachi se tumbó sobre el toro en alarde de cercanía a base de banderillas cortas y adornos. Terminó cambiándole las querencias al toro, que fue desde las tablas hasta el centro del ruedo donde murió.

El comportamiento animal había de continuar siendo materia de asombro: no era creíble el tercer toro, castaño bociblanco recogido de atrás, que se dejaba hacer de todo; permitía que el torero, a un dedo de los pitones, le marcara la salida por un lado o por otro, gesto que el toro seguía al pie de la letra. Y no es que estuviera dominado, sino que era así, a pesar de que Javier Castaño lo había toreado de largo siempre hacia afuera, desplegando trapo y destemplando; a pesar de Castaño, el toro se toreaba solo. En el sexto empezó a buen nivel para ir bajando el diapasón, no se sabe si por agotamiento del toro o del matador, que, al final, se colocó muy cerca para calentar el ambiente.

El segundo fue bravo y El Califa sacó buenas series sobre ambas manos con algunos remates de pecho espléndidos. En el quinto, El Califa completó una labor de menos a más, algo intermitente y mejor con la diestra, que llegó con fuerza a los tendidos

Abrió plaza un ejemplar zancudo, fino de estampa y anovillado, mansote de condición, de corta arrancada, reservón y listo, sin un pase por el izquierdo y punteando por el derecho. Ponce estuvo firme y capaz, sacándole algo más de lo poco que tenía. El cuarto también estaba fuera de tipo y sin fuerzas, llegando parado al último tercio: Ponce llegó a taparle los defectos, pero estuvo lejos de una labor lucida.

 

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