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Feria de la Virgen del Mar 1999
CARTEL (del 22 al 29 de agosto)
José Tomás, triunfador de la feria
Domingo, 22 de agosto. Novillada. Ganado de Paco Ojeda
(desiguales de presentación), para Jesús Almería (ovación, silencio tras aviso y
oreja), El César (oreja y ovación) y Ricardo Torres (silencio; después pasó a la
enfermería).
Lunes, 23 de agosto. Corrida. Ganado de Puerto de San Lorenzo (bien presentados y de
buen juego, destacando segundo y cuarto), para Enrique PONCE (oreja y dos orejas tras
aviso), EL JULI (oreja en ambos) y Jose
Gabriel OLIVENZA, que tomaba la alternativa (oreja y silencio). Crónica de EFE,
Crónica de ABCABC,
Crónica del Diario de Andalucía.
Diario de Andalucía.
Martes, 24 de agosto. Corrida. Ganado de Zalduendo (que dieron buen juego en general. El 3º
fue el mejor, al 5º se le dio la vuelta al ruedo y el 6º se paró pronto), para RIVERA ORDOÑEZ (ovación y oreja con
petición, y dos vueltas al ruedo). Jose
TOMAS (dos orejas y dos orejas con petición de rabo) y Morante de la PUEBLA (dos orejas y
ovación). Crónica de El
País., Crónica
de El Mundo, El Mundo, Crónica del Diario
de Andalucía.
Miércoles, 25 de agosto. Corrida. Ganado de Luis Algarra (bien presentado, complicado y con
peligro. El 4º fue el que más se prestó para el lucimiento), para ESPARTACO (vuelta y ovación), Enrique PONCE (ovación y aplausos) y Miguel ABELLAN (oreja y oreja).
Crónica de El
Mundo. El
Mundo. Crónica del Diario de
Andalucía.
Jueves, 26 de agosto. Corrida. Ganado de Torrealta (desiguales de presentación y juego,
más serios los tres últimos. 2º, 4º y 5º resultaron los más manejables), para EL CORDOBES (ovación más petición de oreja
y dos orejas), Jose TOMAS (ovación y
una oreja con petición) y EL JULI.
(ovación y una oreja con petición). Crónica de El
País.El
País. Crónica
de ABC. Crónica del Diario
de Andalucía.
Viernes, 27 de agosto.
Corrida. Ganado de Marques de Domecq
(manejables, aunque muy justos de fuerzas y casta), para Cesar RINCON (ovación y una
oreja), Manuel CABALLERO
(ovación tras petición y ovación) y RUIZ
MANUEL (una oreja y dos orejas). Crónica de El
País. El
País. Crónica
de El Mundo.El Mundo. Crónica del Diario
de Andalucía.
Sábado, 28 de agosto. Corrida. Ganado de Sanchez Arjona
(justos de fuerzas, nobles y en general de juego desigual. El 5º fue el mejor y el 6º,
encastado), para MANZANARES (ovación
en los dos), Vicente BARRERA
(silencio y oreja) y Morante de la
Puebla (palmas; aviso y oreja). Crónica de El
País. El
País. Crónica
de ABC. ABC. Crónica del Diario
de Andalucía.
Crónicas de la prensa
El País,
AFP. Almería, edición del 29 de agosto '99.
Vicente
Barrera y Morante de la Puebla cortan oreja en Almería
Los diestros Vicente Barrera y Morante de la Puebla cortaron una oreja cada uno en la
corrida celebrada ayer en Almería, séptimo festejo de su feria de la Virgen del Mar.
José Mari Manzanares fue el único torero que se fue de vacío. Anduvo con ganas ante
el que abrió plaza y cuajó lucidos lances a la verónica. Con la muleta dibujó
muletazos con torería, aunque sin llegar a romper, pues el animal tenía la
embestida corta.
Se superó con el cuarto, al que cuajó tandas por el pitón derecho de mucho empaque,
pero en esta ocasión lo estropeó todo a la hora de matar, pues hubiera podido cortar una
oreja.
El segundo fue un toro andarín con el que Barrera estuvo algo desconfiado, sin llegar
a entrar en profundidades, además durante la faena también tuvo en contra molestas
rachas de viento.
Derrochó ganas, sin embargo, con el quinto, en cuya faena destacó una serie al
natural muy templada y con ligazón, quedándose el torero muy quieto. Además Barrera se
volcó en la estocada lo que le valió el apéndice.
Morante de la Puebla sustituía al lesionado Eugenio de Mora y el sevillano no
desaprovechó esta oportunidad. Su primero se aplomó pronto al recibir un excesivo
castigo en varas. Se esforzó Morante en busca del triunfo, pero fue imposible.
El sexto fue un toro muy serio, con genio y encastado, ante el que Morante se mostró
centrado y valiente en una labor de mérito. Lo toreó por bajo, alargando los pases y
dejando detalles con sabor y hondura. Fue una pena que se retrasara hasta amarrar la
estocada, pues pudo haber cortado el doble trofeo.
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ABC,
ZABALA DE LA SERNA. Almería, edición del 29 de agosto '99. El
buen momento de Morante y la elegancia de Manzanares.
Almería, broche y cierre. Abría cartel José María Manzanares, y completaba la terna
Morante de la Puebla, que sustituía a Eugenio de Mora ocupando un puesto que bien podía
pertenecer a Ruiz Manuel.
El veterano torero del barrio alicantino de Santa Cruz dejó aromas de su calidad en
unos cuantos derechazos cadentes y templados, a media altura porque el grandón y colorado
primer toro de Sánchez-Arjona flojeaba con descaro. Su nobleza permitió que Manzanares
apuntara su clásica elegancia, aunque sólo fuera por el pitón diestro, que por el
contrario apenas había recorrido. Metió con habilidad el brazo para colocar media
estocada letal.
Otra vez destelló la clase manzanarista ante el alto y tontorrón cuarto, que con su
justa y parca movilidad permitía estar con tranquilidad en su cara. Una tanda diestra, la
más completa, se elevó desde la mitad de la faena y sobre el resto de ella. De nuevo
careció de posibilidades para que surgiera el toreo al natural.
Muy desangelado transcurrió el quehacer de Vicente Barrera con el soso y molesto
segundo, que cabeceaba a derechas y buscaba al torero con un permanente gazapeo a
izquierdas. Enganchones, desajuste, tristeza. Fantasmal presencia del valenciano.
Mejorarían las cosas ante el quinto, un toro de más largo desplazamiento que se
dejaba torear con desigualdad. Durante la faena de Barrera sonó el pasodoble de Manolete,
único recuerdo para el fenómeno cordobés en el día del 52 aniversario de su muerte en
Linares. La figura vertical y ahora más serena de Vicente Barrera también podría
entenderse como un homenaje en cierto modo. La obra transcurrió con altibajos, como
embestía el sánchezarjona. El acierto a espadas significó la oreja. Una más.
Media verónica pinturera de Morante de la Puebla encendió la llama de la ilusión en
unos tendidos adormecidos hasta el momento. Otra de un quite posterior también mereció
la aprobación popular. El inicio de faena, sobre la izquierda, emanó torería, arte de
Sevilla. Fue todo. El toro, que hacía tercero, se olvidó la bravura en el campo charro.
Parado como sus primos de Guisando, reventó las expectativas de toreo.
El sexto fue un toro serio y, a la postre, el mejor de la corrida pese a que acabara
rajado. Dos tandas de derechazos se sucedieron, tras el arranque de faena, con temple y
muy ceñidas. El muletazo de Morante gana cada día más, y gana Morante. Bajó el tono
sobre el pitón zurdo del animal, y el tramo último del trasteo se dilató mucho: no
veía el diestro la muerte a su enemigo ni encontraba los terrenos propicios. Sonó un
aviso y agarró un espadazo antes de que despidiera la Feria con una oreja en sus manos.
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El País,
AFP. Almería, edición del 28 de agosto '99. Gran
triunfo de Ruiz Manuel, con tres orejas
El diestro Ruiz Manuel cuajó un clamoroso triunfo de tres orejas en la corrida
celebrada ayer en Almería, sexto festejo de su feria de la Virgen del Mar, en el que
César Rincón también obtuvo un trofeo.
La decisión de César Rincón de apartarse de los ruedos a final de temporada no le ha
restado ánimo y entrega al torero, que en esta ocasión tuvo una actuación a la altura
de las circunstancias. Muy centrado y decidido anduvo con el que abrió plaza, que le dio
un impresionante susto, al voltearle de forma dramática. Rincón cuajó muletazos de buen
trazo, pero la faena no llegó a "romper" ya que el toro tardó demasiado en
morir. El cuarto fue un toro flojo, sin casta y acabó parado, pero con él Rincón se
mostró muy voluntarioso. Fue una faena de mucho mérito, arrancando de uno en uno los
muletazos. No se demoró al matar y cortó la oreja.
Manuel Caballero se enfrentó a un primer toro que repetía, pero sin la suficiente
codicia. Su labor estuvo basada en el pitón izquierdo, toreando con firmeza y empaque, y
aguantando en los pases de pecho. Luego, finalizó con cambios de mano, pero lo mejor, sin
duda, fue la extraordinaria estocada hasta la bola, aunque algo atravesada, lo que
retrasó la muerte de su enemigo. La faena al quinto fue muy meritoria, pues el toro
tenía mucho que torear y echaba siempre la cara arriba al final del pase.
El torero local Ruiz Manuel cortó la oreja del tercero por una labor muy completa.
Cuajó series en redondo toreando con firmeza y entrega. Estuvo breve con la espada y
logró el trofeo. En el sexto, un gran toro, buscó con empeñó la salida a hombros y ya
con el capote se lució en lances muy vibrantes. Las tandas de derechazos y naturales
fueron largas, con temple y ligazón, derrochando valor en cada muletazo. La faena fue a
más en el toreo al natural, con el público totalmente volcado, y la estocada, muy
eficaz, lo que le valió el doble trofeo.
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El Mundo,
agencia EFE. Almería, edición del 28 de agosto '99. La
Tarde fue de Ruiz Manuel
Ruiz Manuel tuvo una importante actuación ayer en su tierra, en Almería, donde cortó
tres orejas y salió a hombros.
La tarde fue suya, por la necesidad imperiosa de triunfo. El joven torero buscó el
éxito y lo encontró sin paliativos en una actuación de buen toreo hasta el punto de
eclipsar a sus dos compañeros de cartel, con mucho más oficio que él. A su primero lo
recibió Ruiz Manuel con una larga cambiada en chiqueros de perfecta ejecución que
continuó ya en pie con lances a la verónica y remate de una media rodilla en tierra.
Muleta en mano, pasó por alto al animal en el inicio y una vez en los medios citó de
lejos para ligar tres series por la derecha de mucha enjundia seguidas de circulares
templados y unos naturales de superior calidad.
Ruiz Manuel se encontró después con un excelente toro, el sexto, que le permitió
lucirse en el toreo a la verónica y, sobre todo, realizar un vistoso y buen trasteo de
muleta que comenzó por bajo. El astado tuvo buen tranco y el torero pudo ligar y templar
los largos muletazos que compusieron dos series bellísimas por el lado derecho. También
una tanda de naturales fue de buena factura, aunque volvió a la diestra para completar su
labor con ayudados, adornos y desplante, que pusieron la plaza boca abajo.
César Rincón, que reaparecía tras su lesión en la mano izquierda, anduvo en tono
importante durante toda la tarde. Al primero lo recibió con verónicas a pies juntos
rematadas con una media y resultó cogido, aunque sin consecuencias, en un quite por
chicuelinas. Con la muleta estuvo en maestro ante un toro que se revolvía e incierto. En
el cuarto volvió a estar muy decidido Rincón con un toro que en la primera tanda por el
derecho le puso los pitones en el pecho y se quedaba en la mitad de la suerte. Fue
nuevamente volteado al iniciar un pase de las flores.
Caballero lanceó a la verónica con cierto gusto al segundo, un toro sin mucha fuerza
y sin transmisión, a pesar de lo cual se lo pasó por los dos pitones en muletazos de
buena factura. El quinto, que fue bravo en el caballo, quedó violento para la muleta y
Caballero cumplió con él.
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El País,
AFP. Almería, edición del 27 de agosto '99. El País,
AFP. Almeria, edición del 27 de agosto '99. Triunfo y
salida a hombros de El Cordobés en Almería
El diestro Manuel Díaz El Cordobés cortó dos orejas y salió a hombros en la
corrida celebrada ayer en Almería, quinto festejo de su feria de la Virgen del Mar, en el
que José Tomás y Julián López El Juli también lograron un trofeo cada uno. El
Cordobés fue el protagonista indiscutible de la tarde por su faena al cuarto, la más
vibrante e intensa.
Cuajó tandas de mucho mérito por ambos pitones, pero, sobre todo, destacaron los
naturales, muy lentos y cadenciosos. Toreó con seriedad y muy de verdad, llegando mucho
al tendido. Luego, mató de una buena estocada y logró los dos apéndices. Con el que
abrió plaza se mostró muy entregado y más espectacular, pero el torero estaba tan
dispuesto y valiente que en un muletazo resultó dramaticamente volteado, aunque por
fortuna sin consecuencias. Hubo petición de oreja, que el presidente finalmente no
concedió.
José Tomás tuvo un primer astado aplomado y que se paró pronto, con el que muy poco
pudo hacer. Toreó por el pitón derecho con limpieza, ligazón y ritmo, y terminó en el
último tramo en las distancias cortas, en las que derrochó valor. Le faltó, sin
embargo, más acierto al matar. El quinto fue más complicado y molesto, pero José Tomás
cuajó naturales con mucho empaque y quietud, bajando la mano con profundidad. Y aunque el
animal no ofreció la suficiente "transmisión" y el torero pinchó con la
espada, logró la oreja.
Algo acelerado y sin llegar a acoplarse estuvo El Juli con el tercero, un toro
deslucido que le restó mucha chispa a la faena. Se superó ante el que cerró plaza, al
que toreó variado con el capote y realizó una faena a base de valor. El astado tuvo
temperamento y El Juli aguantó mucho al natural, quedándose muy quieto. Tampoco se
demoró con los aceros y obtuvo el trofeo.
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ABC,
ZABALA DE LA SERNA. Almería, edición del 27 de agosto '99. Triunfo
de El Cordobés y actuación de peso de El Juli
Calor africano y abanicos por doquier. Otra vez El Juli colocó en las taquillas el
cartel de «no hay billetes». Además, repetía José Tomás en Almería, después de su
magnífica y última gran obra. La tarde respondió a la expectación sólo a medias, con
un sí pero no. La corrida de Torrealta se salvó por los tres últimos toros,
especialmente el cuarto.
La cosa arrancó mal, con un tremendo sobresalto: el primer toro prendió a El
Cordobés por el abdomen cuando realizaba un desplante a cuerpo limpio. Afortunadamente,
el percance no pasó de la fea voltereta. Por la forma en que lo cogió pudo ser mucho
peor. La faena había ido de más a menos, junto con su enemigo, que acabó distraído y
rajado. Cuando tocó fondo, Díaz insistió demasiado, con circulares invertidos, pases de
costadillo, rodillazos, etcétera. No le valió todo aquello para conseguir un trofeo. Se
armó la mundial. El diestro respondió con simpatía y aspavientos para quitarle
importancia al ahorro presidencial y, a la vez, ganarse el apoyo de la plaza.
Se vengaría con el buen cuarto, toro repetidor y franco. A partir de ese momento, la
corrida tomó otro cariz. Manuel Díaz, a su manera y con sus maneras, pero sin caer en el
tremendismo desbocado, le cortó las dos orejas. Los momentos más brillantes se
sucedieron sobre la diestra, tras la valiente apertura de hinojos. Nunca alcanzaba el
bicorne los ligados derechazos, tan ligados que se hacían sólo uno, como un inacabable
circular. La izquierda bajó el tono, y el desprendimiento final del estoque tampoco
importó mucho al entregado personal. Envidiable don de gentes posee El Cordobés.
LÍNEA ASCENDENTE
La verdad es que ya el festejo tomaría una línea ascendente. José Tomás enderezó
su tarde con el quinto. Su primera faena no encontró eco en un toro que pronto se vino
abajo. Sólo una tanda diestra, empalmada como los chotis, sobre un ladrillo, pero sin la
hondura de otras veces, sería de lo mejor. Ya con la embestida aplomada, a pies juntos y
muy metido entre los pitones, obtuvo medios pases con media muleta. Alargó demasiado: a
todas luces sobraron las manoletinas siguientes.
Los viajes largos y nobles, aunque algo rebrincados, del quinto sirvieron para que
José Tomás se sintiera a gusto por momentos. Los primeros compases de estatuarios
prologaron una tanda diestra que desembocó en una estupenda trincherilla con la
izquierda, un monumento. Destelló su toreo, por ráfagas y a ratos, lo suficiente para
alzarse con una válida oreja.
El Juli anduvo muy sobrio y reposado toda la tarde, muy técnico y sereno,
tremendamente inteligente. Toreó con ritmo, temple y buen gusto a la verónica en la
salutación al tercero. Sobre el asunto de las banderillas, mejor no opinar. Firme se
mostró con un oponente que sacaba la cara a media altura de los muletazos y que derivó
igual que sus dos primeros hermanos.
El sexto fue un tío, ensillado, largo y hondo. Julián López nos ahorró el tercio de
rehiletes. Había que hacerle al torrealta las cosas siempre por bajo, y El Juli las hizo.
Corrió ambas manos con ligazón para despedir los muletazos por debajo de la pala del
pitón. Importancia alcanzaron las series al natural, así como el inicio genuflexo y
necesario. Derrochó poderío y exquisita técnica para explotar a su oponente. Quizá
debió cortar antes su labor. Cobró una estocada en el segundo envite, y se anotó un
trofeo. Que no saliera a hombros, como tiene por costumbre, fue lo de menos, porque su
actuación adquirió peso por sus propios fundamentos. En otras ocasiones abre las puertas
grandes con menos razones.
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El Mundo,
agencia EFE. Almería, edición del 26 de agosto '99. Miguel
Abellán, valor en alza
Volvió ayer Miguel Abellán a la plaza en la que recibió hace un año la alternativa,
y desde el primer momento se apreció quién era el que necesitaba cortar las orejas y
quién tenía mayor ambición.
Al tercero lo recibió Abellán con dos largas cambiadas seguidas con verónicas a pies
juntos y rematadas con una media y revolera, y luego se luciría también en un quite
posterior por chicuelinas.
Muy entregado, toreó con buenas maneras en una faena basada en el pitón derecho,
aunque igualmente destacó una por el izquierdo con clase. El final con unas manoletinas
desató el entusiasmo en los tendidos que a la muerte del astado le pidieron con
insistencia las dos orejas que quedó en una por decisión del presidente. Con el sexto,
Abellán hizo un tremendo esfuerzo para arrancarle la oreja. El comienzo de rodillas con
pases por alto primero y después en redondo sirvieron para calentar los tendidos, aunque
a partir de ahí el toro cambió a peor. El madrileño arriesgó con valentía hasta
terminar la faena con molinetes de rodillas.
A Espartaco, en cambio, no se le notó del todo muy entusiasmado a lo largo de su
actuación. En su primero lanceó a la verónica con soltura, pero el toro llegó a la
muleta muy justo de fuerzas. En el cuarto sólo estuvo voluntarioso.
Enrique Ponce sacó a su primero tandas con gusto, pese a que el astado fue soso y
punteaba los engaños. De nuevo se lució en el toreo a la verónica en el quinto, pero
pronto el animal se vino abajo.
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El
Mundo, AFP. Almería, edición del 25 de agosto '99. José
Tomás, abonado al triunfo
José Tomás prosigue con su racha triunfal y dio otra lección de toreo templado y
profundo en el coso de Almería. El madrileño y Morante de la Puebla salieron a ayer
hombros tras cortar cuatro y dos orejas, respectivamente, en el tercer festejo de la feria
almeriense. Francisco Rivera Ordóñez también obtuvo un trofeo.
Continúa también la buena racha en Almería y en esta ocasión se cortaron un total
de siete apéndices.
El más desafortunado fue Rivera Ordóñez, que únicamente cortó la oreja del cuarto
por una faena muy correcta y a la altura de las circunstancias. Sus dos toros fueron
nobles y a ambos los toreó con temple y ligazón, aunque se superó en su segundo, en el
que incluso se pidió un segundo trofeo.
Lo mejor, sin duda, lo realizó José Tomás, cortando los dos apéndices de cada uno
de su lote. Con el segundo de la tarde toreó con gusto y calidad por el pitón izquierdo,
llevando mucho la embestida de su enemigo. Además mató con acierto.
El quinto fue un buen toro, al que se premió con la vuelta al ruedo. José Tomás le
sacó el máximo partido en una labor completísima y bien rematada, con hondura,
profundidad, ligazón y temple. La plaza se volvió un auténtico clamor con los muletazos
largos y con ritmo y tras la estocada hubo incluso petición de rabo, que finalmente el
presidente no concedió.
Otro gran toro fue el tercero, noble y con tranco, al que Morante de la Puebla cuajó
una faena importantísima y con gusto. Hubo torería en algunos pasajes y destacaron
momentos muy artísticos como en los pases de pecho y remates o adornos. El sexto, sin
embargo, fue el más deslucido, pues acabó parado y fue imposible el triunfo.
Morante lo intentó por los dos pitones, pero sin posibilidad de resolver.
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El
País, Almería, edición del 25 de agosto '99. José
Tomás y Morante de la Puebla, a hombros
Los diestros José Tomás y José Antonio Morante de la Puebla salieron a
hombros tras cortar cuatro y dos orejas, respectivamente, en la corrida celebrada ayer en
Almería, tercer festejo de su feria, en el que Rivera Ordóñez también obtuvo un
trofeo.
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El Mundo,
agencia EFE. Almería, edición del 24 de agosto '99 Ponce
y un gran encierro
El magisterio de Enrique Ponce y la raza de El Juli se pusieron de manifiesto ayer en
Almería, donde ambos diestros salieron a hombros tras cortar tres y dos orejas,
respectivamente.
Ponce basó la faena a su primero en la mano derecha, con muletazos de intensidad. El
valenciano se superó en el cuarto, con una faena por ambos pitones y a más.
El Juli toreó a su primero por ambos pitones sin demasiada quietud. En el quinto,
sacó su raza y lo toreó a base de tesón y valor.
José Gabriel Olivencia tomaba ayer la alternativa con un toro que manseó de salida,
pero cambió en la muleta y lo pudo torear por ambos pitones. En el sexto, se le notó
más la falta de oficio con un astado abanto y violento de salida, pese a lo cual lo
recibió con verónicas lucidas y no terminó de acoplarse con la muleta.
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ABC,
ZABALA DE LA SERNA. Almería, edición del 24 de agosto '99 El
gran desmadre de una tarde desafortunada de criterios
España muda de color conforme el norte se va convirtiendo en sur y el
verde da paso al ocre árido de la sequía. España desolada de agua; la torería vacía
de torería por sus caminos y cruces; el rito de la corrida transformado en simple
espectáculo de masas; figuras que conceden alternativas con la espada simulada (Enrique
Ponce ayer); subalternos que retiran la montera de su matador a puntapiés (Mariano de la
Viña); paisanos que salen vestidos de paisano a apuntillar los toros (aquí, el nombre
del mengano); picadores de cuadrillas ajenas que no obedecen al director de lidia cuando
ordena cambiar el caballo de terrenos; presidentes que otorgan orejas una vez que el
difunto toro se encuentra ya en el desolladero. Todo esto se vio ayer en Almería. ¿Qué
Fiesta heredarán las aficiones venideras? ¿Una pantomima?
A José Olivencia le dio la alternativa Ponce con el estoque de madera; luego, el
presidente le dio una oreja por andar correteando y dubitativo con un toro noble y de
boyante condición, manso de primeras y franco y manejable de últimas. Derribó éste
como también el siguiente y el último, y todos hirieron a los equinos. ¡Más caballos!
El toricantano se estrelló contra el complicado sexto.
Enrique Ponce se creció con el astado bondadoso y tullido que hacía segundo. Falto de
fuerzas y renqueante de los cuartos traseros, alcanzó el tramo último entregado. Ponce
templó mucho y bien, a media altura al principio y obligándole más después, siempre
sobre la diestra. Sobre la siniestra destempló más bien. Una fallida intentona, y fuera.
No hubo acople, y regresó por los senderos del pitón contrario antes de terminar con un
fenomenal volapié. Por la leve travesía del acero hubo de descabellar. Se guardó el
usía la segunda oreja -sería de las pocas veces que se mantuvo en su sitio a lo largo de
la tarde-, pero le recompensaría con las dos del cuarto. Faena larga -cayó el aviso de
rigor-, con el valenciano en plan máquina de pegar pases, derechazos todos, que de nuevo
por naturales no le salieron las cosas: su enemigo embestía rebrincado por ese lado.
Pinchazo y estocada desprendida, y el desmadre.
El desenfreno siguió con El Juli, cómo no. El jovencísimo matador de Velilla de San
Antonio desplegó su «show», todo muy rápido, muy acelerado, desde la ejecución de la
suerte de banderillas, buscando siempre el burladero más cercano a la salida de los
pares, al toreo fundamental. El Juli es en sí mismo un espectáculo que entusiasma al
gran público, a la masa, pero no debe olvidarse del camino de la verdad. Toreó largo con
la derecha ante el tercero y le buscó las vueltas al quinto, que se quedaba corto, con
cierto genio. Rápido de reflejos, le perdía pasos, no de uno en uno, sino de cinco en
cinco o de seis en seis. No mató bien a ninguno de sus dos oponentes. Arrastrado el toro
inaugural de su lote, el presidente cedió a la presión popular, no mayoritaria, por
cierto, y regaló el trofeo; el entregado público se encargó de obsequiarle con la oreja
del penúltimo toro.
Quizá no se trate de cambiar la mentalidad festiva y alegre de Almería, pero sí de
imponer un mínimo de orden. O ningún triunfo en esta plaza será tenido en cuenta.
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Edición del 29 de agosto de 1999.
Morante firme futuro
Se cerró la Feria de Almería con dos orejas en el esportón, una en
el de Barrera y otra en el de Morante. Fue este último el más destacado del festejo, en
el que los toros de Sánchez Arjona, de desigual comportamiento, con más de deslucido que
de lo contrario, no terminaron de ser aprovechados, sobre todo el primero de la tarde, con
un Manzanares que mejoró en el cuarto. Barrera, mal en el segundo, cumplió en el quinto.
Y Morante, con paso firme, se justificó ante el parado tercero y cautivó con un toreo
recio a la vez que artista en el manso último.
El primero de Manzanares tuvo nobleza en su embestida, humillando
además. Pero el diestro alicantino toreó despegado, sin unidad alguna, en muletazos
sueltos y demasiado deslabazados. Ahora, eso sí, destellos en detalles artísticos de
remates de series; uno por aquí, otro por allí... Pero de faena, faena, nada de nada.
Que no vengan con milongas y vendiendo lo que no fue a base de la veteranía y la
sapiencia de este torero, algo que nadie puede negar, pero que ayer estuvo por debajo de
su primer noble astado es tan cristalino como el agua de las calas almerienses del Cabo de
Gata. Es más, el torero se inhibió en el toreo por la zurda, porque en el único
muletazo de probatura que dejó por ese pitón el astado hizo hilo y el torero no dudó en
cerrar esa página de la lidia y volver a la izquierda. Mató de media atravesadilla
saliéndose de la rectitud.
Sin llegar a romperse con el también buen cuarto toro, esta vez sí
estuvo en un mejor tono, a más altura, sobre todo al embraguetarse por el pitón derecho
en muletazos templaditos. Los remates por bajo, con empaque y mucho sabor. Pero con la
espada, con todas las precauciones posibles, se cerró un posible trofeo; ya se sabe que a
estas alturas eso le debe importar bastante poco.
Vicente Barrera podría haber tenido cierta disculpa con su primero
que quedó andarín en la muleta si hubiera mostrado otra actitud, pero el
torero estuvo para salir a gorrazos con él. Con pocos recursos, desganado y totamente
apático, como si no tuviera sangre en las venas, anduvo siempre molesto. Mal sin
paliativos. Mató de media y estocada.
El quinto se dejó hacer el toreo, que quedó con una embestida noblota
y a modo para el toreo vertical de Barrera. El valenciano, con acusados altibajos. Por la
derecha le costó trabajo centrarse, pero logró una serie ligada. Al natural, mediado ya
el trasteo, aprovechó lo templadito que estaba el astado para, uno uno, extraer naturales
lentos, de buena ejcución. Alargó demasiado la faena y provocó con ello algunos
enganchones en la muleta, al ir agotándose el animal. Mató de certera estocada.
No pudo tener peor suerte Morante de la Puebla que sustituía a
Eugenio de Mora con el primero de su lote, con el que pudo lucirse en suaves lances
de salida y en el quite, ambos rematados con una media recogida en la cintura con aires
sevillanos y de perfecta ejecucion. Pero cuando todos podíamos intuir que el astado
podía servirle para una faena llena de magia el astado salmantino se paró y, pese a que
el sevillano lo intentó torear en distintos terrenos de la plaza moviéndolo es un
decir con unos tironcitos, nada de nada. Aún así, le pudo robar algún derechazo
de mano baja y metiendo la cintura.
El que cerró plaza y, de paso, Feria, un manso con complicaciones,
encastado, que puso en apuros a los hombres de plata de Morante en banderillas, pero tanto
El Lili como José María Tejero, por juventud y afición, lograron poner banderillas al
astado, empresa de evidente dificultad. Morante pisó muy firme siempre en este toro, la
única forma de que no se le subiera a las barbas. Así, con la derecha le obligó y le
dijo por dónde tenía que embestir, con muletazos ligados y con la vibración que
transmitía un animal con casta. Cuando ya se había metido en el bolsillo a los tendidos
con las series por la derecha, de pasmosa expresividad, arqueando el cuerpo para rematar
lo más trasero posible, se pasó a la zurda sin ayuda de la espada ni tan siquiera en el
primer natural, y también logró lucimiento. Faena muy seria de torero valiente que
permitió el toreo del artista. Se puso complicado para cuadrarlo y lo mató de certera
estocada.
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Edición del 28 de agosto de
1999 Ruiz Manuel, torero de fondo
Un buen toro, sí; pero con un buen torero. El sexto del Marqués de
Domecq puso la nota más alta de la Feria. Extraordinario, codicioso, humillando, de gran
nobleza, con clase y que cumplió en todos los tercios. Y Ruiz Manuel, que no ha sido este
año bien tratado por la empresa al colocarlo en el cartel de ayer, que no era de los más
estelares, cuando se lo había ganado en la Feria pasada al ser el máximo triunfador,
volvió a reivindicar su sitio en el escalafón, que, a tenor de lo que ayer volvimos a
ver, no es el que está ocupando ahora; ya quisieran muchos de los que están toreando un
día sí y otro también tener la misma afición sólo seis corridas este año y
ayer tres orejas, y mañana hace paseíllo en Madrid y buenas cualidades que el
torero de Almería.
César Rincón, que reaparecía tras una lesión, sufrió una fuerte
voltereta al ser enganchado por el primero en una chicuelina en el quite. Sin mirarse, ni
siquiera dar tiempo a hacer un gesto de dolor, con rabia y casta, se levantó y de nuevo
siguió con el quite. El toro de Gonzalo Domecq, aunque herrado con el hierro del Marqués
de Domecq, brusquito y con complicaciones, rebañando en los muletazos y buscando al
colombiano. El torero estuvo desigual, aunque muy entregado; con altibajos, a veces le
pudo y a veces se vio desbordado, con alguna torpeza. Marcó bien los tiempos al matar,
aunque precisó usar descabello.
Su segundo, manejable, le permitió una faena compuestita, también
entregada, aunque le faltó algo de cabeza. De hecho, el otro porrazo fuerte de la tarde
se lo llevó también él, al no medir bien las distancias cuando intentaba citarlo. De
nuevo, con mucha rabia y casta, se levantó, dolorido esta vez de la rodilla, y siguió
dando muletazos. Es consciente de que en esta temporada no está andando bien y, en
corrida televisada, quiso hacer un esfuerzo. Mató de estocada y cortó una oreja que
premiaba la entrega de la tarde.
El segundo primero del lote de Manuel Caballero quedó
andarín en el tercio de banderillas. Noble, sin embargo, y con buen son en la muleta del
diestro albaceteño, que se templó con una faena medida, dando tiempo al toro y
distancias justas. Estuvo a la altura de un animal potable, en trasteo que midió pero a
la que le faltó la chispa necesaria para conectar definitivamente con los tendidos. Mató
de estocada y descabello.
El quinto de la tarde no cumplió aquello de que no hay quinto malo.
Sin humillar, dando cabezazos y a media altura, soso y sin transmisión alguna. Caballero
lo intentó pero no pudo lograr lucimiento de animal tan soso.
Ruiz Manuel triunfador en la Feria de la Virgen del Mar del
pasado año salió a por todas desde el primer momento. No dudó en ponerse de
rodillas frente al portón de los sustos y recibirlo a portagayola, para después
vibrantes lances que provocaron la cerrada ovación. Se gustó en un galleo para llevarlo
al caballo. Noble el astado pero de justas fuerzas, había que templarlo. Mejor iba por el
pitón izquierdo. El torero almeriense, muy centrado, siempre fue a más, con un
inoportuno desarme a comienzos del trasteo. Le dio sitio para no ahogarlo y alargó la
embestida por el pitón izquierdo. Faena compacta y bien enlazada, que denota que detrás
de ella hay una torero con mucha afición para poder estar a ese buen nivel con tan
escasos contratos. Remató siempre con detalles artísticos, de buen gusto. Mató de
estocada tendida y un golpe de descabello, cortando una merecida oreja.
El sexto fue extraordinario. Un gran toro que era un arma de doble
filo, porque ahí está la célebre frase de cuídate de que no te toque un toro bueno,
porque estos animales son los que descubren, precisamente, a los toreros malos. El último
del Marqués de Domecq se encontró a un buen torero, a un torero que estuvo mejor con él
que varios de los que encabezan el escalafón. Lo templó y lo exprimió por la zurda, en
muletazos de mano baja, ligados sin solución de continuidad, gustándose, toreando en
algún momento sólo para él. Los remates finales pusieron bello colofón a la artística
obra. Si ya con la espada y ante alguna petición de indulto de algún sector, le hubiera
dado una tanda por la zurda buena, a buen seguro que el indulto hubiera estado en un tris
de concederse; quizá faltó la picardía de la veteranía en ese instante. Lo mató por
derecho y cortó las dos orejas, justo premio, que validan a este torero para mayores
empresas.
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Edición del 27 de agosto de
1999
El Cordobés, fervor popular.
Cuatro orejas fue el balance del esportón de ayer. A saber, dos de un
arrancado Cordobés, por un toreo más de forma que de fondo, con sus efectismos
incluidos; una para un José Tomás que no tuvo material para torear por la zurda, aunque
su derecha también es pura, pinchando más de la cuenta; y otra para El Juli, algo
atorado en su primero y más centrado en el último. La corrida de Torrealta no terminó
de romper, aunque echó el mejor toro de lo que va de Feria, el cuarto.
Siempre fue suelto el primero, mansito y rajadito, pero ideal para el
toreo de El Cordobés, que lo llevó a su aire en diversas tandas por la diestra. No
terminó de obligarle, de mandarle. Una vez rajado el animal, aprovechando que él mismo
se iba para los terrenos de sol, se adornó en un toreo que caló más en el público,
muletazos de recursos y desplantes, es decir, sin llevar toreado al astado, suponiendo que
en alguna ocasión anterior lo hubiera hecho. En uno de los desplantes, con el toro ya
vencido y completamente rajado, aculado en tablas, el rubio torero se desplantó de forma
descarada, con lachaquetilla abierta, pero el manso hizo cosas de manso y, de paso, quiso
recobrar parte de su dignidad ante tanto abuso de adornos, volteándolo en un arreón para
las afueras que no hizo carne porque en esta plaza sale el toro que sale... Hasta el
propio torero pareció darse cuenta de su abuso y, tras ponerse en pie, pareció pedirle
perdón al propio toro con unos simbólicos besitos en la culata. Mató de estocada
trasera y, pese al clamor popular, el presidente fue a ponerse demasiado rígido, que si
bien la faena no era de oreja, hay que recordar la plaza en la que estamos. Si ayer se
puso durito el nerviosillo presidente, esta tarde que es televisada...
El cuarto, de escaso trapío, basto de hechuras, fue el mejor. Noble,
con mucha fijeza y un buen recorrido. El Cordobés le dio sus tandas de derechazos, unas
mejores y otras más despegado, rematando con su peculiar estilo, aunque, cuando
presumíamos un final de impacto, éste apenas se permitió un desplante de rodillas.
Mató de certera estocada y se le dieron dos orejas, aunque el toro de momento el
mejor de la Feria, por encima del premiado con la vuelta el martes al quinto de
Zalduendo estuvo siempre por encima del diestro.
El primero del lote de José Tomás, noble pero justo de fortaleza; por
el pitón izquierdo no entraba en el engaño. A pesar de no admitir la mano zurda, el de
Galapagar toreó con naturales, porque hubo derechazos en los que sólo
utilizaba la mitad de la muleta, con la otra mitad escondida tras su cuerpo. Es decir, que
aún con la amplitud que proporciona montar la espada en la pañosa, el torero sólo
utilizaba la misma superficie que si no la tuviera, como en los naturales. Fueron buenos
los derechazos, entendiendo bien al toro de Borja Domecq, tanto en las distancias como en
la altura a la que tenía que llevarlo, pasándoselo muy cerquita. Mató de tres pinchazos
y una estocada, perdiendo el trofeo.
El quinto tampoco le dejó mostrar su zurda de euros, porque cuando lo
intentó, ya mediada la faena, el astado hizo hilo y entraba con un molesto calamocheo.
Pero de nuevo vino a poner de manifiesto que su pureza es todo cuanto hace, ya sea con
capote como con muleta en la diestra. Cruzado siempre, enganchándolo por delante y
rematando tras la cintura, con un toque de muñeca y un sentido del temple privilegiado.
Torero fino, no se permitió ni un solo desplante fuera de tiempo, todo muy torero, hasta
la forma de salirse de la cara del astado, sin necesidad alguna de mancharse de albero las
rodillas.
Al tercero le dieron fuerte en el caballo. El Juli, pasito atrás en el
quite. Irregular en banderillas. El toro no remató el viaje por la derecha y embestía a
media altura. No terminó de sacarle todo el jugo el madrileño, atorado de tantos
festejos y algo cansado a estas alturas del calendario taurino, a pesar de las muchas
tandas de pases que dio. Hubo más forma que fondo. Para poder ganarse al público, que no
vibró en la intensidad que él acostumbra a provocar, terminó con circulares y
desplantes, así como un toreo de cercanías. Estocada trasera y atravesada. Discreto.
Enmendó la plana en el sexto, un toro que fue a más, al igual que el torero, que
comenzó demasiado mecánico para apostar definitivamente por el astado no puso
banderillas esta vez, poniéndose de verdad en el sitio, sobresaliendo unos
soberbios pases de pecho. No obstante, se le notó que hacía un esfuerzo, cansado de
tantos festejos y viajes. Mató de pinchazo y buena estocada para cortar una oreja.
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Edición del 26 de agosto de 1999.
FRANCISCO
MATEOS.
Triunfó el único que quiso
El encierro de Luis Algarra, uno de los clásicos en Almería, bajó
bastante del buen juego que habitualmente tiene en este coso. Deslucidos, sosotes,... pero
dejando estar, noblotes,... Vamos, ese medio toro que inunda la mayoría de las plazas. Y
con ese material y teniendo en cuenta el coso tan festivo y agradecido en el que nos
encontramos, cualquier torero con un mínimo de decisión, técnica y repertorio tiene
abierta la puerta grande. Eso fue lo que hizo Abellán. Espartaco no le acompañó porque
su primero fue el único que puso alguna complicación, por no hacer bien la suerte de
matar y porque al conjunto le faltó nivel. Pero lo más sorprendente fue que se vio a un
desganado y desmotivado Ponce, que con un poquito de esfuerzo más podria haber salido a
hombros y se mostró muy conformista, como si hubiera cumplido ya con las tres orejas del
lunes.
De escaso recorrido el primero del lote de Espartaco, que midió al
torero y tuvo sus complicaciones. El diestro de Espartinas, sin embargo, se quiso relajar
toreando desde el primer momento y al no tocar demasiado en el cite al principio del
trasteo estuvo a punto ser volteado en una colada del astado de Algarra. Aprendió la
lección y la siguiente tanda por la diestra fue de castigo, obligándole mucho y
enseñándole a desplazarse. No obstante, el astado siempre miraba al cincuenta por ciento
al engaño y al cuerpo del torero. Faena compuestita de Juan Antonio, que mató de media
tendida.
El cuarto nos dejó con la miel en los labios, porque tuvo buen son en
las primeras tandas que dibujó, pero se apagó pronto y se vino abajo. Precisamente en la
fase media del apagón del toro, cuando más templadito embestía, el de Espartinas
realizó lo mejor de su tarde almeriense. Fueron unos naturales sin ligarlos de
forma continua, de gran calidad, largos y muy lentos, bien rematados con los
clásicos dobles de pecho de Juan Antonio. Después el burel se paró y lo que iba para
triunfo se difuminó, más aún cuando mató de un bajonazo saliéndose de la rectitud.
Bueno y noble, aunque con un molesto cabezacito a mitad del muletazo,
el primero del lote de Enrique Ponce, que embistió con mejor clase por el pitón derecho.
Por el izquierdo tenía también su manejabilidad, pero el torero no se acopló. La faena
tuvo temple, pero sin llegar al nivel que dejó en su primera tarde. Mató de estocada
atravesada más un descabello, después de dos iniciales pinchazos, sonando un aviso.
El quinto, sosote y deslucido, aunque tenía su posible faena, sobre
todo para un torero de la amplia técnica de Ponce, capaz de hacer embestir hasta a un
televisor si hace falta. Pero el de Chiva no terminó de cruzarse con el animal, y entre
la sosería del toro y la desgana y falta de motivación que ayer tenía Enrique, la cosa
no transmitió a los tendidos. El torero podría haber estado mejor en esta ocasión.
Después de lo de José Tomás el día anterior se esperaba la respuesta de Ponce, y ésta
no llegó. Ni una vuelta al ruedo en un plaza tan amable como la de Almería. Por eso
sólo se puede entender su flojita actuación al césar hay que pedirle lo
que es del césar desde la desgana y relajación de quien parecía que ya
habia cumplido con esta plaza el primer día.
Abellán salió arrancado desde el saludo con capote, con dos lagas
cambiadas en el tercio para después continuar, ya erguido, con templados lances, aunque
sin terminar de cruzarse, en la misma rectitud de la dirección del astado. Se vino arriba
el toro en la muleta, a pesar de ser de los más castigados en el caballo. Comenzó el
trasteo con muletazos templados de probaturas por ambos pitones y la rodilla genuflexa.
Fue una faena variada, con altibajos artísticos, a la que le faltó profundidad. Eso no
significa que no estuviera bien, sino que quiso darle al público lo que quería. El toro,
que fue noble, tenía un punto de sosería terminó con una embestida cansina
que suplió el torero transmitiendo bien a los tendidos todo cuanto hacía. Muy resolutivo
Abellán, dando sitio al toro. Terminó con unas giraldillas para finiquitarlo de medio
espadazo en buen sitio tras intentar por dos veces la suerte de recibir, a la que el toro
se negó a obedecer en el cite del madrileño.
El último no fue fácil y Abellán se mostró firme y seguro. El toro desparramaba la
vista y el torero, inteligentemente, daba esos pasitos adelante tras cada muletazo para
volver a quedarse colocado. Además, variadito, con un inicio de rodillas y un final con
adornos antes de agarrar una estocada y un golpe de descabello que le llevaban hasta sus
manos la oreja que le abría la puerta grande.
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FRANCISCO
MATEOS. Edición del 25 de agosto de 1999.
José Tomás, la diferencia
Otra vez Zalduendo. Seis toros y cinco embistieron con clase y nobleza,
con recorrido y duración. José Tomás aprovechó a los dos de su lote y dejó a los
almerienses con la boca abierta por su forma de torear con la zurda. Una zurda de oro;
perdón, de euros. Morante, el toreo sevillano y eterno para el siglo XXI, levantó palmas
por bulerías con el embrujo de su toreo. Y Rivera, con limitaciones artísticas, por
debajo de sus buenos toros.
El primero de Rivera Ordóñez desarrolló nobleza tras la vara que
tomó. El torero discreto con capote no terminó de obligarle y mandarle, sin
una sola tanda en la que se rompiera con el buen astado de Fernando Dmecq, siempre
aliviando algún derechazo por alto sin que hubiera para ello justificación, porque
tenía las fuerzas necesarias. Lo mejor fue un recorte de mano baja mirando al tendido. El
conjunto de su labor, por debajo de las condiciones de su antagonista; más bien
colaborador en este caso.
Tampoco terminó de exprimir al cuarto. Sus compañeros ya tenían
abierta de par en par la puerta grande y comenzó el trasteo sentado en el estribo para
calentar el ambiente. Pero las tandas fueron un tanto embarulladas, sin acoplarse por el
izquierdo, que quedó impoluto de toreo. Consciente vamos, que digo yo de sus
limitaciones con este noble toro y sin la respuesta que esperaba de los tendidos, decidió
poner rodillas en tierra y enardecer a los tendidos con muletazos de recursos y demás
efectismos. Tal y como ocurriera en Málaga la semana pasada en el toro al que
cortó su única oreja la voltereta que sufrió en esta ocasión al entrar a
matar fue decisiva para la concesión del trofeo. No fue una buena tarde para
Rivera.
También dio buen juego el primero de José Tomás, que se ciñó de lo
lindo en un quite por chicuelinas. Faena técnica con la derecha para fijar la ya noble
embestida del de Zalduendo, que metió la cabeza. A partir de ahí, la mejor zurda del
toreo actual, con naturales larguísimos, a cual más templado, ligando de forma primorosa
con los de pecho. Una bella obra que rubricó con un contundente estoconazo. Dos orejas
fue el premio.
En el quinto volvió a mover el capote con temple. Pero el lío gordo
lo formó en la muleta. También comenzó con la diestra, y se mantuvo toreando sobre esa
mano durante el primer tercio de la faena, para después torear el resto al natural. Las
dos primeras tandas fueron muy ligadas porque el toro, muy noble, humilló y repitió.
Pero después se apagó y sólo admitía los naturales de uno en uno. Pero qué naturales.
El de Galapagar, con la muleta muy retrasada y en el lado contrario al que iba a citar,
estaba como enseñándole primero hasta dónde quería que el toro fuera, para después,
muy despacio, ir adelantando el engaño y ponérsela por delante para engancharlo y
llevarlo embebido hasta detrás de la cadera. Uno a uno, obras del toreo, ante el clamor
de una plaza que puso boca abajo. Mató bien y cayó pronto el toro. El público pidió
con estruendo las dos orejas y el presidente se hizo un lío. Sacó dos pañuelos blancos
casi al unísono, y a continuación uno verde, que la gran masa creyó que era el premio
especial del rabo, cuando lo que el usía quiso hacer era sacar el azul de la vuelta para
el astado, exhibiendo por error el verde de devolución de la res, para rectificar de
inmediato y asomar el azul. La gente cesó en su demanda, convencida de los máximos
trofeos, enfadándose sobremanera cuando vio que sólo eran dos orejas. El toro no fue el
mejor del encierro; supongo que la intención del presidente era refrendar de forma
pública el buen juego del conjunto de los astados.
Lo de Morante de la Puebla no es sólo la pinturería y los garbosos
remates, sino que las faenas son consistentes, sin los altibajos de los toreros artistas.
Y ello porque el de la Puebla es, de los estilistas jóvenes, el único que puede competir
con los de arriba porque tiene valor de sombra. Al tercero lo cuajó con el capote de
salida y se emborrachó de torearlo al natural. Expresividad y belleza en los muletazos
con la zurda, largos y templadísimos. Por el pitón derecho hacía hilo y no tenía la
misma buena clase. Lo mejor, con serlo todo, fueron los pases de pecho para abrochar los
naturales. Con los pies juntos, sin inmutarse del anterior muletazo, casi de costadillo,
muy en el aire pepeluisista y templando tanto, trazándolos tan despacito, que en el mismo
tiempo, otros son capaces de dar tres y cuatro de pecho. Mató de certera estocada y
cortó dos orejas de mucho fundameto.
El sexto fue el único que se paró, distraído y rajado también,
impidiendo otra memorable faena de Morante.
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FRANCISCO
MATEOS. Edición del 24 de agosto de 1999.
Toda una ración de orejas.
Almería tiene su propia forma de ser. Aquí las orejas son al peso,
compradas en la tienda de la esquina de todo a cien. La gente más aún ayer,
con la plaza a reventar busca la diversión, sobrevalorando lo que en el ruedo
ocurre. Así, los ponces y julis, como cualquier torero con un mínimo de
técnica, como peces en el agua. Ayer, la primera ración de orejas, que para eso estamos
en Feria. ¡Oído cocina!
Muy manso de salida el astado de la alternativa del local José Gabriel
Olivencia, que hizo regates en los capotes, sin llegar a embestir. Lo intentó fijar el
propio torero pero no pudo. Incluso hasta hubo un momento en el que dejó que lo intentara
su banderillero, lo que no era precisamente una buena tarjeta de presentación del
aspirante en el propio toro que le debía servir para pasar de un escalafón a otro. Al
final, se decidió como debía ser Olivencia y le bajó el capote, aunque no
pudo fijarlo. En un arreón de manso derribó al picador y corneó a la montura en la
grupa cuando lo tuvo a merced. Aún con la ostensible cornada, volvió a picar en una
segunda vara. Tras la cesión de trastos, el torero no estuvo a la altura de un manso que
rompió en la muleta. Nervioso, algo mejor por el pitón derecho, pero por el izquierdo se
le fue completamente. Hubo momentos en los que le faltó recursos y se vio agobiado por el
de Puerto de San Lorenzo. Dio la impresión de pasar un mal rato, pendiente de cuantas
indicaciones le hacía su cuadrilla. Mató de estocada atravesada y el amabilísimo
público almeriense quiso premiar con una oreja para el recuerdo al paisano. Pero que
nadie le engañe, que en este mundo más vale andar por derecho desde un principio, que es
una profesión muy dura. Y cruel.
En el parado sexto, que empeoró tras una larga maniobra para poder
levantar al caballo de picar, no asentó nunca las zapatillas, cortito de valor. El toro,
medio muerto, medio aburrido, acabó echándose.
Buenos lances de Ponce a su primero. José Tomás, que esta tarde hará
el paseíllo, le vio muy cerca desde el callejón, ya que, como en otras tantas, en el
abono almeriense no coincidirán juntos. En otro arreón de manso también se llevó por
delante al caballo que hacía puerta y le corneó, aún más fuerte, en la misma zona que
al primero. Toro muy noble, dócil, que dejó a Ponce torear tan a gusto como si lo
hiciera con el carretón. Por el izquierdo sobraron enganchones, mientras que con la
diestra bajó la mano y remató con los de pecho con ligazón y estética, aunque faltó
emoción. Lo mejor, la forma de ejecutar el volapie, aunque necesitara un golpe de
descabello. Cortó otra oreja, aunque en esta plaza las orejas no reflejan fielmente lo
que todos los toreros hacen en el ruedo en relación al astado que tienen delante.
Dejó que su banderillero Antonio Tejero recibiera de capote a su
segundo, que manseó y no tuvo fijeza de salida. Pero en la muleta también se vendría
arriba y la siguió con celeridad, que volvió a dejar otra de su faenas características,
basada nuevamente en la diestra, ya que por el pitón izquierdo el animal hacía hilo y no
era fácil obtener ligazón. Cambios de manos, molinetes y derechazos muy relajados de
mano baja pusieron el broche final, tras un buen puñado de tandas de pases. Es de buen
profesional el que no quisiera poner el punto y final sin poderle con la zurda, y antes de
coger la espada lo intentó, aunque con desigual fortuna. Pero, sin necesitarlo, lo
intentó; es el afán de superación que caracteriza a quien aguanta el tirón de varios
años en cabeza. Las dos orejas fueron premio más que excesivo.
Manso el tercero, primero de el debutante Juli. Salió suelto de la
primera vara y, aunque no era el toro más indicado para banderillear, quiso contentar a
la plaza. Fácil con los palos, aunque algo deslucido porque costaba trabajo ponerlo en
suerte, que quedó con pies; le hubiera venido bien un puyacito más. Con la muleta dio
multitud de tandas de pases, pero les faltó unidad. Muletazos de mano baja mezclados con
otros a mdia altura, rematados con dobles de pecho. Y así, tandas por la derecha y otras
con la zurda, tandas por la derecha y otra vez la zurda,... Hasta el público bajó al
intensidad de la julimanía, sólo despertado por la vistosidad de algún remate
afarolado. Mató mal en la suerte de recibir, aunque le dieron una oreja.
De nuevo puso banderillas en el quinto, después de lucirse con el capote en el quite.
Bajó de tono con la muleta. El toro, venido a menos y defendiéndose, permitió algo más
de lo que extrajo, con demasiados altibajos y enganchones. Tampoco anduvo bien con la
espada. A pesar de todo, oreja al conto.
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