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Temporada
1998 Temporada
1999 Temporada
2000
Temporada
2001 Temporada
2002 Temporada
2003 Temporada 2005
Datos e imágenes del coso
de Almería
Temporada
2004
Feria de la Virgen del Mar Domingo, 22 de
agosto. Novillos de Adelaida Rodríguez (buenos) para Torres Jerez (oreja
y oreja), Morenito de Aranda (ovación y oreja) y Ambel
Posada (ovación con saludos y ovación con saludos).Lunes, 23 de agosto.
Cinco toros de Alcurrucén y uno de Hermanos
Lozano (bien presentados. Mejores, 4º y 5º), para Juan
Serrano "Finito de Córdoba" (estocada desprendida (una oreja) y estocada caída (una
oreja), César
Jiménez (dos pinchazos y trasera y baja (silencio) y dos pinchazos y estocada baja (saludos con división),
y José
María Manzanares (pinchazo y estocada (saludos) y estocada desprendida (saludos).
Crónica del festejo. Martes, 24 de
agosto. Toros de Santiago
Domecq (correctos de presencia, justos de fuerzas y de gran nobleza. Destacaron el
1º y 4º, ambos excelentes para el torero. El 5º, más encastado. El
6º, parado), para Ruiz
Manuel (estocada desprendida (dos orejas) y media estocada (dos
orejas), Julián
López "El Juli" (dos pinchazos, media estocada y descabello (saludos) y estocada trasera y caída y descabello (dos orejas tras
aviso) y Salvador
Vega (pinchazo y buena estocada (oreja) y estocada (oreja). Casi tres cuartos de
plaza. Crónica del
festejo. Miércoles, 25 de
agosto. Dos toros de Carmen
Lorenzo para rejones (buenos) y cuatro de Torrealta
(faltos de casta. Muy bueno el 3º), para el rejoneador Pablo
Hermoso de Mendoza (saludos y vuelta) y los matadores Enrique
Ponce (estocada caída (saludos) y pinchazo hondo y dos descabellos
(palmas) y Antón
Cortés (estocada perpendicular (una oreja) y estocada (una oreja). Más de tres cuartos de
plaza. Crónica del
festejo. Jueves, 26 de agosto. Toros de El
Torreón (desiguales de presentación y juego) para César
Rincón (tres
pinchazos y estocada (silencio tras aviso) y pinchazo y estocada
desprendida (una oreja), Julián
López "El Juli" (estocada
trasera (una oreja) y estocada trasera y descabello (dos orejas) y Eduardo
Gallo (pinchazo
y estocada caída (palmas con saludos) y estocada atravesada (palmas
tras aviso). Crónica del festejo
Viernes, 27 de agosto. Toros de Zalduendo
(bien
presentados y de buen juego en general. El tercero fue execelente; el
cuarto, premiado con la vuelta al ruedo, fue bravo y noble. El quinto
fue un sobrero de Valdefresno, noble. El sexto, flojo y noble) para Enrique
Ponce (media
estocada y tres descabellos (saludos) y gran estocada (dos orejas), Javier
Conde (pinchazo
y media baja (saludos) y pinchazo feo y estocada (saludos) y Matías
Tejela (estocada
caída (dos orejas) y estocada (saludos). Tres cuartos de plaza. Crónica
del festejo Sábado, 28 de agosto. Toros de Marqués
de Domecq (bien
presentados y de juego diverso. Buenos, aunque flojos, primero y cuarto.
Manejable, el segundo. Rajado, el tercero. Bravo y noble, el quinto. Muy
bueno en la muleta el quinto) para Uceda
Leal (estocada (saludos) y pinchazo y estocada (saludos), David
Fandila "El Fandi" (estocada
contraria (una oreja) y media estocada y descabello (dos orejas) y César
Jiménez (estocada
baja (saludos) y tres pinchazos, media estocada y descabello (saludos
tras aviso). El Fandi salió en hombros. Tres cuartos de plaza. Crónica
del festejo
Domingo, 29 de agosto. Espectáculo Cómico Taurino "El
Bombero Torero".
Otros festejos celebrados
Domingo 22 de
febrero: Festival contra
el cáncer. Cinco novillos
de Victoriano
del Río y uno Salvador
Domecq (de juego desigual) para
Curro Vázquez (ovación con saludos), Julio
Aparicio (oreja),
Rivera Ordóñez (dos orejas),
Ruiz Manuel (oreja), Morante de la
Puebla
(dos orejas),
José María Manzanares (ovación) y el
novillero almeriense Torres Jerez (dos orejas).
Crónicas
Sábado,
28 de agosto. Carlos
Crivell. El
Fandi triunfa con una gran corrida de toros
El Fandi se
presentaba en Almería. El torero impactó en esta tarde de su
presentación, porque su puesta en escena es ciertamente llamativa. A
estas alturas no se le puede negar a este torero una honestidad absoluta
y una permanante ansiedad por lograr el contento popular. Su tauromaquia
es un compendio integral. No es un torero depurado, ni mucho menos. Y lo
que puede ser más preocupante es que en algunas facetas su estilo ha
perdido calidad.
La plaza vivió una
fiesta completa en la lidia del cuarto. El del Marqués de Domecq fue
manejable, aunque en algunos momentos desparramó la vista. El Fandi
puso la máquina a calentar con dos largas cambiadas, unos lances a pies
juntos, chicuelinas y media de rodillas. Todo ello con cierta rapidez y
mucha bulla.
El tercio de
banderillas fue explosivo. Los tres pares fueron una manifestación de
fuerza y músculo. El gentío rugió ante tanta potencia. ¿Fueron
buenos pares? Me gustó el segundo más que ninguno, porque cuadró
mejor en la cara del toro.
La faena de muleta no
fue buena. Las tandas con la derecha tenían que resolver el problema de
un toro mirón y resultaron rápidas. Por la izquierda no acertó a
llevar al toro con mando, hasta el punto de resultar atosigado por el
del Marqués. Acabó de forma trepidante, se agarró al costillar y se
puso hasta el gorro de molinetes de rodillas. Todo ello en plan
torbellino, como un viento huracanado. El público quería dos orejas,
no le importó que la espada cayera contraria. Creo intuir que el
presidente se acordó de otras faenas premiadas en esta feria con doble
trofeo y no accedió más que a conceder uno, lo que fue motivo de una
sonora discrepancia.
Pero la traca de
Fandila estaba aún por llegar. De nuevo se puso de rodillas en el
quinto para instrumentar una larga cambiada y realizó un quite por
zapopinas (o lopecinas), que tuvieron la virtud de volver a poner la
plaza a máxima presión. En banderillas subió la emoción de tono.
Cuando ponía el segundo par del llamado dos en uno, el toro le atropelló
y le dio varios golpes. Renacido de la paliza, El Fandi volvió a la
cara del toro para clavar un nuevo par al quiebro. Este torero se gana
el sueldo con su terrible esfuerzo.
La faena de este
quinto tuvo de todo. Lo mejor, una tanda con la izquierda muy lenta y
cadenciosa, que nos recordó al mismo torero de hace dos años y que
parecía haberse olvidado de torear bien con la muleta. El resto, una
labor muy lograda de cara a la galería, todo ello realizado ante un
excelente toro. Ahora, el presidente le dio las dos orejas, porque de
otra forma no sale vivo del coso.
El paso por Almería
de Uceda Leal fue simplemente discreto. Es un torero de tono serio, poco
dado a vender su tauromaquia con alardes efectistas. El que abrió plaza
fue noble pero acabó muy agotado y le costaba desplazarse. Uceda toreó
con pulcritud por ambos pitones, pero no llegó a interesar mucho su
labor.
Con el cuarto, mejor
toro, Uceda estuvo más lucido en algunos
muletazos muy largos y de buen corte, pero su labor no tuvo mucha
continuidad. El astado era flojo y la gente no entró en situación. Capítulo
aparte tienen las estocadas de Uceda, la segunda tras un pinchazo. Dos
estocadas perfectas por realización y colocación. Es el as de espadas
de estos momentos.
César Jiménez
estuvo mal con el tercero. Este astado se quedó sin picar. Llegó crudo
a la muleta. Jiménez toreó a mucha distancia, sufrió enganchones
diversos y dio un curso de toreo pobre con la izquierda. El toro se le
rajó y la faena ya perdió toda posible intensidad. Además, lo mató
en los bajos.
Se lució en las verónicas
de saludo al sexto, el toro que ponía fin al ciclo ferial. Tampoco fue
castigado en varas. Esta es la fiesta al revés. La orden a los
picadores es ¡que no piquen! Llegará el día que sobren los del
castoreño. Como fue desarmado en chicuelinas, se pasó a las navarras,
un quite sin ninguna entidad.
El comienzo fue de
rodillas en derechazos ligados muy logrados. Este toro fue también de
calidad. Jiménez se relajó en tandas con la derecha algo rapidillas,
pero muy bien acogidas. La faena fue de derechas. Siguió ventajista con
la izquierda en una solitaria tanda. Acabó embarullado y perseguido. La
gente quería que lo matara para perdonarle el desaire que tuvo con esta
afición al no recoger el capote de paseo como triunfador del pasado año,
pero apuntó siempre a los bajos y falló con contumacia.
La
corrida final de esta buena feria, con el hierro de Marqués de Domecq,
fue magnífica. La cogen tres toreros de hace veinte años y le cortan
diez orejas. Estamos en el siglo XXI y el escalafón está como está.
Viernes,
27 de agosto. Carlos
Crivell. Ponce
y Tejela bordan el toreo eterno
Fue una buena tarde
de toros porque sobre el ruedo hubo toros y toreros. Esta afirmación
realizada en estos tiempos tiene doble mérito. El público vibró con
las cosas buenas que se le hicieron a toros buenos. En ocasiones, también
aplaudió cosas de poca importancia, pero eso ocurre en todas las
plazas.
Hubo toros y toreros
en la plaza almeriense. En el capítulo ganadero, la corrida de Fernando
Domecq tuvo algunas cumbres, como ese toro cuarto, que ya por sus
hechuras salió pregonando que estaba criado para embestir bien, como
hizo en la muleta de Enrique Ponce. Tuvo suerte el toro porque en el
sorteo cayó en las manos privilegiadas del valenciano. Si el toro
embiste mucho y Ponce está inspirado, sobre un ruedo puede ocurrir el
milagro del toreo. Que no se olvide el tercero, descarado de pitones,
que derrochó nobleza y fijeza para que Tejela confrmara su calidad como
torero joven. Y fue una lástima que el quinto, de muy bonita lámina,
se congestionara a la salida. Por tanto, un encierro de nota el de
Zalduendo.
Enrique Ponce cuajó
una primera parte de faena al cuarto sencillamente colosal. Los doblones
del principio fueron el detalle preciso para someter al animal. Sin
dilación, Ponce lo toreó por la derecha con suavidad extrema, llevando
prendida la embestida por un hilo invisible. Lo que vino después fue un
recital de toreo bueno por ambos pitones, aunque la segunda parte fue de
tono inferior en cuanto a la pureza exhibida antes. El toreo al natural
sin ligar, recogiendo la muleta, fue simplemente acepetable y los pases
de rodillas una concesión que no venía a cuento. Pero el postre fue
delicioso: unos ayudados por bajo ligados con trincherillas que bien
podrían dejarse como ejemplo en las escuelas de tauromaquia. Lo mató
de forma soberbia y cortó dos orejas, un premio adecuado a lo realizado
por el valenciano.
El que abrió plaza
no acabó nunca de entregarse. En manos de Ponce pareció mejor. Le hizo
una faena con pases de buen trazo, aunque fue complicado lograr la emoción
popular.
La otra faena cumbre
de la tarde tuvo la firma de Matías Tejela. El madrileño regaló a
Almería un ramillete de naturales preciosos, de gran pureza y calidad.
El toro admitió los pases con mucha nobleza. Tejela interpretó el
toreo bueno por ambos pitones, aunque los naturales fueron el epicentro
de una labor torerísima, porque arrastró la muleta por el albero y
acompañó cada uno de ellos con un precioso juego de cintura. El toreo
hecho y explicado según los cánones clásicos. La plaza se entregó a
Tejela, que no ha podido dejar mejor tarjeta de presentación en su
debut.
No pudo reeditarlo en
el sexto, porque era un animal noble pero muy flojo. Tejela instrumentó
pases muy correctos, pero las fuerzas se habían ido del toro de
Zalduendo, lo que hacía difícil ligarlos, una condición necesaria
para lograr que haya vibración en la plaza.
Javier Conde no
anduvo inspirado en Almería. El que se lidió en segundo lugar, mermado
de fuerzas por una voltereta, tenía nobleza, pero necesitaba que se le
diera confianza, una muleta amiga, nunca una muleta que le desplazara
por fuera. Conde le dio tandas de dos pases a lo sumo, siempre movidos y
muy desajustados. La faena no existió como tal, pero al malagueño ello
no le importó, porque como si hubiera hecho un toreo de alta calidad
nos obsequió con la carrerita ridícula para dar un feo pase por la
espalda. La imagen fue sencillamente un esperpento.
Mató el sobrero de
Valdefresno, que fue noblón. Era un toro para quedarse quieto, delantar
la muleta y tirar del animal hacia adentro. Sólo en una tanda de
redondos hubo ligazón y toreo de cierta entidad. Quiso rematar con uno
de pecho mirando al tendido, el toro se le quedó debajo y a punto
estuvo de cogerlo. Ya nada fue igual. No volvió el temple ni la ligazón.
Y otra vez la carrerita para escarnio de esta profesión, porque era
digno de ver como tanto en el callejón como en el tendido se lo tomaban
a pitorreo. Y esto es muy serio.
Los
que bordaron el toreo, Ponce y Tejela, se fueron a hombros. Ayer sí
salió la afición dando pases, tratando de imitar a los maestros. Esta
es la mejor promoción de la fiesta.
Jueves,
26 de agosto. Carlos
Crivell. El
Juli corta tres orejas sin despeinarse
El clima de triunfo
que es la norma en esta plaza se rompió en la primera parte del festejo
de ayer. Los toros de El Torreón, propiedad de César Rincón, fueron
muy flojos y su propia presencia bajó con relación a corridas
precedentes. Esta circunstancia propició que, a pesar de la oreja
cortada por El Juli, la tarde fuera gris en la primera mitad. Por
fortuna, el cuarto de la tarde fue un toro de mayor calidad y el
colombiano Rincón pudo desarrollar su tauromaquia ya conocida. Ahí la
tarde se lanzó.
El primero de la
tarde, que era cinqueño, pero que no tenía mucho trapío, no fue
elemento adecuado para Rincón. El animal tenía poco fuelle y la faena
del maestro bogotano fue de pases sueltos, sin poder ligarlos, y de
escasa hondura. Esta labor no tuvo mucho eco en la plaza, lo que sumado
a una labor deficiente con la espada lo dejó todo para el cuarto.
En el segundo de su
lote sí que apareció Rincón en plenitud. Fue una pena que no
culminara sus lances de saludo a pies juntos por culpa de un desarme. El
planteamiento de la faena fue el clásico en Rincón. Se distanció
muchos metros de su oponente y lo citó de largo. El derechazo ligado
surgió como un surtidor de agua fresca para aliviar el bochorno de la
tarde. A partir de ahí, una faena limpia y templada, llena de detalles
toreros, sin agobios ni apreturas, pero de mucho poder de
convencimiento. La gente, ya ahíta por el condumio del entreacto,
disfrutó y se entregó al matador colombiano, que acabó con
circulares, molinetes y pases de pecho ligados en la fase culminante y
final de su trasteo. Como no lo mató bien, el premio a tan excelente
faena fue de una oreja, lo que indica que algunas veces la plaza calibra
con medida lo acontecido en el ruedo, que fue bueno y estuvo mal
rematado.
La espita de los
triunfos la abrió El Juli en una faena simplemente cumplidora al
segundo. El toro no tenía mucha vitalidad y el madrileño se entretuvo
en dar muletazos por ambos pitones en plan de buen profesional. No fue
una obra para desatar grandes entusiasmos, pero siempre que la muerte de
los toros llaga a la primera se piden trofeos. Había logrado calentar
el ambiente con unos molinetes y algunos rodillazos muy efectistas.
Estuvo mejor con el
quinto, toro que se aguantó más sin derrumbarse. Esta mejoría fue muy
llamativa en los primeros compases de su labor, cuando templó y tiró
bien del toro, para, más adelante, embarullarse con algunos enganchones
y sacrificar la calidad por la cantidad sin relieve. Como quiera el
chaval es listo, para meter a la plaza en situación volvió los pases
de rodillas, a meterse entre los pitones y a poner sobre el tapete todos
los recursos posibles de un matador curtido y con muchos toros matados
por los cosos del mundo. En los efluvios postingesta del personal escuchó
gritos de ¡Juli, Juli!, lo que parece que le inspiró, porque a
continuación dibujó sobre la derecha la mejor tanda de su faena, un
dechado de temple y mando. Bien lo podía haber hecho antes. Tras la
muerte rápida del astado, que no como consecuencia de una estocada de
calidad, llegó la culminación de la fiesta.
El toro de capa
melocotón lidiado como tercero no fue picado, lo leen bien, sino que
llegó al caballo y se le arañó la piel del lomo. La herida de la
divisa sangraba más que el puyazo. El toro no tenía raza ni fuerzas.
Fue de una gran sosería, pero se encontró con el bisoño Gallo que le
puso el resto de sosería al asunto par que el conjunto resultara
insufrible. El toro no valía; Gallo muleteó más por la derecha que
por la izquierda sin despertar mucho interés. Ni porque intentó los
circulares y los rodillazos tan socorridos levantó el ánimo popular.
El
sexto tenía más trapío. El graderío estaba a lo suyo en actitud
desconocida en esta plaza. Y luego hablan de Pamplona. El animal se paró
mucho y Gallo metió pico de forma descarada. Le tiró un derrote por la
izquierda y se puso a pegar pases con la derecha sin limpieza, aguantó
algunos parones, pero en verdad no dio ni un solo pase digno de ser
llamado como tal. Quiso asustar a la concurrencia entre los pitones de
una estatua medio muerta. La culpa fue del toro, pero este Gallo
necesita más tiempo de corral para poder codearse con los mejores del
gallinero.
Miércoles,
25 de agosto. Carlos
Crivell. Esta Puerta Grande es un coladero
De nuevo hay que lamentar que se haya abierto la Puerta Grande de Almería por una tarde de poco fuste. Lo logró Antón Cortés, que se llevó el lote de Torrealta y lo desperdició. Como acertó a matar de dos estocadas, el facilón público almeriense y el desafortunado presidente le regalaron dos orejas. Se impone que para abrir la Puerta Grande sea necesario cortar dos orejas a un toro, aunque con estos presidentes tan malos como el de Almería todo es posible.
La presencia de Hermoso de Mendoza en un cartel con dos matadores de toros es buena para el toreo a caballo. Dignifica este arte, al tiempo que no se puede decir que asista el público a ver rejoneadores, sino que acude a ver dos matadores de toros alternando con un caballero de prestigio. Se acerca el rejoneo a un público acostumbrado a los festejo normales.
Y hablamos de Hermoso de Mendoza, que es el maestro consumado del rejoneo de nuestros tiempos. En su actuación de Almería no ha logrado cortar trofeos por culpa del rejón de muerte. Este detalle de no pasear orejas no resta ningún valor a una tarde de toreo a caballo de alta escuela.
El que abrió plaza fue un toro excelente para el rejoneador. Incansable, no cesó de seguir a las cabalgaduras por todo los terrenos en los que Hermoso le citó. El navarro hizo un trasteo basado en sus caballos Chenel y Campogrande muy meritorio y con momentos inspirados, aunque también se dejaron ver algunos tropezones. Fue una labor muy vistosa que fue rematada de forma pésima con el rejón de muerte.
El cuarto fue también bueno, aunque menos atosigante. Ahora salieron a la plaza Campogrande y Chicuelo como caballos estrellas. Si lució con los quiebros en corto del primero; las piruetas con Chicuelo fueron explosivas, lo mismo que un par a dos manos para rematar su faena. Descordó al toro y no podía haber trofeos. Debería saberlo el público; es una desgracia esta circunstancia, pero es así y todo quedó en una vuelta.
Enrique Ponce tropezó en primer lugar con un toro incómodo. El animal no remataba sus viajes y levantaba la cabeza, sobre todo por la derecha. Ponce estuvo mucho tiempo tratando de meter en la muleta al astado, pero fue un trabajo muy sordo, meritorio, aunque algo cansino. Sólo por el pitón izquierdo se pudieron contemplar pases de largo trazado. Fue una labor honesta condenada al fracaso.
Se le esperaba con ilusión en el quinto. El toro prometía buenas cosas, pero recibió uno de esos mortíferos puyazos que acaban con los toros en estos tiempos. A la muleta llegó sin recorrido y sin vida. Ponce se puso a intentarlo, pero era como querer hacer un programa decente en algunas televisiones: imposible. El valenciano, tan querido en esta plaza, no pudo demostrar su momento de forma ya exhibido en otras plazas en esta vuelta tras su percance. Le queda otra corrida.
El gitano Antón Cortés debutó en Almería con el santo de cara. No se puede hablar de otra cosa cuando el primer toro que lidia tiene la calidad del tercero, un toro muy en el tipo de Marqués de Domecq, que embistió con clase suprema. Con este tipo de astado, Antón Cortés no estuvo mal, pero se esperaba que anduviera mucho mejor. Hay que explicarlo. Sólo toreó con la derecha, como es costumbre en estos tiempos. Los pases fueron largos, distanciados y expresivos. Con el compás abierto y una compostura gesticular muy llamativa, el diestro dio muchos pases, entre los que alguno fue más lento y con el mando suficiente para lograr el interés del aficionado. Sobresalió el gesto y la rapidez en la ejecución de los pases; ello no importó nada al jubiloso público que esta plaza que le obsequió con un trofeo.
Se llevó el lote de la tarde, porque el sexto también fue bueno. Tres tandas de trallazos con la derecha fueron su tarjeta de presentación. No se pueden dar pases a más velocidad ni pasarse un toro más lejos. El animal era tan bueno que le dejó reposarse con la izquierda, por donde algunos naturales tuvieron más sabor y reposo. Se llevó dos toros para haber puesto la plaza boca abajo y nos quedamos a dos velas sin ver una tanda competa con calidad. Pero lo mató bien y se llevó la segunda oreja que le abrió una puerta grande absurda.
Martes,
24 de agosto. Carlos
Crivell. Euforia desbordada y todos a hombros
Esta fue una corrida con esos matices que nos obligan a utilizar la palabra triunfalismo. Se cortaron muchas orejas y los toreros se fueron a hombros de la plaza. Para que ello suceda es necesaria una corrida buena y tres espadas capaces. La de Santiago Domecq fue buena en conjunto. No es que fueran protagonistas de un tercio de varas inolvidable, pero recibieron castigo en su solitaria entrada a los montados. Lo bueno fue su movilidad, fijeza y nobleza. Con este género, los espadas pusieron sobre el albero lo que saben. En la memoria se quedan el cuarto toro y la faena de Ruiz Manuel, el valor de El Juli y unos naturales al segundo y la elegancia, sólo por momentos, de Vega.
El almeriense Ruiz Manuel fue profeta en su tierra. Tuvo suerte el torero en el sorteo y se llevó dos peras en dulce con el hierro de Santiago Domecq. Cuatro orejas en el esportón después de dos faenas con muchos muletazos, entre los que los hubo buenos y regulares. El que abrió plaza fue un toro muy justo de fuerzas, aunque al final remontó y se dejó torear a placer. Se puede discutir si el toro de lidia debe ser más vibrante o debe desplomarse menos que lo hizo este primero, pero es incuestionable que su final fue de toro bravo.
En el concepto clásico de la bravura, el cuarto fue mejor toro, entre otras cosas porque se dejó picar y no se derrumbó en ningún momento. Y en cuanto a la calidad de sus embestidas, sólo queda decir que fue un carretón, tanta era su fijeza y su recorrido.
Ruiz Manuel, un clásico en las feria de su tierra pero que torea poco, se encontró con estos dos toros tan buenos y dejó lo mejor de sí mismo. Alque abrió plaza no acabó de entenderlo hasta mediada la faena, ya que antes el toro se mostraba muy derrengado y algunos de los muletazos del almeriense fueron la causa de los mismos. Conforme se centró, el torero pudo dibujar muletazos de buen trazo por ambos pitones y acabó con manoletinas. De todas formas las dos orejas fueron un exceso más de este palco tombolero.
Con el magnífico toro cuarto Ruiz Manuel anduvo mucho mejor. Se fue al centro y allí hizo una faena de ritmo mantenido, el que el propio toro exigía. Ahora la ligazón fue mayor, el pase tuvo argumento y el conjunto fue de un tono creciente. El astado de Santiago Domecq embestía y embestía; Ruiz Manuel se sintió torero y dejó lo mejor que tiene. La gente estaba entusiasmada y volvió a pedir dos apéndices para el paisano.
El Juli sigue escuchando las mismas broncas de toda la temporada porque ya no pone banderillas. No acaba el personal de enterarse de su decisión. A cambio, el joven espada torea con más reposo y relajación. Tampoco le viene bien esa dejadez. Con el capote dejó un par de verónicas de enorme gusto. El toro fue de gran dulzura, incluso parecía por momentos un juguete en las manos del diestro; un juguete con fuerzas mínimas. El Juli estuvo sobrado en todo momento; tan seguro que ligó tres afarolados después de dos naturales de clase superior y el animal de cayó redondo sobre el albero. Fue como si se hundiera toda la faena. Encima lo mató mal.
El quinto tenía casta. No era el dulce meloso anterior. Ahora se necesitaba a un torero poderoso y apareció. En los primeros compases superó la tendencia del astado a recuperar terreno y el molesto derrote final. Conforme avanzó la faena se hizo con el toro en lo que se puede esperar de este matador. Se arrimó hasta decir basta y toreó por ambos pitones en tandas de buen trazo. Lo que más resaltó fue su valor y esa condición de figura para no dejarse ganar la pelea.
Era un placer volver a presenciar una actuación de Salvador Vega tras su triunfo en Bilbao. En Málaga no llegó al tope que se le debe exigir a tan prometedor torero. Se llevó el peor lote. El que salió como tercero fue el toro menos claro del encierro. Fue un toro muy tardo y probón. El mérito de Vega fue situarse bien en la cara del toro y lograr algunas tandas con la derecha de mano bajo para tapar al animal. Le echó mucho valor al asunto y nos obsequió con una estocada soberbia en segunda intención. Esa forma de matar, para quien lucha con esta suerte tras su percance en Zaragoza, tiene doble mérito.
El sexto tenía trapío. Derribó y lesionó al picador Domingo García. Vega comenzó con un emocionante pase por la espalda y siguió por la derecha. La plaza era una fiesta. El triunfalismo se había apoderado del coso. El de Domecq no era tan claro, se quedaba corto y el de Manilva le echó valor y variedad al asunto. Ya que era imposible ligar pases, Vega puso voluntad y torero accesorio. Todo valía ya. Se trataba de ver a los tres a hombros y lo lograron.
Lunes,
23 de agosto. Carlos
Crivell. Puerta Grande pequeña para Finito
Tarde feliz para Finito de Córdoba en la primera corrida de toros de Almería. Fue una felicidad ganada gracias a la generosidad del público, porque el torero cordobés no estuvo en el tono para el que está capacitado, siempre según la propia calidad torera que atesora. A estas alturas de su carrera, Finito tiene recursos para cortarles las orejas a los toros sin hacer grandes esfuerzos; incluso lo puede hacer sin torear bien. Son privilegios de la veteranía y Juan Serrano ya es un torero con mucho camino andado.
El que abrió plaza fue un toro que tenía casi los seis años. A pesar de esta condición, el animal con el hierro de hermanos Lozano fue muy noble y permitió que Finito dibujara algún lance suelto, aunque nunca adelantó la pierna para ganar terreno. La faena fue intermitente. Predominó el toreo rápido y abriendo mucho el viaje del toro. Abusó del toreo diestro, una costumbre muy habitual en este espada. Cuando tomó la muleta con la izquierda, era posiblemente tarde. Algunos pases al final del trasteo fueron más reposados.
Repitió labor en el cuarto. Este toro era precioso por hechuras. No podía desdecir su origen Núñez. Finito toreó ahora mejor con el capote, sobre todo fue un prodigio de buen gusto la media verónica final. La faena fue otro concierto de derechazos, unos regulares y otros medio aceptables. El toreo al natural cada vez brilla más por su ausencia. El torero mezcló pases citando a zapatillazos con otros de mejor tono, sobre todo una tanda final, naturalmente con la derecha. La efectividad con la espada le permitió tocar pelo en ambos con suma facilidad, casi sin despeinarse.
El lote de toros de Alcurrucén fue muy desigual. Toros de un puyazo y fuerzas justas. Entre ellos, el que se lidió en segundo lugar fue malo sin paliativos. El joven César Jiménez fue recibido por la plaza con manifiesta hostilidad. Viene de Málaga de comportarse como un maleducado y aquí lo primero que hizo fue no asistir a recoger el premio como triunfador del pasado año. La gente estaba de uñas con el madrileño.
Ese toro segundo fue malo y cogió en banderillas a Luis Manuel Valverde. Fue un percance muy feo, aunque luego las noticias confirmaron que no era grave. Este detalle sembró el desconcierto. El toro topaba y tenía peligro. Jiménez se lo quitó de encima como pudo.
Tenía la plaza en contra y tenía que pedir perdón, de forma que brindó a todos el quinto, un toro de gran nobleza. Con su habitual rigidez y cursilería, César realizó una faena con tandas cortas y medios pases. Toreo mecánico e inexpresivo, que el público aceptó de buen grado. Está claro que en las segundas partes de estas corridas con merienda vale todo. El madrileño estuvo más pendiente de la compostura que de realizar el toreo verdadero.
El tercer espada José María Manzanares sigue como siempre. No vamos a descubrir que tiene un porte sensacional, pero eso no es suficiente. Si cita los toros con la muleta atrasada y desplaza las embestidas de forma sistemática, nunca podrá torear bien, aunque puede dar pases bonitos. Algo de esto ocurrió en el tercero, toro reservón y al que le costaba embestir. En estos casos nunca se sabe si el animal lo hubiera hecho si el matador se coloca en el sitio donde los toros embisten. Para que nadie se queje por posibles omisiones, algún pase fue muy bonito.
Manzanares se echó la muleta a la izquierda en el sexto, pero fue para dar sólo dos pases. Para uno que empieza por naturales. Con la derecha, porfió para lograr algunos muletazos de buen corte. Prevaleció su estética en pases que no podía ligar. El de Alcurrucén necesitaba tomar oxígeno entre cada muletazo. Conforme la faena fue avanzando, se perdió hasta la estética y eran mantazos sin orden ni concierto.
Finito se fue a hombros. Fue una Puerta Grande muy pequeña.
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