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Cañada
Berja
Cenicientos Huercal-Overa
Laujar de Andarax Roquetas
Vera
Temporada 1999
Temporada 1998
TOROS EN ALMERÍA
TEMPORADA 2000
Feria de la Virgen del Mar
del 20 al 26 de agosto
Carteles, resultados y crónicas de los festejos del ciclo
Sábado, 12 de agosto. Final del IV
Ciclo de Fomento de la Cultura Andaluza. Toros por designar, para Manuel
Macías (de Alcalá de Guadaira), Octavio Chacón (de Jerez) y Salvador Vega (de
Algeciras).
Domingo, 20 de agosto. Novillos de
Pérez Tabernero, para El César (ovación y silencio tras dos avisos), Jesús Almería
(oreja y ovación tras dos avisos) y Torre Jerez (palmas y palmas tras dos
avisos).
Lunes, 21 de agosto.Toros del marqués de
Domecq,
para Joselito, Eugenio
de Mora y El Juli. Acceso a ficha técnica y
crónicas del festejo.
Martes, 22 de agosto. Toros de
Zalduendo,
para Manuel Caballero, José
Tomás y El Juli. Acceso a ficha técnica y
crónicas del festejo.
Miércoles, 23 de agosto. Toros de
El
Torreón, para Joselito, José
Tomás y Miguel Abellán. Acceso a ficha técnica y
crónica del festejo.
Jueves, 24 de agosto. Toros de
Puerto
de San Lorenzo, para Enrique Ponce, Miguel Abellán y El
Califa. Acceso a ficha técnica y
crónica del festejo.
Viernes, 25 de agosto: Toros de José Luis Marca, para
Enrique
Ponce, Ruiz Manuel y Morante
de la Puebla. Acceso a ficha técnica y crónica del
festejo.
Sábado, 26 de agosto. Toros de
Montalvo, para Finito de Córdoba, Rivera Ordóñez y Morante
de la Puebla. Acceso a ficha técnica y crónica del
festejo.
El Correo de Andalucía.
Manuel López-Ligero. Almería. Edición del 24 de agosto´98. Ganó el
tremendismo de López Cháves
La novillada de ayer en Almería discurrió por los derroteros más comunes, siguiendo un
guión bien conocido y con protagonistas bien definidos. Estaba el novillero emvalentonado
y algo espídico (López Cháves), el artista sin suerte (Jesús Almería) y el novato
(Víctor de la Serna). El triunfador resultó ser López Cháves.
El toreo tremendista del salmantino estuvo basado en el arrimón, el revolcón y el
gesto exagerado. Pasado de revoluciones, sin reposo, parecía querer hacerle a los
inválidos toros de gabriel Roja todos los pases posibles en el menor espacio de tiempo.
Por eso, la cogida que sufrió en el cuarto y de la que salió ileso se barruntaba desde
hacía tiempo. Al fin y al cabo la puerta Grande que logró abrir se debió a los dos
enganchones que le destrozaron la taleguilla.
Ayer el único que intentó hacer el toreo de verdad, tan inusual en los tiempos que
corren, fue Jesus Almería, pero los novillos caían rodando por los suelos en cuanto
intentaba bajarles la mano. A esto contribuyeron los brutales puyazos que se le dieron a
los dos toros de su lote. El almeriense intentó hacerlo todo muy despacio, con clase, con
gusto, y solo echó las rodillas a tierra, recurso novilleril que nunca falla, cuando el
triundo de López Cháves comenzó a picarle. Los aceros, sin embargo, no se pueden
utilizar peor.
El que no echaba las rodillas a tierra ni de broma era Víctor de la Serna.
Perteneciente a una ilustre saga de toreros y cronistas taurinos, este diestro dio la
impresión de estar aún muy verde. Todo lo que hacía resultaba forzado, tenso,
desconfiado, y el público eso lo capta muy rápidamente. Lo único destacable lo hizo con
el toro que cerró plaza, al que le ligó bien los derechazos, aunque algo despegadito.
El País.
JUAN ORTEGA, Almería. Edición del 25 de agosto´98. Los duendes de la
feria de la luz
En Almería el sol reina sin contemplaciones, machacando los colores, de tal manera que,
si hubiera una mentira disfrazada entre un cromatismo cruel, se vería delatada por su
sombra. Todo es llano, sin más relieve que su propia temperatura. En contraste, no ocurre
así cuando, tras el tercer toro, el sol se va y la luz se difumina, dando cabida a algún
duende embusterillo.
Todo el pueblo adora a los dioses que ofician la liturgia festiva, pidiendo a cambio un
poco de pasión desnuda. Joselito, inteligente, supo devolver unas pinceladas durante la
lidia del primero: delantales, media, dos naturales y uno de pecho constituyeron sus dones
y por ello cortó una oreja. Fue una faena de dientes afuera, como la falsa sonrisa.
En el cuarto se paró el torero aliviando la suerte y atemperando la embestida. Joselito
basó su faena por el pitón derecho, a pesar de que el toro entraba rebrincado, mientras
que por el izquierdo le quitaba el sitio. Sobresalieron un par de series que debieron
valer por una faena completa, a juzgar por la pasión con la que se exigieron las orejas.
Joselito es algo brujo y maneja a los duendes que salen al atardecer.
A Litri lo jalearon al torear de capa. Posiblemente no se lo podía creer, ni yo tampoco.
Su labor fue carente de calidad y sobrada de tosca violencia acelerada. En el quinto se
ocupó de sacudir los engaños haciendo restallar el látigo de la muleta en raras
posturas que acabaron por enloquecer a su oponente.
Rivera Ordóñez, recordó con la capa tiempos mejores, especialmente en una larga y en
verónicas a pies juntos y quietos con las que recibió al sexto. Todo fue una estrella
fugaz, ya que al coger la muleta vimos a un torero que se siente más agusto cuanto más
descolocado, que cree que el toreo es en línea recta desde las afueras y que se debe
rematar lo más lejos posible de la cadera.
El País.
JUAN ORTEGA, Almería. Edición del 26 de agosto´98.
Tres
estilos diferentes y dos toros de ensueño
Cada quien dice el toreo como lo siente, salvo casos de mentiras que son carnede
psiquiatra.
Jesulín de Ubrique, versión del 98, quiere ser serio y trascendente, a pesar de haberse
criado en la calle. Continúa ligando a base de aliviar la suerte, tal vez para no
molestar ni comprometer al toro de tal manera que pueda ir y venir a su aire. Siempre
interpretó con mucho desahogo, sin ningún tipo de apreturas. El cuarto toro fue una
exhibición de bravura, fuerza y poder, derribando y tomando la vara de largo, para llegar
a la muleta repitiendo de manera que el torero tenía que tomarse muchísimos respiros. Lo
mejor fue el temple y lo peor la colocación. Aunque presentó batalla a su estilo, ganó
el toro de todas todas. A la hora de matar se echó fuera sin quererlo remediar.
El segundo salió templado y listo para el consumo, trayendo, además, una porción de
picante mezclado con prontitud y fijeza. Vicente nos reveló su vocación al comenzar con
el pase del guardabarrera y decirnos que es partidario de dejar pasar al toro sin
interferir en el viaje. Los papeles se cambiaron y el toro se toreaba solo, excepto en un
par de series de naturales en los que el torero mandaba sólo un poquito y remataba. El
quinto rompió de forma excepcional en la muleta, un prodigio de clase, fijeza y bravura.
Barrera estuvo decididamente por debajo, cortando el viaje y llenando de monsergas lo que
debía haber sido buen toreo. Tampoco se estrechó al matar.
El peor lote le tocó a José Tomás. El tercero no tuvo la protección de la clase y se
quedó en un toro con escasas fuerzas, mientras que el sexto manseó desde el principio e
hizo amagos de rajarse durante la faena de muleta. Tomás no sabe torear sin
comprometerse, pero tal vez un poco de picardía no vendría mal a tanta sinceridad, ya
que se jugó los muslos en varias ocasiones para sacar poco lucimiento en conjunto.
El País. JUAN
ORTEGA, Almería. Edición del 27 de agosto´98. José Tomás
volvió a soñar el toreo
José Tomás, hasta ahora, había manejado la escoba. Ayer puso de manifiesto que es
titular de una agencia de limpieza al completo. Tiene como socio principal al valor, que
le permite sentir los pitones a muy corta distancia sin darse por enterado; a la ciencia
taurina, que le permite inventarse un toro donde no lo había, y a la bendita ambición de
ser figura del toreo.
El tercero era el de menos clase: se manifestaba tardo, reservón y probón en los dos
primeros tercios, con la única cualidad de la capacidad para humillar. Unos estatuarios
haciendo girar el toro a su alrededor y, acto seguido, al platillo.
Comenzó la lección al elegir la distancia adecuada para encelar al toro y llevarlo
cada vez más largo y más lento. Si se lo propone, lo trae hasta Galapagar,
carretera adelante, como un perrillo. Se impuso en toda la línea y culminó por naturales
de perfil, sin más movimiento que el giro de las plantas necesario para tomarlo de nuevo.
A la hora de matar, volvió a colocarseentre los pitones y arrancó en la rectitud para
dejar una estocada hasta las cintas llevándose un golpe en la pierna. No fue faena, que
fue milagro.
El de Zalduendo fue sólo fachada. Cada vez que le crujían los riñones con la vara o la
muleta, perdía interés en la pelea. José Tomás afirmó su superioridad a fin de o
dejarse apabullar por el cobarde grandullón. No se aplicó con los aceros.
Lo mejor de Enrique Ponce fue su gallardía al entrar a matar en los medios, ser esperado
por el pitón, afortunadamente poco certero, y repetir en el mismo sitio para volver a
salir con apuros; cambió a la suerte contraria y allí acabó con el morlaco. El
quinto fue un lisiado.
Si me fuera dado, me gustaría saber qué le pasa a Joselito.
El País. JUAN
ORTEGA, Almería. Edición del vienes, 28 de agosto´98. Ruiz
Manuel tocó diana
Andaba el personal con media resaca después de la borrachera de toreo del día anterior,
ya que José Tomás nos había dejado para el arrastre, cuando llegaron los maestros
cantando la nana de la desgana y el aburrimiento.
Mira por dónde que sale el tercero, de fea encornadura, y Ruiz Manuel, de la tierra,
aguanta impávido la embestida del morlaco que lleva la cabeza muy arriba. Ruiz Manuel
tiene un valor espartano, justamente el que hacía falta para doblegar la embestida
descompuesta de un toro que manseaba buscando la querencia.
Dos series por la derecha y otra por la izquierda, obligando y mandando, muleta planchada
y mano baja, constituyeron el núcleo de una faena honradamente coronada con la espada. Al
sexto toro casi lo fusilan en varas, pero quedó lo suficiente para que Ruiz Manuel
intentara darle un bofetón al sistema taurino que lo mantiene a dieta mientras que hace
rico a otros. Para no ser menos que sus importantes compañeros, también falló a espada.
Manzanares, en el primero, se había dignado dejar media verónica, había comenzado con
unos buenos doblones y luego decidió irse de paseo. Cuando volvía, intentaba colocar
algún muletazo aislado que se cuidó muy mucho de rematar con los aceros. El público,
por respeto, le aplaudió; él, por respeto, no debió corresponder. Estaba toreando al
cuarto con más gusto que apreturas cuando se vio por los aires. Reaccionó toreramente,
olvidó las malas mañas y consiguió algunos momentos de autenticidad sin que la
reacción durara hasta la suerte suprema.
En el primero, Ponce sólo se atrevió a interrumpir el aburrimiento con una serie, y en
el quinto se esforzó muchísimo en una faena despaciosa y en unos alardes de valor
sabiamente administrados que enloquecieron al respetable.
El País. JUAN
ORTEGA, Almería. Edición del sábado, 29 de agsoto´98.
Cogida
muy grave del banderillero Alcantud
El sexto era un toro fuera de tipo, alto de agujas y más alto de miras, que, en cuanto
pudo, echó mano a Juan Pedro Alcantud. Con ese decorado, lo único que cabía era
dignidad, valentía e inteligencia. Ruiz Manuel pasó ese desagradable examen con buena
nota.
Mientras tanto, Alcantud era operado en la plaza de una herida de 12 centímetros en zona
isqueorectal, en paralelo al canal anal, con rotura completa del esfínter externo y una
profundidad de 25 centímetros. La cornada seccionó la cara posterior del pubis y causó
rotura de 5 centímetros en la cara posterior de la vejiga y disección de la anterior.
Fue ingresado muy grave en el Hospital de Torrecárdenas.
Antes, los dos primeros toros se encontraron a dos toreros vestidos de grana y oro, color
de valientes, que, a pesar de todo, estaban integrados en el discurso del vacío, del que
no tiene nada que decir y lo repite. Caballero y Barrera rivalizaron en sosería.
En el cuarto, Caballero puso más temple y compostura, llevando la muleta siempre en
línea y hurtando el cuerpo, que veraneaba en una finca de las afueras. A la hora de
matar, lo hizo sin salirse, ya que jamás estuvo dentro.
Barrera, tras pesados introitos, se centró en su peculiar estilo de verticalidad
perfilera y medios pases. Mejoró notablemente en el quinto, ya que el toro se le venía
humillando con prontitud y codicia, siguiendo el viaje que le marcaba la muleta, esta vez
en redondo, ya que el cite se producía con la muleta adelantada y desde el pitón
contrario. Mató de una estocada atravesada.
Ruiz Manuel volvió a poner la guinda de la autenticidad en verónicas expuestas y,
como anteayer, también cuajó una faena esencialmente corta y profunda, llevando el toro
muy toreado en series de pases que siempre pretendía largos, cuanto más mejor, a fin de
mandar, someter y obligar. Siempre le dejaba puesta la muleta para poder convertir los
pases en series. Tampoco es que defendiera la divinidad, simplemente es que Ruiz Manuel se
siente torero, se comporta como tal y, a la hora de decir su misterio, también lo dice en
torero. Cosas todas muy simples pero poco frecuentes.
El País. JUAN
ORTEGA, Almería. Edición del domingo, 30 de agosto´98. Una
terna que parecía aspirante al anonimato
Morante, Mora y Abellán coincidieron en no pretender hacerse notar. A juzgar por lo visto
ayer, más que buscar la incomodidad de la gloria y las servidumbres de la popularidad,
aspiran a la modesta tranquilidad del anonimato.
Sólo Eugenio de Mora pisó fuerte, aunque vacilante, hasta el punto de que lo más
notable fue el comportamiento incierto y cambiante del tercer toro, que no era el más
aparatoso. Salió en manso, se empleó con genio en una primera vara y huyó de la segunda
para no decir nada en banderillas. Llegó a la muleta comiéndose el engaño, por lo que
Abellán lo sometió por bajo en sus mejores muletazos. Continuó persiguiendo el engaño
y, de pronto, tiró el pitón a la barbilla del torero, que también tuvo la suerte de que
no lo encontrase en el suelo. A partir de ahí el toro se reservó la embestida mientras
calculaba por dónde podía hacer daño. También ahí acabó el torero, o quizás hubiera
sido mejor que acabara, porque le quedaron dos feísimas estocadas atravesadas con salida
al exterior. Tampoco el sexto permitió que Abellán se encontrase a gusto recetando
los mil y un derechazos y naturales que mandan las vigentes ordenanzas.
Algo falló en el trasteo de Morante, que sevillaneó con capa y muleta con buenas
maneras, cierta dosis de preciosismo y una levedad que provocó no se le pusiera demasiada
atención. El cuarto tenía genio y pies. Morante estuvo fácil y sin apreturas.
Eugenio de Mora se enfrentó a un toro con el que se emplearon en varas con nocturnidad y
alevosía. El animal llegó a la muleta andando al paso; la cosa es que el toledano se
centró y logró llevarlo con la izquierda bastante bien. En el quinto toreó de verdad en
dos series por la derecha.
TOROS EN CENICIENTOS
Lunes, 16 de agosto´99. toros de Carlos Nunez, para Pepin Jimenez, Juan Carlos Garcia y Ruiz Manuel
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