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PLAZA DE TOROS ALICANTE
Tarde del domingo, 24 de junio del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Alcurrucén,
encastados y nobles, excepto el 6º; descastado.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El
País. M MARQUEZ.
¿Te ha gustado Enrique Ponce?
¿T'ha gustao Ponce?' preguntaba una simpática ama de casa a
otra, mientras sacaban al de Chiva a hombros. Pues claro que gustó a los
espectadores alicantinos en el día grande de San Juan el torero
valenciano. Estuvo con su facilidad habitual en lo aleatorio; abaniqueos,
adornos, desplantes. Luego, hacer el toreo también lo hizo por fases,
incluso mejor al natural en su primero, al que recetó faena derechacista
poniendo distancia y por tanto metiendo el piquito de la muleta. Eso sí;
no dio tantos zapatillazos y ligó las tandas. Tan agustito estaba y tan
enrabietado que sonó el primer aviso antes de entrar a matar. También la
estocada tuvo que ver (la dejó caída) en que el usía sólo concediera
un único trofeo.
Con el que hizo quinto Ponce dió tres bellísimas verónicas meciendo
los brazos. El toro, un colorado de 543 kilos, se fue como una exhalación
al caballo y romaneó con poder. Y de nuevo volvió a repetir más o menos
la faena anterior. Aquí a pesar de la boyantía del de Alcurrucén
mantuvo la muleta a media altura, aunque se ciñó más con ella en la
zurda. Alardeó de hinojos y con abaniqueos, consiguió una estocada pero
como tardara en doblar el animal, volvió a escuchar un aviso. Y vuelta a
empezar: petición, bronca y oreja que le abrió la puerta grande.
Luis Francisco Esplá estuvo en su línea de lidiador variado con el
capote y magistral en los tres pares que clavó al cuarto. Emocionante y
arriesgado el que puso por los adentros, que levantó al público. Con su
primero, el alicantino estuvo aseado y basó la faena en la derecha tras
intentar el toreo al natural; al ser desarmado, desistió. Con su segundo
destacó un afarolado de rodillas y un par de verónicas. Luego lució por
chicuelinas en el quite y vino la apoteosis rehiletera. Se echó la muleta
a la izquierda y ligó un tanda. De nuevo con la diestra estuvo mandón y
hasta se arrodilló y salió de una tanda con un afarolado. Fue la
toledana la que le privó de conseguir un trofeo, que el público pidió
en su primero con fuerza y con algo menos en éste.
La terna la completaba Vicente Barrera, que mantuvo su personal
quietud. Mejor con su primero que con el complicado sexto, pero en ambos
fue a dar en hueso y estrellarse con la espada.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Broche
de oro de Enrique Ponce
Fin de fiesta y cerrojazo de oro a cargo de Enrique Ponce. Parte de
culpa de este broche importante corrió de parte de la corrida de Alcurrucén,
encastada y noble, con movilidad. Y ahí estuvo Ponce, crecido y en
figura, una vez más, otra temporada, y van...
La tarde se inició con una ovación de gala para Luis Francisco Esplá,
que ha cumplido veinticinco años de alternativa. Generoso como siempre,
compartió las palmas con sus compañeros. La torería presidió una
actuación que no rubricó con la espada. Al noble toro que abrió plaza
lo saludó sentado en el estribo. Anderson Murillo no se lució,
precisamente, en el único puyazo que administró. Esplá derrochó
facultades en el tercio de banderillas, al cuarteo, de poder a poder y en
un tercer par más facilón. Y tan fácil y natural siguió muleta en
mano. Al ejemplar de Alcurrucén le faltaba una chispa de gas; al diestro
de Alicante, pisar un poco más el acelerador. Presentó la izquierda muy
avanzada la faena, cuyo epílogo por sanjuaneras hizo honor a la fecha.
Bajó el tono con los rehiletes en el cuarto, al que recibió con un
farol de hinojos. Sin destocarse de la montera, elaboró una obra más
intensa que la anterior y ligada por momentos, como una notable serie
diestra. Rodilla en tierra se despidió, pero marró con la espada. Dio la
sensación que arrastraba una lesión en la mano.
A Ponce le tocaron dos toros que le pusieron sobre el tapete la
posibilidad de demostrar su larga tauromaquia. Uno sacó casta a
espuertas; el otro, mayor nobleza; ambos, la virtud de la fijeza. A aquel
le aplicó una faena extensa, marcada en sus principios por el ímpetu del
animal, que repetía las embestidas como una locomotora. La ligazón
apareció más adelante, conforme bajaba la codicia del bruto, que duró
hasta el final. Al natural se sintió Ponce a gusto, y cerró por bajo,
genuflexo, en un pasaje que domina desde que rompió en este difícil
arte. Acumuló un aviso en su cuenta antes de matar, cosa que hizo con una
estocada baja, único argumento que respalda la decisión presidencial de
negarle la segunda oreja. Pero para no concederle el doble trofeo en el
quinto ya no valía la excusa de la espada, pues el volapié, tanto en
ejecución como en colocación, alcanzó la perfección. Lástima que no
rodara el toro como merecía el estoconazo. Poca sensibilidad del palco
esta vez para enviar un recado con el toro muerto en pie. Había toreado
el maestro de Chiva relajado, sublime al natural, sobre todo en una tanda
inmensa de temple y buen gusto. Desde que embarcó al toro en las verónicas
se intuía su disposición por aferrar la puerta grande. Y no se le escapó.
Vicente Barrera protagonizó un par de mítines con la espada, algo que
emborronó unas faenas que nunca tomaron el vuelo que merecían sus
enemigos. Principió bien la primera, firme y dispuesto, pero se le fue
poco a poco abajo y acabó complicándose la vida con el noble penúltimo.
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