GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS ALICANTE
Tarde del martes, 19 de junio del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Adolfo Martín, en general bien presentados; encastados y nobles; 3º y 5º, aplaudidos en el arrastre; 1º, 4º y 6º, nobles pero justos de fuerza; 2º, descastado y soso.

Diestros:

  • Paco Cervantes, media estocada caída y cinco descabellos (silencio); pinchazo, estocada y dos descabellos (ovación y saludos).

  • Juan José Padilla, estocada corta (petición y vuelta); estocada caída (división).

  • Antonio Pérez, El Renco, pinchazo, media atravesada y descabello (petición y vuelta); dos pinchazos y estocada corta caída (silencio).

Entrada: un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. M MARQUEZ.  Una, dos, tres y cuatro

No eran orejas lo que contaba el alegre público alicantino. No; fueron las banderillas que quedaron sobre el albero tras un sainete que dió un tercero. Una mala tarde la tiene cualquiera y son muchas las que los banderilleros, a la fuerza, riegan de maera la arena. Trofeos, o sea orejas, no se cortó ni una.Bien es verdad que se puede torear como hizo El Renco y luego fallar a espadas y no cortar nada.

Sucedió con el más encastado y noble de los adolfos al que toreó con gusto y profundidad por ambos pitones. Tanda hubo en que tomó seis veces la muleta y llegó la intensidad a los tendidos. Al natural también consiguió momentos de brillantez y hasta un susto se llevó al dar un pase cambiado y salir trompicado. Luego tras los adornos llegó la suerte suprema y esta, que casi nunca se le resiste a El Renco, le hizo perder un posible trofeo. Tampoco pudo conseguirlo con el que cerró plaza, un endeble, que por la derecha pasaba sin más y por el pitón izquierdo se rebrincó sin dar opción a lucimiento. Cuando pareció que iba a tomar la muleta con son,se empezó a parar en la suerte por lo que el de Elda se arrimó,hasta irse a por el estoque que volvió a usar sin tino.

Pechó el también alicantino Paco Cervantes con el peor y el mejor de la corrida. La cruz fué con su primero, un cárdeno bragao meano al que recibió a porta gayola. Luego el picador lo pilló donde pudo e hizo del burel un colador. Con la franela Cervantes tanteó por derechazos y no se confió con la zurda. Tampoco su oponente le dió opción pues se aplomó y tenía pocas ganas de peleas.

Eso le animó a abreviar y también fue a estrellarse con la tizona. Cervantes tuvo su oportunidad en el quinto. Un encastado y noble animal con el que se estiró a la verónica manejando el percal con más soltura. Aquí llego el sainete rehiletero del subalterno y tras él inició faena el maestro con la derecha al son del pasodoble y con el público entregado. Al natural el alicantino sacó algún muletazo suelto pero sin gran hondura. Así que, con más deseos que acierto, tampoco tuvo fortuna al matar.

De merienda

Juan José Padilla es torero muy de estos públicos alegres, de merienda con parada incluida, a los que no les amarga nadie un dulce, o dos. Padilla los tuvo también en su lote. Sin ir más lejos el que abrió plaza; el más chico y también el más escaso de fuerza. Lo recibió a porta gayola y clavó garapullos el jerezano con más facultades que acierto.

Con la franela porfió por bajo pero el animal cortaba el viaje y siempre le enganchó el engaño. No obstante recetó faena aseada y aunque hubo petición sólo dió una vuelta. Al cuarto ni lo quiso ver y tan sólo destacó clavando tres pares de mérito. Pero en el último tercio al taparse él, destapó la encastada nobleza del animal. Así es, cuando hay toro...


ABC. ZABALA DE LA SERNA. La importancia de matar los toros

Por algo se llamó desde tiempo inmemorial suerte suprema. Si en la hora de la verdad falla la espada, malo. Más, cuando se necesita, como en los casos de Paco Cervantes y El Renco. Peor todavía cuando se le hacen carantoñas al triunfo y se construyen notables obras. Pero sin la rúbrica del acero a la faena le falta una parte demasiado importante.

Hubo un par de toros buenos entre los ejemplares de Adolfo Martín, que, por cierto, andan lejos del terror, el horror y el furor con que se les presiente y se les espera. Y la pareja noble y servicial fue a parar a manos de los dos diestros locales ya citados.

El Renco se había sacado al tercero a los medios sobre las piernas, educando la embestida con largura. Arrancó francamente torero, y sobre la mano derecha tiró de muletazos muy templados. Así un par de tandas; bajó el tono del adolfo en una tercera serie rematada con soberbios pases de pecho. El pasaje al natural fue breve además de inferior. A pesar de que el último tramo decayó levemente, si cobra una estocada corta oreja, seguro. Paseó el anillo como premio de consolación.

Mucho más deslucido resultó el sexto. El Renco presentó una voluntariosa pelea que acabó otra vez diluida en pinchazos.

Paco Cervantes siempre ha disfrutado de una clase especial, y sin embargo, por hache o por be, nunca ha despegado. Ayer, la dichosa espada dio al traste con las esperanzas. Había lanceado con rítmico juego de brazos a la verónica, cuando ya se vio la franqueza del bruto. Abrió faena genuflexo, toreó con gratas formas sobre la derecha y cuajó un par de tandas de estupendos naturales, flexible la cintura y elegante la planta. El final, por desgracia, ya lo conocen, y este quinto fue arrastrado con los trofeos en su sitio. Como en el toro anterior, el descabello se le escapó de la mano con peligro para los espectadores más cercanos, entre ellos nuestros colegas gráficos. Pocas opciones le ofreció el pupilo de Adolfo Martín, noblote pero sin recorrido.

Padilla bulló con los palos en su actuación y manejó la tizona con efectividad. La larga cambiada a portagayola con que inauguró la corrida y la bravucona faena que le hizo al más encastado y picante de la tarde —se revolvía con reflejos felinos— desembocaron en una vuelta al ruedo. No ocurrió nada más porque el cuarto se paró.

 

 
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