GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS ALICANTE
Tarde del lunes, 18 de junio del 2001
Novillada con picadores
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Carlos Núñez, para 

Diestros:

  • César Jiménez, 

  • Reyes Mendoza y 

  • Francisco José Palazón.

Entrada: un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. M MARQUEZ.  El debutante cortó la única oreja

Francisco José Palazón debutaba en la plaza de Alicante con caballos y fue el único que cortó una oreja. Fue mérito suyo y del nobilísimo núñez que cerró plaza. Antes habían salido otros dos, al menos, para haberles desorejado a poco que los actuantes hubieran manejado mejor los aceros. No se pide que sean D'Artagnan pero los tres tendrán que darle al carretón. Ahora con la incineración, que es a dónde van a parar las reses, los chavales ya no pueden ni siquiera intentar el descabello en los mataderos. Pero esa es otra historia. La novillada de Carlos Núñez si tenía cosas que contar. Tanto es así que primero, quinto y sexto fueron aplaudidos en el arrastre pero unas veces por el mentado fallo con la toledana y otras porque no supieron hacer colaborar a los bureles, se fueron con la orejitas puestas.

El festejo no convocó mucho público pero la cosa fue de distraída para arriba. Reyes Mendoza, nacido en Córdoba, toreó con gusto con el capote. Recibió al que abría plaza con dos largas cambiadas en el tercio. Inició faena con la izquierda, y consiguió un par de pases sueltos. Con la derecha estuvo más templado, quieta la planta, se pasó al nobilísimo y encastado novillo muy cerquita. Puso fin al trasteo con las rodillas en tierra y tras unas manoletinas entró a matar con poca fortuna. Con el que hizo cuarto, un novillete cariavacado pero corretón, fue un revuelo de capotazos en una lidia astrosa. Con la franela, aunque algo distraído, la tomó con nobleza. Mendoza no se cruzó y la embestida se fue apagando hasta pararse del todo. Y a pesar de estar más entonado con el acero no pudo tocar pelo.

César Jiménez no sólo es que tiene valor seco, tan necesario para superar estos tragos, es que además se siente y parece un torero. Será por aquello que decían de la mujer de su tocayo, lo de que la mujer del César no sólo tiene que serlo sino también parecerlo. Pues el madrileño anda ante la cara del toro e interpreta el toreo como lo que quiere ser; una figura del viejo arte de Cúchares. Toreó siempre relajado, con temple y mando. Cierto que su primero fue un chotillo con las fuerzas justas al que inició faena de muleta con dos pases cambiados rematados con sendos derechazos limpios y templados. Con el animalito entregado, dio circulares trayéndoselo por detrás, por delante y por donde quiso. Intentó el toreo al natural pero ese no era su pitón y abrevió. Y aquí fue el borrón pues lo hecho lo estropeo con la tizona.

Con el que hizo quinto, trabajárselo un tanto más. Calamocheaba el animal, de más presencia que su anterior, pero se tragó una tanda al natural y otras tantas hasta que lo metió en el cesto. Toreó relajado y se lo pasó muy cerquita sin enmendarse en faena variada en la que no faltaron circulares y manoletinas. Pero de nuevo la espada le privó de obtener trofeo alguno.

Fue el debutante en esta plaza, el alicantino de Petrel Francisco José Palazón, el único que hizo trabajar al alguacilillo para cortarle un apéndice al que cerraba plaza. El joven alumno de la escuela taurina de esta bella ciudad mediterránea pasó inédito con el capote en su primero y tras el trasteo mató fatal. Con su siguiente inició faena con la derecha en muletazos llenos de gusto consiguió brillantes momentos de relajo y temple.

Y aunque no apuró el núñez tomó la muleta al natural con más son. Se rebozó con la calidad del noble novillo y tras matar de estocada caída se llevó la primer oreja de la Feria.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Feria de Alicante: Una oreja para Palazón

Más fuertes parecen los pilotos de Iberia en su postura que las voces de los presidentes de Las Ventas que hablaban de plante o dimisión colectiva en solidaridad con el cesado Manuel Muñoz. Alguno, en plan agitador, anunciaba la fecha de ayer como fin del mundo: «Nos iremos»; otros, más sensatos, se limitaban a asumir su condición de funcionarios: «Acataremos lo que nos digan». Al final, todos firmes a la voz de «arrr» de la Jefatura Superior de Policía. Pero, de cualquier manera, sería positivo escuchar una explicación coherente por parte de la Comunidad de Madrid y del señor Peñarrubia para cargarse a Muñoz Infante con tan torpes formas. Si hay algo que clarificar sobre José Tomás, el acta del pasado 1 de junio o su tramitación, que se diga.

Claro que, desde aquí, queda todo como muy lejos, aunque las dos horas que duró la novillada nos dieran tiempo para pensar. Pasaron menos cosas buenas de las que debían, y los utreros de Carlos Núñez se morían con las orejas puestas. Todos, salvo uno, el extraordinario sexto, al que Francisco José Palazón le quitó una.

Semejante trofeo le ha de servir de acicate para perfeccionarse y no para creerse ya Juan Belmonte. Suele ocurrir que los coros de aduladores confunden a los chavales, esos que todavía hoy le seguirán cantando el arte —«¡qué arte, hijo!»— en lugar de explicarle que no codillee tanto con el capote o que procure correr la mano con la muleta, que no lo hace.

Palazón tiene un concepto artístico del toreo. Ahora puede desarrollarlo o amanerarse e ir de flamencón y torero de espejo. Esbozó apuntes como la fotografía de Vigueras y superó su verde primera faena.

Reyes Mendoza posee un valor seco y una personalidad distinta. Remató el saludo a la verónica con dos largas cambiadas de rodillas. Pronto presentó la izquierda, pero rectificó a tiempo al comprender que el pitón fetén era el derecho. Toreó largo y ligado, hasta que los aceros le traicionaron. Por el contrario, rubricó bien con el estoque su posterior labor con el manso y decreciente cuarto.

César Jiménez apenas brilló con el noble y muy flojito segundo y se mostró firme y más en su línea de poderoso y valiente muletero con el temperamental quinto. Perdió con la espada los puntos ganados durante la faena. Peor que los pinchazos fue cómo pinchó.

 

 
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