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PLAZA DE ALICANTE
Temporada 1999
TEMPORADA
2000
Otros festejos celebrados
Feria de Hogueras
carteles, resultados y crónicas
Crónicas
de la prensa
Casa Lozano obtiene
la prórroga para regentar la plaza de Alicante
Sábado, 21 de octubre. Toros de Zalduendo,
para José María Dolls Samper (que se presentará en público), José
María Manzanares, Joselito, Enrique
Ponce, José Tomás, Morante
de la Puebla y El Juli. Aplazado
hasta febrero de 2001.
Otros festejos
celebrados
Sábado, 19 de agosto. Toros de Lora
Sangrán, para Pepín Jiménez, Antonio
Mondejar y Pepín Liria. A las 19
horas.
Domingo, 6 de agosto. Toros de Jiménez Montequi, para Antonio
Barea, Rafael de Julia y
Luis Rubias.
Sábado, 5 de agosto. Toros de Los
Bayones (bien presentados, flojos y manejables, mejor el 3º, el 5º como
sobrero, el sexto resultó difícil), para Luis
Francisco Esplá (ovación en ambos), El Califa
(oreja y vuelta) y Paco Cervantes (vuelta y ovación).
Viernes,
4 de agosto. Toros de José María Manzanares, para Francisco José
Palazón, Antonio José “El Rubio”, y Aurelio Muñoz.
Sábado,
29 de julio. Erales de Angel Teruel, para Antonio Vergara, José Luis
Miñarro y Rafael Caro.
Domingo, 2 de julio. Toros de Peña Catalán y 3º de Jaral de la
Mira, para Esplá (ovación; aviso y
ovación), Luis José Amador (ovación y silencio) y El Renco (oreja en los
dos).
Sábado, 22 de abril. Toros de Carriquiri,
para El Califa (palmas y oreja tras
aviso), Dávila Miura (ovación y
bronca) y El Renco (oreja tras aviso y silencio).
Sábado, 4 de marzo. Inauguración de temporada.
Festival. Reses de Francisco
y Cayetano Rivera Ordóñez, para José
María Manzanares, Espartaco, Enrique Ponce,
Francisco Rivera Ordóñez,
Paco Cervantes, Antonio Pérez
"El Renco" y el rejoneador Emilio Guillén Romero.
Empresarios:
Toros y Espectáculos de Levante, participada por los hermanos José Luís,
Eduardo y Pablo Lozano y José María y Pedro Manzanares. Prorrogado hasta el
2001 según se ratificó en el pleno del Ayuntamiento de la ciudad el 16 de
octubre de 2000.
Feria de Las Hogueras
Domingo, 18 de junio. Toros de Román Sorando para Alvaro
Montes (vuelta), Leonardo Hernández
(vuelta), Hermoso de Mendoza
(oreja) y Martín
González Porras (oreja).
Lunes, 19 de junio. Toros de El
Pilar (en general nobles. Descastados 3º y 4º. Uno de Moisés Fraile que
hizo 5º, noble y encastado), para Manuel Caballero
(estocada -aviso - dos descabellos, (ovación), Eugenio
de Mora (metisaca, estocada corta, dos descabellos (pitos) ; cuatro
pinchazos -aviso - bajonazo (ovación) y El Juli
(estocada,(aplausos); estocada (oreja). Tres cuartos de entrada. Crónicas
del festejo.
Martes, 20 de junio. Toros de Parladé
(de discreta presencia. Inválidos el 2º y el 4º, éste devuelto y sustituido
por uno de Gavira, descastado. Boyante el 5º, aplaudido en el arrastre.
Resto, descastados),
para Joselito (dos pinchazos y estocada
baja (ovación); estocada (ovación) y José
Tomas (pinchazo y estocada (ovación); estocada (dos orejas). Salió a
hombros) y El Renco (estocada corta tendida (oreja); estocada (oreja). Salió a
hombros). Crónica del festejo.
Miércoles, 21 de junio. Novillos de Lozano Hermanos ((bien presentados y de buen juego, con la excepción de los
dos primeros, deslucidos por la falta de fuerzas. El quinto acusó el fuerte
castigo en varas), para Fernando Villatoro (palmas tras aviso y palmas) , Jorge Ibáñez
(silencio en ambos) y Luis Rubias (silencio tras aviso y ovación).
Crónica del festejo.
Jueves, 22 de junio. Toros de Puerto
de San Lorenzo (chicos, sospechosos de manipulación; manejables 1º,
2º y 4º; aplaudidos en el arrastre 5º y 6º, encastados), para Enrique Ponce
(dos pinchazos -aviso- pinchazo y estocada (silencio) ; pinchazo y estocada baja
(saludos), Finito de Córdoba
(estocada (oreja); pinchazo -primer aviso- , cinco pinchazos, se echa el toro,
lo levanta el puntillero -segundo aviso- y descabello (saludos) y Rivera Ordóñez
(cinco pinchazos, cuatro descabellos -aviso- , y se echa el toro (silencio);
pinchazo y estocada (oreja). Crónicas de la
prensa.
Viernes, 23 de junio. Toros de Daniel
Ruiz (inválidos y descastados; excepto 5ª y 6º, manejables. El 3º fue
devuelto por manso y sustituido por otro de Gavira, descastado e
inválido. El 2º, también de Gavira, inválido y manso); para Manuel Caballero
(dos pinchazos y dos descabellos (saludos); -aviso- , estocada perdiendo la
muleta -segundo aviso- (ovación)), para El
Cordobés (bajonazo en el costillar (saludos); estocada (oreja)); y para Miguel
Abellán (estocada atravesada (silencio); estocada atravesada, pinchazo y
media -aviso- y descabello (ovación). Tres cuartos de entrada. Crónica
del festejo.
Sábado, 24 de junio. Toros de Alcurrucén
(bien presentados y de juego desigual; los mejores 3º y 5º, el peor, el 6º),
para José María Manzanares (ovación
con fuerte petición y silencio), David Luguillano
(oreja y ovación), y para Juan Fernández
Belmonte, que tomaba la alternativa (ovación y palmas). Más de tres cuartos de
entrada. Crónica del festejo.
Domingo, 25 de junio. Toros de El
Torreón (nobles y encastados; 1º, inválido; 5º, noble), para Espartaco
(pinchazo y estocada baja (ovación); estocada corta (oreja), El
Califa (pinchazo, media atravesada, tres descabellos- aviso - y descabello
(ovación); estocada (dos orejas) y Morante
de la Puebla (estocada atravesada caída (ovación); pinchazo, metisaca,
pinchazo - aviso - pinchazo y descabello (ovación).
Crónica del festejo
Crónicas de
la prensa
El
País.
Edición del
26 de junio´2000. M. MÁRQUEZ LUCENA. El Califa lo
bordó y abre la puerta grande
No podía ponerse mejor colofón a la feria de las Hogueras del 2000 y El
Califa bordó el toreo en el quinto del tópico. No se puede hacer mejor. No sólo
por la técnica, si no por la pasión y el empaque con que el de Canals entiende
este arte. Había toreado José Pacheco como mandan los cánones a saber: paró,
templó y mandó con ambas manos a Jaboncito, noble y boyante animal que
colaboró al éxito del enrachado Califa. Ejecutó el diestro ajustadísimas
chicuelinas con el percal y la muleta la presentó siempre baja, arrastrando el
albero que siguió embebido el animal. Dio dos de pecho dignos del maestro Reus
y resultó épica la suerte suprema. Se pone El Califa un muñequera sobre los
vendajes de su mano derecha, aún tierna la herida que se hizo en Madrid. Montó
la espada y se fue tras ella consiguiendo la estocada pero se le abrió la
herida. Tardaba el animal en caer y con la mano sangrando se la jugó con el
verduguillo; no falló y se metió en el esportón los dos apéndices y en el
corazón del público. No hizo menor faena en su primero pero la espada le privó
de mayores trofeos. También se llevó una oreja Espartaco que cambió pundonor
por pureza, toreando despegado y abusando del pico con su lote. Morante estuvo,
y se le esperaba, pero no con ese ánimo. Con el que cerró plaza cambió su
disposición pero se volvió a amohinar con la espada.
ABC. Edición del 25 de junio´2000.
Zabala de la Serna . Luguillano,
una oreja y una de arena
La fiesta de fuego, las llamas de los deseos y la noche de los
sueños. Alicante por San Juan, una tea o una luz en la oscuridad. Una hoguera
con muchas hogueras. Una feria menos o una más. Según, como todo en la vida.
Del prisma de cada cual depende. Como la botella, medio llena o medio vacía;
David Luguillano, una de cal y una de arena. El simpático torero de Valladolid
se creció con el buen tercero. Desde su salida. Una larga cambiada calentó los
tendidos. Y también un quite sabroso a la verónica, previo lanzamiento de la
montera, así en plan Paula, abigarrado y flamencón.
La faena fue más sobre la mano derecha, con series notables
de muletazos largos. Al natural, el toro se frenaba algo y echaba la carita
arriba. No estaba dispuesto el agitanado matador a que se le escapara el
triunfo, aunque abandonara su estilo y su línea. El molinete de rodillas y las
giraldillas de ídem como que no le iban. Quiso matar en la suerte de recibir y
pinchó. En el segundo encuentro consiguió la estocada corta y un punto
tendida. Valió para la oreja, o sea, la de cal.
La de arena vino con las desconfianzas y precauciones ante el
quinto, encastadito y con no poco que torear. Luguillano no lo vio muy claro, y
sin pegar ningún petardo resolvió con sus dudas y distancias.
Otro San Juan más, José María Manzanares en su tierra, que
mantiene con él una relación extraña y peculiar de amor/odio, contigo porque
me matas y sin ti porque ya se sabe. En el lado más negro se enmarcan las
relaciones del veterano maestro del barrio de Santa Cruz con los presidentes.
Cada año le birlan una oreja. Quizá no hubiera mayoría. O sí, uno es muy
malo para los cálculos. El caso es que no asomó el pañuelo blanco.
Cabreo tras la emoción de un par de trincherazos con un
zambombo noble, tras pases intermitentes, sin que el ritmo de la estancada
embestida despegara. Manzanares dice que al final de esta temporada dirá adiós.
Bueno.
Otro toro noble, con mayor movilidad, completó su lote. Y
toda la maestría se puso entonces al servicio de la picardía: la muleta
siempre retrasada, para evitar la repitición de la embestida y conseguir el
desarrollo más tranquilo al unipase. Uno, uno, uno... Cuando cogió la
izquierda, el ejemplar de Alcurrucén se le venció. Un golpe en el muslo y la
decisión de poner el punto final a la cosa. (En la enfermería apuntaron
roturas fibrilares y de otros músculos).
Juan Belmonte (con un par) tomó la alternativa.
El
País. Edición del 24 de junio´2000. M.
MÁRQUEZ LUCENA. Gato por toro
Eso es lo que le dieron ayer a los espectadores del coso de la plaza de España
de Alicante en la quinta de feria; gato, pero gato-gato, por toro. ¡Qué vergüenza!
Pero esa en este taurino mundo hay quien no la conoce. Si anteayer algo olía a
podrido en Granada, hoy olió aquí a orillas del Mediterráneo donde el toro de
Creta inició una andadura que nos ha llevado, con los cruces e inventos
ganaderos, a ver dar tumbos a unos animales que sólo de nombre se llaman toros.
Puede que en un futuro, no muy lejano, todos salgan tan mansos como el que hizo
tercero, de la ganadería titular. Un colorao que salió al paso cual
borreguito, no embistió ni una sola vez. Y no sólo eso; ¡se asustaba como un
gato escaldado y salía huyendo cuando le presentaron los percales! Quien
aguantara la retransmisión que hizo TVE pudo ver semejante espécimen y también
comprobar que en el coso alicantino el público, siempre respetable, a veces se
hace respetar poco.
Fue durante la lidia del cuarto gato-toro. Tocaba turno a Manuel Caballero,
que hizo trámite del capote y de la suerte de varas donde se derrumbó el
animal. Otro tanto le pasó en los dos pares que le colocaron en los lomos.
Caballero, más chica de la Cruz Roja que torero, lo cuidaba con mimo en medio
de descomunal bronca. Le subió la muleta a los cielos, donde debió
pasaportarlo y a base de darle fuelle y unipases consiguió ir colando por faena
lo que era cura, más que nada porque le delataba el teleobjetivo.
En el tendido de sol, otra vez se les subió a la cabeza, y donde protestó
empezó a pedir ¡músicaaaaa! Donde increpó al palco, a pedir trofeos. Pechó
Manuel Díaz con un mansote de Gavira y porfió entre enganchones, coladas y
desarmes allá por terrenos de sol. En el que hizo quinto recetó, siendo mejor
gato-toro con diferencia, la misma receta y sonrisas esas con las que suple sus
carencias de torero bufo.
Miguel Abellán pechó con el sobrero que también era gato y lo atravesó.
La misma rúbrica que dió al sexto, con el que lució al natural en faena
bullidora de rodillazos y adornos varios. Pero atravesar la panza con el estoque
es fea rúbrica y todavía no estamos locos del todo.
El
País. Edición del 23 de junio´2000
MÁRQUEZ LUCENA. Vanidades en las hogueras
Las hogueras de San Juan, que ya lucen en las calles de esta amable Alicante,
arderán como las vanidades que lucen los taurinos en los apartados, callejones
y otros recovecos del taurino orbe. También sobre el albero pero allí al menos
se juegan, cuando menos, un revolcón, como le pasó a Rivera Ordóñez con su
primero. Eran legión las seguidoras de ¿quién? De un torero de dinastias: los
Rivera, por un lado; los Ordóñez por otro. O ¿admiradoras de su madre Carmina
o de su esposa Cayetana? Pues debió ser esto último porque, además de los
gritos de pánico en los dos revolcones que se llevó Rivera, lo más jaleado
fue que la montera cayera boca abajo. En definitiva el toreo rosa lo impuso el público
de sol, al que Rivera dedicó sonrisas y lágrimas ante los achuchones. En el
que cerró plaza ¡qué pena de toro no caer en otras manos! consiguió el
madrileño una oreja a base de pico, y distancia. Entiéndase, entre él y la
res cabía un tren, pero eso era, debía pensar la parroquia riverista, ¡puro
capricho de los puristas!
Tampoco estos hubieran aprobado en un examen riguroso a Ponce. Pasitos, también
distancia y pico y muchos pinchazos en su primero y una faena de esas de porfiar
y porfiar. Con el cuarto, astigordo y regordío, desaprovechó un cornúpeta que
metió bien la cabeza hasta desengañarse en la tercera tanda. Empezó desarmado
y así terminó un trasteo con su habitual esteticismo pero que tampoco rubricó
con la toledana.
La mejor parte de aquella fiesta de vanidades se la llevó un enrachado
Finito de Córdoba, que toreó templado y con sitio a su primero. Un animal que
tomó la muleta al natural haciendo el avión. Por el pitón derecho era otro
cantar. Pero el de Sabadell consiguió la suficiente ligazón y temple para
seguir en éxito. Lo alcanzó al matar de un estoconazo hasta la gamuza. Con el
que hizo quinto pudo armarla. Estuvo muy puesto con el capote y ajustó bellas
verónicas. Peleó el animal con codicia en el caballo pero la "armada
Brancaleone", en general, metió los hierros con saña inaudita. Del peto
salió el bicorne perdiendo las manos y llegó a la muleta aplomado, tras un
tercio de banderillas en el que destacó Gregorio Cruz. Finito toreó de nuevo
con temple y ligando los pases. No pudor ir a más pues si le bajaba la mano el
animal doblaba las suyas. Cuando se dio cuenta siguió faena a media altura pero
ya era demasiado tarde pero aún se tragó un par de tandas al natural. Quiso
matar recibiendo pero desistió y tras largas probaturas para cuadrar, y tratar
de rubricar lo hecho, el fallo a espadas le privó, quizá, de salir por la
puerta grande.
ABC. Edición del
23 de junio´2000. ZABALA DE LA SERNA. La suerte se alía con
Rivera Ordóñez
La suerte se alió ayer con Rivera Ordóñez, que si no es por ella hubiera
abandonado la plaza en ambulancia y despertando de la anestesia. Mala cogida
sufrió al entrar a matar al tercero; más que mala, fea. No pasó el fielato,
se quedó en la cara y voló entre las astas. Todavía no había caído cuando
un derrote buscó la yugular. El talegazo le dejó medio grogui; no fue para
menos. La taleguilla se parecía a un colador. Ya antes había rodado por la
arena, tras otro percance, en las postrimerías de la faena, rodilla en tierra,
había puesto el ay en los tendidos. Suerte, suerte, suerte... Siguió en el
ruedo para intentar cumplir con su cometido, pero entre las circunstancias del
cuerpo y el mal manejo de la espada no logró su objetivo.
Pundonor
La fortuna continuó a su lado, porque luego el sexto fue el toro de mayor
calidad de la corrida de Puerto de San Lorenzo. (Por cierto, algunas caras, como
las del primero y quinto, olían a «after-shave» de manera escandalosa, con
unos pitones de bochorno). Bueno, pues la cosa fue que Rivera encandiló con
tres largas cambiadas de rodillas; se templó sobre la diestra y se destempló
sobre su siniestra izquierda. Casi que lo mejor fueron los inicios de ambas
faenas y el pundonor. Una oreja recompensó todo. Sólo salir por su propio pie
ya era un triunfo. Enhorabuena.
Finito de Córdoba rozó la puerta grande, pero la perdió por pasarse de
faena con el quinto y por maltratar la tizona. Ya había cortado un trofeo en su
anterior enemigo. A decir verdad, su segunda obra contuvo mejores muletazos en
conjunto. Por estética, también superó a la predecesora. El arranque a media
altura se erigió sobre el resto, y eso que los naturales consiguieron nota
alta, como la segunda serie de derechazos y algún que otro pase de pecho. El
bicho —¡vaya serruchazo!— se rajó, y el torero de Córdoba insistió sin
medida. A la hora de cuadrar, el animal había perdido la fijeza y casi la
vista. Dos avisos y no sé cuántos pinchazos coronaron su actuación. No pasó
desapercibido —y carecemos de memoria para recordar antecedentes— lo cerca
que coge ahora Finito el capote de la esclavina: codillea más de la cuenta.
Ponce no encuentra el sitio con la espada. Y es que ataca la suerte sin
marcar los tiempos, del tirón. Espada y muleta van casi a la par. Debe
preocuparse más de la mano izquierda que de la derecha. Malogró su primera y
larga faena, que fue de menos a más, hasta exprimir a su enemigo junto a las
tablas en redondos.
Por el contrario, cerró su paso por Alicante con una faena decreciente; el
material, aunque franco, también tomó la cuesta abajo en su comportamiento.
Dos desarmes deslucieron el asunto. Diez años en la cima, o casi, pesan. El
problema reside, quizá, en que Ponce, ahora mismo, ve fácil seguir ahí, en su
posición privilegiada, ganada a pulso durante años. Suele ser el joven maestro
de Chiva un torero que se crece en el estío. Esperemos. Pero no vaya a pecar de
aburrirse. Sería absurdo con lo joven que es.
ABC.
Edición del 22 de
junio´2000. . Luis Rubias o la ilusión de
querer ser torero
La celebración del cuarto gol de España por poco le vale una
oreja a Luis Rubias. Pero pinchó. La verdad es que Rubias había demostrado,
al menos, una mayor claridad, en concepto y desarrollo, del toreo que sus
compañeros de paseíllo. Y eso que era su debut con picadores. Lástima que
marrara con la espada, porque de otra manera se habría aferrado a un trofeo
bien ganado (con el empujoncito de Alfonso desde los Países Bajos).
Ratificó su disposición con el capote ante el encastado
sexto, de salida y en los medios. No volvió nunca la cara con la muleta, y
aparentó estar mucho más rodado de lo que figura en su currículum. Lleva
dentro la ilusión de querer ser torero, como plasmó a lo largo de su actuación
y en todas las tandas que compusieron sobre ambas manos su segunda faena.
Templó y mandó sin quebranto y con largura. De nuevo la espada le birló la
posibilidad de haber enmarcado un importante triunfo en su presentación con
caballos. A partir de ahora, mucho carretón, que falta hace.
A los novilleros se les debe perdonar todo. O casi. Las faltas
técnicas o las carencias lidiadoras, fruto de la inmadurez, mejoran con el
tiempo (o no, según). Pero lo que no admite disculpa es la debilidad de ánimo
o la incapacidad para dejar patente que se pretende vivir de esta bendita y
difícil profesión. Fernando Villatoro no asentó las zapatillas ni una vez
con el mejor lote de la franca novillada de los hermanos Lozano, prácticamente
igual que Jorge Ibáñez, sólo que éste último padeció la cortedad de los
viajes del segundo utrero del festejo y los resultados de la mala lidia que
cayó sobre el quinto, roto en el caballo y, más aún, tras una desafortunada
voltereta.
El conjunto ganadero fue de menos a más. O sea, como la España
de Camacho.
Tomás toreó un chotis en Alicante, como lo hubiera bailado
en Madrid, pero fue en la sucursal que los Lozano tienen "en la millor
terreta del món". Para bailar un chotis, bien agarrao y en un
ladrillo, se necesita pareja y el de Galapagar la encontró. Se llamaba Novelista,
pesó 521 kilos y era colorao. La armonía entre la res y su matador fue
total. Lo recibió con unas bellas verónicas a pies juntos.
Abrió faena de muleta con unos emocionantes estatuarios. De
allí se fue a la boca de riego y, en los mismos medios, se echó la muleta a
la izquierda y fue metiendo al coloraito, el mejor del encierro sin duda, en
su baile y en el ladrillo. Allá los naturales de mano baja y rematados tras
la cadera, acullá cerraba con el de la firma. Cuando no con el de pecho de
cabo a rabo y llevando la muleta al hombro contrario. Fue la faena de José
Tomás de menos a más y eso ¡ sí que es prodigio con el ganado patrio! El
noble animal, aunque no peleó fuerte en varas como todos, se vino arriba tras
cada tanda y embestía con fijeza y prontitud ante el engaño. Total, el
madrileño puso al público en pie y bailó su chotis en un ladrillo con mando
en plaza. Como además matara de estoconazo hasta los gavilanes, cobró las
dos orejas que le abrieron la puerta grande del coso alicantino. Pero no se
fue solo.
Le acompañó el bravo torero alicantino Antonio Pérez El
Renco . Entró en el cartel por la baja de Luis Francisco Esplá y
aprovechó su oportunidad. Con su primero estuvo bullicioso y valiente. Y metió
en la muleta a un huidizo y distraído enemigo que no quería entrar en
peleas. Pero consiguió una faena aseada que remató con el acero. Luego, con
el que cerró plaza, que brindó a sus compañeros de terna, estuvo
voluntarioso y fue a por todas. Se arrodilló ante toriles y recibió al sexto
a porta gayola. Abrió faena de hinojos ante un oponente que se rajó en la
segunda tanda. Lo pasaportó de estoconazo y como la tarde se fue arriba el
localismo hizo el resto.
Total, se lo llevaron por la puerta grande. Joselito tuvo el
cariño del público pero todo en contra y un torero de raza necesita enemigos
de talla, o mejor viceversa Al primero, una pésima lidia y el acero
impidieron mayor lucimiento. Con el inválido sobrero sólo pudo matarlo de frío,
por la frialdad de la faena y su metraje y de un estoconazo.
El
País. Edición
del 20
de junio´2000. H.
MÁRQUEZ LUCENA. El Juli, 1; el resto, 0
Alicante ha iniciado su semana grande de les Fogueres de Sant Joan. Es una
ciudad mediterránea y hospitalaria. Eso se traslada también a su espléndido
coso taurino que se llena de un público ávido de pasarlo bien, de degustar
unas pantagruélicas meriendas y de aplaudir y jalear tanto como en un estadio
de fútbol, o más. Y así sucedió en la primera gran cita de su Feria Taurina.
Toreó El Juli vulgar y con prisas pero ganó la partida al cortar el único
trofeo de la tarde. El entusiasta respetable pidió la segunda oreja pero el
presidente se mantuvo en sus trece, a pesar de los vítores, y las ratonerías
de los subalternos, en connivencia con los mulilleros, que hicieron eterno el
corte de la peluda con se ponía fin al encuentro. El Juli hizo una faena
efectista echando, en numerosas ocasiones, rodillas en tierra y toreando para la
galeria. Y la julimanía funcionó. Estuvo más variado con el capote en
el astado salmantino que cerró plaza, clavó garapullos deprisa y corriendo, y
montando el numerito de que tomen los rehiletes los subalternos, se monte la
bronca y finalmente sea el madrileño quien clave las banderillas. Con lo que se
va a poner de moda decir ¡trabajas menos que los baderilleros de El Juli! Con
la muleta el joven matador estuvo no más que aseado y buscando, a toda costa,
no salir de vacio. Eso sí; sus dos estocadas valieron tocar pelo.
Manuel Caballero hizo lo más torero de la tarde. Con el primero, noble
animal, lo lanceó con gusto a la verónica. Tomó con docilidad la muleta que
el de Albaceto manejó con temple. Ante las justas fuerzas lo toreó siempre a
media altura. Al natural hizo lo propio consiguiendo momentos de gusto. Cerró
con circulares pero los aceros le privaron de algo más que la ovación. Con su
segundo poco pudo hacer. Misterillo, que así se llamaba, era un soso descastado
que cuando fue y vino tres veces se rajó e impidió faena alguna.
La terna la completaba Eugenio de Mora, otro hombre de los Lozano empresarios
del coso y apoderados también de Caballero. Pues bien, el toledano estuvo
desbordado en su primero y un poco más animoso en el quinto, hasta conseguir
una faena de cierto empaque que no le valió de nada al hacer con los aceros un
colador del noble cornúpeta.
ABC.
Martes,
20 de junio´2000.
ZABALA DE LA SERNA. El Juli, una vez
más, un seguro de éxito
Mantienen los alcaldes de España un concurso secreto, según el cual,
cuantas más zanjas y obras haya en la ciudad, y en peor momento, así va la
clasificación. Álvarez del Manzano encabeza la tabla, a buen seguro, quizá
seguido del primer edil de Alicante, que ha conseguido una estimable puntuación
con el incontable número de calles levantadas ante las fiestas de San Juan,
que, por sorpresa, han caído este año en junio... Pero a los contribuyentes
aficionados a los toros, a estas horas, les da todo igual, después de haberse
entregado en cuerpo y alma a El Juli, convertido en todo un especialista en
levantar a última hora fetejos grises y plúmbeos. No es que Julián López se
meta al personal en el bolsillo a base de exquisiteces, que va, sino que
conquista los tendidos con su juvenil alegría, con un toreo a veces más
templado, y ayer en plan torbellino novilleril, en busca del éxito a toda
costa. Rabiosa y ambiciosa actitud, loable por su inconformismo y por su afán
de no defraudar a la mayoría. A la hora de recibir al sexto, la tarde moría sin una sola vuelta al ruedo,
marcada por el manso juego de la desigual corrida de El Pilar. Una larga
cambiada de rodillas animó el cotarro, aunque a continuación sufrió un
desarme que le obligó a alcanzar el callejón. Luego, bulló con capote y
banderillas (siempre anticipándose a la acción del burel, tanto que en el
primer par casi se queda sin toro). Desde aquí, tras hacerse de rogar con los
palos hábil y estudiada táctica, embala El Juli el tinglado, y si el
enemigo no embiste, se arrima como un necesitado. Del toreo fundamental, apenas
poco quedó para el recuerdo, porque la cosa fue más por el camino de los
rodillazos y así. Cuando planteó la cuestión de forma más ortodoxa,
surgieron no pocos enganchones. No se le escapó el triunfo, tras una estocada
levemente contraria. El presidente frenó el entusiasmo y dejó el premio en una
oreja. Menos da una piedra. El resto de la corrida transcurrió en un tono menor. El propio Juli se
había estrellado contra el manso tercero; Eugenio de Mora naufragó contra los
peligrosos arreones del segundo poquitos recursos desplegó y tiró por
la borda con la espada su labor ante el quinto, que contuvo los mejores
muletazos de la tarde; Caballero se entonó con el noble primero, dentro de una
faena discreta, y se desesperó con la descastada embestida del cuarto un
tanto trapacero y denso con la izquierda.
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