GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS ALICANTE
Tarde del domingo, 22 de junio del 2003
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Sánchez Arjona, muy bien presentados. 

Diestros

Entrada: media entrada. 

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. VICENTE SOBRINO.  El reencuentro de Finito

El toro que abrió plaza puso el listón alto para el resto de la corrida. Un hermoso toro, castaño retinto, hondo y bien armado. Descubrió sus virtudes nada más abrirse de capa Finito, al dibujar un viaje largo y de calidad. Apenas castigado en varas -la corrida se despachó con sumo cuidado en el primer tercio-, pasó a las manos de Finito con sus condiciones intactas. Finito se lo llevó de largo cuantas veces quiso, aunque siempre contando con todas las ventajas a su favor, al esconder exageradamente la pierna contraria. Una faena con más forma que fondo y sin llegar a estar a la altura de tan excelente toro.

Más cortito el segundo, pero muy bien hecho, también fue de fuerzas muy justas. Pero asimismo toro muy claro para la muleta. Javier Conde, siempre muy expresivo, montó una faena con más marco que contenido. Con pasajes muy luminosos y efectivos. Pero faena, al fin y al cabo, con más oropel que densidad.

El primero de Morante tuvo escaso metraje. Muy flojo y tomando la muleta al paso y forzado, no le facilitó las cosas a un Morante empeñado en componer estética. Así, la faena ni cogió forma ni supo a nada: pocas ideas, en fin.

El cuarto tuvo tan poca fuerza como gran bondad. Asentado y muy centrado, Finito se expresó a plena confianza. La faena fue cálida cuando manejó la derecha y, en todo caso, siempre tuvo sabor de buen torero. Bien ligada, mantuvo una armoniosa estructura.

Javier Conde tuvo que ayudar mucho al noble pero muy flojo quinto: mano alta y gran cuidado y suavidad. Metido en trance, Conde montó una faena de mucha puesta en escena que caló hondo en la gente, con muletazos de bella estética.

El último no se lo puso fácil a Morante. Muy desgastado el toro, acudió al paso, con sosería y sin emoción. Puso empeño el torero e insistió por el lado izquierdo. Por ese pitón precisamente se dieron destellos aislados de calidad.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Una alegre corrida y Finito por la puerta grande, homenaje a Juan Reus

Bajo el atardecielo alicantino Morante pintó un cambio de mano de despedida y homenaje a Juan Reus, último representante del impresionismo taurino y uno de los mejores cartelistas de todos los tiempos, alumno directo de Llopis y Roberto Domingo. Reus murió ayer en Valencia y la Fiesta adquirió una tonalidades sentimentales y más oscuras, como contraste a una jornada iluminada por una corrida alegre y lustrosa de Javier Sánchez-Arjona que puso en bandeja la puerta grande a Finito de Córdoba.

Finito aprovechó el mejor lote con una actuación bastante completa, con un excelente primer toro, pujante y codicioso, de gran son, y con un cuarto de menos gas pero todavía mayor calidad. El capote de Juan Serrano volvió a destellar como en los viejos tiempos, rítmico y armónico en dos saludos a la verónica que desembocaron en los medios, amplios en contenidos. «Bayetero» galopó incesantemente tras los engaños desde que apareció, desplazándose con generosidad en los vuelos, para que Finito se colocase siempre a gusto, con comodidad, y ligara los lances como luego los largos muletazos. La faena, básicamente diestra, acusó un punto de ligereza y de ausencia de profundidad, con esa técnica suya de despedir los viajes hacia afuera en lugar de hacia adentro, lo que hace que la emoción decrezca. Por el contrario, la obra al siguiente contuvo mayor autenticidad, con un par de tandas de redondos extraordinarias de cadencia y buen gusto, muy relajado y con el trazo marcado en dirección a detrás de la cadera. En calidad superó a la anterior -no podía ser menos una vez brindada al gran Canito-, aunque después cayese en el desencuadernamiento de exteriores. Tardó en presentar la izquierda y no abundó en el toreo natural, escaso en ambas labores, recompensadas con justicia con una oreja.Firmaba por ver un Finito así todos los días, lo cual no excluye la exigencia: hay que pedir a quien puede dar.

Javier Conde es un tipo peculiar, con una personalidad y una manera de entender el toreo que a unos gusta y a otros, entre los que me incluyo, da la risa. En tiempos tan impersonales, no sobra: indiferente no deja a nadie tanto barroquismo. Ante el flojito segundo se prodigó en paseos lejos de la cara del toro, en la que estuvo poco para hacer poquito. Ese trotecito de puntillas final para enlazar un simulacro de pase de las flores con otros derechazos encendió los pañuelos: el presidente le birló un trofeo que solicitó la mayoría.

Conde toreó a media altura al justito quinto y no cesó de mirar a los tendidos en cuanto ocasión había, en los pases de pecho, en los del desprecio o en los incalificables adornos. De nuevo la carrerita en plan Nureyev y el delirio. Ahora sí conquistó la oreja, que debió izarle en hombros, aunque sólo fuese por el buen rato que nos hizo pasar.

Morante se topó con los toros más parados. El saludo a la verónica al último se sumó a las cosas bellas de la tarde que tributaron un recuerdo a Reus.

 

 
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