|
|
|
Feria de la Virgen de los Llanos
PLAZA DE TOROS DE ALBACETE
Tarde del jueves, 13 de septiembre de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Alcurrucén, con
clase y manejables excepto sexto que resultó complicado.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
El Mundo
El Mundo.
JAVIER VILLAN. Joselito: el bueno, el mejor
Joselito el artista y Joselito el guerrero; o, si se quiere, el artista
después de las escaramuzas con el violento cuarto que acabó entregado
por la izquierda. Fue el mejor Joselito que, en el primero, había dejado
ya su sello, suelto y ligero con el capote, sobre todo en un suave quite
por verónicas; bordando el natural en dos tandas perfectamente rematadas
con el de pecho, y resolviendo una tercera con un molinete y un afarolado.
Hubiera sido perfecto de haber ligado el de pecho, pero al intentarlo
el toro le miró y Joselito pegó el respingo. Estoconazo en el rincón.
En el primer lance el alcurrucén cuarto le tiró un derrote al cuello que
dejó a Joselito dolorido y tambaleante. Repuesto, José Miguel Arroyo
tuvo que poner orden en una cuadrilla que andaba a la deriva.
Gracias a su capote, el tercio de banderillas no concluyó en desastre.
El alcurrucén por poco se lo quita del medio en un derechazo de tanteo,
pero no le quitó el sitio. Se echó la muleta a la izquierda y fue
atemperando las destemplanzas del toro. Y surgieron los naturales ligados,
hondos y hermosos. Mató a la cuarta y el señor Coy no le concedió la
oreja, y con razón, por mucho que el público se cabreara.
Joselito estuvo en su sitio toda la tarde y tuvo que poner orden
incluso entre los areneros de la manguera y la boca de riego, que un día
van a inundar el ruedo. Podía haber subido también a los tendidos, a ver
si organizaba aquello. Un día en los tendidos de la plaza de Albacete va
a ocurrir un motín; o una desgracia. En todo el universo mundo no creo
que haya plaza más caótica y desorganizada. Entre los atascos de las
escaleras, los que llegan tarde, desorientados y confundidos de asiento,
aquello es peor que el Metro de Madrid en hora punta. Los que están de
pie aplastan y magullan a los sentados; los sentados se cabrean porque les
pisan los juanetes, les tiran cuescos en la cara y no les dejan ver. Hay
puntos, los tendidos uno y dos por ejemplo, en los que la energuménica
situación no se normaliza hasta el tercer toro.
Ya está claro el secreto del tan celebrado temple de Jesulín de
Ubrique; el temple es el pico de la muleta. Pero ocurre que el pico es el
truco del almendruco y el ventajismo. Si a este desarrollo del pase se
unen las dimensiones colosales de la muleta de Jesulín, se comprenderá
la imposibilidad de calcular matemáticamente la duración de sus
muletazos. El temple hay que hacerlo citando en el sitio preciso, pasándose
el toro un poco más cerca; no mucho: dos o tres metros menos
aproximadamente. Jesulín trató de matar en parecida onda y tirándose
del tren en marcha. Y ahí no vale. Se ajustó un poco más en el quinto y
mató a la primera.
Aseado, según la jerga antigua, Caballero en el tercero. Lavado,
planchado y peinado; o sea, en perfecto estado de revista que es lo menos
que puede pedírsele a un torero. En este sentido, Caballero impecable. El
Turuta se vengó de la costalada en el sexto con un cruel puyazo que dejó
al bicho convertido en piedra gazapona. Desorden en la lidia. El público
abroncaba a Caballero y éste miraba al público sin comprenderlo. ¿Es
que los toreros sólo entienden los halagos y las ovaciones? Hace unos días,
en Colmenar, el maestro Ortega hizo un brindis impertinente, aunque
acabara en abrazos, a un periodista; el programa de ayer dice que anteayer
Abellán brindó con una grosería (cosa no rara en Abellán) a un
espectador que lo había censurado antes. Malas vibraciones nos depara
septiembre; si lo sabré yo.
|
|